Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Una cabeza piensa mejor… sino tiene cuerpo - Capítulo 20

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Una cabeza piensa mejor… sino tiene cuerpo
  4. Capítulo 20 - 20 Señor de los cielos parte 19
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

20: Señor de los cielos: parte 19 20: Señor de los cielos: parte 19 Versión corregida y mejorada: Un cementerio, dices —dijo Arnol, pensativo, recordando aquel cementerio de gigantes y a esa horrenda ave que lo hizo estremecer de pies a cabeza.

—No creo que esa cosa siga todavía ahí, ya a pasado mucho tiempo —se preguntó él en voz baja, muy pensativo, mientras una impaciente Flor lo miraba con los brazos cruzados y el pie golpeando el suelo sin parar.

—¿Sabes dónde hay uno o no, carajo?

¡No me tengas en el aire!

Arnol, volviendo en sí, se encogió de hombros.

Había olvidado la lengua sucia de esa mujer y, la verdad, le hacía entrañable.

Habían pasado una semana desde que se unió a este improvisado equipo: el bruto de Emanuel, la sexy Flor, la tímida Wendoly y… bueno, no sabía qué etiqueta ponerle a Nico.

¿La belleza fría?

Tal vez.

Pues no lo sabía.

Pero la última, Noimy, le daba cierta incomodidad.

Había pasado por un infierno y, siendo sinceros, sería más piadoso darle una muerte indolora que dejarla vivir así.(sin sus extremidades) No se atrevió a decirlo en voz alta.

Sobre todo porque Flor estaba muy sobreprotectora con la chica que había intentado suicidarse un par de veces.

Flor le había estado suministrando energía de alma para fortalecer su espíritu roto, y Nicol le preparaba pociones.

Al parecer, las atenciones de ambas empezaban a hacer efecto: ya no se estremecía cuando Flor la abrazaba o le daba de comer con cuchara.

Por cierto, Arnol envidiaba el estilo de vida cómodo que llevaban: techo, cama, ducha y comida fresca (aunque ya empezaba a escasear).

Sobre todo maldijo a ese bruto de Emanuel, que por lo poco que vio se había estado cogiendo a las tres mujeres.

No estaba celoso… o al menos eso quería creer.

Se preguntaba qué coño le veían: ¿su calba?

¿Su altura?

¿Sus músculos?

No entendía qué carajos era atractivo de Emanuel.

Por eso, en los entrenamientos había hecho todo lo posible por golpear al bastardo, pero terminó recibiendo la paliza él.

Gracias a las pociones de Nicol no quedó con los ojos morados.

Últimamente había estado tratando de manifestar su mano etérea número 101.

Pero le era muy difícil.

Nicol, por otro lado, descubrió que el caldero de aspecto siniestro tenía otra función aparte de refinar píldoras o guardar venenos: también servía para combatir.

Había un leve rastro de espíritu de artefacto dentro.

Cada vez que refinaba algo, ese espíritu empezaba a hablarle.

Al principio se asustó, pensando que el lugar las estaba volviendo loca, pero con el tiempo entendió que era un vestigio de un espíritu de artefacto, de los que tanto había oído en las clases de refinación de artefactos.

Clases que dejó una semana después para enfocarse en pociones.

Descubrió que cada vez que refinaba en el caldero, el espíritu se fortalecía hasta poder hablar con ella y enseñarle a usarlo en combate.

Fue una sorpresa para todos cuando aplastó a Emanuel haciendo crecer el caldero hasta el tamaño de una casa y dejándolo caer encima.

Se sintió un poco culpable por golpear así a su novio, así que decidió compensarlo con una buena sentada de esas que Flor disfrutaba dar.

Flor, por cierto, estaba muy irritable últimamente.

Era la única del grupo que no progresaba, aunque su colección de zombis había subido a siete, todos de nivel bronce.

No dijo nada para no enojar a su chica.

¿Y Noimy?

¿Qué iban a hacer con esa pobre mujer?

Verla en ese estado había abierto una puerta a la oscuridad humana.

Flor haría todo lo posible para que ella o sus seres queridos no terminaran así.

Wendoly no había parado de dibujar runas desde que se enteró del ritual extraño.

No quería morir.

Era cobarde por naturaleza, sentimental y apasionada.

Tenía mucho miedo: pesadillas con su hermana mayor, su madre, su padre… y sobre todo su tío, hermano de su papá.

Pensar en su familia no le traía felicidad.

Se unió a la Torre Blanca para escapar de ese caótico mundo que otros llamaban hogar.

Había hecho una amiga que se convirtió en su chica, y un novio que la hacía feliz.

Por mantener esa pizca de felicidad, haría todo lo posible para que aquel incidente no se repitiera.

Se lo prometió a sí misma y, en silencio, le prometió a Noimy que la vengaría.

Emanuel estaba frente a una gran roca, inhalando y exhalando en postura.

Sobre su cuerpo se formaban tres dragones tenues.

Tres rugidos.

Golpe de dragón tiránico.

Golpeó con fuerza y la roca del tamaño de una casa se agrietó y explotó.

Un digno ataque de una de las técnicas marciales más fuertes de la Torre Blanca: los siete dragones.

Pero no estaba satisfecho.

