Una Estrella Moribunda - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 La solicitud de la ciudad Portuaria
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17: La solicitud de la ciudad Portuaria.
17: La solicitud de la ciudad Portuaria.
Me llevé una sorpresa, nunca pensé que la ciudad de Kaedrum fuera portuaria.
La impresión que me lleve fue de interés y curiosidad al descubrir aquel vasto mar que, según la explicación de Evangelina, servía como frontera natural con otros países.
—¿Otros países?
—pregunté con duda.
—Nuestro país se llama Quincy, y mantiene relaciones políticas con Liberty, Mostad y Rya —respondió Evangelina.
—Esta ciudad es el puerto comercial marítimo más importante del reino.
Aquí fluye la mayor parte de la mercancía que luego se reparte tanto a la capital como a otras ciudades.
Comentaba Evangelina mientras avanzábamos hacia la puerta principal de la ciudad, después de despedirnos del transportista de la carreta.
Gracias a su estatus como noble de alto rango, pudimos evitar la fila que se había formado.
—Mi nombre es Evangelina de Saint de Clair, y estos son mis acompañantes.
Venimos a entregar refugiados para el programa de apoyo a la reinserción en la sociedad.
Estas personas fueron víctimas de secuestro por parte de bandidos.
Su voz sonó firme al dirigirse al guardia de la puerta.
—En todo caso, para confirmar su identidad, necesito alguna identificación suya y la de sus acompañantes, salvo las refugiadas.
Evangelina nos pidió entonces nuestras tarjetas del gremio.
Por supuesto, todos se las entregamos sin problema alguno, y ella a su vez se las pasó al guardia.
—Muy bien, solo esperen un momento.
Voy a procesar su entrada.
El guardia se retiró en ese instante hacia un cuarto en la parte trasera Pasaron alrededor de 20 o 30 minutos desde que el guardia se había retirado, cuando por fin regresó hacia nosotros.
Sin embargo, no venía solo.
—Señorita Evangelina —su voz sonó firme y clara—, el señor de la ciudad la solicita en el gremio de aventureros.
Tiene una petición para usted.
Por supuesto, ya se autorizó a las refugiadas para el programa, pero antes de ir al gremio pase a los cuarteles para registrarlas.
Aunque, si usted lo prefiere, podemos encargarnos nosotros.
—¿Y usted es?
—respondió Evangelina, arqueando una ceja.
—Mis disculpas por mi falta de cortesía.
—El hombre se inclinó con respeto, con el puño cerrado sobre el pecho—.
Mi nombre es Brennar, comandante de la infantería de esta ciudad…
aunque, oficialmente, mi rango es capitán.
La forma en que hablaba dejaba claro que estaba acostumbrado a mandar tropas, su porte era recto, militar.
—Mi padre me habló de usted.
—Evangelina le sostuvo la mirada con un aire de nobleza natural—.
En todo caso, se las dejo para su cuidado.
Con un gesto de su mano, indicó a las refugiadas que se acercaran.
—Me honra que me conozca, señorita Evangelina.
—La voz de Brennar sonaba sincera—.
Prometo no decepcionarla con estas mujeres.
Por favor, nuestro señor la espera en el gremio.
—Eso espero, capitán Brennar.
El tono de Evangelina era autoritario, frío, pero a la vez firme.
Se giró hacia las refugiadas, explicándoles con calma que los caballeros se harían cargo de su seguridad.
Las mujeres, con lágrimas en los ojos, se despidieron agradeciéndole con abrazos.
También a nosotros nos alcanzaron algunos, y en ese momento sentí un calor en el pecho…
la satisfacción de saber que habíamos salvado sus vidas.
Poco después, un grupo de soldados llegó para escoltarlas, y finalmente las refugiadas partieron.
—Auren, Calyndra, por favor, síganme.
—La voz de Evangelina recuperó su seriedad—.
Me gustaría contar con su apoyo en este momento.
