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Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 314

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314: Capítulo 314 – Ponte tu Ropa y Lárgate 314: Capítulo 314 – Ponte tu Ropa y Lárgate Editor: Nyoi-Bo Studio Ella tímida y suavemente desabrochó los botones de su vestido y lentamente se acercó a él.

Su largo vestido se resbaló de su cuerpo y cayó al suelo en una pila mientras ella se abría camino hacia él.

Su hermoso y suave cuerpo quedó totalmente expuesto en el frío aire.

Un velo de ira apareció en el rostro de él mientras las pupilas de sus ojos se contrajeron.

―Zhe, me entrego a ti esta noche.

¿Me deseas?

La mujer se acercó a él; sus brazos rodearon lentamente la robusta cintura del hombre, y suavemente colocó sus suaves labios sobre su pecho.

Ella trató de derretir su corazón endurecido con su dulce ternura.

Mientras esperaba que el hombre diera el siguiente paso… La voz helada del hombre se oyó sobre su cabeza.

―Póntelos.

―… ¿Qué?

Ella levantó la vista y miró a sus penetrantes ojos en sorpresa.

―¡Ponte la ropa y piérdete!

Seguía siendo ese tono helado.

Antes de que ella pudiera reaccionar, él le agarró la barbilla y le dijo con una mirada de asco: ―Incluso si quieres esto, primero tienes que ver si estoy interesado en lo que ofreces.

Mi consejo es que no pierdas el tiempo coqueteando conmigo.

¿No crees que eres una regalada?

―¿Regalada?

Él le preguntó: ―¿Por qué?

¿No es así?

¿No te encuentras repulsiva?

―Yo… Él la alejó.

―Si quieres seducirme, por favor usa alguna habilidad, o sólo me harás sentir aún más asqueado.

Ella se dejó caer pesadamente al suelo y se retorció de dolor.

Totalmente avergonzada, humillada y desanimada, sus ojos se humedecieron y se le pusieron rojos mientras gritaba: ―¿Qué clase de mujer te gusta?

¡Puedo cambiar por ti!

¿Te gusta el tipo puro e inocente como Yun Shishi?

¡¿Es así?!

―Si tuvieras la mitad de lo que ella tiene, probablemente no serías tan repulsiva como lo eres ahora.

Estaba muy aturdida, y las lágrimas le salían de los ojos.

El hombre no siquiera se molestaba en mirarla.

La encontraba totalmente repugnante, empujó el vestido con el dedo del pie y le dijo: ―¡Piérdete!

De repente, se oyeron pasos fuera de la puerta.

Sin previo aviso, la tierna voz del Pequeño Yichen se escuchó tras llamar a la puerta.

―Papá, ¿puedo entrar?

Viendo que la puerta estaba abierta, el niño se paró de puntillas y la abrió sólo para encontrarse con una imagen insoportable.

Ella estaba en el suelo con un vestido que apenas cubría su cuerpo desnudo.

Su padre estaba de pie a un lado con una mirada sombría en su rostro.

―Papá… Yo… Lo siento… El niño se asustó, poniéndose rojo, y rápidamente apartó su vista.

―Ven aquí ―le dijo su padre mientras se inclinaba un poco.

La cara del Pequeño Yichen seguía ardiendo.

Nunca había visto a una mujer desnuda en su vida.

Ese era uno de los tabúes que se le había inculcado como parte de su temprana educación sobre la etiqueta que un caballero debía tener.

Al escuchar la llamada de su padre, se cubrió los ojos y se fue directo a sus brazos.

El hombre levantó al chico mientras le cubría los ojos con la amplia palma de su mano.

La miró fríamente de soslayo, diciéndole de esa manera que se largara.

Rápidamente se puso su vestido y huyó avergonzada y enojada.

La puerta se cerró de nuevo, y la habitación volvió a su antigua paz.

El Pequeño Yichen apartó la gruesa y ancha palma de su padre y le preguntó con curiosidad: ―Papá, ¿por qué mamá no llevaba ropa?

―Ella tenía calor ―mintió tranquilamente.

―… Hace frío y llueve afuera ―murmuró el niño, su corazón seguía latiendo con fuerza por la anterior conmoción.

―¿Has terminado tu tarea?

―¡Eh!

Lo ha hecho hace mucho tiempo.

―Contestó sonriendo el niño mientras abrazaba el cuello de su padre.

―Papá, ¿puedo dormir contigo esta noche?

―Sí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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