Una Estrella Moribunda - Capítulo 13
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13: Búsqueda y captura.
13: Búsqueda y captura.
Cuando decidí levantarme del suelo y seguir adelante, a mitad del camino hacia el grupo no pude evitar voltear atrás y mirar, por última vez, el lugar donde tuve mi última batalla y la despedida de mi maestra.
Incliné la cabeza en una reverencia, gesto que Calyndra acompañó.
Era mi deber continuar con mi camino, ahora con la determinación de no fallarle a quien me había enseñado todo lo posible.
Sin embargo, al regresar con el grupo por primera vez, noté que el ambiente se sentía distinto…
como si me tuvieran miedo.
En ese momento no pude evitar recordar las palabras de aquel bandido.
Suspiré, aunque al menos tenía a Calyndra a mi lado, y eso era lo que más me importaba.
Apreté un poco su mano y ella me regaló una sonrisa.
Los días pasaron y avanzamos con rapidez por el bosque gracias al mapa que me había dejado mi maestra y a las habilidades de navegación del grupo de aventureros.
Se notaba que eran un grupo bastante experimentados.
—Señor Auren —me habló Mariana con un tono tranquilo.
No estoy acostumbrado a las personas, pero mucho menos a que me llamen “señor” o “señorito”.
Cada vez que Calyndra escuchaba aquello, no podía evitar soltar una suave risa burlona.
—Emmm…
señor Auren —Ahora me habló Evangelina con un tono suave mientras avanzábamos por el bosque.
Ella iba delante, con el mapa en manos, guiando el camino hacia la ciudad—.
Me gustaría darte una recompensa por haberme salvado, a mí y a mi grupo.
Al escucharla, no pude evitar mostrar un gesto de desagrado, lo que provocó que Evangelina sintiera un remordimiento inmediato.
—N-no, lo siento si lo molesté, pero no puedo dejar que nuestro salvador se marche sin nada a cambio…
—intentó calmarme, mientras Calyndra reía apenas un poco más.
—Verás, Evangelina —interrumpió Calyndra, aún sonriendo—.
Auren no está acostumbrado a que lo llamen “señor”.
Por eso pone esa cara.
¿Puedes llamarlo simplemente Auren?, para serte sincera yo igual prefiero que me llames solo “Calyndra”.
—Ouh, claro, si es lo que quieren no tengo problema.
Respecto a lo otro…
bueno, nos tocará esperar un tiempo; mi padre estará en la capital, así que…
—dijo Evangelina con un poco de pena.
—No tengo problema —la interrumpí con seguridad—.
Me gustaría viajar un poco y conocer más ciudades en mi camino.
—¿E-eso está bien?
—preguntó Evangelina, algo dudosa.
—Por supuesto —respondió Calyndra con naturalidad.
Pude ver cómo Evangelina sonreía en ese instante, mientras su grupo la felicitaba por sus decisiones.
Yo, en silencio, no pude evitar pensar que así es como se debería ver a un verdadero líder.
—Auren.
—La voz de Calyndra me sacó de mis pensamientos—.
Recuerda lo que me prometiste hace unos años.
Con un gesto, usó su magia para sacar de su almacén dimensional las piedras de los Treant, en particular la del primero contra el que luché.
No dudé en tomarla con mi mano y levantarla.
—Vaya…
ahora que he mejorado ciertas habilidades puedo apreciar lo hermoso que es.
Creo que un anillo sería una buena idea; puedo escoger la mejor parte para hacerlo.
En ese momento sentí todas las miradas sobre mí.
—Sí…
un anillo estaría bien.
—Calyndra bajó la mirada mientras frotaba sus manos con un dejo de pena.
Las mujeres liberadas comenzaron a felicitarla, mientras los aventureros hombres lo hacían conmigo, aunque por razones que no entendía del todo.
La única que se veía diferente era Evangelina.
¿Por qué felicitaban tanto solo por darle un anillo?
Traté de recordar alguna lección de mi maestra sobre cómo resistir los encantos de las mujeres algo que me diera alguna pista, pero nada venía a mi mente.
