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Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 489

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489: Capítulo 489 – Ven Aquí Y Déjame Abrazarte 489: Capítulo 489 – Ven Aquí Y Déjame Abrazarte Editor: Nyoi-Bo Studio Su teléfono sonaba una y otra vez, poniendo a prueba su paciencia.

Entre que él la llamaba y ella le cortaba, su furia cobró vida.

Finalmente aceptó la llamada y dijo: ―¡¿Qué estás tratando de hacer?!

―¡Sal!

Habiéndola llamado más de 20 veces,las cuales fueron rechazadas por ella, su voz estaba igualmente llena de resentimiento.

Estaba confundida y le preguntó con disgusto: ―¿A qué le ladras en medio de la noche?

―Estoy fuera de tu casa.

Ella corrió hacia la ventana y se sorprendió al ver un Aston Martin estacionado afuera.

Mu Yazhe llevaba un celular en la oreja y apoyaba su delgadafigura contra el capó de su vehículo.

Tenía un cigarrillo en la comisura de los labios.

Las llamas parpadeantes e imperecederas de su cigarrillo eran particularmente llamativas en esa oscuridad.

Mirando desde lejos, el hombre tenía la cabeza inclinada, y todo su ser irradiaba una soledad indefinible.

Ahora, por alguna razón, el hombre estaba despojado de su altivez y se veía un tanto angustiado.

Esa visión de alguna manera atravesó su corazón.

Terminó la llamada y regresó a su cama.

Esa vez, su celular no volvió a sonar.

Ella estaba desconcertada por ello.

¿Se había ido?

Sintió un malestar inexplicable extenderse en su corazón, y antes de que pudiera pensar más en su acción, ya estaba junto a la ventana una vez más.

Levantó un lado de las cortinas y miró a lo lejos, sólo para verlo que aún estaba ahí.

Además de estar fumando otro cigarrillo, su postura no cambió.

Parecía bastante angustiado esa noche mientras encendía un cigarrillo tras otro.

Cogió una calada de humo y levantó la cabeza en su dirección.

Bajó la cortina a toda prisa, sus latidos se volvieron ligeramente irregulares.

Dudó por un rato, luego finalmente se puso un abrigo y se dirigió hacia afuera.

La brisa que se había levantado a esas horas de la noche hizo que un escalofrío recorriera su cuerpo.

Sintiéndose un poco incómoda, se paró en la puerta y tiró ligeramente de su ropa.

Miró al hombre que se apoyaba en la parte delantera de su automóvil.

Un largo silencio se mantuvo entre ellos.

Pareció pasar un siglo, hasta que ella habló: ―¿Por qué estás aquí?

Le miró a la cara; sus ojos eran indescifrables mientras permanecía en silencio.

―¡Si no tienes nada que decir, entonces voy a volver a entrar!

―dijo ella en un ataque de rabia.

Dándose la vuelta y empujando la puerta para abrirla, ella estaba a punto de entrar en su casa cuando sonó su voz.

―¡Quédate ahí!

Ella detuvo sus pasos, pero no se volvió para mirarle.

Se enderezó y apagó su cigarrillo.

Luego habló con voz algo ronca.

―¡Ven y déjame abrazarte!

Su espalda se tensó un poco.

Ella se giró aturdida, pero no se acercó a él.

¿Cuál era el significado de eso?

De repente él había aparecido frente a su casa con un aspecto frágil y parecía como si no pudiese resistir ni un solo golpe.

¿Había hecho todo ello sólo para pedirle un abrazo?

―Tú… ­―Ven y déjame abrazarte ―reiteró con un toque de compromiso en su voz.

­―¡Cinco minutos bastarán!

Ella reflexionó sobre ello durante un rato y finalmente se dirigió hacia él.

Ella acababa de llegar frente a él cuando el hombre extendió su brazo y se la llevó al pecho.

La abrazó con fuerza.

Sus brazos la apretaron cada vez con más fuerza, y parecía estar bastante frenético.

Era como si se estuviese muriendo por fusionarla con su sangre y sus huesos; ¡su abrazo era casi asfixiante!

Sintiéndose un poco incómoda, ella luchó un poco.

En ese momento, su voz paciente reverberó desde la coronilla de su cabeza.

―¡No te muevas!

―Mu Yazhe… Ella levantó los ojos, justo a tiempo para ver su hermoso rostro cerca del suyo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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