Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 634
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634: 634 Tú sólo Tienes que Creer en Mí (1° Parte) 634: 634 Tú sólo Tienes que Creer en Mí (1° Parte) Editor: Nyoi-Bo Studio —¡Tienes prohibido quitártelo!
Su tono, como siempre, era autoritario e increíblemente tiránico.
Ella tocó el collar, levantó los ojos para mirarlo y protestó airadamente: —Eres tan irrazonable.
—Sí, soy irrazonable.
—Parado detrás de ella, la atrajo con sus brazos a su pecho lentamente.
Él observó con sus ojos almendrados cómo el colgante rodeaba su cuello; los rosados labios de ella se separaron en una leve sonrisa mientras las puntas de sus dedos lo frotaban con adoración.
—¿No dijiste que no te gustaba?
—No pudo evitar burlarse de ella.
—¡Me parece una lástima tirar esto!
—resopló ella.
—¡Testaruda!
—la regañó ligeramente.
Esa estúpida mujer era realmente testaruda.
La verdad era todo lo contrario, ¡le gustaba mucho su regalo!
Al mirar los hermosos hoyuelos que iluminaban su rostro, tuvo el fuerte impulso de cerrar sus labios con los suyos.
Alentado por ese abrupto impulso, la sumergió en su abrazo y bajó la cabeza para besar sus pequeños y rosados labios.
Sus suaves y cálidos labios sólo le hicieron desear más mientras probaba su dulzura.
Ella abrió los ojos conmocionada.
Su beso se volvió más invasivo, y ella no estaba en absoluto preparada.
Mientras miraba su amplia figura y sus atractivos rasgos, con su contorno distinguido, sintió como su poderosa presencia se intensificaba ante ella.
Al mirarlo tan de cerca, se dio cuenta de lo largas y densas que eran sus pestañas, muy parecidas a dos colas de fénix negro.
No era de extrañar que sus ojos fueran penetrantemente fascinantes.
Ella debía admitir que ese hombre había nacido con las bendiciones de Dios.
Con sus rasgos sobresalientes, su noble actitud y su linaje aristocrático, era definitivamente el tipo que atraía a un sinnúmero de mujeres.
Ella ya no se preguntaba por qué ese hombre podía hacer que muchas celebridades de la capital desfallecieran por él ni por qué incluso su sobrina estuviese loca por él.
De hecho, ese hombre tenía todo a su favor.
Sus delgados labios estaban algo fríos al tacto.
Su mente empezó a divagar.
Recordó que había leído sobre fisonomía y que la mayoría de las personas con labios finos eran racionales y volubles.
¿Este hombre es inconstante?
Dejó pasivamente que sus besos la dominaran.
Él se inclinó sobre ella con entusiasmo y se metió profundamente en su garganta con el deseo de tragársela entera si fuese posible.
Sus pensamientos inexplicablemente comenzaron a revolotear mientras el hombre la abrazaba fuertemente alrededor de su cintura y fijaba sus labios en los de ella y comenzó a acariciar su contorno suavemente con una agitada respiración.
—¿Pusiste mi número en la lista negra de tu celular porque Mu Wanrou te dijo algo?
Ella abrió los ojos conmocionada, sólo para ver que él también la observaba fijamente.
Su mirada la cuestionó en silencio.
—¿Por qué no hablas?
Al dudar, le sujetó la barbilla con los dedos pulgar e índice.
Inicialmente había sospechado que Mu Wanrou había hecho una falsa afirmación de que estaba embarazada de su carne y sangre.
La mayoría de las mujeres eran sensibles a ese tipo de cosas, y ese era especialmente el caso de la innatamente obstinada Yun Shishi.
Lo que sería totalmente inaceptable para ella.
Pero eso era solo una sospecha.
En cuanto a lo que realmente había hecho que ella lo pusiese en la lista negra sin ninguna explicación, necesitaba aclararlo sólo con ella.
Sin querer, su pregunta le recordó el embarazo de Mu Wanrou.
Esa mujer estaba esperando un hijo, ¿pero era realmente de él?
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