No pude evitar suspirar en ese momento, pero me agradaba ver a Calyndra feliz.
Así que le lancé de nuevo la gema mágica para que la guardara.
Ella la tomó entre sus manos, la abrazó con ternura durante un instante y después la guardó en su almacén.
—Chicos, ya salimos del nivel dos del bosque, ahora estamos en el primero.
Eso significa que ya estamos cerca de nuestro destino —anunció Evangelina, interrumpiendo un poco el momento.
—¿Niveles?
¿Así se divide el bosque?
—le pregunté con curiosidad—.
Recuerdo esta parte…
¿no quieren ir al río antes de seguir?
El pescado aquí se veía bastante bueno.
—¿Río?
Bueno, aún tenemos tiempo antes de llegar a la ciudad…
aunque hay algo que debemos resolver primero, antes de entrar —respondió Evangelina, con un tono más serio.
—Sí —intervino Mariana con cierta inquietud—, tenemos que descubrir qué noble fue el que intentó usar a Evangelina como moneda de cambio.
Y también evitar que nos descubra la recepcionista del gremio.
Los guié entonces hasta el río del bosque.
Era exactamente el mismo lugar al que había ido con Calyndra la primera vez.
Apenas me acerqué al agua, ella no dudó en empujarme con una sonrisa traviesa.
—¡Báñate, mugroso!
—rió con alegría.
—¡No quiero!
—me quejé mientras me quedaba sentado dentro del río, mirándola con resignación.
Los demás nos observaban entre risas mientras comenzaban a armar un campamento improvisado.
No tardé mucho en salir del agua.
Le pedí a Calyndra una de las ramas de treant que habíamos guardado y un cuchillo tomado de los bandidos.
Ella me los entregó sin dudar y, sentado sobre una roca —todavía mojado—, comencé a trabajar tallando lanzas de madera.
—Siempre quise probar el pescado de estos ríos.
Por suerte mi maestra me enseñó algunas técnicas de cocina —murmuré, concentrado.
Calyndra, sin decir nada, usó magia de viento mezclada con fuego para crear una corriente de aire caliente que me envolvió, ayudándome a secar mi ropa.
No pude evitar sonreír mientras daba los últimos toques a la lanza.
—Bien, ya está lista.
Es momento de pescar.
¿Puedes cuidarlos mientras voy por algo de comida?
Con tu presencia estarán más seguros.
—Me puse de pie, mirándola.
Ella no respondió con palabras, solo asintió suavemente con la cabeza, yo partí en ese momento.
Punto de vista de Calyndra Luego de perder de vista a Auren en su ruta para conseguir pescado, observé a los humanos acomodarse en el pequeño campamento.
Las mujeres que habíamos liberado aprovecharon para darse un baño en el río.
No sentían mucha vergüenza después de todo lo que habían pasado, así que decidieron bañarse desnudas.
Por supuesto, la privacidad era importante, así que solo moví mi mano y levanté una pared de roca un poco alejada de la orilla.
Ellas me lo agradecieron con una sonrisa, mientras los dos aventureros hombres rieron con algo de incomodidad.
Yo, orgullosa, levanté el pecho en señal de victoria y mantuve una expresión serena con los ojos abiertos.
—Seño…
digo, Calyndra —habló Mariana con un tono respetuoso—.
¿Le gustaría sentarse con nosotros?
Queremos conversar un poco sobre lo que haremos antes de entrar a la ciudad.
Sentí curiosidad por su charla, así que tomé asiento entre Evangelina y Mariana, frente a unos palos de madera que intentaban encender.
No dudé en ayudarlos: chasqué los dedos y una chispa prendió el fuego.
—La magia de los elfos es realmente poderosa —comentó Michael con interés—.
Disculpe, Calyndra, ¿usted y Auren se conocen de algún lugar?
Noté cómo todos se quedaron observándome tras esa pregunta.
—Bueno, supongo que nos conocimos aquí, en este bosque —respondí con naturalidad.
