Una aventura erótica con esta autoproclamada Diosa - Vol 1 - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 ¡Un compañero para estos desdichados aventureros!
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2: ¡Un compañero para estos desdichados aventureros!
2: ¡Un compañero para estos desdichados aventureros!
—Entonces… ¿Te expulsaron de tu grupo porque te negaste a hacer misiones de nivel alto?
—preguntó la diosa y le dio otro sorbo a su cerveza recién comprada.
—No.
¿Es que acaso no escuchaste ni una sola palabra de lo que acabo de decir?
Me expulsaron del grupo justamente por ser el único en querer hacer misiones de nivel alto.
—Mm, ya veo.
Bueno, en ese caso, supongo que tiene sentido —Aqua le dio otros dos largos sobros a su cerveza y luego se lamió los labios superiores.
Como si no quisiera desperdiciar ni una sola gota—.
¡Ah, que buena está!
—¿A qué te refieres?
—La cerveza.
¿No la probaste?
Está deliciosa.
Supongo que el hecho de que la pague otro le agrega un plus al sabor, ¿no lo crees?
—No estaba hablando de la cerveza.
Me refiero a lo que dijiste con eso de que tiene sentido que mis compañeros me expulsaran del grupo.
Aqua levantó las cejas y me miró asombrada con sus ojos color de mal.
Los cuales parecían brillar bajo las amarillas luces del gremio.
—¡Oh!
Me refiero a que sí estaban bien con las misiones que venían haciendo hasta ahora, ¿para qué complicarse la vida con las misiones de nivel alto?
Es un esfuerzo innecesario, ¿no te parece?
Ella una vez más se llevó el jarro de cerveza a los labios y echando la cabeza hacia atrás comenzó a dar repetidos tragos hasta vaciar todo el contenido.
Para finalmente apoyarlo contra la mesa, produciendo un fuerte “toc”.
—¡Bwah!… ¡Deliciosa!
No podía creerlo.
De buenas a primeras me encontraba con la misma chica responsable de mi reencarnación en este mundo.
Y no solo eso, sino que ahora me encontraba lo más campante bebiendo una cerveza con ella.
Cerveza que por cierto tuve que pagar yo.
Luego de que esta autoproclamada diosa me culpara de haberle tirado la que ella tenía.
Lo más sorprendente de todo esto, es que la misma Aqua acabó siendo arrastrada a este mundo un tiempo después de mi llegada.
Y todo gracias a que un tal Kazuma Sato (otro reencarnado) la eligiese como su “ítem especial”.
Al escuchar esto no pude evitar sentir una punzada de rabia y hasta envidia.
Siendo que yo había pensado exactamente lo mismo.
¡Mierda, Kaizer!
¿Por qué no hiciste caso a tus instintos?
Ahora bien que podría estar acompañado de una diosa hermosa y tener todas sus habilidades a mí disposición.
O por lo menos eso es lo que había pensado en un principio.
Puesto que, a juzgar por lo poco que me había contado Aqua, su grupo también era un desastre.
Compuesto por un joven ex hikikomori, quien aparentemente era tan patético que no podía aspirar a otra cosa más que pertenecer a la clase aventurero (la más básica y débil).
Una demonio carmesí que solo podía utilizar un hechizo por día (por cierto, ¿Explosión?
eso sonaba realmente peligroso) y por si eso fuera poco, una crusader incapaz de conectar un solo golpe.
Para tener compañeros así, mejor es estar solo.
Y no es como si Aqua se diferenciara mucho del resto.
Si bien ella intentaba ocultar su propia inutilidad, contándome las cosas como si ella fuese el miembro más destacado y confiable del grupo, yo no era ningún idiota.
Hace unos días, durante una pelea contra uno de los generales del Rey Demonio, en una maniobra más que cuestionable, Aqua había lanzado un hechizo que terminó inundando toda la ciudad.
Causando enormes destrozos.
Y si bien el general acabó siendo derrotado, el dinero por la recompensa no solo fue a parar a los gastos de reparación, sino que, además, por culpa de Aqua, el grupo de Kazuma acabó contrayendo una importante deuda.
Por lo que quizás me ahorré uno o dos problemas al no haber escogido a Aqua como mi objeto especial.
—Gracias por la cerveza…Um, ¿Me dijiste que tu nombre era…?
—Kaizer —respondí secamente—.
En verdad no puedo creer no recuerdes mi nombre cuando te lo acabo de decir.
—No es mi culpa, ¿sabes?
Antes de venir aquí me la pasaba guiando a los recién fallecidos al más allá.
Es imposible que me acuerde de todos.
Supongo que algo de razón tenía.
—¿Y cómo te resulta vivir aquí?
Me imagino que al ser una diosa, tener que abandonar todos los lujos del Paraíso y pasar a vivir entre los mortales no debe haber sido nada fácil.
