Un Pasado aclamando un futuro - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 19- La confesión que nunca quisieron decir
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19: 19- La confesión que nunca quisieron decir 19: 19- La confesión que nunca quisieron decir Esa noche nadie cenó.
La mesa estaba servida pero los platos quedaron intactos, porque el verdadero peso no estaba en la comida, sino en las palabras que flotaban en el aire, esperando caer sobre nosotros como una tormenta inevitable.
Yo me senté sin saber cómo empezar.
No quería pelear.
No quería gritar.
Solo quería entender.
Y tal vez, sin darse cuenta, ellos también estaban cansados de sostener el silencio que ya comenzaba a quebrarse por todas partes.
Fui yo quien habló primero.
Dije su nombre.
Eliár.
Nadie me miró directamente, pero sentí cómo se tensaban los cuerpos, como si esa sola palabra tuviera espinas.
Entonces, ella suspiró.
Esa persona de mi familia que siempre había sido fuerte, esa que nunca se quebraba.
Esta vez sí lo hizo.
La vi bajar la mirada y supe que ahí, justo en ese segundo, la verdad estaba a punto de nacer.
Me dijo que lo que yo buscaba no era seguro, que el pasado no siempre perdona cuando lo despiertan.
Pero yo insistí.
Les recordé que ya no era una niña, que merecía saber por qué mi vida estaba unida a un nombre que parecía perseguirnos a todos.
Y entonces habló.
Su voz temblaba, pero no se detuvo.
Dijo que hace muchos años, cuando ella era joven, Eliár llegó a nuestras vidas como un salvador.
Alguien que ofreció ayuda cuando más la necesitaban.
Había problemas, deudas, miedo.
Y él apareció con soluciones.
Pero nada era gratis.
Todo tenía un precio.
Un pacto, dijeron.
Un acuerdo que empezó siendo simple y terminó siendo una cadena.
A cambio de su ayuda, quería lealtad.
Secreto.
Control.
Y ellos aceptaron, creyendo que era temporal, sin imaginar que los pactos hechos desde el miedo rara vez se rompen sin consecuencias.
Con el tiempo él cambió.
O tal vez siempre fue así y solo mostró su verdadero rostro después.
Empezó a decidir por ellos.
Qué decir.
Qué callar.
A quién ver.
A quién no.
El silencio se convirtió en ley.
Y cuando alguien intentó romperlo, él hizo algo que marcó a todos para siempre.
No dijo exactamente qué fue, pero el dolor en sus ojos fue suficiente para entender que no era algo pequeño.
Desde entonces vivieron así: callando, obedeciendo, ocultando.
Pensando que mientras nadie hablara, nada peor pasaría.
Y entonces llegué yo.
Y con mi nacimiento, también regresaron sus miedos.
Porque Eliár nunca olvidó.
Nunca soltó el pacto.
Nunca dejó de vigilar desde las sombras.
Yo escuchaba en silencio, sintiendo cómo cada palabra abría una herida nueva dentro de mí.
Parte de mí quería gritar, llorar, culpar.
Pero otra parte entendía que ellos también habían sido víctimas.
Que habían cargado todo eso durante años, creyendo que así me protegían.
Al final le pregunté algo que me quemaba por dentro: “¿Por qué nadie me dijo nada antes?”.
Y la respuesta fue sencilla y cruel: “Porque teníamos miedo”.
Esa noche entendí que el miedo puede ser más fuerte que el amor… y que a veces se disfrazan de la misma cosa.
También comprendí que ahora que la verdad había empezado a salir, ya nada volvería a su lugar original.
Porque hay confesiones que no solo revelan el pasado: también deciden el camino del futuro.
Y el mío, lo supe en ese instante, recién estaba comenzando a escribirse.
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