Una aventura erótica con esta autoproclamada Diosa - Vol 1 - Capítulo 1
- Inicio
- Todas las novelas
- Una aventura erótica con esta autoproclamada Diosa - Vol 1
- Capítulo 1 - 1 ¡Un encuentro inesperado con esta autoproclamada diosa!
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
1: ¡Un encuentro inesperado con esta autoproclamada diosa!
1: ¡Un encuentro inesperado con esta autoproclamada diosa!
El Gremio de aventureros se encontraba -como siempre- atestado de gente.
Las carcajadas y los choques de jarrones de cerveza en señal de celebración, eran sonidos de lo más frecuentes cuando la noche llegaba a la tranquila Axel, la ciudad de los aventureros principiantes.
Yo, Kaizer Prester, me encontraba sentado en una de las mesas del fondo junto al resto de mi grupo.
Ellos comían y bebían, mientras charlaban de forma relajada sobre la misión que acabamos de completar.
Éramos aventureros, por lo que nos ganamos la vida completando misiones.
Las cuales consistían casi siempre en lo mismo: matar a un monstruo en particular, hacer el trabajo pesado de algún noble, recuperar algún objeto perdido, etc.
Las típicas tareas que encontrarías en los clásicos juegos de rol.
En el caso de esta misión, la misma nos había llevado prácticamente todo el día.
Por lo que estos momentos de paz y relajación los teníamos más que merecidos.
Sin embargo, en contraste con el resto de mis compañeros, debo decir que yo no me encontraba con ánimos de festejar nada.
No es que no estuviera satisfecho con lo que habíamos logrado.
Tampoco tenía nada que recriminar a mis compañeros.
Si tuviese que describir mi relación con los miembros de mi grupo, diría que nos llevábamos bien.
No éramos necesariamente amigos, pero nos entendíamos y lo más importante: Funcionábamos como equipo a la hora de salir a completar misiones.
El problema es que cada misión nos llevaba demasiado tiempo.
Y ni siquiera estamos hablando de misiones de alto nivel.
Por ejemplo, esta última consistía en matar a unos sapos gigantes que habían estado causando estragos en las afueras de la ciudad.
Pero nuestro grado de eficiencia per se, era pésimo.
Y por esto mismo es que tardábamos tanto en completar las misiones.
Si bien poder ofensivo no nos faltaba (nuestro grupo estaba conformado por una ladrona, una arquera, un monje y este servidor, quien se enorgullece de pertenecer a la noble clase de los paladines) no teníamos ningún usuario que fuese capaz de utilizar magia ofensiva o hechizos curativos.
Por lo que cada pequeño golpe que sufríamos era fatal para el quipo.
Y por si eso fuera poco, como los monstruos con los que nos tocaba pelear casi siempre tenían resistencia a los ataques físicos (como los sapos gigantes) acabábamos pasándola muy mal.
Entonces una misión de dificultad baja como la de los sapos que un grupo normal tardaría dos horas en completar, a nosotros (entre que teníamos que regresar a la ciudad para curarnos o reabastecernos de pociones) nos tomaba medio día.
MEDIO DÍA.
No importa como lo miraras.
Era una cantidad absurda de tiempo.
Y por el dinero que pagaban por cada sapo (que serían unos 20 mil eris) si teníamos en cuenta que eso había de dividirlo entre todos los miembros del grupo, la verdad es que era muy poco lo que nos quedaba a cada uno.
Y a mí aquello no me servía.
Necesitaba dinero.
Necesitaba mejor mi equipamiento.
Necesitaba subir de nivel y volverme más fuerte.
Sea como sea.
Ah y hay algo que me olvidé de contarles.
Y es que, por más loco que parezca, yo no pertenezco a este mundo.
Esto se debe a que morí en el mío y reencarné en este.
Un extraño y bizarro mundo donde la mayoría de las cosas funcionaban como si estuvieses en un RPG.
Las personas tienen clases, suben de nivel y se agotan si se quedan sin maná.
Y si yo hoy me encuentro en estas condiciones es porque, según lo que había dicho aquella mujer que decía ser una diosa, mis opciones tras morir eran renacer como un bebé, ir al paraíso (lo que conllevaba una vida extremadamente aburrida, según ella) o venir a este mundo y comenzar desde cero.
Pero manteniendo todos los recuerdos de mi vida pasada.
Y como siempre me habían gustado los RPG, la propuesta de la autoproclamada diosa me resultó más que interesante.
Y lo mejor es que me habían otorgado el derecho a traer cualquier cosa que quisiera a este nuevo mundo.
Un “objeto especial”.
El cuál podía ser un arma o una habilidad rota (OP).
De hecho, no voy a negar que en un principio la idea de traerme a esta auto proclamada diosa conmigo se me había cruzado por la cabeza.
No solo por el hecho de que tener una diosa a mi disposición me hubiese facilitado enormemente la vida, sino porque, más allá de su actitud despreocupada y hasta algo creída a la hora de llevar a cabo sus tareas como guía de las almas de los fallecidos, por más estúpido que suene, creo que realmente hubiese disfrutado de su compañía.
Además, tengo que decirlo: poseía una belleza que iba más allá de la comprensión humana.
Aún recuerdo como su cabello largo y azul se movía con elegancia hacia los costados cada vez que movía su cabeza, sentada en su silla.
Y me explicaba todo el proceso de reencarnación.
O lo que fuera.
Sus ojos también eran de color azul.
Lo que solo servía para enfatizar aún más las finas y delicadas facciones de su rostro angelical.
Pero, bueno, supuse que las leyes del Mas Allá no lo permitirían así que ni siquiera lo mencioné.
¿Traer a una diosa conmigo a un mundo fantástico y usarla para mi beneficio?
¡Qué idiotez!
Una vez escogido “mi ítem”, la diosa dijo: —Bueno, y ahora que ya escogiste tu objeto especial, valiente guerrero, solo me resta desearte la mejor de las suertes en esta peligrosa misión.
—¿Eh?
Disculpa, ¿acaso dijiste peligrosa?
-¡Oh, valiente guerrero…!
Esteee…Como sea, ¡Rezaré para que de entre todos los reencarnados seas tú quien finalmente consiga poner fin a los maléficos planes del Rey Demonio y logre restaurar la paz del mundo!
A cambio, se te otorgará el beneficio de poder pedir lo que sea como recompensa.
La supuesta diosa ni siquiera era capaz de recordar mi nombre.
¡Y eso que se lo acaba de decir!
Momento, acá claramente había algo más importante.
¿Misión?
¿Rey Demonio?
¿De qué carajo está hablando esta mujer?
—Oye, ¿podrías repetir lo que dijiste?
Recuerdo que en ese momento los finos labios de Aqua se abrieron para decirme algo que no pude escuchar.
Ya que en ese preciso instante una luz blanca y resplandeciente me cayó encima, envolviéndome por completo.
Por una cuestión de reflejo, lo único que alcancé a hacer fue cerrar los ojos y para cuando abrí ya me encontraba en este nuevo mundo.
Y de ahí en adelante, ya hice lo que pude.
Me registré como aventurero en el gremio.
Y si bien en un principio fue difícil, logré conseguir compañeros con los que hacer misiones.
Pero como les decía: nuestra eficiencia era un asco.
En aquel momento yo me encontraba desparramado en mi asiento, con mi comida aún sin tocar (la más barata del menú ya que otra cosa no podía afrontar) cuando de pronto, desbordado por la situación, me levanté de mi asiento prácticamente de un salto y le hable a mis compañeros: —Necesitamos hacer misiones de alto nivel —les dije, dándole un golpe a la mesa.
Ellos se miraron con expresiones confusas entre sí.
Luego me miraron a mí, luego una vez más entre ellos, y finalmente a mí de nuevo.
