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Un Bebé Secreto con el Multimillonario - Capítulo 38

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  3. Capítulo 38 - 38 Problemas con la suegra
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38: Problemas con la suegra 38: Problemas con la suegra En dos horas, Delfina, Dominic y Gabriele llegaron a la mansión Silvestri.

Esta vez, la familia los esperaba fuera.

En cuanto le abrieron la puerta a Gabriele, corrió hacia sus abuelos.

El señor Silvestri levantó al pequeño en brazos y sonrió.

—Gabriele —lo llamó; el nombre le sonó extraño por un segundo, pero mantuvo la sonrisa.

—Abuelo —lo llamó Gabriele, con una gran sonrisa en los labios.

Delfina y Dominic pudieron ver lo feliz que estaba Gabriele de conocer a sus abuelos.

El hombre, evidentemente, no parecía tener ningún problema con él, ya que bromeaba con el niño.

La señora Silvestri, sin embargo, era un caso aparte.

No hizo ningún intento de hablar con Gabriele ni de cogerlo en brazos.

Cuando Gabriele intentó hablarle, ella lo ignoró y entró en la casa sin esperar a ninguno de ellos.

Afortunadamente, el señor Silvestri le gastó otra broma al niño, lo que lo mantuvo distraído un rato mientras entraban.

Carlo no saludó a Dominic, y este tampoco a él.

Marianna y Delfina se abrazaron mientras todos entraban en la mansión.

Delfina miró a su alrededor, suspirando aliviada al no ver a Caterina por ninguna parte.

Ya le había enviado un mensaje a Marianna de camino para asegurarse, y esta le había confirmado que Caterina no vendría.

El señor Silvestri sentó a Gabriele en su regazo mientras los sirvientes servían la comida.

Al ver su interacción con Gabriele, Delfina se sintió medio aliviada.

Había pensado que tendría que lidiar con la pareja.

—Esto es una estupidez —dijo de repente la señora Silvestri, atrayendo la atención de todos.

Levantó la cabeza para fulminar a Delfina con la mirada, pero esta no vaciló.

Ya esperaba que la mujer hiciera un comentario hiriente en cualquier momento—.

¿Cómo es que Dominic y tú tenéis un hijo desde hace cinco años y nos lo reveláis ahora?

—Luego hizo una pausa por un momento—.

¿Es que acaso ese niño es suyo?

Delfina sabía que esa pregunta surgiría.

Ya se estaba cansando de que le hicieran la misma pregunta una y otra vez.

Primero fue la sirvienta de casa, que no aparecía por ningún lado, y ahora, su suegra.

—Gabriele es mi hijo —replicó Dominic con sequedad.

—¿Te has hecho una prueba de ADN?

—cuestionó la señora Silvestri—.

Por lo que sabemos, este podría ser el hijo de otro que estás reclamando como tuyo.

—Tomó una cucharada de sopa y tragó antes de continuar—.

¿No estaba ella prometida con Filippo hace unos cinco años?

Por lo que sabemos, ese niño podría ser de él.

—Glinda —la llamó el señor Silvestri, con un tono de advertencia.

Él era muy consciente, como todos los demás, de lo que su esposa pretendía—.

No delante del niño.

Su mirada se posó en Gabriele, que le devolvió la mirada.

Era un calco de Dominic.

No estaba ciega, podía verlo.

Sin embargo, que Dominic tuviera un hijo antes que Carlo le daba más posibilidades de ser el líder de La Orden una vez que su marido se jubilara.

Miró a Carlo, que tampoco parecía contento.

Quería que Carlo, su hijo biológico, obtuviera el puesto, pero las cosas no estaban saliendo como había planeado.

Primero, Dominic se casó con la única mujer que no podía controlar y, ahora, tenían un hijo de cuatro años.

—Por lo que sabemos, todo esto podría ser una mentira —murmuró para sí, lo suficientemente alto para que todos la oyeran.

Delfina fulminó a la mujer con la mirada.

Si Gabriele no estuviera justo enfrente de ella, sentado con su abuelo, le habría cantado las cuarenta a la anciana.

—Mi mami no es una mentirosa —dijo Gabriele de repente, pillando a la señora Silvestri desprevenida—.

Me enseñó a no mentir nunca, así que ella no mentiría.

Ya me parezco a mi papi.

¿Por qué iba a tener que mentir?

—¿Ves, madre?

—dijo Dominic—.

Hasta el niño tiene más sentido común que tú.

A diferencia de Delfina, que dudaba en responder, Dominic no se contuvo en absoluto.

Carlo fulminó a Dominic con la mirada desde el otro lado de la mesa y Dominic le sostuvo la mirada, manteniéndola hasta que se sintió incómodo y la desvió.

—Y bien, Delfina —la llamó Marianna desde el otro lado de la mesa—.

¿Cómo va tu carrera de actriz?

Vi unas fotos de Hillary y parece que os lo estáis pasando bien juntas.

—Va muy bien —respondió ella.

La señora Silvestri bufó desde el otro lado de la mesa antes de que pudiera terminar la frase.

—La actuación no es un trabajo —comentó—.

Es solo una pérdida de tiempo.

No te va a llevar a ninguna parte.

Delfina se mordió los labios, con el puño apretado bajo la mesa mientras intentaba contenerse para no estallar contra la anciana.

Estaba claro que su paciencia se estaba poniendo a prueba.

Respiró hondo y abrió los labios para hablar, pero antes de que pudiera decir nada, Dominic la interrumpió.

—¿Y desde cuándo lo que hace mi mujer es asunto tuyo, madre?

—La última palabra estaba cargada de sarcasmo—.

¿No deberías centrarte en lanzar tu último producto para el cuidado de la piel que puede eliminarte las arrugas en lugar de meterte en los asuntos de los demás?

Estás empezando a envejecer más por culpa de eso.

Una pequeña sonrisa asomó a los labios de Marianna, pero no emitió ningún sonido.

El señor Silvestri suspiró, pero no dijo nada.

Carlo fulminó a Dominic con la mirada por insultar a su madre, mientras que la señora Silvestri le lanzó una mirada aún más furiosa a Dominic, pero este se limitó a sonreír.

Delfina observó cómo la mujer se mordía los labios mientras intentaba pensar en qué decir.

—¿Vas a quedarte ahí sentado viendo cómo ese bastardo que tienes por hijo me habla así?

—le espetó a su marido.

—Fuiste tú quien lo provocó —respondió el señor Silvestri mientras le daba de comer a Gabriele—.

Podrías haberlos dejado en paz a él y a su mujer, pero preferiste buscar problemas.

La señora Silvestri apretó los labios mientras su cara se enrojecía de vergüenza.

Ni siquiera su marido iba a apoyarla.

Pero ella tampoco se iba a rendir.

Observó a Delfina, que comía en silencio.

Tenía que deshacerse de ella cuanto antes y meter a Caterina en la familia.

Preferiría morir antes que ver a Dominic ocupar el puesto que por derecho le pertenecía a su hijo, Carlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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