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Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 598

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598: 598 Eres Quisquilloso sobre la Limpieza, ¡Pues Yo También Lo So!y 598: 598 Eres Quisquilloso sobre la Limpieza, ¡Pues Yo También Lo So!y Editor: Nyoi-Bo Studio Cuando empujó la puerta entreabierta, vio todo su cuerpo sumergido en la bañera.

Estaba escondido de miradas indiscretas entre las burbujas de jabón y una gruesa capa de espuma que llenaba la bañera.

Una oleada de alivio lo cubrió, luego tensó su barbilla.

Se acercó a ella con una cara hosca.

—¿Has terminado de limpiarte?

Ella tenía metida la cabeza en el pecho y solo estaba preocupada de lavarse el cuerpo con furia.

Su cara se veía apática.

Nadie sabía por cuánto tiempo había estado frotando su cuerpo, ¡pero la forma en que ejercía toda su fuerza para hacer la tarea era como si hubiese estado empeñada en remover por completo una capa de su piel!

En cuanto a su pregunta, ella actuó como si no la hubiese escuchado en absoluto.

Esa mujer estaba claramente furiosa con él.

Claramente su corazón se había enfriado hacia él.

Él se agachó con una expresión solemne y apartó una capa de pompas de jabón; luego sus ojos se contrajeron instantánea y escalofriantemente.

Su piel, que originalmente había sido impecable como jade blanco, ahora estaba en carne viva.

Sin embargo, ella continuaba frotándose y limpiándose la piel, como si estuviera entumecida por el dolor.

¡Algunas partes de su cuerpo, que eran especialmente delicadas, ya tenían presente hilillos de sangre, debido a su furioso refregado!

¡Maldita sea!

¡¿Qué estaba haciendo?!

¿Por qué se frotaba tan fuerte?

¿No sentía dolor?

Su piel era extremadamente delicada; normalmente, con un ligero pellizcó por parte de él y se le formaba una marca roja duradera.

Ni siquiera él podía soportar maltratar su piel; ¿qué estaba ella haciendo exactamente?

¿Abusando de sí misma?

¿Usaba eso para enfurecerlo, para vengarse de él?

Su corazón dolía horriblemente.

Se acercó a ella y se movió para quitarle de inmediato la toalla que ella tenía en las manos.

Se puso furioso.

—¡¿Estás loca?!

Ella se apartó bruscamente de él y se giró para mirarle fríamente mientras hacía un puchero con sus labios.

—¿Qué he hecho mal esta vez?

Sus cejas se fruncieron mientras la veía lanzarle con furia la toalla, que estaba empapada con burbujas de jabón.

Las pompas de jabón se esparcieron por el aire y salpicaron su tensa y sombría cara.

Los ojos que ella usaba para mirarlo ahora estaban inyectados de sangre.

—¿No querías que me limpiara?

¿Qué mal he hecho?

Sé que detestas mi sucio cuerpo.

Lo estoy lavando, ya lo estoy haciendo con todas mis fuerzas.

—¡Debes tener claro los hechos!

—La agarró de inmediato de la muñeca y la reprendió en voz baja.

—¡Nunca te pedí que te maltrataras así!

En respuesta, ella se rio severamente de él.

—No me estoy maltratando.

Es solo que, ¿cómo voy a estar limpia si no me lavo así?

Cada palabra que pronunciaba provocaba cada vez más su ira.

Le advirtió que no lo enfureciera.

¿Qué pasaba con él?

¿No habían sido todas sus palabras simplemente frustrantes, hirientes o embarazosas para ella?

Esos lugares de su cuerpo que Mu Wanrou había tocado y que ella encontraba detestables, ¿él también los limpiaría?

Ella procedió a enjabonarse con un poco de jabón líquido sobre su carne.

La botella, que antes estaba llena hasta el borde, ahora estaba completamente vacía.

Ya que él quería que se lavara, ella lo haría a la perfección.

Completamente enfadado por sus palabras, sus cejas se llegaron juntar hasta formar una sola línea.

En ese momento, tuvo que contenerse.

Tomó la toalla e intentó ayudarla a limpiar su cuerpo.

Sin embargo, ella lo alejó por la fuerza.

—¡No me toques!

Su expresión se hundió cuando sus ojos se encontraron con los de ella.

Cada mirada que le echaba estaba llena de desprecio.

—¡No me toques!

Él se quedó callado.

—No te gusta que me ensucie con los toqueteos de los demás, ¿verdad?

¡Yo, por otro lado, detesto que te hayas ensuciado con el toque de otra mujer!

Ella le arrebató la toalla de sus manos de inmediato y le dijo con burla: —Por favor, asegúrate de que tu cuerpo esté bien limpio antes de tocarme.

Eres quisquilloso con la limpieza, así que, ¿por qué no lo sería yo también?

—¡¿Qué quieres decir?!

—La máscara que había puesto sobre su cara para ocultar la furia que sentía, ahora había caído y toda su ira había sido revelada.

—¡Nada!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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