Si el señor de la ciudad está con la líder del gremio, debe ser algo importante.
Asentimos sin dudar.
Emprendimos la marcha por las calles de Kaedrum, rodeados del bullicio propio de una ciudad portuaria.
El sonido de los mercaderes gritando sus ofertas, el aroma a especias y pescado fresco, la gente entrando y saliendo con prisa de los almacenes…
todo parecía más grande y más vivo de lo que esperaba.
De pronto recordé algo que me hizo detenerme.
—Evangelina, antes de ir al gremio, ¿podríamos pasar al mercado?
De verdad quiero llenar mis provisiones, sobre todo ingredientes y especias.
—Auren…
—habló Calyndra con ese tono que usaba cuando me reprendía—, recuerda que primero tenemos que vender materiales para tener dinero.
—¡AAAA, es cierto!
—exclamé en voz alta, atrayendo de inmediato algunas miradas.
El grupo terminó riéndose de mí, mientras yo intentaba cubrirme el rostro.
El recorrido se volvió casi un pequeño paseo turístico: puestos de telas con colores vivos, pescadores cargando sus redes, niños correteando entre las calles.
Me sorprendía cómo esta ciudad parecía no dormir.
Finalmente, llegamos a la sede del gremio de aventureros.
El edificio era imponente, mucho más grande que el de Sylmorra.
Tallado en madera robusta, con detalles finos en sus pilares y estandartes ondeando al viento.
Había movimiento constante de aventureros entrando y saliendo, algunos con armaduras gastadas, otros cargando bestias cazadas.
Y entonces ocurrió lo mismo que en Sylmorra: apenas cruzamos las puertas, todas las miradas se posaron sobre nosotros…
en especial sobre Calyndra.
Sus orejas élficas parecían atraer a todos como un imán.
—¡Señorita Evangelina!
—la voz emocionada de una recepcionista rompió el murmullo.
—Oh, eres tú.
—Evangelina respondió con calma.
Nos acercamos detrás de ella, mientras la recepcionista se inclinaba con respeto.
—El maestro del gremio la está esperando.
Por favor, permítame guiarla.
—Chicos, hablaré con él.
Por favor, esperen aquí.
Auren, deberías aprovechar y vender tus materiales.
—Señorita Evangelina, ¿Quiénes son ellos?
—preguntó la recepcionista, con un brillo curioso en los ojos.
—Él es Auren y ella es Calyndra.
Aventureros nuevos que se registraron en la ciudad de Sylmorra.
Son mis amigos, así que trátalos bien.
—¡Ehhh!
¿Amigos?
¡¿Suyos?!
—la chica casi gritó, sorprendida.
—¿de qué te emocionas?, también puede tener amigos—Evangelina suspiro— en fin.
Bueno, ya vuelvo.
Evangelina fue guiada por la recepcionista, que aún tenía una cara sorprendida y seguía haciéndole preguntas.
—Por aquí —habló otra recepcionista, haciéndonos una señal para que nos acercaremos.
—Bienvenidos, ¿me permiten su tarjeta de aventurero, por favor?
Ambos entregamos nuestras tarjetas.
La recepcionista las colocó sobre una piedra mágica incrustada en el mostrador, y de inmediato un resplandor proyectó nuestra información en el aire.
Nos quedamos sorprendidos, era la primera vez que veíamos algo así.
—Auren y Calyndra…
rango D —leyó en voz alta—.
Emmm…
no hay registros de misiones ni logros todavía, ¿sucedió algo para que los dejaran directamente en rango D?
—rió con algo de nerviosismo, rascándose la mejilla.
—Bueno…
solo vendimos los materiales de un Treant.
De hecho, también queremos vender los sobrantes de ese monstruo y algunas piedras mágicas.
—respondí con calma.
En ese instante, Calyndra extendió su mano y usó su magia.
El aire frente a nosotros se distorsionó, abriéndose un agujero oscuro que parecía tragar la luz.
