Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Una cabeza piensa mejor… sino tiene cuerpo - Capítulo 14

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Una cabeza piensa mejor… sino tiene cuerpo
  4. Capítulo 14 - 14 señor de los cielos parte 13
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

14: señor de los cielos: parte 13 14: señor de los cielos: parte 13 Hace mucho tiempo, al final de la Era Oscura, surgió una figura cuyo nombre todavía hace temblar a los viejos cronistas: Guzunrem, el Envenenador .

No era un demonio ni un dios caído.

Era algo mucho peor: un hombre que entendió que la forma más pura de poder nace cuando todo lo demás muere.

Creador del terrible veneno Gu.

Tomó una vasija inmensa, tallada en obsidiana y reforzada con runas prohibidas, y dentro arrojó a las criaturas más venenosas de todos los rincones del universo conocido: serpientes de nebulosas, arañas de éter, escorpiones nacidos en el corazón de estrellas moribundas, plantas carnívoras que crecían en los pulmones de mundos agonizantes… Las obligó a luchar.

A devorarse.

A envenenarse mutuamente sin descanso.

Meses.

Años.

Hasta que solo quedó una vida.

Una esencia.

Un veneno tan perfecto que ya no mataba: devoraba .

Con ese veneno Gu, Guzunrem borró de la existencia a un tercio del Universo Zodiaco.

Planetas enteros quedaron en silencio.

Estrellas se apagaron sin explicación.

Y cuando por fin cayó, abatido por una alianza de los mejores héroes de la época, de sus cenizas nació algo nuevo: el Código de Sanciones , que crearon la infame Lista de los Devil Lords .

Individuos malvados que son amenazas para el sistema y el universo.

Hoy, millas de años después, cuando alguien dice “esto es Veneno Gu”, todos entienden lo que significa: Solo uno sale vivo.

Y se lleva la fuerza de todos los que murieron.

Emanuel estaba sentado en el sofá d, con Wuendoli hecho un ovillo sobre su regazo.

Acabo de luchar con una Sombra roja.

El aire se congeló.

En menos de un segundo estábamos todos alrededor de él, revisándole el cuello, las muñecas, los ojos, buscando cualquier signo de envenenamiento.

La Organización Sombra Roja , reconocida organización de asesinos de toda la galaxia.

no fallaban.

Nunca.

Que Emanuel estuviera vivo después de cruzarse con uno de ellos era estadísticamente imposible.

—Tranquilas —dijo él con esa calma que nuca habíamos visto —.

Lo mate.

Y antes… conseguí información.

Baja la mirada.

Respir hondo.

Y entonces pronunció las dos palabras que no hizo temblar: —Veneno Gu.

Nicol se tapó la boca con tanta fuerza que se le marcaron los nudillos blancos.

—No… —susurró—.

Eso está prohibido.

Desde hace siglos.

Nadie puede…

Wundoli se acurruco más en el regazo de Emanuel, y yo, por otro lado comenzaba a resolver un rompecabeza que me había estado molestando.

Pero las piezas ya estaban encajando dentro de mi cabeza.

Emanuel y yo nos miramos al mismo tiempo.

Y en sus ojos vi el mismo pensamiento que yo tenía: Nicol no debería estar aquí.

No era casualidad que estuviera con nosotros.

La habían enviado.

Recordé entonces: el último mes antes del Torneo de las Elecciones, para venir a este planeta.

Los maestros de la Torre Blanca habían cambiado.

De repente, todas las clases giraban en torno a la Era Oscura.

Un Guzunrem.

Al Veneno Gu.

Nos estaban preparando.

No para ganar un torneo.

Nos estaban preparando para convertirnos en insectos dentro de una vasija gigante.

Las grandes organizaciones del Sistema Géminis —la Torre Blanca, la Espada Carmesí, el Círculo de Ébano, todas ellas— habían enviado a sus discípulos más talentosos a este planeta con recursos… no para que encontraran un tesoro o una reliquia.

Sino para que nos matáramos entre nosotros por esos recursos.

Un Veneno Gu a escala de sistema.

Sentí que algo dentro de mí se rompía.

No era rabia en solitario.

Tenía náuseas.

Era traición de mis maestros.

Wuendoli empezó a llorar sin hacer ruido.

Solo lágrimas grandes y silenciosas que caían sobre la camiseta de Emanuel.

Emanuel habló con voz baja.

—Desde este momento… tenemos que cuidarnos incluso de nuestros propios compañeros.

Apreté los puños hasta que las uñas se me clavaron en las palmas.

Quería gritar.

Quería encontrar a los maestros de la Torre y preguntarles mirándolos a los ojos: ¿Cómo pudieron mirarnos a la cara mientras nos condenaban?

Miré a mis amigas, que tenía los ojos rojos pero la mandíbula apretada.

Miré a mi hombre, que ya estaba calculando cuántas armas podíamos conseguir en este maldito lugar.

Y suspiré, aliviada por un segundo.

Al menos no estaba sola.

—Mientras sigamos juntos —dije—, podemos sobrevivir un año.

Emanuel soltó el aire lentamente.

—Un detalle más —dijo—.

El tiempo aquí no funciona como afuera.

Un mes en este planeta… equivale a un solo día en el resto del universo.

El silencio era tan pesado que casi se podía tocar.

Significaba que no íbamos a pasar un año.

Ibamos a pasar décadas en esta trampa.

Décadas viendo cómo nuestros compañeros se convertían en enemigos, en cadáveres.

—¿Por qué coño no nos dijeron nada?

—.

Nicol se dejó caer en el sofá.

Miraba al vacío.

Todavía no había asumido que su maestra, la mujer que había sido su ejemplo toda la vida, la había enviado a morir sin pestañear.

Desde ese día, el tiempo se volvió un enemigo más.

Entrenamos sin descanso.

Yo trabajaba con los cadáveres Emanuel conseguía; Mi colección de títulos zombies crecía cada semana, aunque nunca encontré suficiente esencia nigromántica en este lugar.

Wuendoli dibujaba runas en pedazos de papel con dedos temblorosos.

Nicol refinaba pasiones, y venenos.

Un mes después Teníamos que movernos.

Teníamos que encontrar recursos.

Teníamos que hacernos fuertes.

Mientras cruzábamos un bosque de monolitos de piedra negra tallados por vientos milenarios, dos figuras salieron corriendo hacia nosotros.

Un hombre y una mujer.

Rostro desencajado.

Ojos llenos de terror.

Al vernos gritaron: —¡Corran!

¡Corran ya!

Nos miramos entre nosotros.

Solo un segundo.

Y sin decir una palabra… Empezamos a correr tras ellos .

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo