Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 275
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- Capítulo 275 - 275 Capítulo 275 Un abrazo
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275: Capítulo 275: Un abrazo 275: Capítulo 275: Un abrazo Editor: Nyoi-Bo Studio Youyou respondió fríamente: ―No basta con que te guste mi mamá, también tienes que gustarle a ella.
Los labios de Mu Yazhe temblaron un poco al ser superado por la tiranía y la soberbia del niño ¡El chico era en verdad su hijo; cada palabra y cada acción suya tenía la apariencia de la de un señor gobernante!
Youyou sonreía encantadoramente.
Esa elegante sonrisa era apropiada para un pequeño caballero.
―Mu Yazhe, será mejor que lo hagas bien.
Puedes pensar que tu amor es una bendición para las mujeres, pero eso es para otras mujeres y ¡no es relevante para mi mamá!
Para mi madre, esto es un fundamento básico en una relación.
Ella es bonita, amable y gentil.
Además, me tiene a mí, su hijo, para amarla.
Si quieres estar con ella, el amor tiene que ser mutuo.
¿Entiendes?
―¿Eh?
¿Eso significa que aún tengo una oportunidad?
―preguntó el hombre.
El chico lo miró de reojo y resopló.
―¡Sí, pero depende tu desempeño!
―Entonces, por ahora… El hombre, de repente, extendió sus brazos y preguntó con ternura mientras miraba gentilmente la pequeña y exquisita cara que tenía ante él: ―¿Puedo abrazarte?
Se podía sentir una complacencia paternal en su dulce voz de barítono.
El corazón de Youyou saltó repentinamente, y su ritmo cardíaco pareció disminuir mientras sus vibrantes ojos se abrían de par en par ante esas palabras.
Dong… dong… Viendo la vacilación del chico, el hombre asintió para incitarle a que le diera una respuesta.
Abrazo… Abrazo… El pequeño muchacho sacó la lengua, vacilante, para mojar sus secos labios.
Miró el amplio y cómodo pecho de su padre, y sus ojos revelaron un matiz de deseo.
Ningún niño podría resistirse al cálido abrazo de un padre.
Era lo mismo para Youyou.
Sintió que algo agridulce le picaba los ojos.
En realidad, estaba un poco eufórico y deseoso en su interior el de recibir un abrazo de su padre.
Cuando era mucho más joven, veía a otros niños de su edad correr a los brazos de sus padres después de la escuela.
Esas escenas, con esos brazos de aspecto imponentes abrazando a los niños, de alguna manera siempre hacían que le picaran los ojos.
El abrazo de su mamá siempre había sido gentil, pero sin fuerza.
No estaba del todo cómodo cuando ella lo abrazaba.
Si su padre lo abrazara, sería una bendición, ¿verdad?
Con los brazos fuertes de su padre, el pecho ancho y cálido y los latidos constantes de su corazón, el niño se sentiría más cómodo y seguro; ¡también sería como si pudiera alcanzar el cielo si se sentara en los hombros del hombre!
Ese tipo de sentimiento debería llamarse felicidad, ¿verdad?
Sin darse cuenta, el pequeño niño no pudo evitar extender su mano con un poco de anticipación.
Un hechizo irresistible parecía haber sido arrojado sobre él mientras su cuerpo anhelaba el pecho del hombre.
Los ojos de Mu Yazhe se iluminaron y agarraron su pequeña mano, la que debería ser rosada y suave, pero en ese momento se sentía fría, e incluso era de un tono pálido enfermizo.
A pesar del diminuto tamaño de la palma, los cinco dedos eran largos y lisos; las uñas limpias, los nudillos prominentes y la mano bien formada, como eran las suyas.
La palma de la mano del niño se sentía suave al tacto, y el hombre aseguró fácilmente toda su mano dentro de la de él.
Se dio cuenta de que le gustaba mucho ese hijo.
El niño era inteligente más allá de su edad, amable y comprensivo, así como excesivamente maduro, lo que hacía que el hombre sintiera dolor por él.
Youyou se alejó de él al instante, parecía algo incómodo.
El niño se sonrojó como tomate mientras miraba a su padre.
Parecía temeroso de que el hombre lo malentendiera y enfatizó: ―Solo te permito que me abraces por el bienestar de mi madre… Su padre se asustó un momento antes de responder con una sonrisa: ―Está bien.
―¡No asumas que ya te he aceptado solo porque te dejé abrazarme!…
Tú…¡todavía tienes que probarte a ti mismo!
El pequeño muchacho seguía manteniendo su postura, aunque se cara estaba aún más teñida de rojo por la timidez.
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