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Una aventura erótica con esta autoproclamada Diosa - Vol 1 - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 ¡Este aventurero que no le gana a nadie!
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16: ¡Este aventurero que no le gana a nadie!

16: ¡Este aventurero que no le gana a nadie!

Me encontraba corriendo por los árboles del espeso bosque, siguiendo aquel grito de auxilio.

Algunas ramas me raspaban la cara, pero no me importó.

Seguí corriendo y corriendo, hasta que de pronto pude distinguir una luz naranja brillando a lo lejos.

Se trataba de una fogata.

—¡Es ahí adelante!

—grité.

Suponiendo que Aqua venía siguiéndome.

—¡WAH!

¡No corras tan rápido!

¡Ni siquiera me diste tiempo a ponerme las botas!

—se quejó mi compañera— Además, ¿¡Has pensado siquiera en un plan?!

¡Podría ser peligroso!

—¡AAAAAH!

¡AUXILIO POR FAVOR!

¡NO QUIERO MORIR!

¡AAAAH!

—¡No creo que esa persona esté en condiciones de esperar!

—sujeté a Kronos con fuerza— ¡Vamos!

—¿¡Y por qué tengo que ir yo también!?

¡Justo cuando estaba a punto de…!

¡A punto de…!

—la diosa soltó un grito lleno de rabia— ¿¡POR QUEEEÉ?!

¡BUAAAAAAH!

Aqua seguía llorando y quejándose a causa de que nos interrumpieran en pleno acto.

Y a decir verdad, yo también me moría de ganas de hacerlo.

Pero siendo un paladín, no podía dejar abandonado a su suerte a alguien que claramente estaba en apuros.

Seguí corriendo hasta que finalmente me encontré a un joven, parado contra una enorme roca.

Rodeado de lo que a simple vista parecía ser un grupo de personas.

Estas no paraban de lanzar gruñidos, estirando sus brazos hacia el muchacho.

Quien los mantenía a distancia, blandiendo su espada de un lado a otro de forma desesperada.

Al acercarme más, la luz de la fogata me permitió ver con claridad a estas misteriosas figuras, revelando así unos rostros desfigurados y brazos putrefactos.

Estas cosas no eran personas.

Eran zombis.

Cadáveres vueltos a la vida.

Por lo general, mediante a algún tipo de magia oscura.

Con el solo propósito de ser utilizados como marionetas y atacar a los vivos.

¿Pero…en un bosque?

¿Cómo?

No tiene sentido.

Como sea.

Ahora no era el momento de pensar en eso.

Tomé a Kronos y aprovechando que estaban de espaldas, decidí atravesar al que tenía más cerca.

El sujeto presentaba tal estado de descomposición que su cuerpo era prácticamente piel y huesos.

Así que no me costó nada levantarlo en el aire y tirarlo hacia un costado.

Otros tres se dieron vuelta a mirarme.

Seguramente atraídos por la brusquedad del movimiento.

Pero eran lentos y torpes, por lo que no me costó nada de trabajo deshacerme de ellos.

Kronos continuó danzando bajo el cielo nocturno, y antes de que pudiera darme cuenta, ya tenía unos seis o siete cadáveres apilados a mis pies.

A todo esto, el joven que estaba siendo atacado se había acurrucado en el suelo y se sostenía la cabeza.

Estaba temblando.

—Oye, ¿te encuentras, bien?

—le pregunté— ya puedes levantarte.

Todo terminó.

Estás a salvo.

¡Ah, siempre quise decir eso desde que me había vuelto paladín!

Me sentía bien.

No solo me había vuelto bastante fuerte en este último tiempo, sino que ahora también había logrado salvarle la vida a un pobre inocente.

—¿Y-ya se acabó?

¿D-de verdad?

—¡Por supuesto!

Mientras yo esté cerca no tienes nada por qué temer.

—Oye, Kaizer —dijo Aqua— lamento tener que interrumpir tu pequeño momento de gloria, pero, ¿estás seguro que deberías decirle eso?

—¿A qué te refieres?

Ella simplemente señalo hacia atrás.

