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UMA MUSUME PRETTY DREBY: back to the top" - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 UMA MUSUME PRETTY DERBY
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17: UMA MUSUME PRETTY DERBY 17: UMA MUSUME PRETTY DERBY El campo de entrenamiento estaba envuelto en un silencio que mataría al más inquieto.

¿Por qué?

Porque en la línea de meta se encontraba algo inaudito: un hombre que había ganado a una Uma Musume.

Y no era cualquier Uma Musume…

Al costado de ese hombre estaba Agnes Tachyon, el fantasma de la Triple Corona.

“E-esto…

e-esto…

¿es imposible, no?

No es científicamente imposible…

¿Y esa mirada?” Ella tenía que verlo con sus propios ojos.

Llegó a la meta demasiado cansada para estar acostumbrada.

Sentía que le faltaba el aire, y no pudo evitar mirar a Toji.

Justo en ese momento, Toji cayó al suelo sobre una rodilla.

Segundos después, su nariz empezó a sangrar.

Esto es humillante, pensó Toji.

Estaba en ese estado por una razón: tenía que mantener las apariencias y no revelar que era un Uma Musume.

Así que decidió fingir estar cansado, exagerando un poco su actuación…

hasta el punto de romperse una vena de la nariz a propósito.

Toji continuó con su actuación.

Tosió fuerte, jadeando en busca de aire.

La mirada de Agnes era de sorpresa, al parecer.

Ese hombre que la había vencido —a ella, una Uma Musume— estaba siendo afectado por su propio esfuerzo.

Era más interesante de lo que pensaba.

“¡Entrenador!!” Toji volteó la mirada.

Casi al instante, fue incorporado.

Su cuerpo fue apoyado simultáneamente por su equipo: McQueen y Teio estaban a su costado, Haru Urara sostenía su cintura con firmeza, y Gold Ship llegaba corriendo en ese momento.

Todas ellas estaban preocupadas por él, con las orejas gachas y los ojos muy abiertos.

“Entrenador, ¡tranquilo, tranquilo!”, dijo McQueen, mientras lo sacudía suavemente por los hombros.

“¡Ey, ey!

¡Despierta, ey!”, exclamó Gold Ship, chasqueando los dedos cerca de su rostro y limpiando la sangre de su nariz con un pañuelo que sacó de su bolsillo.

Agnes fue espectador de todo esto.

Estaba cansada, sí, pero no impidió que una sonrisa de curiosidad se dibujara en sus labios.

Lentamente, se acercó, con pasos medidos, ajustándose las gafas.

“Vaya…

parece que aún sigues sorprendido.

Pero al ser usted un humano, no soporta el gran esfuerzo”, dijo con tono condescendiente, cruzando los brazos.

Las integrantes del equipo de Toji fruncieron el ceño al unísono.

Ya lo tenían claro: Agnes Tachyon fue quien comenzó todo.

“E-espera, entrenador, ¡est-!”, intentó Teio, extendiendo una mano para mantener a Toji en su sitio.

Pero Toji se movió al frente, hacia Agnes.

Casi de inmediato, Teio y McQueen lo sostuvieron por los brazos para evitar que cayera.

“Aún tienes fuerzas…

Eso es impresionante, entrenador Fushiguro.

¿Qué tal si me acompaña a mi-?” ¡*Sonido* !

En menos de 3 segundos, mientras pronunciaba esas palabras, Agnes recibió una bofetada.

Todos —incluyendo su equipo y los espectadores— quedaron sorprendidos y conmocionados.

Agnes giró la cabeza a un costado; su mejilla ardía como fuego.

Toji solo la miró fijamente.

No sabía muy bien por qué la había bofeteado, pero sabía que esa mujer se lo merecía.

Arrugó el rostro en una mueca de disgusto.

Agnes, con la cabeza aún ladeada, lo miró de reojo.

Esa mirada podrida era la misma de Kimori…

¿Y qué pasaba?

¿Acaso estaba sonriendo?

“Repugnante”, murmuró Toji con voz grave.

Luego, con un gesto de la cabeza, indicó a Teio y McQueen que lo llevaran a la enfermería.

Agnes Tachyon no se movió de ahí, bajo la mirada de varios entrenadores y Uma Musume.

Una gota de agua cayó en su hombro…

luego otra, y otra.

No se había dado cuenta de que había empezado a llover.

Pero su mirada estaba fija en la espalda de ese hombre, y más aún en esa bofetada que aún ardía en su mejilla como nada más en el mundo.

No evitó pasar una mano por ella, tocándola con delicadeza.

