Una Estrella Moribunda - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 Una pista y una dirección
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14: Una pista y una dirección 14: Una pista y una dirección Había regresado al campamento antes del atardecer.
Mi pesca del día fue bastante buena; pude traer varios pescados que, sin duda, se veían apetitosos.
Por suerte, tenía muchas manos además de las mías para ayudarme a procesarlos y prepararlos para la comida.
—¿Uhm?…— Al llegar, noté que estaban todos menos dos mujeres.
Eso me dejó una mala espina, aunque la explicación que me dieron logró calmarme un poco.
No me gusta la idea de que Calyndra se vaya sola, pero tampoco soy su carcelero, así que no tuve opción más que sentarme en el suelo con la bolsa de pescado que había traído.
—Ayúdenme con esto, por favor.— Las mujeres se acercaron y les entregué un cuchillo pequeño.
No era de cocina, sino uno hecho de los cuchillo de los bandidos, rústico pero bastante útil en este caso.
Sin embargo, los otros 3 hombres ni se movieron.
—Lo siento, chico.
Seríamos muy malos en esto, podríamos arruinar el pescado.— Michael, que notó mi mirada, fue quien dio la excusa.
Suspiré y, junto con las mujeres, comenzamos a procesar el pescado.
Por suerte, Calyndra había dejado algunas especias y la poca sal que nos quedaba, lo que hizo que todo quedara más delicioso de lo que pensábamos.
Preparamos sopa y algunas brochetas de pescado…
y no duraron nada.
A la mañana siguiente fui el primero en levantarme.
Como castigo por no ayudarnos con el pescado, los aventureros se quedaron despiertos vigilando durante la noche, acompañados del gólem que había creado Calyndra.
—Buenos días.— El que estaba de guardia era Saul.
Lo saludé amablemente y él me devolvió el saludo con voz adormilada.
Le dije que yo me haría cargo en ese momento, pues necesitaba ejercitar mi Aura, Él se sorprendió y quiso observar.
No me opuse pues para mi no era nada del otro al final mi único objetivo era dejar fluir mi Aura.
—Bueno, entonces pido silencio, por favor.— Me senté en posición de loto, cerré los ojos y me concentré.
A diferencia del combate, esta postura me permitía sentir con mayor claridad el flujo de mi energía.
Cuando abrí los ojos, noté mi Aura recorriendo todo mi cuerpo.
Me levanté lentamente.
—Se siente…
un poco diferente.— Abrí y cerré el puño.
Mi Aura seguía teniendo la apariencia de un fuego blanco.
No me quemaba, y levantarme para ir a tocar un árbol cercano este no sufrió daño alguno.
Luego me acerqué a Saul.
Él se tensó de miedo, pero me moví más rápido que él y alcancé a tocar su rostro.
No le gusto que hiciera eso.
—¿Sientes algo?— Él negó con la cabeza, aunque con dificultad por cómo lo sostenía.
Lo solté en ese instante, justo cuando alguien se acercó por detrás.
—¿Auren?— Era Mariana, la sacerdotisa, que me miraba con curiosidad.
—Nunca había visto un Aura como la tuya.— Sin miedo, se aproximó y me tocó el brazo.
No puse resistencia, aunque noté cierto nerviosismo en ella.
—Vaya, Mariana.
Tienes buenos gustos, niña…
pero cuidado con la Leona que él carga.— Michael, que acababa de despertar, soltó la burla con una sonrisa socarrona.
—¡Cállate, idiota!— Mariana apartó la mano de mi brazo y bajó la mirada, frotándose las manos con nerviosismo.—Solo tenía curiosidad por él…
—Pero chico, en serio, ¿Quién eres tú y de dónde vienes?
—preguntó Michael con un tono sereno.
Su duda, sin embargo, dejó intrigados a todos.
—Bueno…
no sé cómo responder a eso.
Si me preguntas de dónde vengo, pues de la ciudad antes de Nytheria.