Al girar la cabeza pude ver a decenas de zombis saliendo desde los árboles.

Todos arrastrando los pies y estirando sus decrépitos brazos hacia nuestra dirección.

Debían ser alrededor de cien.

—¡Imposible!

¿Cómo puede ser que haya tantos?

¿¡De donde salen!?

—¡N-ni idea!

—dijo Aqua en un tono agitado.

—¡Aaaah!

¡VOY A MORIR SOLO EN ESTE BOSQUE DEVORADO POR UNOS ZOMBIS!

—gritó el joven.

—¡Ey!

Decir eso después de que viniéramos en tu ayuda, ¡es muy descortés de tu parte!

—lo regañó Aqua.

A pesar de que hasta ahora no había movido un dedo.

—Ah, perdón…en ese caso…¡VOY A MORIR EN ESTE BOSQUE JUNTO A DOS DESCONOCIDOS, DEVORADO POR UNOS ZOMBIS!

A-así está bien, ¿verdad?

—¡Perfecto!

—la diosa le mostró el pulgar.

—¡No lo alientes así!

—le grité a Aqua— Mejor dicho, ¡deja de dar por sentado que vamos a morir!

Sin pensarlo me lancé hacia la horda de muertos y comencé a dar golpes con mi espada.

Miembros amputados y tripas podridas comenzaron a volar en todas las direcciones.

Sin embargo, los enemigos resultaron ser demasiados.

Y mientras tres caían abatidos frente a mí, otros tres se me colgaban de la espalda.

El otro joven, quien había logrado recobrar más o menos la compostura, tomó su propia arma y se unió al ataque.

Continuamos atacando y atanco, pero el ejercito de muertos simplemente parecía no tener fin.

De seguir así, no tardaría mucho en quedarme sin energías.

—¡Muy bien!

¡Parece que este es un trabajo para la diosa Aqua!

¡Turn Undead!

Al gritar aquellas palabras, un enorme circulo mágico se materializó en el suelo, seguido de un enceguecedor resplandor azul.

El cual se extendió por todos los árboles, devorando por completo toda la oscuridad del bosque.

Fue el mismo hechizo que había usado en la tienda de Wiz pero a una escala mucho mayor.

Los zombis que tenía trepados encima de mí empezaron a desintegrarse uno tras otro.

Dejando escapar unos agonizantes gemidos, hasta finalmente desaparecer y transformarse en pequeñas flamas de color blanco.

¡Los está purificando!

—¡Criaturas caídas en desgracia quienes tuvieron la mala suerte de cruzarse conmigo!

—exclamó Aqua, totalmente embriagada de poder— ¡Sean purificadas y reciban el descanso eterno!

Realmente se la había comido el personaje.

Pero bueno, no podía negar que sus poderes eran algo realmente impresionante.

Ya que, en cuestión de segundos, todos los muertos vivientes fueron purificados sin dejar rastro.

—¿Estás bien?

—le pregunté al joven.

Llevaba puesta una armadura ostentosa.

Con gemas incrustadas y una espada que no daba la impresión de ser precisamente barata.

Durante la pelea no había tenido oportunidad de prestarle realmente atención, pero ahora que lo veía de cerca, a juzgar por su cabellera rubia y sus ojos azules, daba toda la impresión de ser el hijo de algún nombre.

Quizás algunos años más joven que yo.

—Sí, creo que sí.

Muchas gracias por salvarme, señor.

¿Señor…?

—Err…no fue nada.

—¡Ey!

¿¡Y a mí no me darás las gracias!?

—comenzó a chillar Aqua— ¡Te recuerdo que fui yo la que se encargó de purificar a todos esos no muertos!

—¡Ah!

Sí, tiene toda la razón.

Disculpe.

M-muchas gracias.

Si bien había permanecido de brazos cruzados durante la mayor parte de la batalla, la intervención de Aqua había sido clave durante la batalla.

—Mi nombre es Kaizer Prester, por cierto.

Soy un aventurero y mi clase es la de paladín.

Ella es mi compañera Aqua.