No prestaba atención a nadie más…

ni siquiera a su alumna, Daiwa Scarlet, quien le movía el hombro con preocupación.

— Enfermería.

“Saben que estoy bien”, gruñó Toji nada más entrar.

Pero ya lo habían vendado por todo el cuerpo y recostado en una camilla, ignorando sus protestas.

“No, estás mal.

¡Estabas sangrando!”, replicó Haru Urara, sujetándolo firmemente a la camilla como si fuera a escapar en cualquier momento.

Sus manos pequeñas temblaban de preocupación.

“¿Qué tenías en la cabeza para enfrentarte a una Uma Musume…

y más a Agnes Tachyon?”, preguntó McQueen, cruzando los brazos con el ceño fruncido.

“McQueen, cálmate.

El entrenador está mal”, intervino Teio, colocándose a su lado.

“Teio, tú también sabes cuál es el punto…

y sabes muy bien por qué el entrenador está en ese estado”, respondió McQueen, lanzándole una mirada significativa.

Toji las observaba con cara de póker.

Hace unos momentos respetaban su silencio, y ahora discutían como si él no estuviera ahí.

“¡Entrenador!

¡C-como lo hiciste!

¡O sea, tú hiciste ¡fuuunnn!!, ¡y luego ¡tuuunnn!!, ¡y luego, luego…!”, exclamó Gold Ship, gesticulando exageradamente con los brazos, imitando una carrera loca.

“Gold Ship”, dijo Toji con voz firme, levantando una mano para que se callara.

“Okey…

pero luego me dices cómo lo hiciste para ganarle a Agnes Tachyon”, murmuró ella, retrocediendo a un lado con una sonrisa traviesa.

Mientras tanto, Teio se inclinó para examinar el cuerpo de Toji, palpando las vendas con cuidado.

“Fue una imprudencia de su parte, entrenador.

Por un momento pensé que se iba a desmayar…

¡y morí!

¡La gran Teio se quedaría sin entrenador!”, enfatizó Teio, agarrándose la cintura y levantando la cabeza con orgullo exagerado.

La puerta de la enfermería se abrió de golpe, revelando a un doctor que entraba con unos documentos en la mano, ajustándose las gafas nervioso.

“Pues el entrenador está…

pero hay unos asuntos que desearía hablar con el señor Fushiguro”, anunció, mirando directamente a Toji.

Inmediatamente, Urara se negó, aferrándose más a él.

“¡No!

Si es algo grave, es mejor que nos haga saber a todas de una”.

“Concuerdo con Urara.

¿Qué piensan, Gold Ship y Teio?”, añadió McQueen.

Las mencionadas asintieron con energía.

El doctor dio un suspiro de irritación; aguantar a estas Uma Musume y sus caprichos era una tortura.

“Oigan, niñas…

ya escucharon al doctor.

Retírense.

Además, no es nada grave”, intervino Toji, con voz calmada pero autoritaria.

“P-pero…”, protestó Urara, con los ojos vidriosos.

Toji les dio una mirada firme a todas.

Inmediatamente, bajaron las orejas, cabizbajas.

Gold Ship aún pensaba en voz alta, pero McQueen la jaló del brazo y salieron de la habitación en fila, murmurando entre ellas.

El doctor suspiró al verlas irse y se volteó hacia Toji…

pero este ya estaba de pie enfrente de él.

La diferencia de altura era notoria; Toji lo eclipsaba por completo.

“Y bien…

¿qué tenía que decirme?”, preguntó Toji, cruzando los brazos con impaciencia.

El doctor tragó saliva.

Algo en ese hombre no le gustaba para nada, pero se mostró firme.

Al revisar y hacer un examen médico, había descubierto que este hombre era un Uma Musume.

Era algo sorprendente, y vino de inmediato a confrontarlo.

“P-pues…

quería preguntarle de sus exámenes médicos”, balbuceó el doctor, extendiendo los papeles temblorosos.

Toji agudizó la mirada, notando a dónde iba esto.

“Bueno, usted es un Uma-” El doctor no terminó la frase.

Toji lo agarró del rostro con una mano enorme, apretando lo justo para intimidar.

Como lo suponía, este hombre lo había descubierto.

Sabía que era mala idea hacerse un examen médico en esta enfermería; no quería revelar su condición aún.

“Le haré una pregunta: ¿quién más sabe de esto?

Dime la verdad”, gruñó Toji, soltándolo de golpe.

El doctor cayó al suelo, tosiendo.

Los documentos se le arrebataron de la mano en el proceso.

Toji los miró: mostraban su esqueleto, inconfundiblemente el de un Uma Musume.

Volvió a mirar al doctor.

“E-este…

no le dije a nadie.

S-solo yo lo supe”, jadeó el doctor, tocándose la cara magullada.

Juraba que le iban a aplastar el cráneo en cualquier momento.

“Oh, ¿es así?

Eso es bueno…

Sería malo que alguien más lo sepa”, dijo Toji con tono helado.

“¿A-a qué se refiere con-?”, intentó el doctor.

Se quedó a media frase cuando Toji se plantó enfrente de él otra vez.

Lentamente, rompió los papeles en varios pedazos —tantos que nunca se podría reconstruir el contenido—.

Sin más, los tiró a un basurero cercano.

El doctor sintió miedo, no por el papel destruido, sino por el hombre en sí.

“Dime: ¿quieres continuar en tu trabajo…

o quieres aparecer bajo tierra, a 20 metros debajo?”, amenazó Toji, inclinándose ligeramente.

El doctor sentía miedo puro.

Pero si salía de esta, ¿podía contarlo?

Nadie le creería.

Estuvo tan apurado en ver a este único espécimen que olvidó guardar los documentos en su computadora.

No tenía evidencia.

“Bueno…

ya que no hablas, lo tomaré como tu despedida”, dijo Toji, enderezándose.

“¡E-espera, espera!

¡Yo acepto!”, suplicó el doctor.

“¿Aceptas qué?”, presionó Toji.

Inmediatamente, el doctor se arrodilló, agachó la cabeza con terror.

El aura de Toji era opresiva; sentía la muerte en cualquier momento.

“Yo acepto mantener silencio”.

“¿Y?”, insistió Toji.

“Y…

no andar investigando más de esto”.

Toji lo miró por algunos segundos, evaluándolo.

Luego, caminó hacia la puerta.

El doctor suspiró aliviado…

pero en un instante, cayó inconsciente.

Toji no confiaba en este tipo de personas.

Para asegurarse, le golpeó la nuca con precisión quirúrgica.

No estaba muerto, pero haría que pareciera que se había caído de un sitio alto.

— Ya en el campo, Toji se encontraba sentado, mirando al cielo nublado.

Hacía dos horas que salió de esa enfermería.

Para cubrir los hechos, simuló que el doctor se cayó de un lugar alto y lo dejó ahí mismo.

Y para que siguieran creyendo que era humano, salió de la enfermería con muletas y una venda en la nariz.

Pero ahora, lo más importante…

¿Esos malditos entrenadores me siguen mirando?

Eso era lo que pasaba desde que ganó a Tachyon y regresó casi ileso.

Provocó miradas de todos en el campo.

Toji también los miraba de vez en cuando, con ojos entrecerrados.

Sentía que esos entrenadores querían acercarse y preguntarle cómo le ganó a Tachyon.

Estaban desesperados por el “amor” de sus propias Uma Musume, y ver a un humano ganarles sembró una inspiración de salvación en esos entrenadores discapacitados.

Era un chiste, pero ellos parecían querer sacarle todo respecto a su conocimiento de cómo ganar a una Uma Musume.

“¿Usted es el entrenador Fushiguro?”, preguntó una voz firme.

“Ummh”.

Toji ladeó la cabeza lentamente, solo para encontrarse con la mirada de una Uma Musume.

Ojos color miel, pelo negro morado largo, una venda en la nariz como la de él…

Liberaba un aura de puro poder.

“¿Y usted es?”, respondió Toji, incorporándose un poco con las muletas.

“Me disculpo.

Mi nombre es Narita Brian, una del consejo estudiantil”.

Narita Brian hizo una reverencia profunda, con las manos juntas a los lados.

Antes de levantarse, mostró un rostro fruncido, seria.

“Vine aquí a petición de la presidenta Rudolf”.

Lo que más temía.

No pasó ni un solo día y la noticia de que ganó a Agnes Tachyon ya voló como pólvora.

“¿Qué desea la presidenta Rudolf?”, preguntó Toji, apoyándose en las muletas.

Narita Brian negó con la cabeza, mirándolo fijamente.

“Es en privado, pero le aseguro que es de suma importancia”.

*Importancia mi huevos…

Ya sé de lo que se trata esa mujer Symboli*, pensó Toji.

“Iré en un rato”.

Ni loco iría para después ser interrogado por esa mujer.

“Señor Fushiguro, la presidenta me ordenó que viniera de inmediato”.

“¿Y si no qué?”.

Unos minutos después, Toji estaba caminando con sus muletas.

Al costado, Narita Brian lo escoltaba con paso marcial.

En realidad, sí aceptó ir; por razones obvias, no se permitía hacerse el duro.

Tenía que fingir estar cansado y dañado, cojeando deliberadamente.

*Pero qué le diría a esa mujer Symboli…

Tendré por seguro que ya se enteró de lo de hoy.

Un fastidio total.* “Entrenador Fushiguro, por favor entre”, dijo Narita Brian, deteniéndose frente a la puerta familiar del consejo estudiantil.

Toji salió de sus pensamientos y miró la puerta.

“La presidenta Rudolf lo esperará adentro.

Por favor, compórtese”, advirtió ella, dándole una mirada de intimidación.

Pero Toji no la miró.

Solo agarró el pomo de la puerta con calma, girándolo lentamente.

Todo esto ya se le hacía irritante.

Ya dentro, encontró el mismo panorama de la última vez, pero la diferencia era que Rudolf tenía una mirada fruncida, con su rostro en sombras.

De inmediato, cuando cerró la puerta, sintió su aura opresiva.

Rápidamente, fingió debilidad, apoyándose más en las muletas.

“P-presidenta Rudolf…

¿para qué me ha llamado?”, preguntó con voz entrecortada.

Con solo escuchar la pregunta, Rudolf apretó su puño bajo el escritorio, pero relajó su aura con esfuerzo visible.

“¿Y ya?

¿Me podría decir, presidenta Rudolf, para qué me llamó?”, insistió Toji, enderezándose un poco.

Rudolf dio un suspiro profundo, mientras su expresión no cambiaba ni un ápice.

Entrelazó las manos sobre el escritorio.

“Entrenador Fushiguro, quiero saber qué pasó exactamente en el campo de entrenamiento”.

Esta mujer sí sabe lo que pasó.

Es muy rápida para enterarse de todo, pensó Toji.

“¿A qué se refiere con-?” ¡*Golpe*!

Toji se detuvo cuando Rudolf golpeó su escritorio con el puño, haciendo vibrar los papeles.

En verdad no tenía temperamento para aguantar mentiras ahora.

Pero Toji ni siquiera se mostró intimidado; solo puso cara seria, sosteniendo su mirada.

“Entrenador Fushiguro, requiero que piense bien sus palabras…

y dígame cómo usted ganó a Agnes Tachyon”, exigió Rudolf, inclinándose hacia adelante.

Toji se encontró con la mirada de Rudolf y dio un suspiro largo.

“Lo pondré sencillo: esa mujer, Agnes Tachyon…

pues ella comenzó despreciando lo que soy, o sea, un humano, dando esa trama científica sin sentido.

Y para callarla, decidí retarla en el terreno donde toda Uma Musume es buena”.

“¿Correr, verdad?”, completó Rudolf, entrecerrando los ojos.

“Exacto, presidenta Rudolf.

Así que le reté: que le ganaría a pura técnica humana, para mostrar mi punto”.

Toji se detuvo un momento para ver a Rudolf.

Ya se había dado cuenta de que esta mujer no sabía muy bien lo que pasó en realidad, y tampoco podía revelar la cura de la tendinitis.

Así que solo le quedó mentir.

“Haré que le crea su historia…

pero”, dijo Rudolf, levantándose de su sitio con lentitud.

Se acercó a Toji, parándose enfrente de él, imponente.

“¿Cómo es posible que un humano pudiera ganarle a una Uma Musume?

¿Podría explicarme?

Y si fuera técnica…

¿cuál técnica humana sabría usted?”.

*Esta mujer, al parecer, no era tan ilusa como pensé…

¿Y ahora qué le digo?*, pensó Toji.

“Bueno, pues…”.

Toji le explicó una técnica de regularización del cansancio y cómo regular la respiración.

Su explicación fue larga y detallada, para que pareciera difícil.

Para su suerte, Rudolf lo pensó mientras lo escuchaba, asintiendo ocasionalmente.

“Eso sería todo, presidenta Rudolf”, concluyó Toji.

*Tch, mujer, ya créetelo para irme.* “Ummh…

ya veo.

Con eso fue que derrotaste a Agnes”, murmuró Rudolf.

“Sí, presidenta Rudolf”.

“Pero lo que quiero saber es cómo comenzó esta disputa…

y, según tu explicación de las técnicas que usaste, ¿por qué no estás más demacrado?”.

Hija de…

No pensé que esta mujer sería tan astuta.

Piensa, Toji.

“Vea, pues…

como le dije al principio, ella fue la que comenzó y eso”.

“Entrenador Fushiguro, conozco bien a las Uma Musume de la Academia Tracen, incluyendo a Agnes Tachyon.

A pesar de ser una científica dudosa, no sería ella quien comenzó todo este revuelo.

Así que…

¿usted quiere tapar la verdad?”.

La sala quedó en silencio.

Pensamientos bullían en la mente de Toji.

*Maldita sea, me hizo hablar como baboso para que me dijera que sabe el carácter de cada yegua…

¿Y si es así, sabrá de los múltiples casos de entrenadores con pelvis rotas?* Saliendo de sus pensamientos, Toji siguió mirando a Rudolf, quien mantenía su expresión habitual.

“Bien…

lo dejaré pasar”.

“¿Qué?”.

“Disculpe, ¿tiene otra cosa que decir, entrenador Fushiguro?”.

“N-no es nada…

solo me tomó por sorpresa”.

Rudolf lo miró por algunos momentos, evaluándolo, antes de regresar a su asiento con paso firme.

“Como había dicho, lo dejaré pasar este incidente…

con la condición de que se le removerá su bono de sueldo”.

“Ah, ¿es así?

Entonces no hay problema”, respondió Toji, apretando los dientes por dentro.

Maldita Symboli, lo tenías planeado, ¿verdad?

Podrías ponerme más cargos, pero disminuir mi bono de sueldo, si solo tuviera una palanca, apreto los puños.

“Y pues, si eso es todo, me retiro.

Con su permiso”.

Toji se dio la vuelta con sus muletas, cojeando hacia la puerta, y salió del consejo estudiantil.

“¿Presidenta Rudolf, en serio le cree?”, preguntó Air Groove, saliendo de una habitación al costado.

Había escuchado toda la conversación, con los brazos cruzados.

“No del todo, Air Groove…

pero tengo algo seguro: ese entrenador puede llevar a Teio a ganar la Triple Corona”.

“Umhnm…

¿cómo podría beneficiar a Teio con ese entrenador?”.

Rudolf se levantó y se puso a ver por la ventana, con las manos a la espalda.

“Air Groove, cuando escuchaste la explicación de esas técnicas que mencionó ese hombre…

¿no crees que podría beneficiar a Teio?”.

Rudolf se dio la vuelta, mirándola a los ojos.

Air Groove no entendió muy bien, parpadeando confundida.

— Con Toji.

Demonios, ¿por qué chucha me siguen mirando como animal exótico?

Después de salir del consejo estudiantil, se fue directo al comedor para almorzar.

Estaba lloviendo fuerte afuera, y eso sería beneficioso para el entrenamiento de sus Uma Musume.

*El clima es muy raro.* “Hola”, dijo una voz suave a su costado.

“Emmh”.

Toji miró a su lado, viendo una cabellera blanca inconfundible.

“Hola también, Oguri Cap”, respondió, regresando a su comida con calma.

*¿Sabrá esta niña del chisme que se difundió de mí?

Será poco probable que no lo supiera.* “Entrenador Fushiguro, ¿cómo le va su día?”, preguntó Oguri Cap, sentándose con cuidado frente a él, sus orejas moviéndose ligeramente.

Toji la miró con cara de palo.

De muchas cosas que estaba preparando, esto era lo primero.

Bueno, al menos los rumores de mí venciendo a Agnes no se han esparcido tanto.

“Estuvo bien.

Todas no se han fracturado nada o no tienen fiebre”, dijo, pinchando su comida.

“UMH…

e-so es bueno”.

“Sí, pero tengo unos problemas.

Sabes, ser entrenador casi no es fácil.

A veces tienes que mantenerte en papeleos…

y la otra es hacer algo malo en tu trabajo y te llamen la atención y te bajen el sueldo”.

Lo primero no era cierto —Toji ni siquiera se metía en papeleos—, pero lo segundo sí le sucedió hoy con Rudolf.

“Eso suena agotador…

¿Y por qué sería que te bajaron el sueldo, entrenador Fushiguro?”, preguntó Oguri, inclinando la cabeza con curiosidad genuina.

“Por favor, solo llámame Fushiguro.

Decir cada rato mi oficio ya me da un dolor de cabeza”.

“UMH…

sí, entre- Fushiguro…

señor Fushiguro”.

Toji suspiró, dejando el tenedor un momento.

“Sabes, Oguri…

déjalo así como estaba.

Dime, ¿cómo te va en tu entrenamiento?”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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