Aqua consideró bien la pregunta antes de responder.
—Ummm…es cierto que en un principio estaba muy molesta.
Pero ahora que llevo un tiempo viviendo aquí, diría que este mundo no está tan mal.
Puedo estar tirada en el sillón bebiéndome un rico espumoso.
O si no salir a comer.
Reí entre dientes.
—Parece que alguien se ha estado dando la gran vida —concluí—.
Y yo aquí, tratando de llevar a cabo la misión que me encomendaste.
Aah, yo también quisiera vivir en una mansión llena de lujos.
—De todas maneras, las cosas no me han estado saliendo nada bien últimamente —dijo de pronto Aqua con una voz más seria.
—¿Es en serio?
Pues si que se me hace difícil de creer, teniendo en cuenta todo lo que acabo de escuchar.
Aqua tomó el jarro de cerveza vacío y con el dedo índice se puso a raspar las sobras que habían quedado en el fondo.
Al sacarlo, la punta del dedo estaba húmeda y con un poco de espuma.
Luego se llevó el dedo a la boca y lo chupó.
Quizás fue solo idea mía, pero me pareció oírla susurrar algo así como “Mierda, lo convertí en agua”.
—Estoy endeudada, Kaizuro.
—Esteee, es Kaizer —la corregí—.
—Kaizer.
Lo siento.
Y justamente porque estoy endeudada es que me encontraba viendo el tablón de misiones.
Pero las únicas que pagan bien son las misiones de nivel alto.
—Ya veo.
Oye, ¿Y puedo preguntarte como es que terminaste con una deuda tan grande?
Oí lo de la inundación cuando derrotaron a aquel general del rey demonio, pero… —¿Eh?
¡Oh!
No, no, no, no.
No me refería a eso.
Bueno, la deuda ocasionada por la inundación si fue un problema que tuvimos que resolver entre todos.
Donde se podría decir que tuve algo de culpa, jeje.
Pero yo me refería a otra deuda.
—¿Otra deuda?
Aqua bajó la mirada y comenzó a rascarse la cabeza con el dedo, como si estuviese avergonzada de sí misma.
—Bueno, a ver ¿Cómo te lo explico?
Aparentemente esta autoproclamada diosa había estado llevando una vida con todo tipo de lujos a costa de gastar más dinero del que tenía.
Yendo a comer a los lugares más caros de la ciudad, comprando los vinos más lujosos y, por si eso fuera poco, una buena parte de la inconmensurable suma de dinero que debía, la había generado en base a apuestas.
Por lo que sus compañeros, hartos de tener que lidiar con esta diosa que no hacía otra cosa más que meterse en problemas, le dijeron que está vez se las tendría que arreglar sola.
Argumento que ya bastante se las habían aguantado con tener que dividir la deuda ocasionada por los destrozos de la ciudad.
Cuando la principal responsable no era más que la personita que tenía sentada frente mío en este preciso momento.
—Empiezo a pensar que si no fuese porque fuiste tú la que me envió a este mundo, en lugar de diosa pensaría que eres una loca que se fugó de alguna clinica psiquiátrica.
—¡Oye!
¡Eso fue muy grosero de tu parte!
—chilló Aqua—.
Llamar loca a una diosa es una ofensa que claramente amerita un castigo divino, ¿sabes?
Así que será mejor que te disculpes ahora mismo comprándome otra cerveza.
—Lo siento, lo siento.
Nunca dije que no te creyera.
Es solo que justamente porque sé que eres una diosa es que quizás hubiese esperado otro tipo de —hice una pequeña pausa— ya sabes, comportamiento de tu parte.
Aqua me escudriñó con sus ojos azules.
—De alguna manera eso sonó más ofensivo de lo que dijiste antes.
De pronto se llevó una mano al pecho y se enderezó con orgullo: —Además, no cualquiera puede presumir de estar sentado frente a una chica tan linda como yo.
Por lo que deberías estar agradecido de poder regocijarte ante mi presencia.
Más allá de sus palabras impregnadas de soberbia, tenía que admitir no estaba alardeando en vano.
Ya que por un momento no pude hacer otra cosa más que permanecer embelesado por la belleza que irradiaba Aqua.
Y no me refería solo a una cuestión física.
Después de todo, tanto mi antiguo mundo como este estaba repleto de mujeres hermosas.
No, en este caso había algo más.
Un carisma, un atractivo que perforaba las barreras de lo estético y que de alguna manera me hacía sentir agraciado solo por estar sentado frente a ella.
La cara de idiota que llevaba en ese momento debió haberme delatado, porque tras un momento de silencio vergonzoso, Aqua volvió a hablar.
Inclinando levemente la cabeza hacia un costado como si intentara leer mis pensamientos.
—Disculpa, pero ¿Te sucede algo?
—¡¿Eh?!
N-No.
Para nada.