Hasta que uno de ellos, nuestra arquera, se encogió de hombros, hizo un gesto de negación con la cabeza como diciendo “Ay, por favor, las estupideces que dice este chico” y dijo: —Kaizer, ¿cuantas cervezas te has tomado?
—Ninguna, ¿Por qué lo preguntas?
Ella suspiró profundamente y se quedó callada.
El siguiente en hablar fue el monje.
—Ay Kaizer, Kaizer…sabes perfectamente que con el nivel que tenemos nos sería prácticamente imposible completar una misión de dificultad alta.
Lo mejor es que sigamos concentrándonos en hacer misiones simples.
Como la de los sapos.
Que puede que nos lleven más tiempo de lo normal y la paga no sea tan buena, pero al menos podemos costear los gastos mínimos y llevar una vida relajada, ¿no te parece?
Al escuchar esto, volví a darle un golpe a la mesa.
Esta vez con los dos puños.
Había tenido un día de mierda y la actitud despreocupada de mis compañeros solo hizo que me irritara más.
—¡Pero es que ese es el puto problema!
¡Si no nos la jugamos en completar misiones de dificultad alta, nunca nos volveremos más fuertes!
—¿Y para que quieres volverte más fuerte?
—preguntó la ladrona—.
No es como si necesitáramos sobre esforzarnos por las recompensas.
Con tener lo justo y necesario para vivir alcanza.
Y en el caso de que nos llegara a faltar algo…puedo robarlo y listo.
—La verdad que no termino de entender como hice para terminar en un grupo de fracasados como ustedes.
Mis palabras fueron bruscas, no voy a negarlo.
Pero era lo que sentía.
… …
…
A partir de ahí la situación con mis compañeros no hizo más que empeorar y eventualmente me terminaron expulsando del grupo.
Pero está bien.
No los necesitaba.
De hecho, creo que es lo mejor que pudo haberme pasado.
Lo único que tenía que hacer ahora era conseguir compañeros nuevos y empezar de cero.
Sin embargo, antes de eso necesitaba conseguir algún tipo de logro que sirviera para convencer a algún aventurero de nivel alto de que realmente valía la pena hacer equipo conmigo.
Ya que, si ponía un aviso con el mínimo de requisitos de reclutamiento, lo más seguro s que otra vez terminara en un grupo de puros perdedores conformistas.
Fue por eso que me acerqué hasta el enorme tablón que se encontraba colgado en una de las paredes del gremio y me puse a ver las misiones de nivel alto.
Con la esperanza de que, con un poco de suerte, encontraría alguna que no sea tan difícil y pudiera completar solo.
—Veamos… MISIÓN: MATAR AL REY LICH DIFÍCULTAD: MUY DÍFICIL RECOMPENSA: 10,000,000 DE ERIS MISIÓN: MATAR AL DRAGON ZOMBI DIFÍCULTAD: NIVEL DIOS RECOMPENSA: 5,000,000 ERIS MISIÓN: EXORCISAR UNA CASA EMBRUJADA Y DE PASO MATAR EL REY LICH Y AL DRAGÓN ZOMBI QUE ANDAN DANDO VUELTAS POR AHÍ DIFÍCULTAD: NIVEL VAS A MORIR RECOMPENSA: UNA FOTO CON LAS CHICAS DEL STAFF DEL GREMIO Por un rato largo me quedé viendo el tablón con cara de “¿Que mierda es esto?” Incapaz de comprender la lógica de estas misiones.
No tenía sentido.
La misión de dificultad DIOS, de las cuales se decía que eran las más difíciles, consistía en matar a un dragón zombi.
Y por alguna razón la recompensa que ofrecían era significativamente más baja que la del Rey Lich.
Cuya dificultad era MUY DIFÍIL.
Mientras que la última, la de nivel VAS A MORIR, no tenía sentido si tenías en cuenta que no solo debías exorcizar una casa llena de fantasmas, sino que además también tenías que salir victorioso en un peligroso combate que implicaba matar ni más ni menos que a los dos enemigos de las misiones anteriores.
Sumado a esto, ¿¡Para mierda quiero yo una foto con las chicas del gremio!?
A ver, no digo que la que nos atiende casi siempre (creo que su nombre es Luna) no sea bonita.
Pero vamos.
Ni que estuviera tan desesperado.
—¡¡¡AAAAAH!!!
¡Pero será posible que todo en este mundo esté maaaal!
Frustrado y al borde de un ataque de nervios, mi conciencia se debatía entre si debía pasarme el resto de la noche bebiendo hasta alcanzar el punto de no acordarme ni de quien soy, o tomar la misión más difícil que pudiera encontrar solo para que me mataran y ver si así por lo menos conseguía algo de paz.
Aquellas emociones y pensamientos negativos transitaban por mi cabeza, cuando de pronto siento un golpe a mis espaldas.
No muy fuerte, pero si lo suficiente como para hacer que me tambaleara hacia adelante.
En eso, inmediatamente después, escuchó el inconfundible sonido que hace un jarrón al hacerse añicos contra el suelo.
Por lo que decidí voltearme para ver qué fue lo que ocurrió.
-¡¡AY, NOOOOO!
¡No puede ser!
¡Mi cerveza!
¡Mi rica y espumosa cerveza!
¿¿¿Por quéeeeeee???
Al bajar la mirada compruebo que efectivamente lo que había caído al suelo había sido un jarrón de cerveza que ahora se encontraba hecho pedazos.
Cuyo contenido (cerveza, aparentemente) yacía derramado en la forma de una enorme salpicadura en el piso del gremio.
—¡Óyeme Tú!
Una voz chillona me hizo olvidar momentáneamente de la cerveza y al levantar la mirada me encontré con una jovencita de cabello azul.
Quien por alguna razón se me hizo extrañamente familiar.
Sin embargo, antes de que pudiera decir algo siquiera, ya tenía dos manos sujetándome con fuerza del cuello de la remera y jalándome repetidas veces.
—¿Eh?
¿Q-Qué?
¿Que pasa?
—¡No te hagas el tonto!
—dijo la joven con rabia— ¡Como pudiste hacer que tirara mi cerveza!
¿Qué se supone que voy a beber ahora?
—¿Qué yo te hice tirar la cerveza?
Ok, puede que no lo hayas notado, pero fuiste tú la que me empu– Momento.
Ese cabello azul…esos ojos azules.
Esa voz chillona e insufrible…
—¿Qué?
¿Qué te pasa?
Sí vas a decir algo, ¡Hazlo de una vez!
De todas formas, déjame decirte que no pienso irme de aquí hasta que me repongas la cerveza que tiraste.
Guau.
La velocidad con la que había escalado el asunto de la maldita cerveza era algo de no creer.
Aparentemente había dejado de ser la persona responsable de provocar el accidente, para ser directamente el que se la tiró al suelo.
Así, sin más.
Si mi noche no hubiese sido ya de por sí lamentable, probablemente me hubiese reído ante lo bizarro de la situación.
Sin embargo, lo que me dejó mudo fue otra cosa.
No tenía sentido.
Era imposible, pensé.
Me debo haber confundido de persona.
Pero no.
Ahí estaba ella, parada frente a mí.
—¿Y bien?
Exijo una compensación en este mismo momento.
El dinero de lo que costó ese jarro cerveza.
¡Tres mil eris!
¡Ni un centavo menos!
Todo el mundo sabía que el jarro de cerveza del gremio costaba unos 1500 eris.
Pero bueno, ahora no era momento de pensar en eso.
—¿Señorita Aqua?
¿Es usted?
La diosa finalmente me soltó el cuello de la camisa y abrió bien grande sus deslumbrantes ojos azules.
—¡EEEEH!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com