De allí comenzó a sacar los materiales del Treant y varias piedras mágicas que habíamos guardado.
—¡Un momento, por favor!
—exclamó la recepcionista, sobresaltada.
Salió corriendo y, pocos instantes después, regresó acompañada de otra mujer: la misma que había atendido a Evangelina al entrar.
—¿Qué sucede?
—preguntó la nueva, mientras ambas empezaban a susurrarse con evidente nerviosismo.
Luego se acercó al mostrador y examinó de cerca lo que Calyndra había colocado.
Al ver la calidad de los materiales y las piedras, su rostro palideció de inmediato.
—Por qué tengo la sensación de que ya vivimos esto…
—murmuré con un suspiro cansado, mientras Calyndra se reía suavemente a mi lado.
Michael fue el primero en acercarse, tomando entre sus manos una de las piezas procesadas.
—Chico…
estos materiales son perfectos.
Aprovechas cada parte, los trabajas al máximo.
Ya lo sabía, pero verlo así…
es distinto.
Nadie más puede procesar de esta manera.
—Es cierto.
—Saul asintió mientras revisaba otra pieza.
Lissandro y Mariana también se acercaron, confirmando lo dicho con gestos de admiración.
La gerente del gremio respiró hondo, recuperando la compostura, y nos habló con voz seria: —Señor Auren, compraremos todos sus materiales por un valor de siete monedas de oro.
Eso incluye las piedras mágicas.
Y si tiene más en el futuro, el gremio con gusto los adquirirá.
No dudé en aceptar.
Solo pedí que me dieran cambio en monedas de menor denominación, ya que lo necesitaría para mis compras en el mercado.
La gerente accedió de inmediato y, tras realizar el intercambio, nos entregaron la suma correspondiente.
Con eso terminado, fuimos a sentarnos en la sala de espera, aguardando a que Evangelina regresara de su reunión con el maestro del gremio.
Punto de vista de Evangelina.
Entré en la habitación donde me esperaban el maestro del gremio y el señor de la ciudad.
Al verme, ambos se pusieron de pie de inmediato, sus miradas serias y llenas de respeto me hicieron sentir el peso del momento.
—Bienvenida, señorita Evangelina —dijo el señor de la ciudad, su voz firme pero con un dejo de preocupación.
—Qué gusto verla de nuevo, señorita Evangelina —agregó la maestra del gremio, Olvianne, su sonrisa tenue tratando de suavizar la tensión que flotaba en el aire.
—Gracias, señor Darek.
Gracias, maestra Olvianne —respondí, tratando de mantener la compostura mientras mi corazón latía con fuerza.
Me indicaron que me sentara frente a ellos, y obedecí.
La habitación estaba en silencio, solo roto por el leve crujido del suelo de madera bajo mis pies.
Algo grave estaba a punto de suceder.
—Señorita Evangelina, necesitamos que atienda una solicitud —comenzó Darek, su voz pesada como si llevara el peso de la ciudad sobre sus hombros—.
Es urgente, y afecta a toda la ciudad.
El flujo de mercancía ha caído dramáticamente, y si esto no se resuelve pronto, podría detenerse por completo.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
—¿Qué…
qué sucede?
—pregunté, mi voz temblando ligeramente.
—Se ha detectado una serpiente marina gigantesca —explicó Olvianne, su rostro serio mostrando preocupación—.
Algunos temen que en realidad sea un dragón de agua.
El miedo se me anudó en el pecho.
—¿Ya…
ya solicitaron ayuda a los heroes del reino?
—pregunté, tratando de controlar la urgencia en mi voz.
—Sí, pero están demasiado ocupados —respondió Olvianne con un suspiro cargado de impotencia.
—Entonces…
¿quieren que vayamos a enfrentarlo nosotras?
—dije, notando cómo mi garganta se cerraba mientras la responsabilidad me aplastaba.