Una archisacerdotisa.

—El mío es Dikon.

Dikon Gloryuss.

M-mucho gusto —el joven se volvió hacia Aqua— disculpa, ¿dijo que tu nombre era Aqua?

Es decir… ¿Como la diosa que veneran los cultistas de Axis?

—¡Oh!

¿Acaso estoy frente a uno de mis fieles seguidores?

Kaizer, hicimos muy bien en salvar a este chico.

Pero lejos de confirmar las suposiciones de Aqua, cuyos ojos ahora brillaban de entusiasmo, Dikon comenzó a negar con la cabeza.

Sacudiéndola de un lado a otro.

—¡EEEEH!

¡N-no!

¡De ninguna manera!

¡En mi familia somos todos adoradores de la diosa Eris!

—el joven se metió la mano debajo del cuello y sacó un colgante.

Este parecía llevar grabado el símbolo de dicha orden— ¿Lo ven?

—Kaizer, hicimos muy mal en salvar a este chico.

Debimos haber dejado que se lo coman los zombis.

—¿Podrías ponerte de acuerdo de una vez?

Además, ¿no crees que sería muy cruel abandonar a alguien a una muerte así de horrible solo por tener una religión diferente a la tuya?

La diosa hinchó sus adorables cachetes haciendo puchero con la boca.

—Y aparte de eso —dijo Dikon— por más que los cultistas de Axis tengan la mala fama de ser considerados unos lunáticos, creo que ni así deberías hacerte pasar por su diosa.

¡E-eso es blasfemia, ¿sabes?!

¡Su misma diosa podría castigarte!

—¡Jum!

Como si yo fuese a castigarme a mí misma.

—¿Eh?

Di un profundo suspiro.

Decir algo solo hubiese empeorado las cosas, así que simplemente regresamos a nuestro campamento.

*** —Aquí tienes tu té —dijo Aqua en un tono gentil— tómalo antes de que se enfríe.

—Muchas gracias —el joven tomó el vaso entre sus manos y miró el contenido con desconfianza.

Ya que el té, como era de esperarse, se había convertido en agua.

Por lo que no era de extrañar que pensara que nos estábamos burlando de él.

¡Esta diosa torpe!

Aun así, Dikon no dijo nada y simplemente le dio un sorbo al vaso.

Se notaba que era un chico educado, por lo que seguramente no quería parecer descortés.

—Mm…E-está rico, creo —dijo— y de nuevo, gracias por haberme salvado.

A propósito…¿podría saber que estaban haciendo los dos en medio de este bosque en plena noche?

—Estábamos a punto de tener se— Prácticamente me arrojé hacia Aqua y puse mi mano sobre su boca.

—¡E-Estábamos a punto de tener seriamente una discusión sobre una misión!

Un día de estos iba a tener que hablar con Aqua y explicarle el significado de la palabra discreción.

Dios santo.

—Una misión.

Ya veo.

Y por casualidad, ¿está relacionada al Demonio de los Colmillos?

—¿Y tu como sabes sobre eso?

—le pregunté, sintiéndome realmente intrigado.

—Bueno…es que…yo también soy de esa zona.

Y estoy al tanto de las desapariciones.

Lo que está haciendo esa criatura es realmente cruel y despiadado.

—Y no me digas que saliste a buscarlo tu solo, creyendo que así rescatarías a esas niñas.

Dikon tragó saliva y de pronto sus manos comenzaron a temblar.

Pero no era miedo sino rabia.

Y algo de impotencia.

—Verán, los Gloryuss somos una familia de nobles muy antigua que siempre ha servido a los Dustiness —comenzó a explicar— mi padre siempre ha respetado mucho al señor Ignis.

Incluso cuando puso al señor Rufus como encargado de la región, mi padre nunca lo cuestionó.

Rufus Lyamnsen es el señor feudal que nos había hecho el encargo para rescatar a su hija desparecida Tia.

Quien aparentemente había sido secuestrada por el infame Demonio de los Colmillos.

—Sin embargo, circulan muchos rumores sobre la reputación del señor Rufus.

