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Un bebé secreto para el multimillonario de corazón frío - Capítulo 15

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  3. Capítulo 15 - 15 CAPÍTULO 15
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15: CAPÍTULO 15 15: CAPÍTULO 15 PUNTO DE VISTA DE BLAIR
—Sí.

Debe de estar sintiendo la presión de tu mano.

—Arrugó la frente mientras observaba mi vientre, y un torbellino de emociones me sacudió.

Había vivido esta conmoción y este asombro yo sola, celebrando los hitos en silencio y por mi cuenta.

Que Ronnell compartiera esto conmigo era tan surrealista, pero también me llenaba de una increíble nostalgia.

Debería haber sido así desde el principio, si el bebé que llevaba dentro quizá fuera suyo.

Smith debería haber estado aquí para todo esto.

¿Cómo podía Ronnell preocuparse más por este bebé de lo que lo había hecho Smith?

Hacía unas semanas…

le había hablado a Smith del bebé.

Había considerado que tenía derecho a saberlo, pero entonces me colgó, afirmando que me acostaba con cualquiera y que quería encasquetárselo a él.

No iba a decir mucho, ya que a Smith le importaba un bledo, pero aun así…

Ronnell Roman estaba tocando mi vientre para sentir patear a mi bebé con un asombro amable y sobrecogido que el padre del bebé debería haber mostrado.

—¿Esto es lo que pasa siempre ahí dentro?

—preguntó en apenas un susurro, sin apartar los ojos de mi barriga.

Una oleada de vergüenza me invadió.

¿Cómo podía anhelar el afecto del hombre que era, técnicamente, mi jefe?

Sobre todo cuando el verdadero padre de mi hijo me había rechazado tan cruelmente.

Cielos, estaba sedienta de atención.

Debía de ser por eso que recibir esa intensidad de Ronnell resultaba tan embriagador; era para comérselo a cucharadas.

Mi pecho subía y bajaba con agitación, como si me persiguiera un asesino en serie.

Clavé los dedos en el brazo de mi sillón para no caer en la tentación de posar la mano sobre su suave pelo.

La idea de entrelazar mis dedos con los de Ronnell hizo que se me encogieran los de los pies dentro de los zapatos.

Ronnell Roman, mi jefe de corazón de hielo.

—No, no todo el tiempo —le dije—.

El bebé está más activo cuando estoy en el trabajo que en cualquier otro sitio.

Él negó lentamente con la cabeza.

—Hay una persona de verdad ahí dentro.

No pude evitar reír.

—Supongo que sí.

—El bebé llegará en dos meses.

—Una locura, ¿eh?

Sus largos dedos se curvaron sobre la redondez de mi vientre y el calor de su palma me traspasó la piel.

Caí en la cuenta de lo increíblemente íntimo que era aquello.

Ronnell, arrodillado a mis pies, me tocaba de una forma en que no me habían tocado en mucho tiempo…

Me tocaba con tanta reverencia y asombro…

Era difícil no dejar que me afectara.

—Nunca he oído nada más loco.

—Mi voz salió ronca y mis mejillas ardieron de inmediato.

Por suerte, no me estaba mirando a la cara.

Acercó la otra mano a mi vientre, envolviéndolo por ambos lados.

La postura en la que nos encontrábamos no era adecuada para el entorno laboral, pero ninguna parte de mí sintió el impulso de pedirle que se apartara.

Mi respiración se volvió entrecortada, y Ronnell calentaba las partes de mi vientre que ni siquiera estaba tocando.

—Joder…, el bebé ha estado escuchando mi voz todo este tiempo —murmuró.

—Sí.

Diría que el bebé ya se ha formado una opinión sobre ti.

—Mis dedos se crisparon de nuevo, esta vez con la necesidad de pasarlos por su pelo y alborotárselo un poco.

—Por suerte para mí, no podrá decírmelo hasta dentro de un par de años.