El enemigo era fuerte.

Había gente más fuerte, sobre todo ese nigromante de nivel hierro del tercer círculo, dos niveles por encima de él.

Mientras pensaba cómo subir de nivel, sintió movimiento en un arbusto.

Se puso en alerta: este planeta era hostil.

Por eso nunca bajo la guardia.

Pero de los arbustos salió un pequeño perro de piedra ladrándole.

Roky había aparecido de la nada.

Dejando a Emanuel con la boca abierta.

—Bien, ¿conoces el paradero de algún cementerio o no?

—volvió a preguntar Flor, cada vez más disgustada.

Arnol ya no era ese imbécil egocéntrico que quería follársela a cambio de dinero como si fuera una puta cualquiera.

Pero no dejaba de irritarla: el bastardo se había fortalecido más rápido que ella, a quien consideraban una prodigio.

Vaya broma.

¿Una prodigio?

¿Una bendecida?

¿Cómo coño se suponía que se fortaleciera sin recursos?, pensaba ella.

Por la cara de Arnol, vio que sí sabía.

—Sí —dijo por fin Arnol, haciendo que Flor alzara una ceja, como diciendo «sigue hablando».

—A un par de semanas de aquí hay un antiguo cementerio de criaturas gigantes.

Los ojos de Flor se abrieron y brillaron con codicia hambrienta.

Arnol sintió un sudor frío.

«Qué miedo», pensó antes de toser falsamente.

Y empezó a contarles su experiencia con el cementerio.

Reuniéndose todos en la casa para hablar, lo primero que notaron fue a Roky y la mirada de felicidad de Noimy, la primera desde que la rescataron.

Roky lamía el rostro de su ama, también feliz.

La pobre chica había encontrado un ancla para salir adelante.

Eso alegró a todo el grupo, sobre todo a Flor, que no paraba de abrazarla.

El otro tema era ir al cementerio.

Todos aceptaron unánimemente.

Para disgusto de Arnol, que aun estaba traumatizado por esa terrorífica experiencia.

Mientras iban… Noimy, a espaldas de un zombi cerdo (su movilidad actual), se acercó a Arnol.

Primero para agradecerle por el rescate y segundo para preguntarle si podía enseñarle su técnica mental: las Mil Manos Etéreas.

La petición los dejó boquiabiertos a todos.

Existía una regla no escrita: nadie compartía técnicas secretas adquiridas fuera de la academia.

Era tabú pedirlo.

Pero Flor, fiel a su estilo, dijo: —Una academia que manda a sus estudiantes a morir perdió el derecho a la lealtad.

Enséñasela.

Así que en el camino Arnol empezó a explicarle cómo funcionaba.

Las Mil Manos Etéreas era una técnica mental y espiritual, creada por el antiguo monje Ponguko.

Él pasó mil años meditando en la cima de la montaña más alta del sistema Géminis, contemplando el universo hasta alcanzar la iluminación.

Comprendió que el alma y la mente podían proyectarse más allá del cuerpo como extensiones puras de la voluntad.

Las manos etéreas se manifestaban como extensiones translúcidas de energía psíquica y espiritual.

Cada mano era una proyección de la voluntad del usuario: podía tocar, golpear, agarrar, defender o mover objetos a distancia.

No requería esfuerzo físico, pero sí una concentración brutal.

Si te distraías o sufrías daño mental, las manos se desvanecían.

Al principio solo se podían manifestar pocas (1–10), para manipular cosas pequeñas o moverse mejor.

Con el tiempo (11–50) se usaban en combate serio: atacar desde varios ángulos, crear barreras.

Más allá (51–100) formaban un campo que cubría áreas grandes.

Y el nivel legendario (101 o más) era como un Buda de mil manos: cada una representaba una posibilidad infinita.

Ponguko llegó a manifestar mil, desviando meteoritos o protegiendo ciudades enteras.

Pero casi nadie lo lograba: requería mente y alma puras, y años de meditación.

Con el tiempo, la técnica se degradó.

Perezosos y pervertidos la usaron para manosear a distancia o hacer travesuras, y se volvió infame como «la técnica de los pervertidos».

Arnol la practicaba porque no necesitaba fuerza física… y porque quería molestar a alguna señorita.

En cuestión de horas, Noimy captó las bases y dejó a todos boquiabiertos.

Al día siguiente ya manifestaba dos manos etéreas para moverse.

Arnol tenía sentimientos encontrados.

Algo que le tomo dos meses realizar, fue echo en un solo dia.

¿Quién era el genio aquí?

Cuando llegaron al cementerio, Noimy ya podía manifestar cuatro manos etéreas.

Por lo cual podía moverse correctamente.

Haciendo que los servicios del señor cerdo ya no sean requeridos.

Los ojos de Flor se abrieron como platos.

Como niña en juguetería, corrió tocando todo.

Encontró plantas raras creciendo en cadáveres.

—¿Eso es bueno, ¿verdad?

—se preguntaban todos ante su entusiasmo.

Entonces todos miraron hacia una dirección: la cabeza de un cadáver de monstruo inidentificable.

Allí había un joven con ropas taoístas sentado con las piernas cruzadas.

Al verlos, se puso de pie.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo