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Una Estrella Moribunda - Capítulo 1

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  4. Capítulo 1 - 1 Antes del Primer Paso
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1: Antes del Primer Paso 1: Antes del Primer Paso Había crecido en un orfanato, en una ciudad que era atacada continuamente por monstruos.

La comida, tanto en la ciudad como en el orfanato, era escasa, y cada día representaba una nueva lucha por sobrevivir.

A veces podía llevarme a la boca un pedazo de pan duro, y otras veces ni siquiera eso; incluso podía pasar días sin tener nada que comer.

Solo éramos víctimas de un mundo cruel.

Pero…

¿Quién era quien nos hacía sufrir realmente?

¿O más bien, quién era el verdadero culpable de todo este mal que nos estaba atormentando?, Durante mis búsquedas de comida por la ciudad, entre callejones oscuros y montones de basura, solía escuchar a los adultos murmurar que todo era culpa de una figura misteriosa a la que llamaban “la Reina Demonio”, un enemigo en común de todos los reinos y la iglesia.

por supuesto Nunca fui devoto o fanático.

Pero por los pocos niños que se había entregado a la iglesia en su desesperación puede escuchar que era una prueba de Dios que le había dado a la humanidad.

Decían que, una vez fuera derrotado, Dios descendería como recompensa divina, llenaría el mundo de riquezas y eliminaría a los monstruos como un acto final de misericordia.

A mí, todo eso me sonaba más a cuento que a esperanza.

También había otro rumor que los adultos mencionaban que era debido a la negligencia de nuestro gobernador; Porque despilfarraba los escasos recursos arrancados a la fuerza de los débiles y hambrientos granjeros, solo para alimentar fiestas llenas de falsedad y exceso donde sus únicos invitados eran aquellas personas cercanas; Aventureros, comerciantes y algunas mujeres hermosas que se deslizaban entre copas y promesas rotas, tratando de arrancar lo que pudieran antes de que todo se hundiera.

fiestas que no solo abundaban todo tipo de comida que el pueblo con gusto lucharía a muerte por tan solo un bocado de esta.

Fiestas costosas que eran patrocinadas por la poca recaudación de impuestos que podría juntar la ciudad.

Sin embargo, eso no era todo.

Circulaban otros rumores, mucho más oscuros y peligrosos.

Eran susurros discretos, apenas mencionados en voz baja.

Rumores que, de haberlos dicho en alto o incluso de haber sido atrapado escuchando lo probablemente me habrían costado la vida.

Al parecer, las fiestas del gobernador y su estilo de vida no podían sostenerse por completo con los impuestos de la ciudad.

Tenía que elegir entre el lujo o la fachada…

y el codicioso eligió ambos.

Recurrió a un acto que solo era aplicaba para aquellos que habían cometido crímenes o tenían deudas muy altas: la venta de esclavos.

Hombres y mujeres eran entregados en secreto, y sus desapariciones se justificaban como víctimas de los ataques de monstruos o incluso siendo incriminados falsamente sin que pudieran defenderse.

Aquello no solo aumentó el hambre, sino también el miedo.

Un miedo que se sentía en el aire, en las miradas, en el silencio forzado de toda la ciudad.

Un día como cualquier otro, el hambre me llevó a tomar una decisión desesperada: salir de la ciudad.

Las pocas defensas que quedaban estaban concentradas, como siempre, alrededor de la mansión del gobernador.

Por eso, la puerta principal de la ciudad casi no tenía vigilancia.

No era raro que los pocos valientes —o desesperados— que se atrevían a marcharse lo hicieran al amanecer.

Y esa vez, yo fui uno de ellos.

Tuve que tomar valor, pues solo tenía unos doce años.

Era solamente un niño aterrado, con los ojos bien abiertos, siendo presa del pánico.

Sentía las piernas temblar con cada latido del corazón.

Eran espasmos involuntarios, cortos, incontrolables.

La respiración, acelerada.

Las pocas personas que me veían lo sabían, pero, aun así, en vez de intentar ayudarme, simplemente optaron por seguir con su vida, pues ellos también tenían sus problemas.

Y no los juzgo; uno debe sobrevivir como sea.

Fue entonces que escuché a mi estómago rugir con fuerza, producto del hambre que tenía.

Eso aclaró mi mente.

Sabía que, incluso si me quedaba, tal vez iba a sobrevivir unos cuantos días, pero ¿eso era todo?

¿Así serían mis últimos días?

¿Quizás maldiciéndome por ser un cobarde, por no tomar la decisión en su momento?

Así que solo tomé una bocanada fuerte y llené mis pulmones hasta el tope, hasta que comenzaron a arder.

Eso por fin me dio el valor para dar un paso hacia adelante y salir de la ciudad.

Paso a paso, abandoné la escasa protección de unos muros desgastados, agrietados por años de ataques.

Algunos tenían agujeros tan grandes que uno podía pasar por ellos sin siquiera agacharse.

Por fin liberé mis pulmones cuando ya no pude sostener más el aire.

Caí de rodillas al suelo, con las manos sobre la tierra áspera, exhalando e inhalando con fuerza.

Permanecí así por unos segundos, hasta que volteé a ver lo que una vez fue el lugar donde viví.

Ahora solo era un punto en mi historia…

una historia que, al fin, iba a comenzar

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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