Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 228
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- Capítulo 228 - 228 Capítulo 228 Para de llorar
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228: Capítulo 228: Para de llorar 228: Capítulo 228: Para de llorar Editor: Nyoi-Bo Studio Ella estiró su brazo para empujar al hombre mientras colapsaba, pero él se mantuvo en la misma posición, fijo como una montaña.
No importaba qué tanto lo empujara, él no se movía un centímetro.
Su corazón se hundió.
Odiaba a este hombre que había puesto su vida pies arriba, y aún así, no podía hacer nada.
—¡Llévatelo, llévate todo!
¡No me tortures más!
Yun Shishi se tomó la cabeza y, con su espalda apoyada en el ventanal, se dejó caer poco a poco.
Hundió su rostro entre sus brazos.
Sollozaba sin control.
Parecía una niña por la forma en la que dejó salir toda la humillación, rabia, desesperanza e indignación que tenía acumulada.
—¡Mu Yazhe, te odio!
¡Eres al que más odio!
Mu Yazhe quedó atónito por un momento.
Le dolía el corazón y se sentía frenético, absolutamente frenético porque la hizo llorar.
Su colapso inesperado lo tomó por sorpresa y no tenía idea del porqué.
Por mucho tiempo estuvo ahí y la miraba con sus ojos desamparados y la cabeza gacha.
No sabía qué hacer.
¿Por qué a esta mujer le gustaba llorar de esa forma tan penosa y deprimente, como si todas sus defensas hubiesen desaparecido?
Estaba mostrando su verdadero ser frente a él.
¿Qué debería hacer con ella?
¿Estaba equivocado, después de todo?
¿Estaba equivocado?
Él solo quería evitar que otros la cortejaran.
¿Estaba mal eso?
Entonces, ¿qué se debería hacer?
Levemente, frunció sus cejas.
Sentía tanto dolor en su corazón que estaba a punto de sofocarse.
Nunca había derramado una lágrima, al punto de que nunca lloró cuando resultaba con heridas en todo su cuerpo debido al horrible entrenamiento especial en campamento.
Por lo frío que era, nunca había sentido pena por nadie, pero esta mujer, al colapsar frente a él, hizo que su corazón se apretara por el dolor.
—¡PARA DE LLORAR!
—rugió.
No obstante, ella no le prestó atención y sus llantos roncos parecían reafirmar su distancia.
Frustrado, afirmó su frente.
Las lágrimas de las mujeres siempre eran una carta bajo la manga en contra de los hombres.
Ellas penetraban y no les daban oportunidad de defenderse.
¿Acaso él no era igual a los otros hombres?
Verla llorar hizo que su corazón sufriera, pero no podía hacer nada al respecto.
Nunca había consolado a una mujer, ¿debería consolarla como lo hacía con Yichen?
Cuando Yichen era más joven, le tenía miedo al dolor.
Sobre todo, le tenía miedo a recibir inyecciones cuando estaba enfermo.
Cada vez que tenía que pincharse, lloraba sin parar.
En esas situaciones, él lo colocaba en sus brazos y lo abrazaba.
En el pasado, esta mujer hubiese luchado, lo hubiese empujado y arrancado de él.
Ahora, no lo hizo.
Su cuerpo estaba extremadamente dócil y dejó que la abrazara sin resistirse, pero sus llantos no se detuvieron.
Ella solo enterró su cara y no dejó de sollozar mientras se restregaba los ojos.
No parecía ser una mujer de 24 años,sino una débil e indefensa niña pequeña.
Ella se veía tan delicada y lastimera, que sería muy difícil no querer bañarla con afectos.
La llevó para sentarla en la cama, como lo hacía con Yichen, y la cubrió con sus brazos.
El pecho del hombre era amplio.
Su pecho y su abrazo se transformaron en un lugar donde podía llorar y buscar consuelo.
Él inclinó su cabeza para limpiar sus lágrimas.
Besó el contorno de su boca y, con suavidad, dijo: —No llores, ¿de acuerdo?
Ella no se detuvo.
Lloraba con tanta emoción y desesperanza que parecía que se había caído el cielo y que la tierra se había partido en dos.
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