Un grito de ayuda - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 Capitulo 15 Una noche necesaria
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15: Capitulo 15: Una noche necesaria.
(Parte 3) 15: Capitulo 15: Una noche necesaria.
(Parte 3) Las paredes parecían cerrarse sobre Isaac en un lento pero inexorable aplastamiento.
Las palabras de Brianda —”¿Quién es esa chica?”— resonaban en sus oídos como un veredicto.
Su mente se nubló y su respiración se volvió pesada mientras intentaba calmarse.
Sabía que no podía engañarla; Brianda siempre había sido sutil en sus movimientos, y cuando obtenía información crucial, esperaba con paciencia el momento perfecto para usarla, dejando a su objetivo sin escapatoria.
Titubeó, apenas logrando articular sonidos incoherentes.
Pero Brianda no presionó.
En cambio, se sentó en la cama, agarrándose la cabeza con las manos en un gesto de profunda resignación.
—Isaac…
a veces me sorprendes bastante…
—susurró, dejando escapar un suspiro cargado de frustración acumulada.
Isaac se quedó mirándola, sin saber qué decir.
—Siempre he sido tu amiga y confidente en todo lo que has vivido, y te he ayudado porque le caes muy bien a mi papá…
—continuó Brianda, su voz tensa—.
A mí no me gusta nada de este mundo y quiero safarme de todo esto.
Por eso me esfuerzo tanto…
— De repente, golpeó el suelo con tal fuerza con la punta de su zapato que el crujido resonó como un disparo en la habitación.
—¡Y tú vienes con una chica que hará que todo el mundo caiga!
—exclamó, su voz no un grito, sino un filo de acero afilado por una furia helada que heló la sangre de Isaac.
Era una de las pocas veces que Brianda alzaba la voz de esa manera, y el efecto era aterrador.
Isaac reunió valor y se sentó a su lado en la cama, intentando explicar toda la historia.
Brianda solo soltó otro suspiro de frustración.
—Desde que te uniste a Jack, todo ha cambiado…
Y solo porque a mi papá le caíste bien, y obviamente a mí, él decidió intervenir aquella vez que querías salirte con Venancio…
— Isaac se quedó perplejo.
—Espera, ¿estás diciendo que tu papá, el respetable…?
— —Basta, no lo menciones —lo interrumpió Brianda—.
Y sí…
Parece que eres como un capibara, cayéndole bien a todo el mundo.
Isaac se rascó la cabeza.
—Disculpa por todo, Brianda…
Solo…
— —Tu corazón fue más débil y por eso ayudaste a María —concluyó ella, con un tono que ahora sonaba a resignación.
—¿P-pero cómo supiste algo sobre la chica?
Si es válido preguntar…
— Brianda le mostró los mensajes con su papá.
En ellos, él le informaba sobre la situación con los Yakuza y le pedía que se mantuviera alerta ante cualquier provocación.
A pesar de que el padre de Brianda era un señor de negocios del bajo mundo criminal de un pequeño grupo ruso, ellos nunca se involucraban en asuntos “políticos” entre mafias.
Siempre se mantenían neutrales, abiertos a la cooperación y negociación con todos.
Contrabando, transporte, bodega y logística eran sus negocios más estables y fuertes en la región.
Si alguien necesitaba algo ilegal en todo el continente, ellos podían conseguirlo.
Brianda se exasperó, soltando groserías en ruso con un acento que normalmente se esforzaba por ocultar.
Finalmente, respiró hondo y se controló.
Se puso de pie y se dirigió a Isaac.
—De acuerdo, caballero…
Supongo que te ayudaremos un poco.
Pero, tal como está la situación, será mejor que tengamos una pausa y esperemos.
Me imagino que tu plan era llevarla después de un tiempo al aeropuerto para que se vaya la chica.
¿No es así?
— Isaac se quedó boquiabierto por su gran intuición.
—Agrego también que estabas improvisando…
normalmente eres más calculador —añadió Brianda.
Isaac no dijo nada; ese era, efectivamente, el “plan” que tenía.
Brianda soltó una carcajada, más bien como un suspiro de alivio para sí misma.
—Tendrás que llevar a esa chica a que se arregle el cabello, a que se haga unos tratamientos para cuidar su piel y eliminar las cicatrices, y así evitar que la encuentren.