El grupo se quedó sorprendido con mi respuesta; al parecer, pensaban que veníamos de la misma ciudad.
—Espere, Calyndra, ¿podría contarnos más sobre eso?
—preguntó Evangelina con cierta incredulidad.
—Un día lo encontré dentro de una cueva, agotado y herido.
Lo cuidé en ese momento —dije, llevando mi mano al mentón mientras recordaba cómo nos conocimos, sin revelar demasiado.
—¿Cómo que un niño?
—intervino Saúl con escepticismo—.
Aquí incluso en el nivel uno, los lobos son difíciles y atacarían sin dudar a cualquiera, ¡más aún a un niño!
Incluso yo, con entrenamiento previo, tuve un primer día complicado.
—Bueno, lo encontré inconsciente y levemente herido.
No sé qué habría pasado, pero supongo que logró escapar.
Aunque…
Auren siempre fue alguien fuerte —respondí mientras me estiraba con calma.
Los demás bajaron la mirada, sin terminar de creer en mis palabras.
Sin embargo, el simple hecho de que hubiéramos llegado hasta allí sin ser atacados ya decía mucho por sí mismo.
—Oye, Calyndra…
quizá sea una pregunta tonta, pero…
¿hay algo entre tú y Auren?
—preguntó Mariana con evidente nerviosismo.
Noté que quien más atención prestaba a la pregunta —y a la respuesta que iba a dar— era Evangelina.
Lo percibí de reojo, mientras yo miraba hacia el cielo como si no escuchara.
—Bueno…
Auren y yo estamos destinados a llegar juntos hasta el final de su aventura.
Nuestros destinos se unieron desde el momento en que nos encontramos y empezamos a viajar juntos.
Yo e visto como se a vuelto más fuerte, el no se reprime cuando quiere aprender, lo he regañado cuando se confía demasiado.
Es…
algo complicado —suspiré con suavidad—.
Si tu pregunta es si amo a Auren, entonces la respuesta es sí.
Pero que lo ame no significa que quiera atarlo ni reprimirlo.
El destino puede entrelazarse con múltiples seres, y yo sé que el de Auren…
—me quedé pensativa un instante— será uno de esos que tocan a muchos.
El silencio se extendió entre nosotros mientras yo seguía con la mirada el movimiento de unas hojas que danzaban en el cielo.
—El tendrá una gran familia —concluí finalmente, bajando la mirada hacia ellos.
Pude escuchar a los hombres reír con tanta fuerza que incluso comenzaron a llorar de la risa.
No comprendía bien ese tipo de cosas en los humanos.
—¿Por qué se ríen?
—pregunté, algo molesta, y sin darme cuenta los sujeté con un látigo hecho de piedra.
—¡No, no nos malinterpretes, niña!
—comentó Michael entre carcajadas.
—Es que…
el sueño de la mayoría de los hombres es tener una familia grande y feliz.
Cuando dijiste eso, no pudimos evitar reírnos.
Los liberé todavía un poco confundida.
—Verás —continuó Michael, esta vez con un tono más serio—, Auren es alguien tan distinto a todo lo que conocemos…
por un momento pensé que su objetivo era ser un rey, un héroe venerado o alguien famoso.
Y sería normal pensarlo, con lo fuerte que es.
Pero si me dices que ese es su sueño, entonces significa que, en el fondo…
es tan normal como cualquiera de nosotros.
Ambos hombres fueron bajando la intensidad de la risa hasta que quedaron en silencio.
Entonces comprendí a qué se referían y, sin poder evitarlo, también reí un poco; en efecto, Auren es alguien muy normal…
si dejamos de lado su fuerza.
—Hmp, hmp —Evangelina rompió el ambiente con una suave tos, aunque una sonrisa se dibujaba en sus labios.
Al parecer le agradó escuchar aquello—.
Siento interrumpir, pero creo que es momento de hablar de nuestra situación.
—¿Qué sucede?
