Una aventura erótica con esta autoproclamada Diosa - Vol 1 - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 ¡Un lugar para consumar este absurdo pacto!
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4: ¡Un lugar para consumar este absurdo pacto!
4: ¡Un lugar para consumar este absurdo pacto!
—¡Espera!
¡Espera!
¡No fue eso lo que quise decir!
¡Déjame que te explique!
—me oí a mismo gritar al tiempo que extendía ambos brazos hacia adelante en un gesto casi suplicante.
Aqua me miró con los ojos entrecerrados.
Su puño, imbuido en una cantidad de poder inconmensurable (el cuál había pasado a formar una llama de varios colores refulgentes) ya se encontraba en el aire.
Listo para estrellarse en mi insolente rostro.
—¡Me acabas de pedir sexo a cambio de que seamos compañeros!
—protestó ella— ¡Eres de lo peor!
¡¿Hasta qué punto puede llegar un hikikomori con su perversión?!
—¡No, no!
¡No es eso!
Me has entendido mal.
—¿Huh?
¿Que es lo que quieres decir?
—indagó Aqua.
Sus enormes ojos azules desbordaban desconfianza.
—Deja que te lo explique con más calma, ¿quieres?
Ella simplemente se cruzó de brazos (¡Por lo menos logré que bajara ese puño amenazante!) y me sostuvo la mirada sin decir más nada.
Así que lo interpreté como una señal para continuar.
Suspiré profundamente y empecé a hablar de la manera más clara posible.
—En primer lugar, ya te dije que no soy un hikikomori —expliqué— Y en cuanto a lo otro…
Vamos Kaizer, ya llegaste hasta aquí, ¿Qué es lo peor que te puede pasar?
A parte de que te quedes sin cabeza, claro.
—…Es decir…lo de tener sexo…
—Aja.
Lo de tener sexo— asintió ella.
—Es cierto que dije eso…¡P-pero no a cambio de que seamos compañeros!
Dicho de esa manera, me haces quedar como una persona horrible.
Aqua se lanzó contra mí y comenzó a darme golpes en el pecho.
—¡AAAAARRRGH!
¡No puedo creer que lo hayas vuelto a decir!
¡Es que definitivamente lo eres!
¡Eres una persona horrible, horrible, horrible!
¡Mereces que te caiga un rayo en este mismo instante como castigo divino!
Tomé los brazos de Aqua para que dejara de golpearme (la verdad es que pegaba bastante fuerte) y procedí a explicarle los detalles de nuestro “acuerdo” mientras ella no paraba de fulminarme con su mirada.
—Intenta verlo de esta manera: Si formamos equipo, yo me encargaría de derrotar a los monstruos de las misiones de dificultad alta, mientras todo lo que tendrías que hacer tú es curar mis heridas en caso de presentarse la situación.
Solo con hacer eso, estarías llevándote la mitad de la recompensa.
Dirigí mi atención hacia el tablón de anuncios, específicamente hacia la sección de misiones de dificultad alta.
Aqua hizo lo mismo.
—La misión por matar al Rey Lich, por ejemplo, ofrece una recompensa de diez millones de eris.
En ese caso, tu obtendrías cinco millones solo por darme soporte.
Lo cual, si tenemos en cuenta mis habilidades, es algo realmente poco probable de que suceda.
Claramente mentí como bellaco con eso último.
No había forma de que no resultara dañado si me aventuraba a hacer una misión tan difícil como esa yo solo.
Pero Aqua no tenía por qué ni cómo saberlo.
—Y eso porque solo estoy tomando como ejemplo la misión de matar al rey Lich.
Seguramente, a medida que vayamos completando misiones irán apareciendo otras con recompensas incluso más altas.
Por lo que saldar tus deudas sería solo una cuestión de tiempo.
A medida que iba explicando mi estrategia pude notar como la expresión en el rostro de la diosa comenzaba a suavizarse poco a poco.
Y hasta pude percibir un brillo en sus ojos claros y azules ante la idea de librarse de sus deudas para siempre.
Sin embargo, llevarme esta diosa a la cama no iba a ser una tarea fácil…
—No voy a negar que lo que propones tiene algo de sentido.
Sin embargo —Aqua se cruzó de brazos y me miró con arrogancia— eso no significa que acceda a acostarme contigo.
Soy una diosa, ¡una diosa!
¡La gente en este mundo me venera!
¡No puedo ir por la vida acostándome con el primer aventurero que se me cruce solo para ganar unas monedas!
—Bueno, en ese caso supongo que ya no hay más nada que hablar.
¡Suerte con tu deuda!
¡Oh!
Ahora que lo recuerdo, quizás puedas ganar dinero fácil trabajando en el local de las súcubos.
—¿Q-Qué?
-preguntó Aqua.
Cuyo rostro parecía haber empalidecido de repente.
—Habías dicho que tu deuda era una fortuna en eris, ¿cierto?
—me llevé una mano hacia el mentón y comencé a frotarlo como para que pareciera que estaba sacando cuentas— Sí…
estoy seguro de que si trabajas como súcubo en ese local tan…prestigioso y querido por la mayoría de los aventureros hombres de Axel, conseguirás esa cantidad en un santiamén.
