Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 390
- Inicio
- Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario
- Capítulo 390 - 390 Capítulo 390 – Un Regalo Sorpresa Para El Pequeño Muchacho 2° Parte
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
390: Capítulo 390 – Un Regalo Sorpresa Para El Pequeño Muchacho (2° Parte) 390: Capítulo 390 – Un Regalo Sorpresa Para El Pequeño Muchacho (2° Parte) Editor: Nyoi-Bo Studio El hombre cambió la mirada del libro de texto a su hijo, sólo para verlo moverse hacia un lado con la mirada desanimada.
Él sonrió y se sentó en la silla de la mesa.
Yichen suspiró aliviado.
Su padre extendió su mano, y al instante, fue arrastrado a sus fuerte brazos con un suave tirón.
Mientras se sentaba en el regazo de su padre, olía su suave pero fresca fragancia.
No pudo evitar hundirse más profundamente en su abrazo.
―Papá, no he terminado con todos los problemas de matemáticas… ―¿Cuál?
La voz hipnotizante del hombre resonó desde la coronilla de su cabeza.
Yichen volteó su cuaderno hacia donde estaban escritas sus respuestas y luego señaló a unos cuantos problemas.
―Realmente no sé cómo hacer….
este.
Mu Yazhe agarró su lápiz mientras mantenía su compostura.
Escribió varias fórmulas de multiplicación en el cuaderno y el problema se resolvió en un santiamén.
El chico parpadeó sorprendido y cogió el cuaderno para inspeccionarlo.
¡Esa era la respuesta!
Aunque se había devanado los sesos para recordar la fórmula, simplemente no pudo recordarla para resolver el problema, así que se había quedado atascado en ese.
―¿Algo más?
Negó con la cabeza.
―Sólo era este.
―¿Has memorizado la tabla de multiplicar?
―Sí… pero no soy bueno en eso.
Mostró su rostro para expresar su sufrimiento y odio por el tema.
Su padre se rio; se veía muy bien cuando sonreía.
Sus ojos largos y delgados se inclinaban un poco mientras sus finos labios se curvaban.
Su sonrisa era realmente impresionante.
Aunque se utilizaran todas las palabras poéticas existentes en el mundo, no eran suficientes para expresar adecuadamente su belleza.
Gesticulaba y calculaba los problemas en el cuaderno mientras daba explicaciones con delicadeza.
Esa voz cristalina que poseía sonaba como agua fluyendo en la primavera.
Su voz nítida sonaba un tanto afeminada y suave, pero era tan gentil y agradable al oído.
El niño pensó que, si ese hombre fuese a ser maestro, ¡seguro que sería un excelente profesor!
Mu Yazhe era tan detallado que, a pesar de que la mente del niño deambulaba en ocasiones, igual comprendía su explicación.
Mirando a su padre, él mostró una sonrisa adorablemente brillante, que estaba adornada por hoyuelos a ambos lados de su boca.
Miró la cara sonriente del niño y de repente cayó en trance.
Se acordó de la pequeña cara de Yun Tianyou, que era arrogante y terca.
La genética era algo inconcebible.
De los dos niños, uno era un maestro en la pluma, y el otro era un maestro de la espada.
La constitución del cuerpo de Youyou era apenas satisfactoria, pero su coeficiente de inteligencia lo compensaba con creces.
El Pequeño Yichen podría no poseer la mente prodigiosa de Youyou, pero su físico era incluso mejor que el de Mu Yazhe cuando este era joven.
Tenía un talento extraordinario en armamento y combate.
―¿Sabes qué día es mañana?
―dijo, bajando la cabeza, la apretó contra la oreja de su hijo.
Las cejas de Yichen se fruncieron ligeramente.
Reflexionando un rato, agitó la cabeza.
―No sé… Sorprendido por su respuesta, tocó la cabeza de su hijo y le dijo: ―Es tu cumpleaños, ¿no te acuerdas?
Yichen hizo un gesto y habló con impotencia.
―Realmente lo olvidé… Como si estuviera haciendo un truco de magia, su padre sacó un regalo bellamente envuelto de su bolsillo y se lo entregó a su hijo.
Al poner su vista en el regalo, los ojos del niño casi se le salieron.
Esa sorpresa lo impactó bastante.
Abrazó el regalo, y una timidez y excitación, que difería de lo habitual, se extendió por su pequeña cara.
Siempre ocultaba sus emociones, esa parte de él era totalmente similar a Mu Yazhe.
Ya fuese felicidad o tristeza tales emociones rara vez aparecían en su rostro; estaban siempre escondidas en lo más profundo de su corazón.
No obstante, en última instancia, él era un niño.
Cuando el regalo fue presentado ante él, la felicidad de su interior surgió espontáneamente.
A los niños les encantaban los regalos.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com