Me reí de nuevo, haciendo rebotar mi barriga.

—Sinceramente, no creo que tengas que preocuparte por eso.

El bebé no pasará mucho tiempo por la oficina.

Eso esperaba.

Si no encontraba la forma de pagar la guardería además de la hipoteca, quizá tendría que meter al bebé en un cajón de mi escritorio y cruzar los dedos para que Ronnell no se diera cuenta.

Y así, sin más, un jarro de agua fría me cayó encima.

—Cierto.

—Negó con la cabeza—.

Cierto, por supuesto.

Como si la realidad también le hubiera golpeado a él, Ronnell se puso en pie y rodeó su escritorio hasta el otro lado.

Se quedó allí, concentrado en su pantalla y haciendo clic con el ratón.

Su ausencia fue tan repentina que me sentí momentáneamente perdida.

Esperé a que dijera algo, pero permaneció en silencio, así que me levanté bruscamente del sillón y salí de su despacho, con la increíblemente generosa tarjeta regalo que no necesitaba en absoluto apretada en la mano.

Aturdida, me dirigí a la sala de descanso.

Rosa estaba allí, preparando batidos para su jefe de departamento.

Hacía esto todos los días mientras maldecía durante todo el proceso.

Detestaba profundamente que la obligaran a hacerlo, pero no tenía otra opción.

—Hola.

—Entré en la sala de forma aparatosa, con todo el dramatismo que pude imprimir a mis movimientos—.

Acaba de pasar la cosa más extraña del mundo.

Dejó de machacar las fresas y me prestó atención.

—¿Qué ha pasado, cariño?

—Ronnell y yo teníamos nuestra reunión de la mañana, y…

—Tuve que taparme la cara antes de seguir hablando—.

El bebé empezó a dar sus típicas volteretas locas y casi me quedo sin aliento.

Ronnell debió de pensar que me pasaba algo.

Corrió a mi lado y, entonces…

—¿Y entonces qué pasó?

—susurró Rosa con una emoción indisimulada.

—Dejé que me tocara la barriga.

—¿Ronnell Roman?

—Sí, el mismo.

—La espié por entre los dedos—.

Y duró bastante tiempo.

Se subió las gafas a la cabeza y me miró fijamente con los ojos como platos.

—¿Cuánto tiempo?

Samuel entró en ese momento.

No tenía ninguna razón para estar en la sala de descanso, aparte de cotillear.

—¿Cuánto tiempo qué?

A Rosa se le cayeron las gafas de nuevo sobre la nariz.

—Ronnell le ha tocado la barriga a Blair —anunció ella.

Samuel se giró bruscamente hacia mí.

—No.

Asentí, con la cara en llamas.

—Lo hizo.

Y duró…

al menos seis minutos.

Al final, me sujetaba la barriga con las dos manos y…

Samuel enarcó las cejas.

—¿Y te gustó?

Unas lágrimas inesperadas me escocieron en los ojos.

—Sí.

Es que…

no recuerdo la última vez que alguien me dio un abrazo, y he ido a todas las citas sola…

Rosa se acercó a mí, me atrajo hacia sus brazos y me abrazó tan fuerte que solté un gruñido.

—Ya está.

—Se echó hacia atrás, apoyando las manos en mis hombros—.

Puedes acudir a mí para que te dé abrazos.

No vayas buscando contacto humano de fuentes poco apropiadas.

—No creo que lo estuviera buscando —protesté.

Aunque, en realidad, no me había opuesto a que Ronnell me tocara.

Ni lo más mínimo.

—Lo permitiste porque necesitabas algo.

No a Ronnell…, no necesitas ese tipo de complicación en tu vida, cariño —dijo mientras volvía a preparar su batido, machacando las fresas con la nata montada—.

¿Crees que no me gustaría mandar a George a la mierda?

Pero todo es más simple si vengo, hago mi trabajo, me voy a casa y me olvido.

Me gustan las cosas sencillas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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