Y supongo que yo me la llevaré para que ya no te vean…
Solo mira la captura de pantalla que me mandó mi papá de su grupo…
— Con una sonrisa ahora tranquila, le mostró su celular.
En la captura se veía un chat: – “Entonces un asiático perdió su chica?
Tanto alboroto para eso?” – “Сука XAXAXA” – “Ya hablando en serio, ¿van a comenzar una tonta guerra por eso?” El mensaje de su papá decía: “Miren, chicos, nosotros siempre seremos los neutrales aquí y no tenemos que pelear nada.
Solo daremos cierta información de ser necesario.
Aquí está la foto de la chica por si encuentran algo…” Debajo estaba la foto de María, demacrada, cansada y más flaca que ahora.
Brianda le mostró otra captura donde confirmaban haberla visto con Isaac, y que su papá iba a preguntar a alguien para asegurarse de que no fuera lo que temían.
Dado que Isaac era muy querido para el grupo de su papá, las respuestas fueron: – “Блядь” – “Ебать” – “Пиздец” —¿Y qué significa todo eso?
—preguntó Isaac, ignorante del idioma.
Brianda soltó una risita amarga.
—’Блядь’ es como decir ‘joder’.
‘Ебать’ es…
bueno, algo más grosero.
Y ‘Пиздец’…
eso es ‘estamos en la mierda’ o ‘se armó la gorda’.
Básicamente, el chat explotó.
— Isaac sintió una pesadez en el pecho.
—Entonces alguien más…
— —Lo dudo…
Has hecho lo mejor posible ocultándola.
Y me alegro bastante.
Pero mañana hay que darle el cambio que necesita…
—Hizo una pausa—.
Y debe engordar más…
— Isaac suspiró.
—Vaya…
entonces sí lo arruiné…
— Brianda se sentó a su lado y lo abrazó de manera casi maternal, reconfortándolo.
—Siempre te ayudaré, amiguito…
—dijo, apoyando su cabeza en su hombro—.
Y perdón también por espantarte, mi pequeño Ayzik.
El diminutivo ruso —Ayzik— era algo que Brianda solo usaba en privado, en momentos de máxima confianza.
Siempre había tenido un instinto maternal con todos sus amigos, cuidándolos como si fueran sus hijos.
Pero con Isaac era diferente, como si fuera su favorito, no por algún interés romántico, sino por un cariño genuino y profundo.
Desde su primer encuentro en la universidad, la conexión entre ellos había sido instantánea y mutua.
Brianda se acercaba con delicadeza, mientras Isaac mantenía la distancia.
Hasta que llegó el momento en que ella le demostró cuánto le importaba…
**Flashback** Isaac estaba en el equipo de fútbol americano con Jack y su grupito.
Lo estaban poniendo a prueba, pero no era una prueba cualquiera; era casi una iniciación.
Todo el equipo contra Isaac, quien en más de una ocasión demostró su valentía, negándose a doblegarse o sentir miedo.
Avanzaba poco a poco, llegando casi al extremo del campo para marcar.
Brianda y Mei lo observaban desde las gradas.
Isaac las veía de reojo, sintiendo que lo analizaban, pero no podía oír lo que decían.
Desde la perspectiva de Brianda, recordaba cada detalle de su conversación: —Es un gran chico, valiente y capaz…
—comenzó Mei con entusiasmo—.
Y…
es guapo, la verdad…
¿Por qué decide estar solo?
— Brianda no le quitaba los ojos de encima.
—No sé, pero la verdad quiero conocerlo…
— —Uhhh, amiga, ¿te gusta?
—preguntó Mei con picardía.
Brianda le lanzó una mirada de leve reprobación.
—Para nada, solo siento que quiero conocerlo…
No me gusta para nada.
Pero…— Hizo una pausa y la miró —¿No has sentido la urgencia de querer hablar con alguien?
—Brianda no apartaba la mirada de Isaac, como si estuviera intentando descifrar un código en su espalda encorvada.
— Es decir, no sabes por qué, no sabes qué te empuja…
Solo sientes que esa persona tiene un vacío que coincide con tu necesidad de llenar algo.
— Mei solo inclinó la cabeza y soltó una risita.
