Uma Musume: Serie-Darklines - Capítulo 35
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- Capítulo 35 - 35 CAP 31 La guitarra el mordisco y la última tela
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35: CAP 31: “La guitarra, el mordisco y la última tela” 35: CAP 31: “La guitarra, el mordisco y la última tela” La saliva de McQueen comenzó a cubrir su abdomen.
No de manera descuidada sino con la atención metódica de alguien que está trabajando una superficie que merece ser estudiada.
–Mua.
–Shu.
–Chú.
–Ammm… Sus labios, besaban aquí y allá sin un patrón fijo, eligiendo puntos al azar que resultaban no ser al azar en absoluto porque cada uno extraía una respuesta diferente del cuerpo del joven y ella los catalogaba todos en tiempo real.
Sus manos encontraron los costados de su cintura.
Las apoyó con firmeza, usando ese ancla para estabilizar su propio descenso, y siguió bajando.
Su barbilla llegó primero al borde de la tela y lo rozó con una presión ligera que levantó apenas el tejido.
Luego sus labios.
Luego su nariz, que pasó por debajo del borde con una suavidad que hacía todo el proceso parecer completamente casual.
Y se detuvo.
Luego subió.
Subió despacio, levantando la tela con su barbilla mientras ascendía, arqueándola sobre el abdomen bajo del joven en un movimiento que exponía y cubría en el mismo gesto.
Bajó de nuevo.
Sus labios encontraron el borde otra vez.
Su nariz pasó.
Se detuvo.
Subió.
El proceso se repitió.
Una vez…
Dos veces….
Tres.
Subir y bajar con una cadencia que tenía algo de musical, como dedos sobre cuerdas que aprenden la tensión exacta de cada una antes de decidir qué nota tocar.
La tela se levantaba y caía sobre el abdomen bajo de Cali con cada movimiento de su rostro, revelando y ocultando en un juego que la peli-lavanda ejecutaba con una concentración que no miraba al joven.
–(Así que sí son tu juegos heee~, McQueen).
Pero él sí la miraba a ella.
McQueen lo supo por el silencio que había cambiado de calidad encima de ella.
No el silencio de alguien contenido sino el de alguien que observa con una atención que no puede disimular completamente.
Levantó los ojos un momento.
La mirada del joven lo decía todo.
Sonrrojada en el sentido más honesto de la palabra, con algo en sus ojos que era simultáneamente incomodidad y una fascinación que no sabía dónde colocar.
A McQueen le gustó lo que vio.
–(Jujujum, aún no llega el pedido entrenador, y ya está así…, jejeje) Decidió continuar.
Reubicó sus manos.
Las deslizó desde los costados de su cintura hacia una posición más lateral, asegurando el agarre con una firmeza que le daba el control preciso que necesitaba para lo que venía.
Subió su rostro una última vez.
Se detuvo.
Alineó su boca con el borde superior de la tela.
Y la mordió.
Sus dientes se cerraron sobre el tejido con una delicadeza que no rasgaba ni lastimaba pero que sujetaba con una seguridad absoluta.
Sus manos en sus costados distribuyeron el peso de su propio cuerpo para liberar la tensión correcta.
–(Es hora de limpiar la “mesa”) Y entonces, con una lentitud que era casi insoportable en su precisión, comenzó a bajar.
Milímetro a milímetro.
La tela descendía apretada entre sus dientes con la misma obstinada lentitud con que Dober había bajado sus pantalones con el pie horas antes, pero con una calidad completamente distinta.
Esto era íntimo en un sentido diferente.
Más cercano.
Más directo.
El aliento de McQueen calentaba la piel que la tela iba dejando expuesta con cada milímetro ganado, y sus ojos, abiertos y mirando hacia arriba, no soltaban los del joven en ningún momento del descenso.
Quería ver.
Quería sentir bajo su barbilla y su nariz y sus labios lo que esa última tela había estado guardando toda la noche.
Quería oler ese calor específico, privado y sin filtros, que solo existe en la piel que nunca ve el aire.
Y la tela seguía bajando entre sus dientes, centímetro a centímetro, con McQueen completamente decidida a llegar hasta el final de ese recorrido por su propio camino y sin apresurarse un solo segundo.
–(¿Qué sorpresa tienes para mí, entrenador?) REFLEXIONES DE LOS CREADORES AutoresRAR ¿Qué le dijo una plancha a otra plancha?
“Mmm no se…” ¿Planchamos?; jajajja …
“¿Que le dijo tu mamá a la zanahoria?” huuu, no puedo más, em, a ver le dijo-…, espera, ¿qué dijiste de mi mamá?
“¡No te pongas tan dura, que te voy a rallar!” *Empieza a correr como si fuera de color humilde ante policías* Tú, cómo te atreves a- CORER CORER…
…
Hay que saber contar chistes la verdad…
LOS VEO Y leo en el próximo cap.
GUIÑO GUIÑO.