La cual cada día es más cuestionable.

Y cuando comenzó lo de los secuestros, no fuimos pocos los que creímos que estaba manejando las cosas de muy mala manera.

Para empezar, tendría que haber acudido a las autoridades de inmediato.

Pero por alguna razón no lo hizo.

—Sí, admito que a mí también me llamó la atención.

Pero, ¿acaso las autoridades de Axel no están muy ocupadas preparando las defensas de la ciudad para la llegada del Destroyer?

O eso es al menos lo que nos dijo una conocida nuestra.

Dikon asintió.

—Pero eso fue después de que los secuestros comenzaran a tomar lugar.

Hasta ese momento el señor Rufus se negó a mover un dedo por encontrar a las hijas de todas esas familias.

Y si ahora decidió hacerlo, fue porque su propia hija acabó involucrada.

O eso fue lo que escuché, pero ¿qué hay de las familias que no pueden costear una recompensa?

Es por eso que yo…salí solo con la idea de rescatarlas.

El chico se veía realmente preocupado por el bienestar de esas jóvenes y el de sus familias.

Y encima no esperaba nada a cambio.

Admito que, al escucharlo, no pude evitar sentir algo de culpa.

Considerando que, si tanto Aqua como yo estábamos aquí ahora, era porque iban a pagarnos.

No obstante, esto también era parte del oficio de aventurero.

Por lo que tampoco tenía sentido darle muchas vueltas al asunto.

—El encargo que tomamos nosotros es precisamente para rescatar a Tia Lyamnsen —admití— La hija de Rufus.

—Sí…lo supuse.

Pero bueno, han transcurrido dos semanas desde que emprendí este viaje.

Hasta ese entonces no se había hablado de ningún rescate, ni nada parecido.

Pero no podía quedarme de brazos cruzados…Por eso, aunque mi padre se negó a idea de que me embarcara solo en esta misión, sentí que era mi deber como noble.

—Entiendo.

En primer lugar, déjame decirte que lo que has hecho es algo verdaderamente admira— Un momento.

¿Dijo dos semanas?

No puede ser.

Pero si no hacía ni dos días que Aqua y yo habíamos partido desde Axel.

No es como si estuviésemos tan lejos de la ciudad.

Entonces, ¿Qué ha estado haciendo hasta ahora?

—Er, disculpa, pero has dicho dos semanas?

—Sí…es que…verás, a pesar de llevar puesta esta armadura costosa y tener una excelente espada, mis estadísticas son pésimas.

Son muy, muy bajas.

Por eso hasta los enemigos más débiles me dan problemas.

Entonces…avanzar en una misión, por más simple que parezca, me lleva el doble o hasta el triple de tiempo.

Mientras me contaba esto, el chico no paraba de frotar sus manos con la cabeza hacia abajo.

—Oh, vamos.

No tienes por qué ser tan exagerado —le dije— además, a todos se nos pueden dificultar las cosas frente a ciertos tipos de enemigos.

Incluso nosotros hemos tenido problemas para lidiar con unos sapos gigantes, ¿no es así, Aqua?

—¡N-no me recuerdes eso ahora, quieres!

Ahora que lo pienso, debí haber usado otro ejemplo.

Olvidé lo mucho que se aterraba Aqua de solo escuchar nombrar a esos monstruos.

—Incluso usando hechizos de nivel alto como Inferno o Blizzard, apenas consigo hacerles algo de daño —continuó Dikon.

—¿Inferno o Blizzard?

—repetí con asombro—.

Esos hechizos sí que son poderosos.

Sí los tienes, no creo que seas tan malo.

Realmente se necesitaban una muy buena cantidad de puntos de habilidad para desbloquearlos.

—Bueno…no estoy tan seguro…—dijo el chico.

—¿A que te refieres?

—Kaizer…—Aqua me susurró al oído— he oído que la gente más adinerada puede acceder a hechizos poderosos, incluso cuando su nivel no es muy alto.

Lo más probable es que haya comprado esos hechizos.

No deberías seguir insistiendo con el tema.