Al escuchar esto último, Aqua simplemente se quedó parada frente a mí, jugando con los dedos de sus manos, al tiempo que miraba nerviosamente hacia los costados.
Sin saber que decir o que hacer.
Al verla así, no voy a negar que sentí un poco de pena por ella.
Por ese mismo motivo decidí que haría el papel de malo, pero solo por hoy.
Sí, tal y como escucharon.
Mañana a primera hora regresaría al gremio y si por esas casualidades de la vida me la volvía a cruzar, simplemente le diría que hiciéramos equipo y listo.
Después de todo, mi día había sido tan malo, que no descartaba que quizás, subconscientemente, había decidido desquitarme con la pobre Aqua.
¡Por lo que ya estaba decidido!
Mañana buscaría a esta diosa autoproclamada y le pediría oficialmente que formáramos un equipo temporal.
Sin propuestas indecentes de por medio.
—Bueno, ¡nos vemos!
¡Otro día me cuentas como te fue con las deudas y nos tomamos otra cerveza!
Me di la vuelta y comencé a perfilar rumbo a la salida.
Hasta que de pronto nuevamente siento a alguien jalándome por atrás.
Al voltearme -como no podía ser de otra manera- veo a la diosa parada frente a mí.
Completamente derrotada.
Pobrecita.
—Nada de sexo —dijo.
Su voz casi un susurro.
—Te oí la primera vez.
¿Qué quería?
¿Acaso me detuvo solo para decirme eso?
De pronto sus manos me sujetaron con fuertemente el brazo.
Al punto de que hasta pude sentir sus uñas hundiéndose en mi piel.
Se mordió el labio inferior y con la vista clavada en el suelo empezó a murmurar.
—L…m…s —¿Eh?
—Las manos.
Su voz era apenas audible.
—¿Las manos…?
—repetí.
Entonces y solo entonces, la diosa levantó la cabeza y sus bellos ojos azules brillaron con determinación bajo las luces del gremio.
—Lo haré…solo con las manos.
Tendrás que conformarte con eso.
Momento.
¿Ella en verdad está sugiriendo lo que yo creo?
—De acuerdo —me oí a mí mismo decir.
No había mucho para pensar, la verdad.
Aqua continuó mordiéndose el labio, visiblemente conmocionada ante las palabras que acababan de salir de su boca.
—Necesito otra cerveza —dijo.
*** Regresamos a la mesa en donde habíamos estado sentados y tras acabarse la cerveza en un solo trajo, Aqua apoyó el jarró con fuerza sobre la superficie de madera.
¡TOC!
—Bueno, ahora que terminaste tu cerveza, ¿Qué te parece si comenzamos?
—¿EEEEEEEH?
¿Q-quieres hacerlo aquí?
—las mejillas de la diosa volvieron a sonrojarse al tiempo que abría los ojos como platos.
¿Qué le pasaba a esta mujer?
¿Acaso pensaba que era algún tipo de exhibicionista o algo así?
—El gremio cuenta con habitaciones para los aventureros que no tienen donde pasar la noche.
No son para nada un lujo, pero para lo que la usaremos nosotros debería ser más que suficiente.
—¡Ey!
¡No sé que es lo que estará pasando por esa cabeza pervertida tuya, pero no pienso hacer más de lo que te ofrecí, ¿me oíste?
¡Así que nada habitaciones ni…cosas raras!
—¿Oh?
¿Entonces prefieres hacerlo aquí?
Bueno, en ese caso…dame un segundo, ¿sí?
—me levanté de mi asiento y me llevé las manos a la cremallera.
Sobra decir que todo esto no era más que una burda actuación de mi parte.
No había manera de que me desnudara en medio del gremio, más aún cuando estaba abarrotado de gente.
Sin embargo, debo decir que valió la pena ver la reacción de la diosa.
Quien aparentemente creyó que iba en serio, por lo que inmediatamente se levantó de su asiento prácticamente de salto.
—¡Está bien, está bien!
Tienes razón.
Q-quizás si necesitemos una habitación después de todo.
Comenzamos a avanzar hacia la recepción del gremio y como Aqua iba caminando por delante, no pude evitar echarle una mirada a su trasero.
Si no me equivoco, era la primera vez que lo veía desde tan cerca.
De hecho, cuando nos conocimos en aquella habitación vacía, luego de que yo acabara de morir en mi antiguo mundo, ella había permanecido la mayor parte del tiempo sentada en aquella silla.
Por lo que más allá de admirar la belleza indiscutible de su rostro angelical, con aquel cabello largo y azul y esos ojos que parecían dos zafiros, digamos que no había tenido muchas chances de apreciar su…su…bueno, sus otros atributos.
Y si bien yo ya tenía una sospecha, debo decir que aquello con lo que se estaban deleitando mis ojos en esos momentos, era incluso mejor.
Mientras que la mini falda de su traje azul ya era lo suficientemente sugestiva, la enagua traslucida que conectaba con el dobladillo, dejaba muy poco lugar para la imaginación.
