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Una cabeza piensa mejor… sino tiene cuerpo - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 Señor de los cielos parte 16
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17: Señor de los cielos: parte 16 17: Señor de los cielos: parte 16 —Por los huevos del Antiguo… esto está delicioso.

Lo dije apenas probé el primer bocado de la comida que había preparado Komasu, un aspirante a chef mágico.

El sabor era intenso, cálido, casi reconfortante.

Demasiado, considerando el lugar en el que estábamos.

Lo habíamos conocido hacía apenas un par de horas, mientras huíamos de una experiencia desagradable.

Si no nos hubiéramos detenido, probablemente ahora seríamos nosotros los que estaríamos escapando, perseguidos por algo peor.

Durante la comida, nos habló de las llamadas academias escoria .

A diferencia de las academias tradicionales, que se encargan de formar a la juventud para que sea útil a la sociedad, las academias escoria hacen exactamente lo contrario.

Antes eran conocidas como academias demoníacas o no ortodoxas, debido a sus métodos brutales de enseñanza.

Asesinatos permitidos.

Ley del más fuerte.

La razón pertenece al que tiene el puño más fuerte.

Una filosofía obsoleta.

Peligrosa.

Si ese pensamiento volviera a dominar el universo, todo regresaría al caos absoluto de la Era Oscura.

Y eso era precisamente lo que esas academias deseaban.

No tendré piedad si nos atacan , pensé.

No tenía intención asesina…

pero sabía perfectamente cuándo dejar de contenerme.

Esa era la diferencia entre ellos y nosotros.

Noimy resultó pertenecer a la Academia de los Mil Sellos .

Lo supe al ver su uniforme gris con bordados dorados, aunque estaba desgarrado en los costados.

No por descubierto, sino por necesidad.

En este planeta, la movilidad era más importante que la apariencia.

Cuando la invitamos a bañarnos, nos abrazó con fuerza.

Temblaba de pura emoción.

—No me había bañado en más de un mes… La entendí al instante.

Como mujer, sabía lo importante que era.

Nosotras somos más frágiles en ciertos aspectos, especialmente en lo íntimo.

Un descubierto puede convertirse en una infección grave.

Mi madre siempre fue clara conmigo: el aseo no es un lujo, es supervivencia.

Mientras tanto, Emanuel y Komasu se congeniaron de inmediato.

Incluso hicieron sparring .

Y para mi sorpresa, el joven cocinero podía seguirle el ritmo a Emanuel.

Los chefs están peligrosamente subestimados.

Entrenan día y noche.

El control del cuchillo, el punto exacto del corte, la presión correcta, la precisión milimétrica.

Se dice que el fundador, Gastón Acurio, era tan diestro que deshuesó un pez cósmico sin darse cuenta… y que el esqueleto aún nada por el espacio.

Durante un descanso, Komasu nos contó su historia.

Su planeta estaba sumido en una guerra interna.

No había comida.

La gente moría de hambre.

Hasta que apareció el chef mágico Cury .

—Cocinaba… ¿piedras?

—pregunté incrédula.

—Piedras —confirmó—.

Y sabía que un pollo.

Una resolución.

Cualquier cosa.

Nos miramos todos al mismo tiempo.

Nivel dorado.

No había otra explicación.

Solo alguien en ese nivel podía lograr algo así.

Komasu había sido testigo de la cúspide del poder del Universo Zodiaco.

Desde entonces, decidió convertirse en chef para alimentar a los hambrientos del universo.

Un chico noble.

Demasiado.

Si no fuera por Emanuel, talvez en la noche ya lo hubiera montado.

De pronto, todos sintieron una presencia.

Noimy reaccionó primero.

Corrió sin pensarlo.

—¡Volviste!

La criatura que apareció un perro… pero estaba hecha de piedra, o quizás de algún mineral desconocido.

Era su mascota.

Lloraba mientras la abrazaba, y ella le pedía perdón una y otra vez, jurándole que jamás volvería a abandonarlo.

Noté algo más.

Noimy miró a Komasu con timidez.

Demasiada.

Era evidente que le gustaba, pero no tenía el valor de admitirlo.

Así que las tres sugerimos ayudarla.

Consejos, empujoncitos emocionales, ánimos.

Ojalá le fuera bien.

La despedida fue inevitable.

Komasu tenía sus propios objetivos.

Nosotros también.

Necesitaba un cementerio de cadáveres.

Él buscaba el legendario Árbol de Totoro , cuyas hojas se dicen que tienen el sabor de cualquier tipo de carne, pues había crecido absorbiendo la esencia de los muertos de ese mundo.

Desolado estaba lleno de historias así.

La Esposa de las Mil Esencias de Sangre.

El corazón aún latente de un antiguo amo universal.

El jardín de un alquimista legendario.

Herencias de héroes olvidados.

Cualquiera de ellas era motivo suficiente para una guerra.

Y en un mundo donde el caos estaba permitido… las guerras eran inevitables.

No hay academias en solitario.

También órdenes criminales.

Sindicatos de devillord.

Pensándolo bien… era lógico.

Las semillas necesitaban fortalecerse.

Y nada las fortalezas más que sobrevivir al infierno.

Hasta ahora, habíamos tenido suerte.

Demasiada.

Tres meses pasaron allí.

En el mundo exterior, apenas tres días.

No encontramos un cementerio, pero sí medicinas extrañas que Nicol refinó en pociones.

Emanuel avanzó hasta el tercer círculo de bronce y estaba a un paso del cuarto.

Wuendoly alcanzó el nivel del quinto de cobre.

Nicol llegó también al quinto círculo de cobre.

Yo…

al tercero.

Pero mis marionetas aumentaron de cinco a siete.

Mi límite.

Entonces Emanuel reveló su como bajo la manga.

—Tengo una Raíz de Jade.

Una planta capaz de aumentar un nivel completo.

El precio: una semana inmóvil.

Aceptamos sin dudar.

Yo no era una flor delicada que necesitara protección constante.

Al día siguiente, Emanuel se recluyó.

Nicol y yo salimos a explorar.

El bosque era extraño.

Árboles gruesos en la base que se afinaban hasta parecer palillos, con apenas unas pocas hojas en la punta.

Almacenaban agua en su interior.

Perfectos para acampar.

Cuando regresamos… Wuendoly no estaba.

Nos miramos.

El aire se volvió pesado.

Seguimos sus huellas hasta un claro.

Allí había una jaula.

Y dentro… estaba ella.

Intentó gritar.

No pudo.

El mareo llegó de golpe.

La visión se distorsionó.

El mundo se apagó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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