Creo que se llama Umbrathis —respondí mientras concentraba mi Aura en una esfera blanca que levitaba sobre mi mano.
—Em…
Auren…
—intervino Mariana, algo nerviosa—.
Creo que eso no debería ser posible.
—¿A qué te refieres?
—la esfera de Aura se separaba de mi cuerpo como si tuviera voluntad propia.
La hacía flotar sobre mi palma y luego rebotar con solo pensarlo.
—Lo que estás haciendo…
—Mariana suspiró, aún sorprendida.
Michael soltó una carcajada.
—Chico, nadie puede manejar su Aura como tú lo haces.
—Guardó silencio un instante y luego añadió—: Umbrathis…
es una ciudad que pocos conocen.
Creo que era nuestro siguiente destino.
¿No resulta sospechoso que justo caigamos en esa trampa?
Sus palabras calaron hondo en el grupo.
El silencio que siguió hablaba por todos.
—Es correcto, buena aclaración —dijo una voz proveniente del bosque.
Evangelina apareció con Calyndra a su lado, Evangelina estaba cansada y Calyndra parecia que solo estaba jugando, y con ellas flotaba una chica amarrada con cuerdas de piedra.
—¡Líder!
—Mariana corrió hacia Evangelina y la sostuvo con preocupación.
Lissandro, el mago blanco, apenas despierto, se apresuró a reforzarla con un hechizo de resistencia.
—Calyndra, ¿Quién es esa chica?
—pregunté, observando cómo la arrojaba al suelo.
La prisionera cayó pesadamente, levantando polvo y soltando un quejido.
—Es la informante de los bandidos, la que nos tendió la trampa —respondió Evangelina con voz cansada.
Me arrodillé frente a la desconocida y le retiré la cuerda de la boca para que hablara.
—¡Maldito mocoso!
—escupió con furia—.
No sé cómo escaparon, pero mi jefe es muy fuerte y los va a matar.
Y tú…
maldita niña mimada, cuando te ponga las manos encima ni mi jefe va a evi…
Volví a encajar la cuerda entre sus dientes, silenciándola de inmediato.
—Calyndra, creo que nuestra invitada tiene mal carácter —comenté mientras la veía retorcerse en el suelo.
—Sí…
déjame enseñarle algunos modales —la expresión de Calyndra se ensombreció.
Con un simple gesto hizo surgir del suelo una gran silla de piedra, y en ella aprisionó a la chica, inmovilizándola por completo.
—No me gustaría estar en su lugar —murmuré bajo, observando cómo Calyndra se acercaba.
—Bueno, chica —su voz sonó amable, pero cargada de un filo invisible—.
No soy muy paciente últimamente, y estoy de muy mal humor.
¿Podrías cooperar con lo que estos chicos te pregunten?
A pesar de tener los ojos puestos en Calyndra, de reojo noté cómo Evangelina bajaba la mirada y su frente se oscurecía.
Sus compañeros también se tensaron.
Yo sabía muy bien lo que eso significaba.
—¡Oblígame, perra!
—escupió la prisionera—.
¿De verdad crees que te tengo miedo?
Tú y tu magia no me asustan.
Cuando mi jefe venga por ti, yo misma me voy a divertir contigo.
Suspiré.
Lo supe: esa chica era idiota.
—Cúbranse los ojos y tápense los oídos —les advertí.
Nadie dudó en obedecer.
Media hora después, el silencio volvió.
Cuando abrí los ojos, Calyndra sonreía satisfecha, mientras la prisionera estaba hecha un desastre: cortes, ropa destrozada, rostro empapado como si hubiera sido asfixiada, y un hedor que revelaba que había perdido el control de su cuerpo.
—Listo, Auren.
Nuestra señorita está a punto de hablar —canturreó Calyndra con voz dulce.
La despertó con un balde de agua, y en cuanto la chica vio a Calyndra, el terror le arrebató toda soberbia.
Asintió frenéticamente, dispuesta a cooperar.
Evangelina se adelantó, aunque con cierta pena.
—El collar que corta la magia solo se entrega a nobles para tratar con criminales.
Dime, ¿qué noble te envió a capturarnos?
—No lo sé…
—jadeó la chica—.
Nos contactó alguien en nuestra guarida, pero nunca lo vi de frente.
Solo su subordinado habló con nosotros.
Me dijo que, si atrapábamos a la chica, le avisara.
Lancé un mensaje en un pozo de agua y me fui.
No sé nada más, lo juro.
Las miradas de Evangelina y Calyndra coincidieron.
La derrota en el rostro de la prisionera confirmaba su sinceridad.
—¿Y cómo iba vestido?
¿Iba solo?
—insistió Evangelina.
—Llevaba una capucha y una barba.
Iba acompañado de otro hombre, también cubierto.
Solo noté que portaba una espada con el símbolo de una corona dorada.
—Imposible…
—la voz de Evangelina tembló, y su expresión se tornó sombría—.
Ese símbolo pertenece a uno de los Héroes, aventureros de alto rango al servicio de la Corona.
Dame más detalles.
—No vi mucho.
Solo lo noté cuando el viento levantó su capa.
La espada parecía oscura…
El rostro de Evangelina se endureció, la sombra creciendo en su semblante.
—Si es quien pienso que es…
no podremos seguir adelante.
Finalmente suspiró, resignada.
—Regresaremos a la capital.
Debo informar a mi padre.
No me gusta dejar mi labor inconclusa, pero ahora no se puede.
Sus ojos se cruzaron con los míos.
Había en ellos una súplica muda, apenas un instante antes de que forzara una sonrisa.
Sentí un nudo en el pecho.
—Auren, ¿podemos partir hoy hacia la capital?
Aún debo entregarte tu recompensa.
Y además…
prefiero evitar esta ciudad.
—Calyndra, ¿qué opinas?
—Vamos, Auren.
Esta chica me debe algo de comida —respondió con una sonrisa burlona.
Así sellamos nuestro siguiente destino: la capital real si no fuera por que primero tenemos que encárganos de algo, mire a las mujeres que fueron secuestradas.
Nos quedamos pensativos.
Mover a un grupo tan grande sería complicado.
—Primero la llevaremos a un lugar seguro, a la siguiente ciudad, Kaedrum.
Es una ciudad un poco lejana, pero su gobernante está aceptando refugiados por falta de mano de obra.
Ellas podrán tener un alojamiento y, cuando estén preparadas, un trabajo —hablo Evangelina en ese momento Se quedo en silencio un momento mirando a la chica que teniamos capturada.
—Calyndra, ¿podrías liberarla?
No creo que ya sea una amenaza —dijo Evangelina.
—Uhm, está bien…
pero le pondremos una “maldición”.
Calyndra hizo una mueca macabra mientras concentraba su magia.
Un símbolo oscuro y extraño se dibujó sobre la piel de la prisionera.
—Listo.
Con eso nos aseguramos de que no juegue en nuestra contra.
Si revelas algo de nosotros, este símbolo se activará y…
bueno, te volverás líquida.
Ese comentario hizo temblar a todos, incluso a mí.
—Ahora vete.
Calyndra liberó a la chica, y con un gesto de la mano le indicó que se fuera.
Ella corrió de inmediato y, en cuestión de minutos, ya era apenas un punto en el horizonte.
—Calyndra —continué yo, sorprendido—.
No sabía que tenías un hechizo así.
—No lo tengo, todo fue una mentira —me guiñó un ojo con malicia.
No supe qué decir, solo suspiré y miré a Evangelina.
—Vámonos entonces, tenemos algo que hacer.
Con todo resuelto, seguimos nuestro camino rumbo a la ciudad de Kaedrum.
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