Hace poco me mencionaron un asunto…
—pregunté, ya más calmada.
Evangelina procedió a contarme cómo habían llegado a esa situación y cuál era el plan para descubrir al noble que había querido aprovecharse.
Según ella, para obtener esa información primero debíamos capturar a la recepcionista, quien estaba aliada con los bandidos, y hacerlo lo más rápido posible.
—Ya veo…
entonces capturar a la recepcionista es nuestra prioridad.
Pero, ¿y si el noble de la ciudad es quien te ofreció como moneda de cambio?
—pregunté al grupo.
—Ese es nuestro mayor temor —respondió Evangelina con seriedad—.
Si es el conde quien está relacionado con los bandidos, entrar a la ciudad no sería lo mejor.
Los guardias podrían reportar mi presencia, y tanto él como la recepcionista escaparían.
—Ciertamente sería muy complicado —añadió Mariana.
—¿Qué les parece si abrimos un agujero en la muralla?
Podríamos dejar a Auren aquí y, en una noche, secuestrar a la recepcionista para obtener la información —sugerí.
Mi propuesta los dejó algo confundidos, aunque sonaba viable.
—Calyndra, las murallas están reforzadas con magia.
Hacer un agujero podría alertar a los demás…
pero, ¿Qué te parece si lo hacemos un túnel profundo debajo de la muralla?
Así no activaríamos las alarmas ni llamaríamos la atención de los guardias —respondió Evangelina, pensativa.
—Entonces está decidido.
Así no nos arriesgamos y podremos capturarla.
Pero…
Calyndra, creo que lo mejor sería que vayamos solo nosotras dos.
Entre menos gente, menos riesgo.
Si partimos ahora mismo, llegaríamos al anochecer —propuso Evangelina.
—Estoy de acuerdo —asentí—.
Pero me gustaría probar un poco del pescado de Auren antes.
—No pude evitar poner una expresión de decepción.
—Por favor, se lo prometo: cuando lleguemos con mi padre, me encargaré de que le ofrezcan el mejor pescado…
o cualquier comida que desee, como compensación.
—Evangelina tomó mi mano en ese momento, aunque en su rostro podía percibir un leve matiz de inquietud.
Bajé la mirada con un suspiro, rendida ante sus palabras.
No tuve más opción que aceptar, así que comenzamos a prepararnos para partir.
—Bueno…
díganle a Auren que iremos a ocuparnos de esto.
Probablemente quiera seguirme, pero aclárenle que no venga.
Yo también sé cuidarme sola.
El grupo asintió en silencio justo cuando las mujeres, que regresaban de bañarse en el río, se reunieron con nosotros.
Para dar mayor seguridad al campamento levanté un guardián improvisado: un pequeño gólem al que inserté una gema de lobo como núcleo.
Era una de las más comunes que teníamos, y aun así, el simple hecho de ver cómo cobraba forma los dejó sin palabras, aunque yo lo consideraba débil.
—No es momento para sorprendernos con estas cosas…
—Evangelina negó con la cabeza, rindiéndose negándose a razonar la situación.
Partimos rumbo a la ciudad.
Corrimos buena parte del trayecto, deteniéndonos cada cierto tiempo para descansar.
Yo sabía que podría continuar hasta llegar sin detenerme, pero nuestro objetivo era claro: alcanzar las murallas en lo más profundo de la noche.
Cuando la madrugada cayó, finalmente alcanzamos nuestro destino.
Pude notar cómo Evangelina, a pesar de los descansos, mostraba un claro agotamiento en cada paso.
Le sugerí que se sentara a recuperar fuerzas mientras yo me acercaba a la muralla.
Al posar mi mano sobre las piedras, sentí de inmediato el flujo de magia.
Estaba encantada: un hechizo débil de protección y otro de ecolocalización.
Ingenioso, aunque no demasiado poderoso.
—Calyndra…
¿tú no estás cansada?
—preguntó Evangelina, respirando con dificultad mientras se acomodaba en el suelo.
—No, estoy bastante bien —respondí con tranquilidad, alejándome un poco del muro para no activar la alarma.
Ella me observó con una mezcla de sospecha y curiosidad.
—Tú no eres una simple elfa normal, ¿verdad?
No supe cómo responder de inmediato.
La verdad es que no soy una elfa.
Soy un espíritu…
un espíritu de grado medio tras mi evolución.
Pero no podía revelar eso; sería problemático si alguien llegaba a saberlo.
—Soy un Alto Elfo —mentí, procurando sonar convincente, aunque el retraso en mi respuesta delató cierta vacilación.
—¿Un Alto Elfo…?
—murmuró, llevándose la mano al rostro con un gesto de fastidio.— En serio…
¿de dónde aparecen de repente?
No entendí bien a qué se refería.
Incluso si lo intentara, mis recuerdos incompletos me lo impedían.
No sabía qué había sucedido con la especie de los llamados “Altos Elfos”.
Así que preferí guardar silencio.
En su lugar, conjuré mi magia: círculos luminosos comenzaron a girar lentamente sobre mis manos, preparando la apertura de un túnel por debajo del muro.
Punto de vista de Evangelina.
Un alto elfo es una criatura que siempre se consideró una simple leyenda, algo propio de los cuentos de fantasía que solía contarme mi abuelo.
Se decía que el Héroe y un Alto Elfo serían quienes traerían al mundo la paz que tanto necesitaba.
Algo muy diferente a lo que creen los seguidores de la religión de Solarion, cuya iglesia posee actualmente tanto poder que el Papa puede equipararse al propio rey.
Con millones de creyentes repartidos en todos los reinos, su influencia es tan grande que incluso las coronas evitan enfrentarse directamente contra ella.
El cuento de mi abuelo, sin embargo, se basaba en antiguas profecías que poco a poco fueron desapareciendo, borradas de la historia.
Podría decirse que aquel libro de profecías está perdido, pues lo que yo conocí me lo relataba de su memoria gastada, apoyándose en lo que alguna vez le contó su propio abuelo y el abuelo de mi abuelo, así por generaciones.
Por eso, tal vez, no todo fuera exacto.
La iglesia, en cambio, se aferró a otra creencia: hicieron que la Santa que actualmente es amada por el pueblo, es una buena chica pero bastante ingenua llena de fe ciega que junto al papa confirmara que, cuando el Rey Demonio fuese derrotado, el propio Dios descendería al mundo, llenándolo de riquezas y borrando a todos los monstruos.
Cuando los fieles escucharon esa confirmación, su fe se renovó con fervor.
Pero aquellos que aún conservan memoria…
saben que esa misma promesa lleva repitiéndose desde hace mucho, demasiado tiempo.
—Dios mío…
—suspiré en ese momento, cansada, sin apartar la vista de Calyndra, que usaba su magia sin necesidad de encantamientos.
—¿Qué sucede?
—preguntó, mirándome de reojo mientras continuaba con su hechizo.
Al fijarme en ella, noté que ya había terminado de abrir el túnel; ahora solo le estaba dando forma y estabilidad.
—Calyndra…
¿puedo hacerte unas preguntas personales ahora que estamos a solas?
—me armé de valor.
Ella detuvo su magia y, sin siquiera mover las manos o dibujar círculos mágicos, creó una silla.
Era como si la naturaleza misma la obedeciera.
—La verdad…
me gustaría saber quiénes son ustedes.
—Sabía que podía enemistarme con ella, pero tenía que averiguarlo: ¿eran un peligro para la nación?, ¿para nosotros?
Incluso podrían ser sirvientes de la Reina Demonio.
—Bueno, no sé a qué te refieres exactamente.
Si hablas de especies, ya te lo dije: Auren es un humano.
—Su voz mostró una ligera vacilación, no por dudar de sí misma, sino porque tal vez no comprendía del todo mi pregunta.
—Permíteme ser clara: ¿quién es tu maestro?
Y no me refiero a la mujer con la que pelearon, sino a alguien superior, alguien a quien le rindas cuentas.