—Sí —contestó Darek, con la mirada baja y los hombros caídos—.
Estamos desesperados.
Si esto se detiene, sería un golpe devastador para la ciudad; incluso podríamos perder nuestro estatus como el puerto más importante del reino.
Comprendí la gravedad de la situación.
Un dragón de agua, aunque menor, es considerado de rango A+, y enfrentarlo sin un hereo era prácticamente suicida.
Sin embargo, no había otra opción: debía intentarlo.
Por el honor de mi familia, por la gente de la ciudad.
—Lo intentaré…
aunque no prometo nada —dije, dejando que la mezcla de miedo y nerviosismo temblara en mi voz.
—Lo sentimos mucho, pero estamos desesperados —repitió Darek, inclinándose de rodillas ante mí, un gesto que imito la maestra del gremio, sentí el corazón golpeándome el pecho.
No me gustaba lo que estaba a punto de hacer, pero en ese momento comprendí algo con claridad: solo había una persona capaz de enfrentarlo, pero no quiero usarlo por mi beneficio.
Termina punto de vista.
Me quede pensando en ese momento en silencioso mientras el grupo hablaba entre ellos, Calyndra le seguia la conversacion, hasta que mis ojos se enfocaron a lo que era Evangelina, pude verla con un tono de preocupacion y miedo, cuando llego intento cambiar su mirada pero a un que sus compañeros no lo notaron nostros si.
—Auren, Calyndra, podemos hablar en privado un poco, necesito su ayuda.—La voz de Evangelina temblo un poco.
—¿Que sucede Jefa?.—Hablo Mariana.
Sin embargo Evangelina no le contesto, mire a Calyndra y ella me regreso la mirada con algo de confucion, pero no dudamos en aceptar la peticion de Evangelina asi que nos guio a un salon privado donde pudimos sentarnos, ella enfrente de nostros con su grupo detras de ella.
—Auren, Calyndra, necesito su ayuda, por favor ayudan me.
Pude ver a Evangelina levantarse de lo que era el sillon para bajar la cabeza hacia nostros, al notar eso su grupo se puso muy nervioso.
—Espera, Jefa, que esta haciendo.—Hablo Lissandro.
—¡Callense!.—Grito Evangelina— —Evangelina, levanta la cabeza.— Hable en ese momento con un tono muy serio que incluso Calyndra se sorpendio un poco.—¿Dime que sucede?.
Evangelina levanto la mirada y pude notar como habia parecia querer romperse.
—La mestra del gremio y el señor de la ciudad no han solicitado a nosotros a pelear contra una serpiente mariana que se estima que podria ser un dragon de agua.
—¡Espera Jefa!.— hablo Michael.— No podemos aceptar esa solicitud, eso es para un héroe si vamos nostros por mas fuerte que seamos es un suicidio para nosotros.
—Es cierto, no podemos aceptar eso.—Continuo Lissandro.
—Lo se, lo se, lo se, lo se, pero no puedo simplemente negar me a esa peticion, esta ciudad es uno punto importante para mi familia si la pierdo entonces mi familia podria caer en pica y perderlo todo.— Hablo Evangelina con un tono adolirido.
—Osea que no estas quiero usar para tu beneficio.—Hablo Calyndra con un tono y mirada filosa.
Levante mi mano hacia Calyndra para señalar que iba a hablar, ella guardo silencios.— Acepto tu peticion.
—Auren, piensa lo un poco, sabes que ellos solo se benefician por querer usarte.— Hablo Calyndra pero yo no la mire.
—Calyndra, quizas tu no lo sepas, pero yo se lo que se siente tocar fondo y ahogarse, rogar por una mano que te ayude.— Recorde un poco mis dias cuando rogaba por comida en aquella ciudad.— Es cierto, ella quiere usarme pero, mira la un poco, ¿crees que tiene alguna mala intension con nosotros?.