¡Dos jarros más de cerveza por favor!
—le grite a la mesera que justo pasó cerca.
Al escuchar eso Aqua levantó las cejas y sonrío con picardía.
—Oh…ya entiendo hacia dónde vas.
Crees que si logras emborracharme lo suficiente podrás llevarme a la cama y así dar rienda suelta a tus impulsos carnales, ¿no es así?
—¿Qué?
¿Cómo haces siquiera para llegar a una conclusión así?
Además, ¿no fuiste tú la que me pidió otro jarrón de cerveza?
¡Solo estoy siendo amable!
—Supongo que tienes razón.
Bueno, entonces, ¿Que vas a hacer con las misiones de nivel alto?
¿Piensas hacer alguna?
—Con respecto a eso, estaba pensando en que podríamos formar un grupo de forma temporal entre los dos.
Ya que ambos necesitamos dinero, ¿qué te parece?
Al escuchar esto último Aqua me miró atónita, para luego estallar en carcajadas —¿Quieres que forme pareja contigo?
¿Lo dices en serio?
¡Sukusukusuk!
¿Y por qué habría de querer formar pareja con alguien tan patético que hasta sus propios compañeros echaron de su grupo?
—Ya te expliqué como fueron las cosas, lo que sucedió es que…espera, ¿me llamaste patético?
—¿Uh?
No, no lo hice.
—Si lo hiciste.
—No lo hice.
¡Dios!
¡Esta mujer era algo de no creer!
Ahora entiendo por qué me costaba tanto creer que fuera una diosa.
Todo rasgo de divinidad o resemblanza con cualquier tipo de ente celestial o lo que sea, desaparecía en cuanto abría esa bocota.
—¿Sabes qué?
Tienes toda la razón.
Fue una pésima idea —le dije.
Sintiéndome un idiota—.
Será mejor que me vaya.
Puedes tomarte mi cerveza, si quieres.
Me levanté de la silla y dejé el dinero por las dos cervezas sobre la mesa.
—¡Ey!
Espera, ¿A dónde vas?
Aqua también se levantó de su silla.
—Que pregunta.
Ya me voy a dormir.
Es tarde.
—¿Y qué vas a hacer con las misiones?
—Supongo que regresaré mañana temprano y buscaré alguna que no sea tan difícil.
La diosa juntó sus dedos índices y empezó a chocarlos entre sí.
Apenada.
—Estee… P-Pensándolo bien, tampoco me molestaría tanto formar equipo contigo.
Si de esa forma puedo ganar el dinero que necesito para pagar mis deudas.
—Oh, ¿De verdad?
Que extraño, creí que para ti solo soy un aventurero patético.
Ella infló los cachetes en un gesto casi infantil y me miró enfada.
Como si fuera una niña pequeña a quien los padres acababan de regañar.
—A-Además, teniendo en cuenta que fui yo la que te envió a este mundo, me sentiría muy mal conmigo misma si te pasara algo.
Después de todo, mi reputación como diosa está en juego.
Así que deberías darme las gracias por ser tan generosa.
—Ajam…
Bueno, a mí se me hace que solo buscas a alguien que haga el trabajo sucio por ti.
—¡Ey!
¡Soy una diosa!
Por lo que puedo arreglármelas perfectamente sola, ¿sabes?
—En ese caso, ¿Por qué simplemente no escoges cualquier misión de nivel alto y eliminas a los monstruos con tus poderes de diosa o lo que sea?
—E-Es que no es tan sencillo para mí…
Si bien es cierto que cuento con una amplia variedad de hechizos curativos y al ser una diosa del agua también puedo purificar cualquier liquido con solo tocarlo, prácticamente no tengo habilidades ofensivas.
Por eso me resulta casi imposible exterminar monstruos por mi cuenta.
—Momento, ¿dijiste diosa del agua?
—Así es.
Mientras sea de consistencia liquida puedo purificar cualquier cosa que toque, convirtiéndola en agua.
¡Observa bien!
Y entonces, Aqua tomó uno de los jarros de cerveza que la camarera acababa de dejar en nuestra mesa y colocó su dedo en el interior.
Para mi sorpresa, todo el contenido comenzó a convertirse en agua casi de manera instantánea.
Luego simplemente me ofreció el jarro, como diciéndome “este es el tuyo” mientras ella tomaba el otro -el que todavía tenía cerveza- y comenzó a beberlo a grandes sorbos.
—¿Y bien?
¿No soy la mejor?
—Sus palabras fueron más a una afirmación que una pregunta.
Yo simplemente miré mi jarro de cerveza (el cuál ahora solo tenía agua común y corriente) luego a Aqua, al jarro una vez más, a Aqua de nuevo… Esta diosa…es completamente inútil, dije hacia mis adentros.
Y dicho esto, comencé a caminar rápidamente hacia la puerta del gremio.
Sin mirar atrás.
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