Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 499
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- Capítulo 499 - 499 Capítulo 499 – Recuperando Sus Recuerdos 6° Parte
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499: Capítulo 499 – Recuperando Sus Recuerdos (6° Parte) 499: Capítulo 499 – Recuperando Sus Recuerdos (6° Parte) Editor: Nyoi-Bo Studio Ella estaba sinceramente agradecida con la chica.
Dulce y bondadosa, fue como un ángel para ella.
Eso fue hasta aquel día fatídico en el baño, cuando escuchó un sonido sofocado en el cubículo de al lado.
Después de ese leve jadeo y un ligero sonido de lucha, se oyó la voz tensa y asustada de Rou’er.
―Director, ¿puede ser más gentil?
¡Rou’er está herida!
Buu… buu… buu… ―Rou’er, sé buena y no grites, ¿de acuerdo?
Otros no deben oírnos.
―Director, ¿podemos saltarnos esto hoy?
Rou’er usará su boca para hacerlo, ¿de acuerdo?
―Muy bien.
¡Rou’er esa tan buena chica!
Más tarde, te traeré unos caramelos… em… Se alarmó al escuchar la voz tensa y contenida del director dentro del baño de las niñas.Ingenua y joven, no pudo entender lo que estaba pasando en ese momento, y todo le pareció muy extraño.
Sin convicción, se acercó más al cubículo.
La puerta estaba cerrada por dentro, pero había una pequeña hendidura, se sorprendió al ver al director de pie y erguido con la espalda hacia la puerta.
Desde su ángulo, sus pantalones se amontonaban en sus muslos, mientras que Rou’er, quien se veía despeinada, se arrodillaba en el suelo y movía constantemente su cabeza hacia adelante y hacia atrás.
No pudo ver exactamente lo que estaban haciendo.
Ella presionó para mirar más de cerca y sin querer golpeó su cara contra la puerta; por lo que, inadvertidamente alertó a los dos que estaban dentro.
La niña levantó la cabeza con vergüenza, sus ojos aterrorizados se dirigieron en dirección a la puerta.
Yun Shishi no pudo evitarlo a tiempo, y sus ojos se encontraron con los de Rou’er.
Una inexplicable oleada de pánico se apoderó de ella.
Podría haber sido la mirada aterradora o la angustia y la vergüenza en sus ojos lo que la hizo huir a su cuarto.
Esa noche, estaba leyendo un cómic en su cama cuando la chica regresó a la habitación.
Empujó la puerta, la niña se acercó directamente a ella y la tiró de la cama por el pelo.
Se acercó a su oído, y con una voz amenazadora y llena de rabia le preguntó: ―¿Lo viste?
¿Viste todo?
Estaba muerta de miedo y rápidamente agitó la cabeza, sin entender la causa de la angustia de la chica.
La niña se enderezó, la pateó con el pie y se quejó frente al resto de los niños.
―¡Ella me maltrató!
―¡No lo hice!
Antes de que ella pudiera aclarar la situación, el resto de los niños se apiñaron alrededor para golpearla.
Ninguno de ellos dudó de las palabras de la chica.
Eso era porque ella era buena con cada uno de ellos, dándoles comida y sacándolos a jugar.
Nadie se atrevió a desafiar su orden.
Debido a las heridas que sufrió aquella noche, fue enviada a la sala de tratamiento médico.
Se había convertido en la enemiga de todos sin duda alguna.
Al día siguiente, el jade que había puesto bajo su almohada había desaparecido.
Preguntó por todos lados, pero nadie lo había visto.
Eso fue hasta que lo vio en alrededor del cuello de Rou’er.
Agitada la confrontó: ―¡Ese es mi jade!
La respuesta fue la triste y piadosa negación de Rou’er.
―¿Qué quieres decir?
Este es mi jade.
¡Me lo dio mi madre!
Eres tú quien me lo robó.
¡Eres una ladrona!
―¡No soy una ladrona!
Ante las acusaciones y dudas de todos, su débil argumentación pareció vacía.
―¡En primer lugar ese pedazo de jade me pertenece!
Es mío, no soy una ladrona.
¡No soy una ladrona!
―¡¿Quieres decir que yo te robé tu jade?
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