La parte inferior de sus firmes y blancas nalgas asomaban por debajo de la trasparente prenda con cada paso que la diosa daba.
Era como si me estuviesen desafiando a que las tocara.
Levantándole primero la falda para finalmente cerrar los dedos alrededor de su nalga y probar aquella blanca y delicada piel hasta quedarme satisfecho.
De pronto, como si me estuviese leyendo el pensamiento, la diosa giró sobre su hombro, dirigiéndome una mirada que parecía decir: “¿Qué tanto es lo que ves ahí, uh?” Para cuando llegamos al mostrador no tuve más remedio que apoyar todo mi cuerpo hacia adelante, en un intento desesperado por ocultar lo duro que me había puesto ahí abajo.
—Quisiera una habitación, por favor —le dije a la bella recepcionista, tratando de sonar lo más normal y calmado posible.
Fiel a su forma de ser, la muchacha sonrió con gentileza y una vez que coloqué el dinero sobre el mostrador (alrededor de unos 2000 eris aproximadamente) me entregó una simple llave de bronce atada a un cartoncito rectangular, el cuál tenía escrito el número “2”.
—Las habitaciones están en el segundo piso —señalé y comencé a caminar hacia las escaleras, dando por sentado que Aqua me seguiría.
Pero…
—¡Espera!
—chilló ella de repente.
—¿Y ahora qué sucede?
—¡No pienso subir junto a ti para que todo el gremio me vea!
—¿Huh?
No veo cual es el problema.
No es como si fuésemos a hacerlo indebido.
—¡Claro que sí!
—replicó de manera cortante— Además, mis compañeros todavía están aquí.
No quiero que me vean subiendo las escaleras en compañía de un desconocido.
Tras decir aquello Aqua se dio la vuelta y comenzó a inspeccionar los alrededores.
Yo seguí su mirada y enseguida pude notar que entre la muchedumbre destacaba un grupo de tres personas, quienes parecían estar mirando en nuestra dirección: Un joven con una capa verde, una mujer de cabello rubio vistiendo una armadura ostentosa, y por un último, una jovencita con una capa y un sombrero puntiagudo.
Los tres llevaban miradas de curiosidad en sus rostros, como si intentaran descifrar que es lo que estaba haciendo con su compañera.
O mejor dicho, en que lio se había metido su compañera esta vez.
Al comprobar que los miembros de su grupo continuaban allí sentados, Aqua volvió a poner su atención en mí: —Oye Kaizuro —susurró, cubriendo su boca con una mano— te dieron la habitación número 2, ¿no es así?
Sube tu primero.
Yo te alcanzaré luego.
Kaizer.
Mi nombre es Kaizer.
Pero en lugar de corregirla por quinta o sexta vez en lo que va de la noche, simplemente suspiré resignado y asentí con la cabeza.
—Está bien -dije.
Seguramente quería dar aviso a sus compañeros de que tenía algo que hacer antes de regresar o alguna excusa similar para que no sospecharan.
Sea lo que fuere, decidí no darle más vueltas al asunto y comencé a subir las escaleras confiando en que la diosa cumpliría con su palabra.
El segundo piso del gremio de Aventureros consistía básicamente en un estrecho pasillo con cuatro puertas de cada lado.
Cada una de ellas con un número.
El pasillo parecía doblar hacia a la izquierda, por lo que supuse que había más habitaciones.
Sin embargo, al tener la número 2 no tuve que caminar demasiado, por lo que simplemente abrí la puerta con la llave de bronce que me dio la recepcionista y entré.
Tal y como lo esperaba, si bien la habitación no disponía de lujos, tampoco podía decir que era precaria.
Había una cama con sábanas blancas y limpias, un escritorio, una silla, e incluso una ventana desde donde se alcanzaba a ver toda la ciudad de Axel.
La cual en aquellos momentos parecía dormir plácidamente bajo el cielo estrellado.
Tras echar un vistazo general por la habitación, decidí sentarme en la punta de la cama y esperar a Aqua.
Al pasar un rato (unos quince o veinte minutos) comencé a pensar que quizás la autoproclamada diosa se acobardó a último momento y había decidido emprender la vuelta junto con sus compañeros.
Fue en ese momento cuando escucho dos ligeros golpes provenientes del otro lado de la puerta.
Me sobresalté.
Era algo de no creer.
¿Cómo es posible que algo que dije sin pensar haya logrado escalar hasta estas instancias?
¿Realmente una diosa estaba a punto de entrar por esa puerta para darme placer como nunca antes me lo habían dado?
Mientras pensaba eso sentí un escalofrío en la espalda que me hizo estremecer.
No vi la necesidad de cerrar la puerta con llave.
Por lo que relajé los hombros y esperando que el tono de mi voz no delatara lo nervioso que me había puesto dije: —Está abierto.
La rustica puerta de madera crujió un poco al momento de abrirse muy pero muy lentamente.
Y un instante después, la figura de la diosa del agua se reveló ante mí en todo su esplendor.
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