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Un bebé secreto para el multimillonario de corazón frío - Capítulo 60

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60: CAPÍTULO 60 60: CAPÍTULO 60 PUNTO DE VISTA DE BLAIR
Perdí la noción del tiempo mientras Ronnell se escabullía de la cama antes de que Nathan y yo nos despertáramos.

Me dejó un suave beso en la frente y un adiós susurrado.

Su rutina matutina era inamovible: el gimnasio con Mathew y William.

Era una constancia que yo admiraba, junto con su polla mágica, su increíble cuerpo y su asombrosa habilidad para besar.

Anoche, descubrí otra faceta de Ronnell.

Era de los que se acurrucan.

Se durmió con el brazo fuertemente envuelto a mi alrededor.

No estaba segura de si podría soportarlo, pero llegó la mañana y me sentí sorprendentemente descansada.

Así que, cuando le dejé a Nathan a su cuidadora y me aventuré en la cocina para prepararme el desayuno, estaba de muy buen humor.

Ver la nota que me esperaba en la encimera lo mejoró aún más.

!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Princesa:
Quiero que sepas que hoy almorzaremos juntos, Samuel y Rosa ya pueden dejar de robarme ese momento.

Quizá deberías incluirlo en mi agenda.

Si tengo una cita a esa hora, reprográmala.

De hecho, a partir de ahora deberías reprogramar todas mis citas para almorzar.

¿Tuviste una buena noche?

Te dejé un cacao helado en la nevera.

Me encantó que no quisieras separarte de mí por la noche, eres una abrazadora empedernida.

Tuyo,
Ronnell.

!!!!!!!!!!!!!!!!!

Sonrojada, guardé su nota con las demás.

Si esa era la forma en la que quería jugar, iba a dejarle.

Yo sabía la verdad.

Ronnell Roman era el verdadero mimoso, y yo iba a saborear ese recuerdo durante todo el día.

Abrí la nevera, cogí el cacao helado y salí para la oficina.

A la hora de almorzar, Ronnell me llevó a comer.

No le había permitido reprogramar todas sus citas para el almuerzo —principalmente porque habría sido yo la que hiciera todo el trabajo—, pero ahora, sinceramente, estaba cuestionándome mi decisión.

Compartir una comida sin el bebé con él había sido muy agradable.

Muy agradable.

Y ahora volvíamos paseando a la oficina, cogidos de la mano.

Entrelacé mis dedos con los suyos.

—Sabes…, sinceramente, creo que deberíamos parar esto.

Se detuvo y me apretó la mano con suavidad.

—¿Qué?

¿Por qué íbamos a hacer eso?

—Emm…, porque ya casi hemos vuelto a la oficina y, cuando la gente nos vea, cotilleará.

—¿Y?

Bufé.

—¿Es que no lo entiendes?

Difundirán rumores y harán preguntas.

—¿Te preocupa no tener respuestas para esas preguntas?

Volví a mover los dedos.

—En realidad no estoy preocupada.

Es solo que prefiero mantener las cosas en privado.

—Mmm.

De acuerdo.

Entonces no tenemos por qué ir de la mano —dijo, soltándome la mano.

Al instante me sentí decaída, pero él rápidamente me rodeó la cintura con su brazo—.

¿Así mejor?

Solté una risa burlona.

—Sí, creo que eso marca una gran diferencia.

—Lo empujé, pero sin fuerza—.

Tienes que dejar de tocarme en público, la gente nos verá, y tengo que volver al modo trabajo porque mi jefe odia que sus empleados se relajen demasiado.

Suspiró profundamente y me soltó.

—¿Se me permite siquiera caminar a tu lado?

¿O la gente empezará a cotillear que nos conocemos?

—De hecho, ahora que lo mencionas, si pudieras caminar unos pasos por delante, creo que sería mucho mejor.

Refunfuñando, me lanzó una mirada malhumorada y yo solté una risita.

Todavía me estaba riendo cuando un hombre se interpuso en nuestro camino.

—¿De qué vas, Roman?

Antes de que pudiera procesar lo que estaba sucediendo, el brazo de Ronnell salió disparado, poniéndome detrás de él.

Sin embargo, no me bloqueó la visión.

Observé al hombre enfadado que, obviamente, nos había estado esperando fuera del edificio.