Calyndra miro a Evangelina y bajo la mirada captando un poco la situacion, entonces simplemente suspiro y acepto.
—Esta bien Auren, creo que e sido demasiado sobreprotectora contigo, no soy tu carcelera, yo voy a seguirte en tus desiciones.
Calyndra beso mi mejilla con un tono dulce y no pude evitar sonreir en ese momento.
—Por favor, dame más detalle, Evangelina.
—Sí…
Evangelina tomó aire y comenzó a explicarnos la situación.
Habló de cómo la serpiente marina había estado atacando barcos que se acercaban al muelle principal de descarga, hundiéndolos sin piedad.
Los daños económicos ya eran enormes, y lo peor era que las fuerzas enviadas a enfrentarla habían terminado perdiendo tanto barcos como hombres.
La desesperación estaba creciendo: si seguían así, pronto se quedarían sin recursos para defender la ciudad.
Por más alta que fuera la recompensa que el gremio ofrecía, ningún aventurero había aceptado aquella misión suicida.
—Espera un momento…
¿los otros muelles de descarga no están libres?
—pregunté, intrigado.
—Sí, pero como ya te había mencionado, esta ciudad concentra gran parte del comercio del reino.
Los otros muelles están saturados.
Además, muchos barcos evitan acercarse aquí por miedo a la serpiente marina, desviándose hacia otras ciudades.
Eso ha esparcido el rumor de que ya no es rentable dejar la mercancía en Kaedrum.
Me quedé en silencio unos segundos, mordiéndome el labio.
Si la situación se extendía, el golpe sería mucho más grave de lo que pensaba.
—Calyndra…
¿podríamos hacer algo contra esa serpiente?
No creo poder pelear muy bien dentro del agua.
Ella me miró con seguridad, como si ya hubiera pensado en la respuesta.
—No tienes por qué preocuparte.
Puedo congelar el mar lo suficiente para evitar que caigas al agua.
Obviamente no todo, sería demasiado complicado…
pero sí una gran parte.
Si aplicas tu fuerza, podrías sacar a la serpiente y dejarla sobre el hielo que yo cree.
La idea me sorprendió y al mismo tiempo me dio confianza.
—No es una mala estrategia.
No creo que podamos darnos el lujo de perder esta batalla.
En ese momento, Evangelina no pudo contener una risa breve, nerviosa pero cargada de fuerza, como alguien que empieza a ver un rayo de esperanza.
—Ustedes son un par de individuos muy alocados, incluso siento que esto no es nada para ustedes.
—Evangelina volvió a agachar la cabeza en señal de respeto.— Por favor, ayúdenme con esto.
Prometo darles una recompensa extra por su ayuda.
—Ya me debes una buena comida.
—Calyndra sonrió con un deje de malicia.
—Lo sé.
Prometo darte un buffet a ti y a Auren cuando lleguemos a la capital.
—respondió Evangelina con firmeza.
—¿Cuándo partiremos contra la serpiente?
—pregunté en ese momento.
—El señor de la ciudad quiere que vayamos hoy mismo.
—contestó Evangelina.
Asentí hacia Calyndra, confirmando que estábamos listos, aunque justo en ese instante mi estómago decidió traicionarme con un rugido.
La tensión del ambiente se rompió al instante; todos se rieron de mí, y yo terminé riéndome también.
Tras compartir una comida rápida y que Evangelina informara al señor de la ciudad que estábamos preparados, partimos hacia el lugar donde la serpiente marina solía aparecer cuando no encontraba barcos en el muelle principal.
Zarpamos desde un muelle más lejano para no arriesgar la ciudad.
Sin embargo, la sorpresa fue descubrir que no estaríamos solos: el propio señor de la ciudad había decidido acompañarnos con otros dos barcos de escolta.
—Señorita Evangelina, gracias por aceptar ayudarnos con esto.
—dijo el señor de la ciudad con tono solemne.
