UN PASADO QUE ENFRENTAR - Capítulo 34
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34: Capítulo 34: ¿Qué tienes que ver con esa familia?
34: Capítulo 34: ¿Qué tienes que ver con esa familia?
El jueves en la noche, Miguel fue a cenar a la casa de su madre, fue una sorpresa que su hermana hubiera regresado del extranjero, ella todavía estaba empeñada en estudiar y aunque ya tenía un trabajo de medio tiempo como asistente de un director de fotografía, estaba decidida a seguir estudiando.
Su reencuentro fue caótico, ya que había pasado un año sin que se vieran, Miguel abrió la puerta y en el momento en que entró a la casa, una mujer de alrededor de 21 años se abalanzó sobre él diciendo:
– ¡Hermanito!
¡Hermano mayor!
¡Estoy tan feliz de verte!
Miguel estaba sorprendido, pero en cuestión de segundos, su habitual expresión distante fue reemplazada por una mirada cariñosa y una dulce sonrisa, él se separó y la analizó de pies a cabeza, antes de decir:
– A mi también me alegra verte, hermanita, ¿como has estado?
Pensé que seguías estudiando.
Lorena se encogió de hombros y dijo:
– Lo sigo haciendo, pero…
– Fuiste promovida al siguiente semestre – Miguel completó la frase de su hermana con una sonrisa divertida.
Lorena era bastante inteligente, de hecho su coeficiente intelectual era un poco elevado al promedio, así que a Miguel no le sorprendía que ella hubiera aprobado tan rápidamente un semestre, lo que le sorprendía era que ella hubiera regresado al país sin previo aviso.
– No es para tanto…
hubiera podido continuar con el siguiente semestre pero los extraño demasiado a ti y a mamá, y decidí estar con ustedes unos días, ayudaré a mamá con el restaurante o buscaré un trabajo temporal en la ciudad.
– Pequeña flor no es necesario que te esfuerces tanto si estás de vacaciones – la dulce y ronca voz de Gabriela se unió a la conversación desde el pasillo, ella era demasiado consentidora con sus hijos aunque cuando se requería era firme con ellos.
– Mamá, sabes que no puedo quedarme sin hacer nada, me estresa la inactividad – Lorena miró a su madre, imponiendo suavemente su voluntad en su madre y su hermano.
– Haz lo que te guste, en tanto seas feliz – Miguel hablo mientras se dirigía al comedor para ayudar a su madre a servir, o esa era la intención, en realidad todo ya estaba dispuesto, Miguel sonrió ampliamente, su madre siempre había sido rápida y eficiente en esta cuestión, por esto era que ahora era la dueña de una reconocida cadena de restaurantes en todo el país, su nombre era conocido por su talento y eficacia aunque prefería tener un perfil bajo, en esto era muy parecida a sus hijos ya que los tres preferían mantenerse lejos de la farándula y los problemas públicos.
La pequeña familia ceno felizmente mientras hablaban y reían de vez en cuando, los pocos meses de la ausencia de Lorena desaparecieron, lo que importaba era que estaban juntos y eso jamás cambiaría.
La cena termino y, antes de que los hermanos pudieran hacer nada, Gabriela fue a la cocina a fregar los platos y ordenar el comedor, dejando a Lorena y Miguel sin opción y dirigiéndose a la sala para sentarse a conversar.
– ¿Cómo va el trabajo?
¿te acostumbras al mundo del espectaculo?
– preguntó Lorena tomando el maletín de trabajo de su hermano para hojear su contenido.
– No es fácil mantenerse en esta industria, necesitas talento y decisión, o apoyo de un pez gordo.
La expresión de Lorena se desfiguró al pensar en el lado oscuro del mundo del espectáculo, dejo que el maletin se deladeara y dejara caer algunos papeles al suelo, entre esos papeles había un pequeño sobre color crema que llamó rapidamente la atención de Lorena, lo tomo con una mano y miró atentamente el sobre mientras leía el remitente, sus ojos se abrieron de sorpresa y se giró hacia su hermano para decirle:
– ¿Familia Narváez?
¿Que tienes que ver tú con esa familia?
– Es…
es una larga historia – respondió Miguel cubriendo su cara con sus manos.
– ¡¿Te invitan a una cena con ellos?!
– ella gritó cuando leyó el contenido de la carta – Confiesa, ¿en que te has metido?
– Creo que eso puedo explicártelo después…
¡Dame eso!
– él le arrebató la tarjeta de las manos para leerla, había pensado sobre si ir o no ir y al final decidió ir, pero no había tenido tiempo de leer la tarjeta.
Al leerla descubrió que podía llevar un acompañante, se giró para ver a su hermana y descubrió que ella lo miraba con ojos suplicantes, al verse acorralado no tuvo más opción que decir:
– Está bien, puedes venir conmigo.
– ¡¿En serio?!…
– Lorena vio que su hermano asentía y no pudo evitar saltar de alegría – ¡Si, si!
¡Gracias, Hermano mayor!
¡Gracias!
Miguel vio la alegría de su hermana y sonrió ampliamente, no pudo evitar pensar que en cierta manera su hermana se parecía a Carol Díaz, ya que ambas eran un tornado de alegría…
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