Tyler no se parecía en nada al hombre jovial y despreocupado que había conocido en la azotea del Cameron la otra vez que nos vimos.

Gotas de sudor brillaban en su frente enrojecida y su corbata torcida se movía frenéticamente con cada respiración.

—Si de verdad necesitas hablar conmigo, ¿puedes aprender a concertar una cita?

—dijo Ronnell con sequedad.

El rostro de Tyler, ya enrojecido por la agitación, se tornó de un carmesí aún más profundo.

Su brazo salió disparado en un gesto de frustración.

Era evidente que llevaba tiempo rumiando su enfado y la indiferencia de Ronnell había encendido su ira.

—¡Roman, no dejas de cancelar mi maldito contrato de alquiler!

¿Cuál demonios es tu problema?

¿A qué puto juego estás jugando?

—La voz de Tyler era baja, cargada de ira, acusación y veneno.

—Creo que eso es algo que mi abogado debería haber explicado.

Acosarme y atacarme cuando me ves por la calle no te llevará a ninguna parte.

—Ronnell se cruzó de brazos, visiblemente imperturbable por la confrontación.

—No puedes hacer eso sin más.

¿Tienes idea de cuántos meses me pasé intentando conseguir ese espacio de oficina para que luego intentes convencer a tu amigo de que no me lo dé solo porque coqueteé con tu asistenta?

¿Qué clase de hombre eres?

¿Qué clase de negocio llevas?

Tyler caminaba de un lado a otro frente a nosotros, la ira irradiaba de sus temblorosas extremidades.

Sus ojos se encontraron con los míos y se detuvo, mirándome como si yo fuera un salvavidas.

—¿Te ha dicho siquiera lo que ha estado haciendo?

¿No puedes al menos hacerle entrar en razón?

Negué con la cabeza.

—Lo siento…, yo… —Ronnell levantó una mano—.

¿Por qué te disculpas con él?

No tienes nada por lo que disculparte, Blair.

El señor Tyler aquí presente decidió entrar sin permiso en ese edificio para acosar sexualmente a mi empleada.

En el contrato de arrendamiento inicial que firmaste, había un lenguaje claro que establecía que la violación de las normas del edificio anularía inmediatamente tu contrato.

Tu abogado debería poder explicártelo.

No es mi trabajo.

—Se enderezó la corbata, tranquilo y sereno.

Los ojos desorbitados de Tyler iban de mí a Ronnell y viceversa.

—Oh, ya lo pillo —dijo, soltando una risa como si estuviera a punto de jugársela a Ronnell—.

Espera, te gusta tu asistenta, y cuando me viste coquetear con ella, te cabreaste porque me estaba correspondiendo.

Si no hubieras interrumpido, te aseguro que habría conseguido su número.

Una cita, y la tendría gimiendo y gritando mi nombre.

No te gustó eso, ¿verdad?

La cosa es que no es mi culpa que yo le guste más que tú.

Ronnell bufó.

—Está claro que no sabes ni lo que dices.

¿Por qué no te vas antes de que haga que mi seguridad te saque a empujones?

Tyler se centró de nuevo en mí.

—¿Sabes lo jodido que es involucrarse con él?

Cuando termine contigo, estarás en la calle, igual que Clara Barton.

Espero que tengas un plan B, cielo.

Ronnell bajó la barbilla y dio un paso adelante, cerniéndose sobre Tyler, a quien la ira había vuelto peligrosamente arrogante.

—Tu comportamiento infantil es inapropiado en esta situación.

Si hubieras considerado las consecuencias de tus actos, te habrías dado cuenta de que tu allanamiento nos llevó a tomar la decisión de que desalojaras el edificio.

No toleraré faltas de respeto hacia mí o mis empleados por un error que tú mismo cometiste.

Este comportamiento es inaceptable.

Buena suerte encontrando otro espacio de oficinas en cien millas a la redonda de la ciudad.

Tyler farfulló, con los ojos abiertos de forma alarmante.

—Espera.

Eso no es… Yo…
Ronnell me agarró de la mano, arrastrándome para pasar justo al lado de Tyler, que no parecía poder articular una frase completa.

Habría sentido lástima por él si no hubiera hecho el comentario de que gemiría su nombre.

Ese tipo era realmente un cobarde crecidito.

Al final, creo que recibió su merecido y, de alguna manera, se merecía lo que le estaba pasando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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