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Una cabeza piensa mejor… sino tiene cuerpo - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 señor d elos cielos parte 12
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13: señor d elos cielos: parte 12 13: señor d elos cielos: parte 12 En el vacío del espacio exterior, donde cientos de naves de distintas organizaciones orbitaban un mismo planeta como buitres pacientes, se encontraba la Neo-3 , una de las naves insignia de la Torre Blanca.

Desde el exterior, su estructura plateada reflejaba la luz de estrellas distantes.

En una de sus muchas habitaciones privadas, un hombre y una mujer compartían una mesa baja, decorada con delicadeza.

Entre ellos, dos tazas de té desprendían un aroma suave y embriagador, una mezcla que ambos adoraban.

La mujer vestía un llamativo vestido rojo, ajustado a su figura voluptuosa, con un escote que dejaba el busto peligrosamente expuesto.

No parecía importarle en lo más mínimo la atención que provocaba; al contrario, la aceptaba como algo natural.

El hombre, sentado frente a ella, llevaba una camisa negra ceñida a su cuerpo atlético.

Su postura era relajada, pero su mirada denotaba experiencia… y cansancio.

Ambos eran maestros de la Torre Blanca.

Josam , el gran maestro de artes marciales.

Grendi , la temida y respetada maestra de pociones.

—Crees que ya se hayan dado cuenta los niños?

—preguntó Grendi, con una sonrisa cargada de intención, mientras llevaba la taza a sus labios.

Josam no respondió de inmediato.

Observaba el planeta gris a través del ventanal, una esfera apagada, silenciosa… que de seguro se combertira en un futuro campo de batalla.

—Supongo que sí —dijo al final.

Grendi ladeó la cabeza.

— ¿Qué es lo que te preocupa?

Josam no apartó la mirada del planeta.

—Que nos odien —respondió con franqueza—.

Cuando salgan de ahí… nos van a odiar.

Grendi dejó la taza sobre la mesa con suavidad.

—De eso no tengas dudas —admitió—.

Pero es por el bien de nuestro sistema.

Necesitamos con urgencia que nazca un nuevo Pilar.

No eran los únicos que tenían aquel dilema.

Josam cerró los ojos un instante y soltó un suspiro pesado.

Si esto hubiera ocurrido un par de siglos atrás, no habría tenido ningún problema con el radicalismo de lo que estaban haciendo.

En aquella época, el puño más fuerte era el que tenía la razón.

Pero ya no.

Ahora había leyes.

Regulaciones.

Comités.

Un orden establecido.

Por un lado, aquello era progreso.

Por el otro… le habían robado parte de la emoción a la vida, eso es lo que dicen la mayoría de los viejos monstruos que aún quedan con vida.

—Aun así —dijo, girándose por fin hacia ella—, me sorprende que dejes a tu estudiante participar en un bizarro juego.

Grendi no respondió de inmediato.

Sus dedos rodearon la taza, pensativa.

—Está acompañada —dijo finalmente—.

El del físico Yin y el prodigio en runas están con ella.

No le pasará nada.

Josam recordó a aquella joven.

Siempre le había parecido una lástima que se inclinara por la nigromancia.

Con su talento, de haber elegido las artes marciales, sin duda habría terminado bajo su tutela directa.

Tenía la confianza de convertirla en un atento artista marcial.

Era, la arrogancia que tenían todo artista marcial contra los magos.

Y no era la única.

Pensándolo mejor, aquel lote de veinte… era especial.

Había verdaderos monstruos ocultos entre ellos.

Arnol, por ejemplo.

Perezoso, desinteresado… pero con un potencial que Josam esperaba ver explotar en ese entorno brutal.

Cada organización del sistema Géminis había enviado a sus veinte mejores semillas a participar en aquel juego secreto.

Un juego diseñado para romperlos… o convertirlos en algo superior.

—Será una batalla campal —murmuró Josam—.

Solo el más apto sobrevivirá.

—Y tú esperas que sea uno de los tuyos —sonrió Grendi.

—Espero que sean varios.

Grendi tomó otro sorbo de té antes de hablar de nuevo.

—Por cierto… las bandas criminales ya están haciendo sus jugadas.

Josam frunció el ceño.

Luego sonrió.

—Esos idiotas no saben que solo se les permitió entrar como piedras de afilar.

Necesitaban gente cruel.

Salvaje.

Despreciable.

Pecado moral.

Los niños debían madurar rápido.

Grendi soltó un suspiro, esta vez cargado de fastidio.

Sabía lo que venía.

Muchos niños morirían.

Pero no había alternativa.

Desde que el Pilar de Géminis desapareció hacía una década, su sistema estaba al borde de perder el respaldo de la Alianza Zodiacal .

Si no daban a luz un nuevo Pilar pronto… todo se vendría abajo.

Entonces ocurrió.

Por debajo de la puerta, un líquido rojo comenzó a filtrarse.

Se arrastró por el suelo, burbujeó, se elevó… hasta adoptar una forma humanoide.

Era una mujer de curvas exageradas, hecha completamente de un fluido carmesí.

Al mirarlos, sonriéndome con una expresión capaz de helar la sangre.

—Disculpen la interrupción —dijo con voz mecánica—.

El maestro de artes marciales de la Torre de Babel solicita un duelo contra el gran artista marcial de nuestra academia.

Josam frunció el ceño.

Un segundo después… sonriendo con entusiasmo.

—Perfecto —dijo, poniéndose de pie—.

Justo lo que necesitaba para calentar el cuerpo.

Grendi se llevó una mano a la frente.

Poniendo los ojos en blanco.

—Hombres… —murmuró—.

Solo piensan en pelear.

Cruzando sus brazos haciendo maravillas en sus voluptuosos senos.

La figura roja le devolvió una sonrisa a Grendi, como si compartiera su opinión.

—¿Qué dijiste, perra anal?

¿Quieres pelear conmigo?

La voz de Nicol resonó en la habitación mientras hacía aparecer un enorme caldero de aspecto siniestro, cubierto de grabados antiguos.

Un regalo de Emanuel.

Según él, lo había encontrado en unas ruinas mientras huía de criaturas de nivel bronce.

—Alguien que disfruta que lo lastimen no tiene derecho a juzgarme, maldita trastornada —respondió Wuendoli , sacando un viejo libro de cubierta de cuero gastado.

Otro regalo de Emanuel.

Ambas se miraban con pura hostilidad.

Estaban a segundos de atacarse.

Todo por algo tan simple como insoportable.

Había un detalle que muchos ignoraban cuando escribían un harén.

Los días rojos.

Para colmo, Nicol y Wuendoli tenían el período casi el mismo día, lo que las regresaba especialmente irritables.

¿Y tú…?

Yo tenía que lidiar con esas dos fieras.

Empecé a sospechar que Emanuel se había ido porque presentaba este desastre.

—¡Paren ya con esto!

—grité, intentando mediar.

—¡Que se disculpe primero!

—dijeron ambas al mismo tiempo.

Carajo.

“¿Cómo demonios iba a manejar esta mierda?” —A ver —dije, respirando hondo—.

Díganme por qué están peleando.

Silencio.

Hasta que Wuendoli, avergonzada, murmuró: —Ella… ella dijo que yo era ninfómana… así que le dije que ella gemía como una put…— No quise escuchar más.

Invoqué a Franky y le di un golpe seco a ambas en la cabeza.

Luego las até.

—No las voy a soltar hasta que arreglen sus problemas —les advertí antes de salir a tomar aire.

“Si ese bastardo se atreve a abandonarme en mi día rojo, le meteré el puño en el culo”, pensé.

Luego negué con la cabeza.

No… mejor no.

No vayas a ser que descubras un nuevo mundo y termines perdiendo mi masculino semental.

Minutos después regresa a la habitación.

Las encontré abrazadas.

Wuendoli lloraba en el regazo de Nicol, como siempre.

— ¿Cómo carajo se desatoraron?

—pregunté, sentándome cerca.

Ya había pasado un mes desde que nuestra relación se había vuelto peligrosamente cercana entre los cuatro.

Y ese bastardo… No solo tomó mi cuerpo.

También mi corazón.

Desde que arriesgó su vida por mí, ya le pertenece por completo.

Así es la vida.

Me asusta en tan solo pensar en ese incidente.

Otro detalle que descubrimos fue que Emanuel tenía algo extraño en su cuerpo.

Cuando intentamos sanar una herida que debería haberlo matado, vimos cómo se regeneraba a una velocidad visible.

No sabía qué demonios era eso.

Pero me alegraba tenerlo a nuestro lado.

Wuendoli se sentó en mi regazo.

La abracé.

Desde que aceptamos esta relación poliamorosa… los límites dejaron de ser innecesarios.

Le bese en la frente, para que se relaje.

Wendolin es una mujer muy emocional.

Una hora después, Emanuel regresó.

Tenía el rostro serio.

Su ropa estaba destrozada otra vez, empapada en sangre.

—Chicas —dijo—.

Tenemos que hablar.

.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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