Solo lo harás sentir más miserable.

Además, ya suficiente tiene el pobre con ser un adorador de Eris.

Si te soy sincera…creo que hasta me da un poco de lástima.

Dikon soltó una sonrisita tímida.

—Jeje…errr…puedo oírte, ¿sabes?

Pero sí…tienen razón…soy tan patético que tuve que comprar la mayoría de mis hechizos.

Y ni así puedo contra los enemigos más débiles… Entonces se me ocurrió una idea —Oye, Dikon, ¿podría ver tu tarjeta de aventurero?

—¿EEEH?

¿P-por qué?

¿para qué?

—Bueno, es solo que si veo tus estadísticas, quizás pueda darte algunos consejos.

Como por ejemplo, que atributo te convendría más reforzar antes que otro, cosas así… —Mmm… —Prometo que no me burlaré.

—E-está bien.

Toma.

Aquí tienes.

Muy a regañadientes Dikon me dio su tarjeta de aventurero.

Debo decir que aún después de todo lo que me había contado, no podía creer que sus atributos fueran tan bajos.

Dios mío, hasta llegué a pensar que su tarjera podía estar buggeada.

Ataque por el suelo.

Defensa prácticamente inexistente.

¿Esto es real?

Quiero decir, con estos atributos tan bajos como estos, hasta me costaba creer que hubiese podido llegar hasta aquí con vida.

Con razón su padre se negaba a que saliera de su casa.

Mierda, ahora hasta yo estaba a comenzar a sentir lastima por el muchacho.

—¡Vaya!

¡Y yo que creía que mis estadísticas eran terribles!

¡Kaizer, mira eso!

Aqua, quien para entonces había dejado más que claro que desconocía por completo el significado de la palabra “discreción”, se puso a gritar en mi oído.

—¿Sería demasiado pedirte que intentaras ser al menos un poco considerada de vez en cuando?

—¡D-devuélvanme mi tarjeta, por favor!

¡No merezco este nivel de humillación!

Continué revisando las estadísticas de Dikon y si bien es cierto que las mismas eran en su mayoría bajas, su suerte e inteligencia no estaban tan mal.

De hecho, esta última parecía estar incluso arriba del promedio.

—Oye, tu inteligencia parece ser realmente alta.

Eso en una batalla puede ser crucial, ¿sabes?

—¿Tu crees?

—preguntó el joven, abriendo bien grande sus ojos.

Yo asentí con la cabeza.

—Sí.

Muchas veces para ganar, todo lo que hace falta es tener a un buen estratega en tu equipo —o al menos eso fue lo que me enseñaron los RPG cuando estaba en mi mundo, pensé—.

Y tú inteligencia podría ser de mucha ayuda durante las misiones.

O por lo menos más que la de Aqua.

¡AUCH!

Recibí un codazo en la costilla.

—Entonces…¿yo también puedo ser un aventurero?

¿Eso es lo que está tratando de decirme señor Kaizer?

¿Señor Kaizer?

Le devolví la tarjeta.

—Seguro.

Solo debes enfocarte en fortalecer tus puntos fuertes.

Aunque no sean muchos.

—En ese caso… ¡Por favor, déjenme ir con ustedes!

—¿Con…nosotros?

—Van a enfrentarse al Demonio de los Colmillos, ¿verdad?

¡Llévenme con ustedes!

Después de todo, es justo lo que pensaba hacer yo.

Se que soy muy débil pero…pero…estoy seguro de que, si nos cruzamos hoy, debe haber sido porque la diosa Eris los puso en mi camino.

Así que, ¡por favor!

¡Se los ruego!

A-Ademas…¡tengo muchas pociones de nivel alto!

Maldito niño rico.

—Sugerir que fui guiada hasta aquí por mi propia junior —se quejó Aqua—.

Kaizer este niño es un grosero.

Pero…supongo que no podemos dejarlo aquí solo.

—Vaya, Aqua.

Me tranquiliza saber que tienes un mínimo de sensibilidad.

Pero sí, tienes razón.

Si lo dejamos en el medio del bosque, es probable que incluso la más mínima criatura que se cruce en su camino lo mate.

—Y bien, ¿Qué dicen?

—preguntó Dikon con una expresión llena de anticipación y nervios.

Yo sonreí.

—Dikon, bienvenido al grupo.

Y así, de una manera totalmente inesperada, me conseguí un nuevo aliado.

Luego de eso Aqua utilizó su “Break Spell” haciendo que toda la niebla se esfumara.

Me hubiese encantado que me dijera desde un principio que podía hacer eso, pero viendo los resultados, decidí no quejarme.

La verdadera sorpresa nos la llevamos los tres al ver que el castillo del demonio se hallaba prácticamente frente a nosotros.

Solo que con la niebla era imposible de ver.

Incluso durante el día.

Con que la niebla sí era un hechizo para esconder la ubicación del castillo después de todo.

El mismo se alzaba frente a nosotros, con unas imponentes torres que parecían estirarse con la intención de alcanzar el oscuro cielo.

—¿Que hacemos?

—preguntó Dikon.

—Considerando que estamos tan cerca, supongo que no tendría sentido alejarnos solo para regresar mañana.

Además, dentro de poco amanecerá.

Yo digo que entremos ahora y le pongamos fin a esto de una vez.

—¡Fufufu!

Y todo gracias a mis sorprendentes habilidades de diosa.

Más te vale ir pensando en comprarme un vino cuando volvamos a Axel.

—¿No se supone que somos un equipo?

Intentando hacer caso omiso a las demandas irracionales de Aqua, tomé a Kronos con fuerza y preparé mi escudo.

—Muy bien.

Rescatemos a esas jóvenes —dije.

*** El demonio se agitó en el interior de su castillo.

Por alguna extraña razón se empezó a sentir muy incómodo.

Y entonces lo notó.

¿La barrera?

No puede ser.

¿Acaso alguien la hizo desaparecer?

¿Pero cómo?

¿Quién?

¿Un aventurero?

No.

Eso no tenía sentido.

Estaba seguro que la ciudad más cerca del Bosque de la Perdición (o por lo menos, así es como le habían puesto esos tontos humanos, ¡Ja!) era Axel.

La ciudad de los aventureros principiantes.

Por lo que la sola idea de que hubiese alguien allí, con el poder suficiente para deshacer la barrera que el mismo había creado con tanto esfuerzo, era algo totalmente absurdo.

Sin embargo, la barrera ya no estaba.

Eso era un hecho.

¿Pero entonces quien fue?

Y entonces su cuerpo se estremeció a un más cuando recordó lo que le había pasado Belida.

¿Acaso Axel no había sido la última ciudad en donde había estado el dullahan antes que lo derrotaran?

¿Y sí ahora la misma amenaza se presentaba ante sus puertas?

O peor aún, ¿y si venían a quitarle sus preciados trofeos?

Aquello que tanto le había costado conseguir y con lo que esperaba empezar una nueva vida.

No lo iba a permitir.

Si alguien era lo suficientemente tonto como para entrar a sus dominios, con la intención de robarse a sus mujeres, el demonio sencillamente no lo iba a permitir.

¡Les daría batalla!

Haciendo uso de su magia, cerró los ojos y se concentró todo lo que pudo.

Un poco más.

Solo un poco más.

¡Listo!

¡Lo tenía!

Se trataba de dos jóvenes y una mujer.

¡Idiotas!

¿Y pensaban que eso solo bastaría para detenerlo?

El demonio soltó una carcajada fría y siniestra.

Quizás alguno de ellos sea un mago con mucha suerte y por eso pudieron deshacer la barrera.

Pero definitivamente no había forma de que pudieran derrotarlo.

Que se joda Beldia, si fue tan tonto como para confiarse en el combate y acabar asesinado por unos aventureros novatos.

Él no cometería el mismo error.

Entonces, en aquella oscura habitación, el demonio recordó que había pasado un buen tiempo desde la última vez que había comido.

Se relamió los colmillos.

Y de pronto ya no estaba nervioso, sino impaciente.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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