—Para nada, amiga, solo siento hambre ahorita…
— Brianda suspiró, cerró los ojos y luego soltó una risa.
Ambas rieron con carcajadas genuinas.
La distracción hizo que Isaac bajará la guardia y lo taclearon violentamente, levantándose y estrellándose contra el suelo.
Uno del grupo de Jack comenzó a patearlo.
—¡Lárgate, basura!
—lo insultó.
Nadie lo detuvo; al contrario, los demás se unieron.
Excepto Jack, quien observaba desde lejos con una sonrisa siniestra.
Isaac no podía levantarse; cada intento era respondido con más patadas.
Brianda, con la mirada llena de furia, se plantó con una postura que no le había visto nunca, la espalda recta y la mirada fija, desafiante, y se dirigió directamente hacia Jack.
No corrió; avanzó con la lentitud deliberada de un depredador que sabe que domina el territorio.
Mei la siguió, intentando detenerla.
Brianda llegó al campo donde el grupo seguía pateando a Isaac.
—¡BASTA!
—rugió, con una voz tan potente que pareció hacer retumbar los vidrios del plantel.
Todos se detuvieron, petrificados por el grito.
Abrieron paso mientras Brianda se acercaba a Isaac sin decir palabra, su mirada fulminante era capaz de ahuyentar a una jauría de lobos.
—¿Estás bien?
—preguntó con tono amable.
Isaac, con dificultad para respirar, apenas podía responder.
Jack se acercó con los brazos abiertos, intentando “negociar”.
—Escucha, peque…
— Brianda lo fulminó con la mirada, haciendo que retrocediera de inmediato.
Isaac se recuperó lo suficiente para caminar, y Brianda y Mei lo guiaron a los vestidores de hombres.
Después de ducharse y cambiarse, Isaac vio los moretones que cubrían su espalda y torso, cortesía de la jauría de Jack.
Al salir, Brianda y Mei aún lo esperaban.
Brianda saltó para abrazarlo, pero Isaac se quedó rígido, poco acostumbrado al contacto físico.
Ella notó su incomodidad —su cuerpo tenso, sus brazos pegados a los costados— y retrocedió un paso, dándole espacio.
—O-oye…
Espero que estés bien —tartamudeó.
Isaac suspiró.
—No te preocupes, estoy bien.
Ahora me van a reprochar por no terminar la “iniciación”.
— Brianda se enojó.
—Esa no es ninguna iniciación.
Eso fue bullying.
Jack siempre se aprovecha de los demás solo porque su padre tiene influencias…
— —Sí, ya sé qué tipo de influencias.
Ya lo he conocido…
—respondió Isaac.
Brianda no quiso profundizar en el tema.
Isaac suspiró de nuevo.
—M-me iré ya.
Llegaré tarde a mi trabajo…
—Caminó alejandose sin despedirse, pero se detuvo y volvió hacia Brianda—.
Y gracias…
Realmente no tenías que…
— Mei lo interrumpió.
—¡Oh, por supuesto que sí!
Esta chica sabe lo que es la justicia…
— —Y cuando gustes, también puedes juntarte con nosotras…
Si quieres…
—añadió Brianda, con timidez.
Isaac asintió, derrotado y humillado, antes de marcharse.
**Presente** De vuelta en el cuarto de invitados, Brianda lo abrazaba con cariño.
—Sabes que siempre te he apoyado en todos tus problemas, Ayzik.
Y siempre he sabido en lo que te metías…
N-no me gustaría que por esto nuestros amigos…
— Isaac la interrumpió amablemente.
—Tendrán que saberlo, y si nos aprecian, continuarán con nosotros.
Como Robert conmigo…
— Brianda se separó del abrazo, arqueando una ceja, extrañada.
—¿Robert?
— Isaac puso una mano en su hombro.
—No sabe todo…
Él también es muy justiciero, pero no conoce todo el submundo criminal ni de lo que son capaces…
Tiene una visión algo infantil todavía…
— Brianda suspiró y esbozó una sonrisa.
—Supongo que es lo mismo con Mei…
—Hizo una pausa—.
Ella sabe, pero no todo, y de igual manera es muy infantil…
— Ambos se miraron a los ojos y, finalmente, soltaron una risa amistosa que selló su complicidad en la tensa noche.
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