Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 206
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206: Capítulo 206: ¿Quién soy?
206: Capítulo 206: ¿Quién soy?
Editor: Nyoi-Bo Studio —Gu Xingze… Apenas dijo eso, la expresión de Mu Yazhe se oscureció.
Se colocó dura y sin emoción en cuestión de segundos.
El ambiente se congeló.
Fue como si, de pronto, hubiese sido transformado desde un verano sofocante a un invierno frígido.
Un dejo de rabia apareció en el disgustado rostro del hombre.
El par de ojos de fénix, que se asemejaban al fondo de un abismo, estaba teñido de ira.
Ella estaba en sus brazos en este momento, pero de su boca salió el nombre de otro hombre.
Sin dudas, esto era una provocación muy mal disimulada a su orgullosa persona.
En realidad, esta tonta mujer mencionó el nombre de otro hombre —¿De quién es el nombre que llamas?
Con furia, apretó su cintura con bastante fuerza, lo que provocó un tonto ataque de risas en ella.
—Ja, ja, pica mucho.
No me muerdas… Yun Shishi se aferró a sus hombros mientras se reía, su risa encantadora se expandía en el viento como el tañido de campanas de plata.
Ella pensó que él estaba jugando con ella.
¡Maldición!
Gélido, agarró sus mejillas y aplicó más fuerza en la punta de sus dedos para que el apretón doliese.
—¡Ahhh!
Eso duele —exclamó adolorida.
Ella gimió como un pequeño gato debido al dolor.
Intentó luchar, pero no logró juntar fuerzas.
Solo podía empuñar sus manos y dar manotazos inútiles a sus hombros.
Su visión estaba casi por completa borrosa, por lo que casi cada uno de sus golpes fallaba.
—¡Bastardo, déjame ir!
Por su angustia e impotencia, se mordió su labio inferior.
Se cambió hacia la izquierda para poder liberarse, pero la fuerza del hombre la mantuvo inmóvil.
No importaba que no se pudiera mover, pero cuando al fin pudo moverse, sus cuerpos se tocaron, lo que inevitablemente haría que algo malo pasase.
Ahora, debido a su intoxicación, su cuerpo estaba ardiendo.
Su piel ardiente parecía quemarse al tacto, a pesar de la capa de tela que la cubría.
Sin darse cuenta, el cuerpo de Mu Yazhe comenzó a transpirar.
El sudor corría por su cuerpo y empapaba su ropa.
La mujer desconocía las terribles consecuencias que ella había desencadenado en el hombre con su comportamiento.
Si estuviese sobria ahora, en el hermoso rostro del hombre vería con claridad la lucha aterradora por contenerse.
—¿Quién?
El hombre le levantó la cara a fuerza para que lo mirara a los ojos.
Continúo, lleno de codicia: —¿A quién estás llamando?
—Gu Xingze… La señorita lo miró con los ojos bien abiertos.
Una sonrisa inocente y juguetona apareció en su cara.
De pronto, colocó sus manos alrededor del rostro de él y lo frotó.
—¡Que!
¿No eres Gu Xingze?
Ohhh… Su mente estaba confundida por la intoxicación.
Era obvio que estaba bastante borracha.
Aun así, él amaba su estado lánguido y borracho.
Era como un pequeño gato cuando se aferraba a otra persona.
Necesitada, se hundió en su amplio pecho.
Actuaba de manera perversa y coqueta con obstinación, hasta quedar satisfecha.
Parecía que su abrazo era todo el mundo para ella.
Su pequeño rostro podía, de verdad, tirar del alma y el corazón de una persona.
Sus ojos ingenuos, que ahora tenían un tinte de embriaguez, dieron una mirada dulce.
Lo miraba intoxicada, parecía querer decirle algo, pero no lo hacía.
Gotas de agua parecían estar a punto de caer de sus ojos mientras él observaba su hermoso encanto.
En la profundidad de sus ojos se veía florecer una dulce flor.
Era decepcionante que esta mujer fuera incapaz de analizar la situación actual y ni siquiera era capaz de reconocerlo.
Los ojos de Mu Yazhe evidenciaban peligro e impaciencia.
—¿Quién soy?
—No lo sé—respondió patéticamente mientras trataba de liberarse de él con toda su fuerza.
—Me duele.
¡No quiero esto!
¡Suéltame!
Sus ojos se entrecerraron y su cara se oscureció.
Si notarlo, estaba rodeado por un aire de descontento.
—¿Quién soy?
—Ehh… Él perdió la paciencia e inclinó su cabeza.
Mordió con fuerza el labio inferior de Yun Shishi.
Ella soltó un sofocante gemido por el dolor.
Sin poder evitarlo, todo su cuerpo comenzó a temblar.
Los labios eran la parte más suave de la cara.
Los de ella, en particular, eran tan frágiles como pétalos de cerezo.
Sus labios estaban brillantes, húmedos y delicados.
Él la volvió a morder con fuerza y apareció la marca hueca pero sensual de sus dientes.
—¡Aléjate, bastardo, bastardo!
Ella golpeó sus hombros y murmuraba sin sentido.
Se notaba su descontento al ser acosada por él.
¡Que mujer más idiota!
¿Estaba borracha?
¿Tan borracha?
¿Demasiado borracha para no notar quién estaba frente a ella y de quién eran esos brazos?
Ella solo estaba a salvo gracias a él, pero si él no hubiese estado atento, ¿cuál hubiese sido su destino?
¿Podría haber adivinado lo que le iba a pasar?
Ese tal Gu Xingze al que nombraba, ¿dónde estaba ahora?
¿La podría haber protegido por completo?
Tenía una sonrisa siniestra que venía desde el fondo de su corazón.
Estaba decepcionado de lo descuidada que era esta mujer.
Si él no hubiese previsto que alguien definitivamente no sería capaz de resistirse a ella y que tratarían de hacerla caer de nuevo…
De no haber llegado a tiempo, lo más probable es que la hubiesen devorado por completo.
Él estaba frustrado, no por su embriaguez, sino porque ella conocía con claridad su capacidad para resistir el alcohol y aun así se atrevió a dejarse llevar.
¿Tan segura se sentía?
Ella lo conoció mientras estaba ebria, pero si fuera otro hombre, ¿de igual forma le mostraría sus encantos de esta manera tan descuidada?
¿Se sometería a la merced de otros al igual que un cordero débil?
Llamas encendían sus ojos.
Los que por lo general eran fríos, ahora estaban en llamas.
No podía resistir hacerla arder.
Esta mujer tonta.
¿Cómo podía dejarla ir así?
Quería que ella tuviera muy claro en dónde se encontraba y en qué situación estaba metida.
Si no la dejaba vivir algunas dificultades, tenía miedo que ella no se diera cuenta de lo que hizo mal.
Sus grandes palmas exploraron con audacia el dobladillo de su vestido y, con fuerza, lo tiró hacia abajo.
La invaluable tela se partió en dos.
Tirando hacia un lado el vestido que estorbaba, la tomó de la cintura con sus enormes manos y la levantó.
—¿Quién soy?
La monótona voz resonaba en el viento y hacía que sonara más fría.
Se apresuró en recordar y traer sus pensamientos errantes.
—No lo sé.
—¡Mírame bien!
¿Quién soy?
Con fuerza, le dio un chupón en la la zona cercana al cuello.
No se detendría hasta alcanzar su objetivo.
A la fuerza, trató de abrir sus ojos para tener una mejor visión, pero aún estaba nublada.
Su cuerpo tenía una condición única.
Siempre había evitado el alcohol, beber una copa de vino tinto era su límite.
Esa sensación de mareo llegaba rápido y fuerte, pero tardaba mucho en irse.
Su visión todavía estaba borrosa, así que le sería difícil poder verlo con claridad.
Solo podía confiar en el poco conocimiento que poseía al tocar el rostro del hombre.
Al estar expuesto al frío viento de la noche, su rostro estaba frío al tacto.
Sintió sus labios, los cuales no tenían rastro de calor.
Eran delgados y penetrantemente fríos.
Él la volvió a pellizcar con fuerza al notar que su mente aún estaba confusa.
Mantuvo el rostro de Yun Shishi en alto y se lo acercó.
La miró con brillo en sus ojos e insistió una vez más: —¿Quién soy?
Esta vez, ella supo quién era.
Su pequeño rostro se arrugó como si todo el mundo alrededor de ella hubiese colapsado.
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