Un Pasado aclamando un futuro - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 25- La verdad detrás del nombre
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25: 25- La verdad detrás del nombre 25: 25- La verdad detrás del nombre Esa noche nadie pudo escapar de la verdad.
Elías se sentó en la silla más vieja de la sala, como si ya le perteneciera, como si hubiera estado esperándonos desde siempre.
Nadie hablaba.
Nadie se movía.
Solo se escuchaba el ruido leve del viento golpeando las ventanas y nuestros corazones latiendo demasiado fuerte.
Yo fui la primera que se atrevió a romper el silencio, aunque mi voz temblaba.
—¿Quién eres realmente?
Elías alzó la mirada, lenta, profunda, y en sus ojos no vi solo a una persona… vi historia, dolor, secretos enterrados y un pasado que no quiso morir.
Sus manos se entrelazaron y respiró hondo, como si cada palabra que iba a decir pesara toneladas.
—No soy lo que creen —dijo al fin—.
Nunca lo fui.
Nos miró uno por uno, como si nos conociera desde antes de que naciéramos.
—He estado en esta familia desde mucho antes que ustedes.
Soy la consecuencia de lo que se ocultó.
Soy la sombra de lo que no dijeron.
Soy el recuerdo de lo que se prometió olvidar.
Sentí un escalofrío subirme por la espalda.
No entendía… pero al mismo tiempo, algo dentro de mí sí entendía.
—Mi nombre no es solo un nombre —continuó—.
Es el eco de una historia que quisieron borrar.
Entonces habló del pasado.
Contó que muchos años atrás, alguien de nuestra familia cometió algo imperdonable.
Algo que no debía saberse.
Algo tan oscuro que prefirieron callarlo para siempre.
Hicieron pactos de silencio.
Juramentos.
Se prometieron que nadie hablaría.
Pero el silencio no borra nada… solo lo guarda.
Y con el tiempo, ese secreto tomó forma.
—Yo nací del silencio —dijo con voz firme—.
Soy lo que callaron.
Lo que escondieron.
Lo que jamás dijeron en voz alta.
Ustedes me crearon… sin querer.
La casa crujió como si confirmara cada palabra.
Entonces entendí por qué parecía conocer los rincones mejor que nosotros.
Por qué pronunciaba nuestros nombres como si los hubiera escuchado desde lejos.
Por qué su mirada llevaba años dentro.
Él no era solo alguien del pasado.
Era el pasado mismo.
—Por eso regreso cada vez que hablan —añadió—.
Porque cuando el silencio se rompe… yo despierto.
Había tristeza en su rostro.
No venía a dañarnos.
Venía porque estaba atado a lo que fuimos, a lo que negamos, a lo que nunca tuvimos el valor de enfrentar.
Era la sombra que la familia arrastraba desde generaciones atrás.
—Yo existo porque ustedes no enfrentaron la verdad —susurró—.
Porque el dolor se escondió.
Porque preferían callar antes que sanar.
Una lágrima cayó sin darme cuenta.
Todo cobraba sentido.
El miedo.
Las sombras.
Los susurros.
No era una maldición… era consecuencia.
—¿Y ahora qué pasará?
—pregunté casi sin voz.
Elías me miró con una mezcla de compasión y dureza.
—Ahora deben decidir —respondió—.
O continúan callando y yo seguiré aquí… o enfrentan lo que realmente sucedió y me liberan.
Nadie habló.
Nadie quiso ser el primero.
Teníamos miedo de saber.
Miedo de abrir heridas viejas.
Pero también sabíamos que ya no había marcha atrás.
Elías no se iría solo porque lo deseáramos.
—Recuerden algo —añadió mientras la luz de la sala temblaba levemente—: yo no soy su enemigo.
El verdadero enemigo siempre fue el silencio.
Y ahí lo supe.
El capítulo más difícil aún estaba por empezar.
Porque la verdad, esa que tanto evitamos, estaba esperando… y ya no pensaba quedarse callada.
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