Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 302
- Inicio
- Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario
- Capítulo 302 - 302 Capítulo 302 Aún no estamos casados
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
302: Capítulo 302: Aún no estamos casados 302: Capítulo 302: Aún no estamos casados Editor: Nyoi-Bo Studio La miró intensamente.
Ella le miró de vuelta; se veía obstinada y enfadada por la vergüenza.
Estaba claramente molesta por su acto de caridad.
De repente, irrumpió en una profunda carcajada y se dejó hundir casualmente en el sofá.
Extendió su mano perezosamente, haciendo una señal al encargado para que dijera el precio.
―Mmm.
Cuesta 45 millones de yuanes.
Yun Shishi se quedó congelada.
Mu Yazhe admiraba su expresión de asombro.
No pudo evitar burlarse de ella cuando se quedó aturdida.
―¿Qué?
¿No dijiste que querías comprar esta?
―Yo… Se quedó sin palabras.
Pensó que, como una mansión costaba cerca de 10 millones de yuanes, una mera casa con jardín no debería ser tan costosa como esa.
Se mordió el labio en depresión.
―¿Por qué ya no hablas con rudeza?
―le preguntó él con indiferencia.
Levantó la cabeza e hizo una señal al encargado con los ojos, quien captó la indirecta y se fue de inmediato.
El procedimiento para solicitar la posesión de la propiedad no era demasiado complicado, y todo se llevó a cabo increíblemente rápido.
De hecho, cuando el encargado le entregó la escritura de la casa, aún no había regresado a sus sentidos.
Mu Yazhe, quien estaba de pie junto a ella, inclinó ligeramente la cabeza para admirar su mirada atónita.
Él preguntó con mucho placer: ―¿Estás conmovida?
Ahora, ya no tienes que volver a dormir en esa casucha nunca más.
―¿Por qué me das esta casa?
Este hombre ¿podría estar aprovechándose de eso para obligarla a firmar algún “tratado desigual”?
Él vio su mirada vigilante y no pudo evitar burlarse otra vez de ella con una sonrisa.
―¿Vas a permitir que vea a mi hijo dormir en una pocilga?
―…¡No es una pocilga!
―enfatizó, enfadada.
La miró de reojo, pero no dijo nada más.
Para él, ese lugar no era diferente de una pocilga.
Era pequeño e inseguro.
Decenas de familias, o quizás más, vivían en el mismo edificio.
El encuentro con extraños era inevitable; además, la seguridad era laxa: cualquiera podía entrar y salir libremente.
¿Cómo podía permitir que su mujer y su hijo volvieran a ese desagradable lugar?
No obstante, esa mujer ante sus ojos estaba siendo simplemente obstinada, protegiendo cuidadosamente su miserable orgullo.
Por alguna razón, no la cuestionó y, simplemente, dijo: ―Esto es un regalo.
Ella se congeló por segunda vez.
―… ―Un regalo por ese tazón de fideos.
Estaba un poco confundida.
¿Qué quiso decir?
¿Un tazón de fideos era equivalente al valor de unos cuantos millones de yuanes?
Dios… Sin duda, ¿se había ganado la lotería?
―Ya que lo dices así, si hiciera más tazones de fideos, ¿me regalarías más casas?
―… La miró sin decir nada.
Ella lo miró de una manera desafiante.
Si él le decía que sí, ella sin duda le prepararía fideos todos los días.
¡Eso continuaría hasta que se le acabara su riqueza!
Su teléfono sonó, rompiendo oportunamente ese siniestro silencio.
Originalmente, quería rechazar la llamada, pero en cuanto miró a la pantalla, su expresión se volvió solemne.
Inmediatamente, se excusó y respondió la llamada con la voz baja: ―Abuelo.
Por teléfono, el viejo parecía estar suprimiendo la frialdad y la brusquedad de su voz.
―¡Finalmente contestaste el teléfono!
Tal vez si no te llamara, ¡ni siquiera recordarías dónde vives!
―… El anciano notó su silencio y se enfureció: ―¿Todavía sabes cómo regresar a casa?
Wanrou te ha llamado muchas veces; ¿por qué no atendiste sus llamadas?
¡¿Todavía la consideras como tu esposa y a mí como tu abuelo?!
―Abuelo, aún no me he casado con ella ―le contestó sin emoción.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com