Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Una cabeza piensa mejor… sino tiene cuerpo - Capítulo 2

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Una cabeza piensa mejor… sino tiene cuerpo
  4. Capítulo 2 - 2 Señor del cielo parte 1
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

2: Señor del cielo: parte 1 2: Señor del cielo: parte 1 —¿Ya pensaste acerca de mi propuesta?

—me preguntó el odioso Arnol.

Solo porque tenía una familia influyente, pensaba que podía conseguir todo lo que quisiera.

Me ha estado molestando desde hace semanas.

No quería conquistarme ni que fuera su novia, no.

El bastardo deseaba mi cuerpo, mi virginidad.

Y no gratis, por supuesto: quería pagar por ello como si yo fuera una vulgar puta.

Como esas zorritas que pululan alrededor de él, como moscas a la mierda.

El tipo era puesto, no lo puedo negar.

Si no fuera por esa personalidad de “todos me la chupan con un precio adecuado” , sería un buen partido para mí.

Una lástima, la verdad.

Algo a su favor es que él no recurra a amenazas o algún otro método asqueroso como chantajearme o hacer que alguien me secuestre, como la mayoría de patanes que usan la influencia de papi para hacer cosas que no pueden hacer por medios legales.

—Te pagaré el triple, solo será por una noche —dijo, sonriéndome con esa mirada que estaba comenzando a odiar.

—Dije que no.

No soy puta —respondí.

Era la duodécima vez que lo decía.

—Entonces lo harías gratis… mmm, eso sería un problema, ya que nada bueno sale gratis —murmuró para sí mismo.

¿Será idiota?

Pensé.

¿Qué tiene en la cabeza, aparte de caca?

—Pero si no me acuesto contigo, perderé mucho dinero.

Mi padre va a matarme a golpes —dijo, agarrándose la cabeza, frustrado.

Una vena de molestia se hinchó en mi frente.

—Bien, eso es todo —dije antes de retirarme a mi habitación.

Tuve que sostenerme de las paredes blancas debido a la turbulencia.

Carajo.

Maldije antes de cerrar de un portazo la puerta de la habitación.

—Oh, chica, te ves irritada —dijo Wendoli, mi compañera y mejor amiga de la academia, y también mi compañera de cuarto en esta travesía hacia el misterioso planeta «Desolado».

—Tú qué crees?

—respondí frustrada, dejándome caer sobre la suave cama.

—¿De nuevo te propusiste…?

-Si.

No lo menciona.

Me tiene los ovarios hinchados.

No puedes aceptar que no me vendas.

Golpeé con fuerza el aire, imaginando que se trataba de su tonta cara.

Sonreí maliciosamente al imaginar cómo le dejaba ojos de panda.

—Sabes… mmm —Wendoli guardó silencio, como si dudara en dar su opinión.

—¿Qué?

Diez centavos.

No te quedes callada.

Sabe que odio a la gente que se queda en silencio y no dice nada.

—Bueno… estaba pensando… ¿por qué no aceptas la oferta de Arnol de un cambio de recursos para tus experimentos de nigromancia?

Mis ojos se abrieron ante lo que dijo.

Sentí como algo se rompía en mi pecho.

—La puta madre… tú, de todas las personas, ¿me vendes?

—No, no es eso, solo… —No, jodas.

No me trates de estúpida.

Dime, ¿cuánto te pagó ese bastardo para que me convencieras de que me acueste con él?

—No… tú… —¿Tú?

¿Por qué…?

Las lágrimas comenzaron a derramarse de mis ojos.

Wendoli había sido una buena amiga desde hace un par de años, desde que fui aceptada en la Academia de la Quinta Torre Blanca del sistema Géminis.

Fue muy amable conmigo, ayudándome en algunos cursos donde necesitaba recursos.

Y ahora, al ver que me estaba tentando a que me prostituyera un cambio de recursos, me dolio profundamente.

—Tú… tú… No tenía palabras.

Dolia mucho… La Academia de la Torre Blanca era considerada la quinta academia más prestigiosa de todo el Universo Zodíaco.

Cada fin de mes, premiaba a sus mejores estudiantes con recursos de manera gratuita.

Desde que ingresé a la academia, todo lo hice con mi propio esfuerzo.

—Yo… yo no quería… yo solo… Wendoli comenzó a tartamudear y, sin aguantar más, se echó a llorar.

—Lo siento, lo siento mucho.

Él no me pagó nada, simplemente me dio argumentos que creí… … Ese maldito… seguro le dijo que, si se me desvirgaba, haría que su familia patrocinara mis experimentos para romper mi cuello de botella y convertirme en maga del segundo círculo de bronce.

Para ser un mago, primero se debían tomar en cuenta la teoría y los fundamentos.

Dependiendo de la teoría que uno manejara, podía realizar hechizos que se adecuaran al individuo.

La Torre Blanca no solo enseñaba a futuros magos; También abarcaba un sinfín de sistemas: invocaciones, magia, artes marciales, técnicas secretas, runas, etc.

Y dentro del ámbito de la magia existían muchas ramas, entre ellas la nigromancia.

A pesar de sentir aversión por esa rama, estaba destinada a ser una nigromante desde mi nacimiento.

Nací con un físico cósmico llamado Yin Innato .

La energía cósmica se divide en dos leyes universales: el Yang y el Yin.

Nacer con un físico adaptado al Yin me facilitaba manejar cualquier sistema de poder de ámbito oscuro.

Cuando se descubrió mi físico, muchas academias acudieron a mi planeta.

Incluso el presidente mundial recompensó a mis padres solo por darme la vida.

Fue un asunto tedioso, y una de las razones por las que me inscribí en la Torre Blanca fue por recomendación del presidente, asegurándome que, si ingresaba a la academia, nunca tendría que preocuparme por mis padres.

Soy una hija muy filial, así que acepté.

La verdad, el presidente no se equivocó en su recomendación.

También fue por su sugerencia que me adentré en la rama de la necromancia, ya que no había muchos dedicados a esa magia por razones obvias.

Trabajar con cadáveres, criaturas oscuras o lanzar hechizos poco estéticamente aceptables alejaba a posibles estudiantes.

Por ello, la academia solo tenía unos cincuenta estudiantes dedicados a la nigromancia.

y la lucha por los recursos no eran tan drásticos, como las otras ramas.

Wendoli me abrazó.

—Lo siento… por favor, no me odies.

No dejes de ser mi amiga.

—Tonta… ¿por qué dejaste que sus floridas palabras te convencieran?

¿Acaso no nos estamos embarcando en una expedición para encontrar recursos?

Sollozo…

Sollozo…

Ambas lloramos abrazadas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo