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Una cabeza piensa mejor… sino tiene cuerpo - Capítulo 19

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  4. Capítulo 19 - 19 Señor de los cielos parte 18
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19: Señor de los cielos: parte 18 19: Señor de los cielos: parte 18 La jaula se abrió con un chirrido que me taladró los oídos.

No esperé ni un segundo.

Me tiré encima del hijo de puta que estaba ahí parado, atónito ante el cambio de escenario inesperado para él, sin duda todo fue muy repentino.

El tipo ni siquiera levantó las manos.

Le metí el puño en la boca tan fuerte que oí cómo se le quebraban dos dientes de adelante.

Sangre caliente me salpicó la cara.

Me gustó.

—¿Te creías intocable, cabrón?

—le escupí mientras le volvía a reventar la nariz.

Seguí golpeándolo una y o trabes , el tipo ya no se defendía, solo gorgoteaba sangre y mocos.

—¡Basta!

¡Joder, basta!

—gritó Wuendoli agarrándome por los hombros.

Nicol se metió por el otro lado, tirándome del brazo.

—Que se muera —gruñí, sacudiéndomelos—.

Este pedazo de mierda le cortó las manos a Noimy.

¿Y tú me dices que pare?

El loco estaba en el suelo, jadeando como perro atropellado.

Cara hinchada, un ojo cerrado por la inflamación, labios partidos.

Patético.

Me agaché.

Le agarré la cara con una mano, los dedos clavados en sus mejillas como garras.

—Mírame, hijo de la gran puta.

Intentó escupirme sangre.

Le metí dos dedos en la boca y le apreté la lengua contra el paladar hasta que gimió.

—Vas a sufrir —le susurré—.

Voy a arrancarte el alma y la voy a meter en una botella.

Cada día la sacaré para que veas cómo Noimy se pudre en vida.

¿Te gusta la idea?

Activé el hechizo.

El aire se volvió pesado, frío.

Un brillo negro salió de mi palma y se metió en su pecho como humo vivo.

El tipo se arqueó, gritó algo que sonó a “¡Nooo, por favor!” pero ya era tarde.

Su alma salió.

Una cosa grisácea, viscosa, retorciéndose como gusano.

La sostuve en el aire, apretándola hasta que chilló como cerdo degollado.

—Esto es por ella —dije, apretando más—.

Por cada grito que dio cuando le cortaron las manos.

Por cada pesadilla que tiene ahora.

Estaba a punto de empezar a torturarla de verdad.

Quería que durara días.

Semanas.

Entonces sentí un toque suave en el brazo.

Muy suave.

Noimy.

Estaba ahí, de rodillas, mirándome con esos ojos vacíos.

Movía la cabeza despacio.

No.

No lo hagas.

No dijo nada.

No hacía falta.

Solté un rugido de frustración y abrí la mano.

El alma se deshizo en volutas negras que se perdieron en el viento.

—Mierda… —murmuré—.

Un escape limpio.

Demasiado limpio para este pedazo de mierda.

Me dejé caer sentado en el suelo.

Sangre en las manos.

Sangre en la cara.

Sangre por todos lados.

Noimy se arrastró hasta mí.

Apoyó la cabeza en mi hombro.

Temblaba.

Cada pocos segundos soltaba un gemido ahogado, como si las pesadillas la estuvieran mordiendo desde adentro.

Nicol se arrodilló al lado.

—Voy a preparar algo para calmarla —dijo con voz temblorosa—.

Pociones de sueño pesado.

Algo que corte las pesadillas aunque sea por unas horas.

—¿Y sus manos?

—pregunté sin mirarla.

Nicol tragó saliva.

—Demasiado tiempo.

Las heridas están cerradas mal.

No hay regeneración posible ya.

Lo siento.

Arnol se acercó despacio.

Ya no era el idiota engreído de antes.

Ahora caminaba como depredador.

Ojos fríos.

Sonrisa torcida que no llegaba a los ojos.

—¿Qué carajos te pasó?

—le pregunté directo.

Se encogió de hombros.

—Vi cosas.

Sobreviví cosas.

Simple.

—No me jodas con eso —gruñí—.

Antes eras un payaso con ego inflado.

Ahora pareces un asesino serial que se aburrió de matar.

Me miró fijo.

—Tal vez lo soy.

Wuendoli soltó una risa nerviosa.

—chi..chico, vamos a calmarnos.

Arnol ignoró el comentario y miró a Noimy.

—Los del Acha la jodieron bien jodida.

Pero no fue solo el loco este.

Hay un nigromante del Tercer Círculo de Hierro detrás.

Todos nos quedamos quietos.

Emanuel, que acababa de salir de su reclusión, apareció en la puerta de la cabaña.

Cara de mala leche.

Al ver a Arnol, escupió al suelo.

—Tú.

Teben como una mierda.

¿Qué coño haces aquí?

Arnol ni se inmutó.

—Salvándoles el culo.

De nada.

Emanuel dio un paso adelante.

—¿Salvándonos?

¿Tú?.

—si..yooo —dijo Arnol con calma helada—.

El estúpido de la clase, salve a nuestras compañeras.

Emanuel se puso rojo.

De seguro le dolió aquel comentario.

Sus mujeres acaban de pasar por un gran peligro.

El el estaba en reclucion.

Gracias a dios que me bañe primero, porque si me viera toda susia toda apestosa de seguro entraría en un estado de ataque imprudente.

—Acabo de salir de reclusión, cabrón.

Arnol sonrió de lado.

—escusas.

Emanuel dio un gruñido de rabia.

Yo intervine antes de que se armara.

—Basta los dos.

Arnol nos salvó el culo hoy.

Punto.

Emanuel, si quieres pelear, espera a que Noimy esté mejor.

Ahora no es momento.

Emanuel gruñó pero se calló.

Le conté rápido lo que pasó.

Arnol matando al loco, el hechizo del alma, Noimy destrozada.

Emanuel miró a Noimy.

Por primera vez se le suavizó la cara.

—Joder… lo siento, pequeña.

Noimy no respondió.

Solo temblaba.

Entonces Emanuel miró a Arnol.

—¿Cómo mierda los vencieron?

Komatsu era muy fuerte.

Arnol se encogió de hombros otra vez.

—tiene un nigromante de nivel hierro.

—Descubrí su guarida.

Diez lideres de escuadrón de los que quedan.

Antes eran trece .

Dos murieron a mis manos míos.

Uno se lo comió una bestia que solté yo mismo.

Silencio pesado.

Eran muchos.

Y el nigromante de nivel hierro del tercer circulo preocupaba a todos.

Nicol rompió el hielo.

—¿Y ahora qué?

¿Nos sentamos a llorar o les partimos el culo?

El comentario que soltó fue sorprendente.

Ella sin duda estaba muy furiosa por lo que le paso a Noimy.

Sin extremidades.

Condenada a gatear como un animal.

Rompía cualquier barrera de crueldad.

—Necesito tiempo.

Acabo de tocar Hierro.

Mi base está inestable.

Un mes mínimo para solidificarla.

Arnol metió la mano en su mochila y sacó un puñado de piedras solares.

Brillaban como pequeños soles en su palma.

—Con esto aceleras.

Toma.

Emanuel las miró como si fueran veneno.

—¿De dónde sacaste eso?

—de una cueva, y no…no podemos ir ahí, hay una monstruosidad viviendo dentro de esa cueva —dijo Arnol seco.

Nicol soltó una carcajada nerviosa.

—Oye, oye.

Si vas a regalar cosas, yo también quiero.

Necesito medicinas para pociones.

Muchas.

Para que Noimy duerma sin gritar.

Y si hay algo para regenerar… aunque sea un milagro… Arnol no dijo nada.

Solo metió la mano otra vez y sacó una bolsa enorme.

La abrió.

Nicol se quedó con la boca abierta.

—¿Qué… carajos…?

Se lanzó a revisarlo como loca.

—¡Esto es imposible!

¡Diente de trol maduro!

¡Ojos de gallo con rayo intacto!

¡Con esto puedo hacer pociones de nivel maestro!

¡Incluso podría intentar un ritual de anclaje espiritual para Noimy!

Arnol la miró.

—Hazlo.

Pero rápido.

Me acerqué a él.

—¿Por qué?

¿Por qué nos ayudas ahora?

Arnol miró a Noimy un segundo.

Luego a mí.

—Porque los del Acha me han estado jodiendo desde el primer día y ha hora desde que se están aliando con otras padillas se están poniendo más molestos.

Y porque… —bajó la voz— lo que le hicieron a esa chica es pura crueldad.

Silencio.

Wuendoli rompió el momento.

Abrazo con fuerza Wendolin y comenzó a llorar.

Se había estado conteniendo.

—Entonces está decidido.

Un mes.

Entrenamos.

Subimos niveles.

Nos fortalecemos en el cementerio.

Y luego vamos por esos hijos de puta.

Dije.

Aparentando con fuerza mis puños.

Emanuel asintió con una ira contenida.

—Un mes.

Y después… sangre.

Nicol ya estaba separando las medicinas.

—Voy a preparar todo.

Noimy va a dormir esta noche sin pesadillas.

Lo juro.

Yo miré a Noimy.

Le acaricié el pelo.

—Vamos a vengarte, pequeña.

Te lo prometo.

Ella no respondió.

Solo cerró los ojos.

Por primera vez en horas, no gritó.

Arnol se dio la vuelta hacia la puerta.

—Nos vemos al amanecer— dijo Arnol, dándose la vuelta para irse.

Y se fue.

Su sombra se estiró en el suelo como una promesa de muerte.

Me quedé ahí, mirando.

“A cambiado mucho» Un mes.

Un mes para convertirnos para esos miserables en su propia pesadilla.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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