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Un Bebé Secreto con el Multimillonario - Capítulo 24

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24: Una oferta 24: Una oferta Delfina salió del baño después de retocarse el maquillaje y asegurarse de que nada estuviera fuera de lugar.

Se limpió la sangre y ocultó el corte con su pintalabios rojo, lo que hizo que apenas se notara.

Luego salió, con un aspecto que no delataba que acababa de ser maltratada por su ex-prometido.

Miró la hora.

Eran solo las ocho de la noche.

Tenía que volver a casa pronto, ya que Gabriele quería que le leyera un cuento para dormir.

—Delfina.

—Escuchó que la llamaban.

Se giró hacia la persona que la había llamado y se encontró con un hombre vestido con un traje impecable, con el pelo peinado profesionalmente, sin un solo mechón fuera de lugar.

Lo reconoció de inmediato.

Era productor de uno de los programas de televisión más importantes que se emitían en las redes sociales.

Alessandro Ricci.

—Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que te vi.

¿Cómo has estado?

—preguntó él.

Intercambiaron cumplidos dándose un ligero beso en las mejillas.

—He estado bien —respondió ella.

—¿Cuánto tiempo ha pasado?

¿Trece años?

¿Catorce?

Delfina sonrió.

Alessandro Ricci era un conocido al que conoció cuando quiso emprender su carrera como actriz y convertirse en una estrella de televisión.

Tenía una visión de futuro cuando era adolescente, pero después de que se arreglara su matrimonio con Filippo, su familia la convenció de que la de actriz no sería una carrera adecuada.

La persuadieron para que estudiara empresariales y así poder ayudar a Filippo a gestionar su negocio después de casarse, cosa que ella había hecho sin pensar.

—Creí ver una cara conocida y supe con certeza que era Delfina —añadió él.

Puede que fuera un hombre de treinta y tantos años, pero compartían una buena amistad.

—Mira, voy a ir al grano, ¿de acuerdo?

—empezó él—.

Tengo una nueva película que estoy produciendo y creo que serías perfecta para el papel de la segunda protagonista femenina.

Delfina parpadeó, sorprendida.

Se quedó sin palabras por un segundo.

Convertirse en actriz no formaba parte de su plan, aunque había sido el sueño de su vida.

Alessandro conocía ese sueño y quería darle una oportunidad.

Sin embargo, Delfina no había vuelto para perseguir ese sueño.

Tenía todo un plan de venganza en el que debía centrarse y un hijo del que ocuparse.

Antes de que pudiera formular una respuesta, alguien interrumpió.

—Alessandro, las audiciones ya han terminado, ¿no?

—preguntó Navira—.

Y, además, un fichaje de última hora no le sentaría muy bien a tu película.

Ni siquiera sabes si Delfina sabe actuar o no.

Delfina ladeó la cabeza hacia Navira, sin decir una palabra.

Por supuesto, Navira intentaría convencer a Alessandro de lo contrario.

Navira era una actriz popular, una estrella que todo el mundo conocía.

Llevaba más de una década apareciendo en televisión y había ganado millones de fans en todo el mundo.

—Lo entiendo, pero puede que estés olvidando que ya he visto a Delfina hacer una audición para un papel —le recordó él.

—Pero eso fue hace años —replicó Navira.

Había estado escuchando su conversación y sintió que tenía que cortar de raíz cualquier cosa que quisiera surgir.

No podía permitir que Delfina protagonizara la misma película que ella—.

Y te aseguro que Delfina no puede ni decir una sola frase mostrando las emociones correctas.

Alessandro alternó la mirada entre ambas antes de empezar a mirar al suelo, buscando algo.

Navira frunció el ceño ligeramente antes de preguntar: —¿Qué estás buscando?

—Una mierda —respondió Alessandro secamente—.

Y, por lo visto, no tengo ninguna que dar.

Los labios de Navira se afinaron y sus mejillas enrojecieron de vergüenza.

Luego la ignoró por completo y se dirigió a Delfina.

—No estoy seguro de que sigas teniendo mi número, así que toma esto.

—Le entregó su tarjeta de visita—.

Piénsatelo y llámame cuando hayas tomado una decisión, ¿vale?

Pero antes de que decidas decirme que no, recuerda cómo estabas dispuesta a hacer cola y esperar durante horas antes de poder presentar tu audición.

Delfina asintió brevemente con una sonrisa antes de que Alessandro se marchara, sin dedicarle una mirada a Navira.

El rostro de Navira se descompuso, obviamente disgustada por la oferta de Alessandro.

—Debes de estar contenta.

—¿Se suponía que tenía que estar llorando?

—replicó Delfina.

—Te lo diré sin rodeos: puede que hayas escapado de esos matones y sobrevivido, pero no vas a sobrevivir por mucho tiempo.

—Su tono era un susurro, solo audible para los oídos de Delfina.

Luego dio un paso adelante, invadiendo el espacio personal de Delfina—.

No eres más que un bicho y me desharé de ti pronto.

—Hablas mucho para ser alguien de quien su marido ya está planeando deshacerse.

Las palabras de Delfina hicieron que Navira frunciera el ceño profundamente.

—¿Qué acabas de decir?

—exigió ella.

—Oh, ¿quieres decir que no sabes que Filippo no está contento de que dieras a luz a una hija, en lugar de a un hijo?

—le devolvió la pregunta Delfina con inocencia.

El pavor en el rostro de Navira le produjo un escalofrío de satisfacción—.

Bueno, no puedo decir mucho porque, ya ves, meterme en los problemas de un matrimonio no es algo que quiera para mí.

¿Y sabes cuál es la verdad más impactante?

—preguntó—.

Filippo quiere que yo le dé un hijo.

Prometió echaros a ti y a tu hija de casa si le doy un hijo varón.

Estoy tentada de aceptar la oferta, ¿sabes?

Navira levantó la mano, lista para abofetear a Delfina, pero se detuvo de inmediato, con la mano suspendida en el aire.

—¿Por qué pones cara de ofendida?

No soy yo la que está casada contigo y aun así se arrastra a los pies de otra mujer.

—Delfina era consciente de que estaba exagerando su encuentro con Filippo, pero Navira no tenía por qué saberlo.

Filippo no se arrastraba, y ciertamente no lo haría, pero era divertido ver cómo se le iba toda la sangre del rostro a Navira.

De verdad creían que los dejaría tener un matrimonio feliz después de que le hubieran arruinado la vida.

—Oh, bueno, tendré que irme ya.

Es muy tarde, ya ves.

Diles adiós a nuestros padres de mi parte —añadió, su sonrisa ensanchándose antes de darse la vuelta para marcharse e, inmediatamente, su expresión vaciló.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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