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Un Pasado aclamando un futuro - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 15- El eco de Elia
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15: 15- El eco de Elia 15: 15- El eco de Elia Después de esa noche, ya no pude mirar la casa de la misma manera.

Cada pared, cada sombra, cada rincón parecía guardar un recuerdo que yo todavía no conocía.

Y el nombre de Elia no dejaba de repetirse en mi mente como una campana lejana que nadie más podía escuchar.

Sentía que, de alguna manera, ella me había elegido para continuar lo que no pudo terminar.

Pasé días enteros leyendo el cuaderno, una y otra vez, buscando detalles que antes se me escapaban.

En sus páginas, Elia hablaba de valentía y miedo en la misma frase, de amor y traición, de secretos que llevaban años enterrados bajo la superficie de la familia.

Decía que Eryndor Kael no siempre fue “el dueño del silencio”.

Que alguna vez fue alguien cercano a ella, alguien en quien confiaba… hasta que supo demasiado.

Cuanto más leía, más claro se volvía algo: Elia había intentado hablar.

Había querido romper el pacto, contar una verdad que nadie más se atrevía a pronunciar.

Y fue entonces cuando Eryndor se convirtió en esa figura oscura que lo controlaba todo.

No sabía si lo hizo por miedo, por culpa o por poder… pero lo hizo.

Y ella pagó el precio.

Una tarde, decidí ir al cuarto más antiguo de la casa otra vez.

No sabía qué buscaba exactamente, pero algo me guiaba.

Quizá era la memoria de Elia, quizá era el deseo de no sentirme prisionera nunca más.

Mientras movía cajas y objetos viejos, encontré un retrato.

El cristal estaba roto en una esquina, como si hubiera sufrido una caída que nadie quiso reparar.

Y allí estaba ella.

Su mirada era tranquila, pero había algo más profundo, una tristeza escondida que parecía atravesar el papel.

En la parte de atrás del marco, escrito con tinta casi borrada, decía: “Para que un futuro nazca, alguien debe atreverse a perderlo todo.” Sentí un escalofrío.

Era su letra.

La misma del cuaderno.

La misma del mensaje bajo mi almohada.

Entendí entonces que Elia no estaba tan lejos como todos querían creer.

Seguía aquí, entre nosotros, en los objetos, en los susurros, en el miedo… y ahora, en mí.

Esa noche, Eryndor Kael regresó.

No entró de golpe.

No hizo ruido.

Simplemente apareció, como si el silencio lo llamara cada vez que alguien se acercaba demasiado a la verdad.

Me miró con una mezcla de cansancio y advertencia.

Yo sostenía el retrato de Elia entre mis manos, y por un segundo vi algo distinto en sus ojos.

Dolor.

Culpa.

Recuerdo.

Le pregunté quién había sido ella para él.

No respondió al principio.

El silencio se alargó tanto que sentí que las paredes respiraban.

Finalmente, dijo que Elia era “la que no supo callar”.

Pero su voz tembló, y supe que había mucho más detrás de esas palabras.

De pronto, la luz parpadeó.

El aire se volvió frío.

Y escuché claramente unos pasos en el pasillo, aunque sabíamos que no había nadie más en la casa.

No eran imaginaciones.

No eran sueños.

Era algo —o alguien— que quería hacerse presente.

Elia no se había ido del todo.

Y lo sentí tan real que mi corazón empezó a latir con fuerza descontrolada.

Eryndor me miró entonces con una seriedad que parecía pesar siglos.

Me dijo que ya era demasiado tarde para retroceder.

Que al leer el cuaderno, al mencionar el nombre de Elia, al desafiar el silencio, yo había cruzado una línea invisible.

Y que ahora, las consecuencias empezarían a caer… una por una.

No supe si sus palabras eran una amenaza o una advertencia.

Pero algo cambió dentro de mí.

El miedo seguía ahí, sí, pero ahora también había una determinación que no conocía.

No quería terminar como Elia, atrapada entre la verdad y el olvido.

Quería terminar su camino.

Quería entender qué secreto era tan grande que necesitó crear a un “dueño del silencio” para custodiarlo.

Aquella noche, antes de dormir, apoyé el retrato de Elia sobre mi mesa.

Y juraría que, por un instante, su rostro parecía mirarme diferente.

Como si aprobara lo que estaba por hacer.

Como si supiera que, esta vez, el pacto no iba a resistir.

Y aunque el miedo me acompañaba, ya no estaba sola.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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