Un nacimiento, dos tesoros: el dulce amor del billonario - Capítulo 865
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865: 865 Compórtate o te Quebraré la Mano 865: 865 Compórtate o te Quebraré la Mano Editor: Nyoi-Bo Studio Si el Pequeño Yichen hubiera reaccionado unos segundos más tarde, el cuchillo le habría clavado su ojo con violencia.
Las consecuencias habrían sido impensables.
Incluso hubo un momento en que pasó por la mente de Youyou, la imagen del Pequeño Yichen con un cuchillo atravesando su ojo.
¡Su corazón se aceleró al pensarlo!
El hombre luchó por liberar su muñeca, pero el agarre de su hermano mayor era increíblemente fuerte.
¡Sujetó su muñeca con fuerza, como si rehusara a cualquier forma de resistencia!
¡El hombre calvo no lo creía!
Uno debía saber que él había pasado muchos años en el bajo mundo y había experimentado todo tipo de ataques y violencia.
¡Los oponentes a los que se había enfrentado eran todos más fuertes y altos que ese chico!
Era un gánster que a menudo se involucraba en peleas, y eran peleas con armas y cuchillos de verdad.
La cicatriz en la parte posterior de su cabeza había sido causada por un corte de otra persona.
¡La herida causada había sido de un milímetro de profundidad!
¡Si hubiera sido más profunda, habría perdido la vida!
Podría decirse que había pasado por innumerables situaciones entre la vida y la muerte.
Después de tantos años en el bajo mundo, era natural que la fuerza que había llegado a poseer no fuera nada pequeña.
Aunque se había dado cuenta de que ese chico había recibido entrenamiento basado en sus habilidades de combate, no esperaba que fuera tan capaz.
¡Con sólo agarrar su muñeca, apenas podía moverse!
Su error había sido pensar demasiado bien de sí mismo cuando, de hecho, no era más que un pequeño matón.
La violencia que había experimentado había sido sólo por haber tratado con pequeños rufianes como él, mientras que el entrenamiento que Mu Yazhe había organizado para el Pequeño Yichen estaba destinado a las fuerzas armadas especiales.
Las fuerzas armadas especiales eran verdaderas máquinas de guerra.
Eran combatientes que habían probado la sangre a punta de pistola.
El chico podía ser joven, pero había crecido recibiendo ese tipo de entrenamiento militar especial.
Si se le comparara estrictamente con las fuerzas armadas especiales, podría ser ligeramente inferior.
Sin embargo, para el chico, tratar con un pequeño truhan como ese hombre calvo era pan comido.
El muchacho torció ligeramente la muñeca del hombre y escuchó el satisfactorio chasquido de una articulación que se dislocaba.
El hombre gimoteó mientras el cuchillo mariposa de su mano caía al suelo.
El niño lo apartó rápidamente de una patada.
¡Levantó una vez más su mirada a la cara del hombre, la provocación y el desprecio eran evidentes en ellos!
—Tú…
El hombre estaba totalmente desconcertado.
¡Su frente comenzó a sudar profusamente mientras su expresión cambiaba completamente!
El chico se rio con desdén, claramente lleno de desprecio por él.
Después, levantó la pierna y le dio una fuerte patada en la entrepierna.
El hombre arqueó su cuerpo con dolor, y con su mitad inferior tambaleándose, se desplomó en el suelo.
Sus piernas siguieron temblando.
—Mocoso…
Maldito seas.
¿Cómo te atreves a patearme…?
—El hombre no estaba dispuesto a rendirse.
Aún, sintiéndose indignado, le lanzó insultos al chico.
Todo el tiempo, estuvo rodando por el suelo mientras se agarraba la entrepierna.
Yichen se acercó.
Esa vez ya no se contuvo y le dio una fuerte patada en la cara.
Fue un acto simple pero brutal sin usar ningún tipo de técnica, aun así, había sido un violento golpe en el puente de su nariz.
—¿Con cuál de tus sucias manos tocaste a mi hermano pequeño?
Pisoteó la cabeza del hombre con un pie y miró como sus manos se sacudían contra él.
Procedió a pisar con fuerza su mano derecha con el otro pie.
—¿Esta?
—preguntó despreocupadamente.
Levantando una ceja, ¡su tono era frío y peligroso!
—¡Suéltame!
—gritó el hombre.
Con su cara retorcida sin escrúpulos, presionó al hombre con más fuerza.
—¡Cállate!
Con un golpe, le dio otra patada en el puente de su nariz.
El hombre gimió.
El dolor le hizo llorar.
—¡Compórtate!
Si no, te quebraré la mano —dijo con frialdad.
Sus ojos se llenaron de indiferencia; la amable sonrisa que había tenido cuando miraba a su hermano pequeño, en ese momento no se reflejaba en sus labios.
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