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UMA MUSUME PRETTY DREBY: back to the top" - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 UMA MUSUME PRETTY DERBY
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15: UMA MUSUME PRETTY DERBY 15: UMA MUSUME PRETTY DERBY Habían pasado los días hasta su nueva carrera G1 de larga distancia en tierra.

Toji había averiguado quién era la chica que lo atacó esa noche, pero al confrontarla, ella no lo reconoció y él no sintió ninguna aura de diosa en ella.

Con un suspiro, dejó esos pensamientos para después.

Estaba en el vestidor de las Uma Musume, con una cara de póker impasible mientras las demás se cambiaban.

Por obvias razones, no se inmutó; ya había visto mejores.

“Al parecer será como la otra vez: no hay nadie destacada.

Mejor termino rápido” , murmuró para sí, con una sonrisa oculta bajo su máscara.

Tuvo que calmarse cuando la presentadora anunció la ceremonia; le tocaba la última cabina, así que sería el último en presentarse.

Sus pensamientos divagaron hacia Agnes Tachyon.

*Si mis cálculos no fallan, debería haber venido a buscarme hace mucho.

¿No tomó en serio mi consejo?

Es una pena; si muere, desperdiciaría una inteligencia demasiado valiosa.

“¡Señores y señoras!

Hoy presentamos a la novata Sutekire, que en menos de dos semanas de su primera G3 se inscribe directo en una G1, ¡dando un salto impresionante en clasificaciones!” “¿Qué?

¿De nuevo Sutekire?

¿No se supone que debería estar descansando?” “Solo pasó menos de un mes y ya compite otra vez.

Vaya niña, su entrenador debe ser el peor.” Los murmullos llenaban el hipódromo.

No era para menos: Sutekire había hecho temblar esa pista en su G3, dominando al público con su presencia arrolladora.

“Dejando la palabrería, ¡aplaudamos a Sutekire, quien ganará esta G1 tras recuperarse por completo!

¡Demos paso a la Uma Musume Sutekire!” Toji, envuelto en su ropa que lo cubría por completo, salió al campo amid aplausos dispersos.

Se posicionó en su casilla asignada.

Era domingo, no tenía planes después, así que optaría por una estrategia conservadora: ir de atrás en esta carrera de 3000 metros.

“¡Bien, todo está correcto!

La casa de apuestas cierra…

¡y vamos a comenzar!” “¡A la cuenta regresiva!” La presentadora activó el cronómetro de 10 segundos.

Las Uma Musume se pusieron en guardia, tensas como flechas listas para volar.

Pero Toji no.

Permaneció quieto, impasible.

Los espectadores se desconcertaron.

Cuando sonó la campana de inicio, todas salieron disparadas…

excepto él.

“¡Esperen!

¿Dónde está Sutekire?

¡Dios mío, sigue en su casilla de inicio!” “¡Oye, la carrera ya comenzó, niña!” Toji ignoró el grito de un espectador.

Sus razones eran obvias: darles chance hasta la primera curva.

El público bullía.

“¿Esta niña se quedó congelada del miedo?” “No creo…

parece que espera algo.” “¿Qué dices?

¿Piensas que saldrá corriendo ahora y las alcanzará?

¡Imposible!” Toji suspiró por los comentarios, pero sonrió bajo la máscara.

“Falta 100 metros para la primera curva…

Sutekire ni se ha movido.

¡Espera, se está moviendo!” De pronto, los espectadores que miraban se voltearon, impactados por un aura opresora que lo envolvió todo.

El hipódromo se tiñó de una niebla roja espesa, y en el centro de la pista surgió una esfera carmesí palpitante, como un corazón latiendo con furia.

Con un estruendo como de cristal rompiéndose, Toji explotó hacia adelante, dejando un rastro de polvo y shock en su estela.

“¡Q-qué!

¡Sutekire está avanzando!

No solo eso: después de que las demás pasaran la primera curva, ¡liberó su dominio!

¡Solo puedo decir…

sorprendente!” La presentadora tartamudeaba, su voz temblorosa por la presión del aura.

No era como la primera vez, pero aún la afectaba.

“60% será suficiente”, pensó Toji.

Sus zancadas eran titánicas, rompiendo el suelo con facilidad, como si la tierra se doblegara ante él.

Sus movimientos fluían sin peso, sin esfuerzo.

“¡Increíble!

¡No más empezar y Sutekire se acerca a las competidoras!

¡Esto sí es una carrera, señores!” La presentadora se recuperó, pero aferrada a su silla para no arrodillarse.

Desde atrás, las Uma Musume más rezagadas murmuraban, inquietas.

“¡Demonios!

¿En serio quieres liderar con ese comienzo?” “No…

ni siquiera se lo tomó en serio.” Sentían su aproximación como una sombra devoradora.

“Pobres niñas.

Creo que tengo que lucirme un poco”, se dijo Toji.

Las Uma Musume no solo dominaban con aura y postura; poseían habilidades únicas que daban ventajas letales.

“¡Brújula de Mit!” Con un pisotón que astilló el suelo y levantó una nube de tierra, un copo de nieve cristalino se posó en el pie de Toji.

Presentadora y público quedaron boquiabiertos.

La impresión duró poco: las líderes delanteras comenzaron a ralentizarse drásticamente, como atrapadas en lodo espeso o una caminadora traicionera.

La Brújula de Mit era simple y brutal: usaba la resistencia del usuario para frenar a las rivales, afectando a todas o a una sola.

Dependía de la fuerza de quien la invocara; si resistían, salían beneficiadas.

Pero Toji era el más fuerte de la historia.

Su resistencia era inagotable.

“¡Dominio, aura y habilidad!

¿En serio Sutekire va con todo?

¡Se le gastará la resistencia antes de la meta!

¡Falta poco para la segunda curva!” “¡Demonios, Sutekire!

¡No te dejaré ganar!” El público guardó silencio sepulcral mientras Toji avanzaba sereno: pasó a la primera, a la segunda…

hasta el cuarto lugar.

Aumentó la velocidad, cruzando la segunda curva con maestría.

“¡Espera!

¡La Uma Musume Sutekire se está inclinando…

¿se fracturó?!” No.

Era su patada final: se inclinó más de 60 grados, y con un sonido supersónico como una bala, catapultó al primer lugar.

Mantuvo activas sus habilidades, el aura roja envolviéndola como un manto infernal.

“¡Esto es surrealista!

Sutekire empezó tarde, pasó a líder con 5 cuerpos de diferencia…

¡no, 7!

¡Y siguen aumentando!

¿Será posible?

¿Es esta la hija de las diosas?” Toji no miró atrás; no lo merecían.

Algunas rivales activaron sus dominios, pero eran insignificantes, y ya habían gastado sus patadas finales.

“¡Sutekire avanza!

La distancia es enorme: 25 cuerpos y crece…

¡solo quedan 400 metros!” La presentadora estaba eufórica, sudando, con los ojos brillantes.

En su vida nunca vería algo así: el viento aullaba, el suelo temblaba, y Sutekire devoraba la pista como un depredador imparable.

“¡La primera en cruzar la meta es Sutekire…

con un margen de 28 cuerpos!

¡Una marca histórica!” Toji frenó en seco, respiración regular, sin haber usado el 100% de su dominio.

Había sacado una habilidad de su vasta biblioteca.

Alzó los brazos en pose triunfal hacia el público rugiente, los aplausos convirtiéndose en un trueno ensordecedor.

Suficiente.

Salió del campo, caminando por el pasillo listo para irse.

“¡Espere, señorita Sutekire!” Se volteó.

Una reportera con cámara improvisada se acercaba, jadeante.

“¿P-puedo hacer algunas preguntas, por favor?” Toji la miró y asintió.

Ella disparó preguntas; él asentía o negaba, escribiendo en su libreta para no revelar su voz grave.

Al final: “Última pregunta: ¿qué meta está dispuesta a cumplir?” Toji tomó el cuaderno, garabateó un dibujo rápido —Sutekire sentada con una corona en la cabeza, sosteniendo otras dos en las manos— y salió corriendo.

La reportera miró el papel, atónita.

Al día siguiente…

“¡Entrenador!

¡Entrenador, despierte, oe!” “¿Está vivo, Teio?” Toji dormía sentado, exhausto.

“No despierta.

¿Ideas, McQueen?

¿Teio?” “¡Yo, yo!” Haru Urara levantó la mano con entusiasmo.

“Sí, Haru, ¿cuál es tu idea?

Y que no sea rara.” “Umm…

Si llamarlo no funciona, ¿por qué no sacudirlo?” “Eso suena bien, pero ¿y si despierta enojado?” McQueen dudó, aunque estaba a favor.

Gold Ship se escupió las manos.

“Nah, no te preocupes, McQueen.

El entrenador es comprensivo.” Con valor, Gold Ship le dio una bofetada.

Toji despertó al instante, viendo su cara primero.

“Umm…

Hijueputa, supe que los demonios eran feos, pero esto superó toda perspectiva.” “En primera, no estás muerto.

En segunda, no soy un demonio.” Toji la miró un momento antes de estirarse.

“Entrenador, ¿está bien?

¿Y por qué dormía a esta hora de la mañana?” “También quiero saber eso, entrenador.” McQueen y Teio estaban preocupadas; Teio sorbía su bebida de miel.