—No tiene por qué agradecerme…
aunque creo que usted no debería venir a una misión tan peligrosa.
—respondió Evangelina, seria.
—No puedo permitir que vaya sola.
Si usted cae, entonces yo también caeré con usted.
De todas maneras, ya dejé instrucciones en caso de que no regresemos.
—sus palabras eran firmes, pero había un rastro de tristeza en su voz.
Mientras ellos hablaban, yo me encontraba recargado en la baranda del barco, mirando por primera vez el mar abierto.
Era imponente…
el horizonte parecía infinito, la brisa golpeaba mi rostro y el aire salado llenaba mis pulmones.
—Auren.
—Calyndra se acercó y tomó mi mano mientras también observaba el mar.
—¿Mande?
—apreté su mano en respuesta.
—¿Estás seguro de esto?
—su voz sonaba preocupada.
—Por supuesto.
No quiero abandonar a la primera persona, aparte de ti, que me hizo sentir acompañado.
Me hace sentir…
menos solo.
—Ejem…
ejem…
Giré la cabeza y vi acercarse a Evangelina junto al señor de la ciudad.
—Usted debe ser el señor Auren, ¿cierto?
—dijo el hombre con un gesto respetuoso.— La señorita Evangelina me habló de usted y de su ayuda en esta misión.
Permítame agradecerle personalmente.
—No es necesario tu agradecimiento, lo estoy haciendo por una amiga.
—¿Amiga?
—El señor de la ciudad soltó una carcajada profunda.— Entonces permítame pedirle algo: cuide de nuestra futura señora.
Es un poco terca y testaruda, pero si son amigos, se la dejo en sus manos.
—¡¿Oye, cómo que testaruda y terca?!
—replicó Evangelina con un sonrojo evidente, evitando mirarme.
—¡SERPIENTE A LA VISTA!
—gritó Saúl desde lo alto del mástil.
El barco entero se tensó al instante.
Tomé aire profundo, poniéndome en guardia.
—Calyndra, mis armas.
Ella no dudó; abrió su almacén dimensional y me entregó mis Guantes con un gesto seguro.
El señor de la ciudad no pudo ocultar su asombro ante tal despliegue de magia.
—Calyndra, cuento contigo.
—Siempre.
—respondió con firmeza.
Se adelantó unos pasos hacia la borda, extendiendo la mano al mar.
El oleaje comenzó a rugir mientras las runas mágicas se encendían alrededor de sus brazos, resplandeciendo en un azul marino intenso que iluminaba incluso las gotas de espuma salada.
—Listo…
puedes saltar ahora.
Confiando en ella, salté desde la cubierta justo cuando los barcos se detuvieron, atrapados por el hielo que se extendía veloz bajo nuestros pies.
El crujir del mar congelado retumbaba como un rugido helado.
Al caer, mis botas se hundieron apenas en una superficie áspera y firme.
Corrí de inmediato hacia la serpiente, que avanzaba con violencia hacia nosotros, mientras el hielo se extendía a mi paso.
—¡Chicos, no podemos permitir que Auren lo haga solo!
—gritó Evangelina, desenvainando su espada.
Sus compañeros reaccionaron al instante: Lissandro comenzó a entonar un conjuro de fortificación, y su cuerpo se rodeó de un aura suave y protectora.
Michael levantó su escudo y Saul preparó sus Arco con expresión decidida.
No pudieron lanzarse como yo; en cambio, colocaron rápidamente una escalera de madera desde la cubierta para descender al hielo, armados y listos para apoyar en la batalla.
Punto de vista de Calyndra Auren siempre es tan impaciente…
Su deseo de ayudar a quienes considera amigos es tan noble que me da miedo.
Temo que algún día alguien use esa nobleza contra él.
Por eso, siempre que puedo trato de ser lo que a él le falta; no me importa ser “la mala de la historia” si con eso lo protejo.