—Afilé la mirada, dejando ver toda mi desconfianza.
Calyndra ni siquiera se inmutó; al contrario, parecía meditar con calma.
—Pues…
Auren es el que me guía.
Él decide hacia dónde ir y qué hacer.
Pero no creo que tenga familia o alguien por encima de él…
más bien pienso que es un ser libre, recientemente.
—¿A qué te refieres?
—pregunté, sintiendo un sudor frío recorrerme la frente.
—Verás, Auren fue un huérfano solitario, y por ende tampoco era fuerte al principio.
Tuvo una vida muy difícil.
¿Podrías imaginar a un niño sobreviviendo solo en un bosque?
Pues él tuvo que hacerlo, y en ese proceso se volvió fuerte.
Pero al mismo tiempo, esa fuerza lo hizo sentirse libre.
Y ahora, desde que estoy con él, ya no está solo.
Esa opresión que lo consumía desapareció.
Por eso digo que…
es alguien libre, recientemente.
Me quedé pensando por un momento.
Ella tenía razón, solo que no lo había visto al principio.
Yo, que siempre viví bien, que nunca tuve problemas para comer, que siempre obtuve lo que quería…
Yo, a quien todos bajaban la cabeza al pasar, y que solo me hice aventurera para vivir de forma distinta…
comparada con la miseria de Auren, mi vida parecía un lujo insultante.
—Una última pregunta…
—dije, alzando la mirada hacia ella—.
Si quisiera tener a Auren en mi familia, es decir, adoptarlo o incluso…
casarme con él, ¿lo aceptarías?
Sentí un escalofrío de miedo al ver sus ojos fijos en mí.
—Si amas a Auren, entonces puedo permitírtelo.
Pero si tu plan es usarlo…
puede que el destino que quieras evitar sea el mismo que caiga sobre ti.
¿Podrías soportar esa carga?
—respondió Calyndra con un tono sereno.
Sin embargo, como aquella vez, el frío aire recorrió todo mi cuerpo.
—Lo que yo quiero…
es que ustedes tengan el apoyo de una familia poderosa, que no puedan ser intimidados por ningún noble.
Quiero ofrecerme como respaldo para ustedes.
—Continué, aunque mi voz temblaba y la mirada me pesaba hacia el suelo.
—Incluso si es así…
¿quién crees que podría detenernos de irnos de este reino?
—Calyndra habló con un tono serio, tan cortante que rozaba la amenaza.
—Sé que son poderosos y que su fuerza está a otro nivel, pero no creo que quieran…
No pude terminar mis palabras.
Sentí la hoz de la muerte rozar mi cuello.
Alzando la mirada, vi aquella representación ficticia, como si la mismísima Parca me estuviera observando.
—Escúchame bien.
A veces no puedes controlar lo que no quiere ser controlado.
Si lo intentas, acabarás destruyendo todo.
—Su voz era gélida, definitiva—.
Si quieres continuar, simplemente procura tener una buena relación con nosotros.
No somos destructores, ni tiranos, ni asesinos.
Solo nos defenderemos de quienes quieran hacernos daño.
Por un instante no pude respirar.
Solo cuando aquella intención asesina se disipó, sentí que volvía el aire a mis pulmones.
Caí de rodillas, con las palmas abiertas contra el suelo, jadeando con fuerza.
Apenas habían sido unos segundos sin respirar, pero mi cuerpo reaccionaba como si me hubiesen mantenido ahogándome durante una eternidad.
—Si ya no hay más preguntas, es hora de movernos.
—dijo Calyndra con absoluta calma.
La silla de piedra en la que estaba sentada se desmoronó como polvo tras sus palabras.
—S…
sí.
—apenas conseguí responder.
Me costó ponerme de pie, pero lo logré y la seguí dentro del túnel.
Al salir, aparecimos en un callejón oscuro, encajonado entre dos casas en los barrios pobres de la ciudad.
Respiré hondo, intentando recuperar algo de naturalidad.
—No es agradable estar aquí a estas horas…
Por suerte, los dormitorios de las recepcionistas y trabajadores están cerca de esta zona.
Me adelanté, guiando el camino.
Ahora era yo quien debía serle útil; ella no conocía estos barrios.
El paseo fue incómodo.
A esas horas solo había vagabundos y ebrios que salían de las cantinas.
No había guardias, y la seguridad era prácticamente inexistente.
—Hey, preciosas, ¿no les gustaría pasar…?
Un grupo de asaltantes emergió de un callejón.
No llegaron a ser problema: Calyndra, sin siquiera inmutarse, conjuró tentáculos de roca que los atraparon y silenciaron.
No la miré, pero sentí claramente su enojo, y un escalofrío me recorrió la espalda.
Seguimos caminando hasta que, finalmente, vimos el edificio de los dormitorios de los empleados.
Pero surgió un nuevo problema: ¿en qué habitación estaría la mujer que buscábamos?
Me quedé pensativa, mordiéndome el labio.
No teníamos tiempo para preguntas.
—¿Tienes alguna idea de dónde puede estar la chica?
—preguntó Calyndra.
—No.
—admití con sinceridad.
—Hmm…
quizás no sea la mejor idea, pero podríamos atrapar a todas las personas dentro del edificio.
Si es experimentada, puedo engrosar las cuerdas para que nadie escape.
—levantó la mano derecha, comenzando a trazar una fórmula mágica en el aire.
Tragué saliva.
—En este caso, no creo que tengamos más opciones…
Lo siento por las víctimas, pero tendremos que hacerlo.
Eso sí, debemos cubrirnos el rostro; habrá demasiados ojos sobre nosotras.
—Bueno…
no creo que Auren se enoje si le pido prestado esto.
—Calyndra sacó pieles de lobo de su bolsa.
—Gracias.
—Tomé una de ellas y cubrí mi rostro como pude.
Calyndra, en cambio, ya había completado la fórmula y la lanzó sin dudar.
No escuchamos gritos, pero era obvio que muchas habían despertado en medio del pánico, atrapadas por la magia.
—Hagamos esto rápido.
—dijo con un tono seco—.
No quiero molestar a los inocentes más de lo necesario.
Nos adentramos rápidamente y comenzamos a revisar habitación tras habitación.
No teníamos luz, así que tuvimos que tomar algunas lámparas de aceite para iluminar el lugar.
No me gustaba lo que estábamos haciendo.
En cada cuarto me enfrentaba a una experiencia cruda: Calyndra había despertado a todas, y todas tenían el mismo rostro marcado por el miedo.
Lloraban, temblaban, esperando no ser raptadas.
Algunas, presas del terror, incluso se habían orinado.
Sus bocas estaban selladas con la cuerda mágica que mordían entre los dientes.
Me acerqué a una de ellas y, antes de salir, susurré una disculpa apenas audible.
No servía de nada, lo sabía…
pero era lo único que podía ofrecer.
Tras varias habitaciones, por fin la encontramos.
—Maldita sea…
—escupió con rabia la joven que forcejeaba con un cuchillo, intentando liberarse.
Al verme entrar, abrió los ojos con sorpresa.
Yo hice una seña a Calyndra, indicando que era ella.
Al instante, la cuerda que la ataba a la cama se tensó aún más, inmovilizándola y sofocando su voz.
No había tiempo.
La levantamos y pronto nos retiramos de ahí.
Las demás chicas se quedaron tal como estaban, sin que pudiéramos liberarlas.
Ese peso lo cargaba en silencio.
—Calyndra, por este lado.
Corrimos por las calles oscuras de la ciudad, con nuestro objetivo flotando entre nosotras, forcejeando y pataleando sin descanso.
Sus gritos eran ahogados, pero su desesperación se sentía en el aire.
Finalmente alcanzamos el túnel y escapamos de la ciudad.
“Aunque escapamos con éxito, lo que más pesaba en mi corazón eran los rostros aterrados que dejamos atrás.”
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