“Gold Ship, ¿puedes traerme un café sin azúcar, por favor?” “¡Haru quiere saber qué haremos hoy, entrenador!” Haru Urara, despreocupada como siempre.

“Okey, okey.

Perdón por el estado en que me encontraron, pero hay un problema.” McQueen, Teio y Haru lo miraron atentas.

Gold Ship ya había ido por el café.

“Haru Urara, tu carrera de debut se adelantó.

Será este domingo a las 8 de la mañana.” “¡¿Q-QUÉEE?!” McQueen y Teio gritaron, sorprendidas.

Toji se tapó una oreja, irritado.

Haru se congeló.

“P-pero…

¡esto es imprevisto!

Haru solo empezó hace dos semanas, no creo que—” “Entrenador, ¿ya hablaste con la presidenta Rudolf?

¡Es demasiado repentino!” Toji suspiró pesado, pasándose la mano por el cabello.

“Sé cómo suena, McQueen, Teio, pero no puedo hacer nada.

No, no le hablé a Rudolf, y aunque lo hiciera, no cambiaría nada.” Puso una mano en el hombro de la congelada Haru.

Ella lo miró.

“Tienes que esforzarte, no le des muchas vueltas a este cambio.” Señaló a McQueen y Teio.

“Les encargo que Haru no se estrese.” Dudosas al principio, asintieron como equipo.

“Lo haremos, entrenador.

Pero…

si el debut está a días, ¿cómo hará Haru para ganar?” “Ya lo calculé, McQueen.

Haru, enfócate en tu resistencia y postura.

Confío en ti.” Haru levantó la mirada, motivada.

“Lo haré.

¡Haru Urara se esforzará al máximo para hacer feliz al entrenador!” “¡Ese es el espíritu!

Bien, vamos a calentar los músculos para el entrenamiento.” “¡Sí, entrenador!” Las tres respondieron al unísono.

A lo lejos, Rudolf observaba con ceño fruncido, pero lo cambió por una sonrisa al irse.

Sentado de nuevo, Toji revisaba su celular.

No entraba al grupo de entrenadores; solo hablaban huevadas inútiles.

“Vaya, pareces enojado por algo.” Toji volteó.

Allí estaba Agnes Tachyon, sus ojos carmesí perforándolo como láseres.

“Eres tú…

¿Tienes mis exámenes médicos?” Sabía por qué venía.

Agnes no respondió de inmediato, solo lo escrutó.

Toji no se inmutó.

“Lo sabes, ¿verdad?” “¿Umm?

¿Te refieres a la tendinitis?” “No, no…

Podría ser.

Quiero saber otra cosa.” Toji desvió la mirada, chequeando si alguien escuchaba.

“Entrenador Fushiguro…

Sabías muy bien que vendría a buscarte, ¿verdad?” El día anterior…

“Tachyon, ¿de nuevo con ese vídeo?” Manhattan Café miró a su amiga y compañera.

Aunque detestaba sus experimentos a veces, se preocupaba, sobre todo por la tendinitis de Agnes.

Si solo hubiera hecho caso a ese hombre sobre los exámenes médicos…

Agnes sonreía falsamente frente a la pantalla, reproduciendo la carrera de Sutekire: el inicio tardío, el dominio aplastante, como si no se lo tomara en serio.

“Impresionante…” “Agnes, ver ese vídeo cada rato no cambiará los resultados de su talento.” Agnes ignoró, obsesionada no solo con la carrera, sino con su pierna.

“Quién lo diría, Café.

Ese entrenador tenía razón…

Solo me miró unos minutos.

Si eso no es impresionante, nota que tiene relación con Sutekire.” Manhattan Café se sirvió otra taza.

La inquietud de Agnes había crecido desde el diagnóstico; juraba que su cordura bajaba alarmantemente.

“Voy a salir, Café.

Cubre el laboratorio.

Y si viene Jungle Pocket, dile que se vaya a la mierda.” Salió apresurada.

“Fushiguro, Fushiguro…

¿Quién eres?

¿Cómo sabías de mi tendinitis?

¿Cómo sabías que vendría?

¿Tienes cura?” Como científica, Agnes había intentado curarse, pero nada funcionaba.

Era como una trampa tendida por él, el que experimentaba con otros entrenadores.

El pasillo estaba vacío, salvo un entrenador siendo abusado por su Uma en una esquina; Agnes hizo la vista gorda y siguió al campo de entrenamiento.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES SUKUMBIA no suscriptores no les voy a dar mi poto ,me dió un bloqueo de escritura así que a tomar vacaciones, s eme aguantan

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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