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Una cabeza piensa mejor… sino tiene cuerpo - Capítulo 18

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18: Señor de los cielos: parte17 18: Señor de los cielos: parte17 El sabor amargo en mi boca fue una clara señal de que aún seguía viva.Lo que significaba que nuestra situación era incluso peor de lo que esperaba: nos emboscaron.

Sí, nos confiamos demasiado… y nos emboscaron.

A pesar de haber despertado de la inconsciencia, seguí fingiendo que aún estaba inconsciente, buscando cualquier oportunidad para escapar de quienesquiera que fueran nuestros captores.

Con los ojos entrecerrados comencé a mirar a mi alrededor y noté que Wuendoli y Nicol estaban en jaulas distintas, cada una amordazada; seguramente porque habían intentado gritar.

Por mi parte, intenté comprobar si podía usar algún hechizo o invocar a mis zombis —como Franklin o el señor Cerdo—, que por el momento eran mi arsenal más potente.

Pero era imposible.

Al parecer, mis poderes estaban siendo sellados.

Estamos jodidas.Pensé en el instante en que noté que estábamos selladas.

Estábamos a merced de unos secuestradores.

Con la vista comencé a identificar de quiénes se trataba.

Había un grupo con túnicas moradas y una insignia de un hacha roja en la espalda.La Pandilla del Hacha.

Me estremecí al reconocerlos.

Esa banda criminal había sido un problema en todo el sistema Géminis.

Luego vi a otro grupo que, a diferencia de los anteriores, tenía todo el cuerpo tatuado con escamas negras.La Banda de la Serpiente Negra.

Otra pandilla criminal, famosa por su extrema crueldad.

Cuando uno de sus miembros es capturado, lo ejecutan al instante.

Personas horribles.

Pero la que más me estremeció fue una mujer que vestía ropa interior muy diminuta, exhibiendo todo su seductor cuerpo.

Tenía el cabello morado y las uñas largas, pintadas de negro.

A pesar de estar rodeada de delincuentes, todos parecían temerle; ni siquiera se atrevían a mirarla.

Había oído hablar de ella en las noticias.Undubara.

Se hizo conocida por la masacre que realizó en un pequeño planeta dedicado a la educación de niños de primaria.

Los envenenó en represalia por la captura de su hermano menor, un completo lunático.

Ambos hermanos tenían una recompensa del nivel más alto en todo el sistema Géminis, y se decía que una comisión de sanciones venía en camino para encargarse de ella.

Si eso era cierto… ojalá atraparan a la maldita perra.

Al parecer sintió mi mirada, porque volteó hacia mi jaula y sonrió.

—Al parecer nuestra última prisionera está despierta.

Su voz me hizo estremecer.

Maldita sea… lo había notado.

No había más remedio que incorporarme.

—¿Qué desean?

—pregunté.

El grupo se miró entre sí y estalló en risas.

Undubara se levantó y se acercó suavemente a mi jaula, sonriéndome.

—Flor Elena Briza…La poseedora del físico cósmico yin puro.Fuiste toda una sensación hace un par de años —murmuró—.

Sin duda sacaremos mucho metálico si te vendemos en el mercado negro.

Ya veo… pensé.

Así que a eso se referían los maestros cuando me decían que nunca viajara sola fuera de la academia.

Siempre que regresaba a casa o iba a otro planeta a comprar materiales, un maestro me acompañaba.

Como Josam, por ejemplo.

Y era porque yo era una rareza valiosa.

—¿Y qué pasará con mis compañeras?

—pregunté, mientras trataba de elaborar un plan de escape.

Si Wuendoli estuviera conmigo, sin duda sabría qué hacer.

Pero estaba atada de pies a cabeza, con la boca amordazada.

—Wuendoli Sol Torres, hija del magnate petrolero del sistema Géminis.

Su tío quiere mucho a su sobrina, así que nos pidió que la lleváramos —dijo Undubara con tono hablador.

Era irritante, pero al menos me daba tiempo para pensar.

—¿Y tu otra amiga?

Bueno… no es nada interesante.

Tal vez se la dé a mi hermanito para que juegue con ella.

—No te atrevas a tocarla, perra —dije, alterándome.

Undubara simplemente sonrió.

—Oh, sin duda eres una peleadora —se burló—.Muchachos, denle un poco de humildad.

Varios hombres se acercaron, se bajaron los cierres y comenzaron a orinar sobre mí.

—Hijos de puta… lo lamentarán… juro que lo lamentarán —maldije, humillada y furiosa.

—Sigue así —dijo Undubara—, y haré que te mojen de otra forma… y esta vez no será con orina.

—¿Cómo puedes hacer esto a otras mujeres?

—le grité.

Ella se encogió de hombros.

—Nadie fue buena conmigo.

¿Por qué tendría que serlo yo?

Luego giró la cabeza y sonrió hacia una dirección.

—Oh, mi hermanito ya llegó.

Corrió hacia él dando pequeños saltos.

A lo lejos vi a tres personas acercarse sonriendo.

Lo peor fue que el tercero tenía aproximadamente la edad de Emanuel, quizá un año más.

Arrastraba una cadena.

… —Hijos de puta… los mataré… —comencé a maldecir al ver lo que arrastraba.

Era una joven.

Noimy.

Tenía el cabello rapado, pero podía reconocerla.

Estaba desnuda, con las extremidades cortadas, obligada a andar en cuatro patas, como un perro.

Pero eso no fue lo peor.

Colgando del mismo collar, estaba la cabeza de Komacsu.

El chef.

Amable, buen cocinero… y un gran luchador.¿Cómo lo habían vencido?

Su cabeza estaba reducida, encogida al tamaño de una fruta, con una expresión de disculpa eterna grabada en sus rasgos secos.

Por primera vez… quise matar a alguien.

Undubara ignoró mis insultos y se acercó a su demente hermano, besándolo.

Estaban completamente locos.

Vi cómo ella le decía algo, señalando a Nicol, y la mirada hambrienta del lunático.

—No… no la toques, hijos de perra.

Los mataré si le hacen algo —juré.

Las chicas comenzaron a estremecerse por mis gritos.

—Oh, hermana mayor… sin duda será una buena mascota —dijo el joven con una mirada repugnante, mirándome con burla a propósito.

—¿Sabes?

Será divertido dejar que primero la dominen nuestros amigos.

Ellos han estado esperando este momento.

Nicol se estremeció.

—Chicos, están de suerte —dijo—.Mi hermana desea que se diviertan con ella… No terminó la frase.

Su cabeza explotó.

No fue la única.

La mayoría de los hombres cayó con las cabezas reventadas.

—¡Cielos!

Son… manos fantasma… —alcanzó a decir uno antes de morir.

Entonces lo vi.

Desde los árboles se acercaba un joven con la mirada fría.

Nunca me sentí tan feliz de volver a verlo.

Arnol…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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