Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 208
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208: Capítulo 208: Me gusta escuchar tu voz 208: Capítulo 208: Me gusta escuchar tu voz Editor: Nyoi-Bo Studio Era claro que él se había equivocado al compararla a una pequeña gatita.
Pensándolo mejor, ella era un cachorro hermoso y salaz por la forma en que lograba que la gente indagara de forma irresistible y se volviese adicta a ella.
Ella estaba atónita y enojada por su descarada acción, aunque estaba más atónita que enojada.
Trató de alejarlo con toda su fuerza, pero su débil esfuerzo no tuvo efecto en contra de su potente físico.
Con facilidad, él sujetó sus dos muñecas con una mano.
—Mu Yazhe, déjame ir.
Ella jadeó y lo miró, enojada.
Sin embargo, eso no lo molestó.
Él se acercó a sus labios y, burlándose, levantó una ceja.
—¿Por qué?
¿No dijiste que no me conocías?
—Yo… Su risa sensual sonó en sus oídos a medida que él la acercaba con audacia.
Abrió su boca y, con sus dientes blancos, tiró del tirante de su vestido.
Una mordida, un jalón y un tirón.
Con el fleco moviéndose a lo largo de su mejilla, el botón de su vestido de desabrochó de una.
La suave y blanca piel de su hombro quedó al descubierto.
Él abrazó la parte posterior de su cuello, mientras su lengua devoraba la parte trasera del mismo.
Con pasión, olió su piel pálida, su fragancia natural era como si recién hubiese salido de la ducha.
Ella estaba aturdida por completo.
Sus manos estaban cautivas en la mano de él y, con una voz temblorosa, suplicó: —No lo hagas aquí.
—Lo haré aquí.
Su respuesta hizo que su voz se congelara.
Ella se sentía avergonzada y enojada.
Para empezar, esta situación era bochornosa y hacerlo de manera pública dentro de un auto la hacía sentir escalofríos.
Este hombre siempre estaba lleno de vitalidad.
Otros automóviles podrían pasar por su lado y ver lo que estaban haciendo, ya que estaban junto al camino.
Solo pensarlo hacía que quisiera cavar un hoyo y meterse allí para ocultar su vergüenza.
Lo que ella no sabía era que Mu Yazhe había ordenado a sus hombres que bloquearan este camino sinuoso en el cerro.
Ningún automóvil podría pasar.
A diferencia de ella, a él le molestaba que otros hombres la desearan.
Sin embargo, ella no sabía esto y estaba en un estado de nerviosismo continuo.
¿Por qué siempre me encuentro tan indefensa frente a él?
¿Por qué siempre puede hacer lo que quiera conmigo?
Yun Shishi se sentía impotente, sus ojos ardían y lagrimas caían de ellos.
Se veía más adorable cuando lloraba.
Sus ojos llorosos brillaban en una silenciosa protesta y esto provocaba que Mu Yazhe quisiera devorarla ahí mismo.
El brillo de la luna y la suave brisa que llevaba la dulce fragancia de la begonia complementaban su delicada piel blanca descubierta.
El corazón de Mu Yazhe latía rápido.
La miraba con sus ojos a medio abrir a medida que la cubría con su inmensa chaqueta.
Él quería poseerla bajo el manto de la luz de la luna.
Su sofocante resistencia y su llanto lastimero causaron un golpe de corriente en la espalda de Mu Yazhe que lo dejó tenso.
Él inclinó su rostro y, con mucho deseo, mordió la parte posterior de su cuello a medida que presionaba sus hombros con sus manos.
Ella colocó sus labios rígidos y se rehusó a abrir la boca, prefirió tragarse la vergüenza y el miedo.
Su recatado actuar molestó a Mu Yazhe y este le dijo lentamente: —¡Di mi nombre!
Ella dejó escapar un suspiro mientras se afirmaba a sus hombros.
Con su vista llorosa en el hombre, vio que él mantenía su típico aplomo y esto hizo que ella se sintiera aún más avergonzada de ella misma.
Su voz seductora se dejó escuchar una vez más.
—Di mi nombre.
Me gusta escuchar tu voz.
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