Aun así…
debo admitir que aceptar esta solicitud también me hace feliz.
—Esperen un poco, no se les vaya a ocurrir lanzarse como cierto chico.
—dije con tono suave, justo cuando todos se preparaban para entrar en batalla.— Se romperán las piernas apenas toquen el hielo.
Mis palabras fueron suficientes para que se detuvieran.
Comprendieron lo que quise decir: Auren está bien solo porque es él…
la lógica no se aplica cuando se trata de él.
Resignados, comenzaron a descender por una escalera de madera y cuerda que lanzaron desde la cubierta, algo desanimados pero conscientes de sus límites.
Al poco rato, me encontré sola junto al señor de la ciudad.
—Es increíble…
puedes congelar el mar sin necesidad de encantamientos.
¿Quiénes son ustedes?
—preguntó sorprendido.
—Somos amigos de esa chica.
—respondí con calma, girando la cabeza hacia él.
Fue entonces cuando un estruendo sacudió el hielo.
Un fuerte golpe abrió grietas en su superficie, pero las cerré al instante con mi magia, reforzando la corteza helada.
—Siempre haciendo locuras…
—susurré, esbozando una sonrisa leve.
Termina el punto de vista.
No tardé en llegar hasta aquella criatura.
Apenas me tuvo a su alcance, se lanzó contra mí con una embestida brutal de frente.
Reforcé mi aura al instante, enfocándome en la fuerza.
El impacto me arrastró varios metros sobre el hielo, mis botas rechinando contra la superficie congelada, pero logré detenerla, sosteniéndola con ambas manos mientras la bestia intentaba retroceder hacia el agua.
—Ah, no.
—hablé con un tono juguetón, apretando con más fuerza—.
No te vas a ir después de saludar, ¿verdad?
El pulso se convirtió en un juego de resistencia.
Yo tirando hacia afuera, ella empujando hacia atrás.
Mis músculos ardían, el hielo bajo mis pies crujía y se astillaba con cada sacudida, pero no pensaba soltarla.
—¡Auren!
—gritó Evangelina desde atrás.
—¡No te acerques!
—rugí sin dejar de forzar mi agarre—.
¡La voy a sacar del maldito océano!
Apreté con más fuerza el hocico resbaladizo de la serpiente marina.
En un instante oportuno, reuní toda mi energía y, con un grito que me desgarró la garganta, conseguí arrancarla del agua.
Su cuerpo enorme se elevó varios metros antes de estrellarse contra el hielo creado por Calyndra.
El impacto fue tan violento que la superficie helada se astilló en mil grietas, aunque ella la reparó en seguida.
—Maldita sea…
esta cosa es realmente grande.
No exageraba.
Viéndola fuera del agua, su longitud podía rivalizar con la de varios barcos juntos, tendria un color blanco con una anillos azules que recorren sus cuerpos, unos dientes blancos largos, unas orejas con puntas afiladas, ojos con un tenue amarillo, sin alas pero con una cola parecida a una aleta.
Pero lo más extraño era algo en su cuello: una marca grabada en su piel, brillando con un fulgor rojo siniestro.
La serpiente se levantó con furia, sus ojos llenos de molestia se clavaron en mí.
El aire a nuestro alrededor se tensó, y aunque los demás retrocedieron con miedo, en mí solo despertó una chispa de emoción.
Mis puños temblaban, no de miedo, sino de ansias; una sonrisa se formó en mi rostro mientras mis ojos brillaban de un blanco intenso.
—Esto será emocionante…
—susurré.
La criatura abrió su hocico y comenzó a cargar una esfera de agua que explotó en un rayo continuo, un disparo brutal que se lanzó directo hacia mí.
Por un instante pensé en recibirlo de frente, solo para probar su fuerza, cuando Evangelina se lanzó sobre mí.
Todo sucedió en cámara lenta: la tomé en mis brazos justo en el momento en que el ataque impactó.
Mi mano derecha la sostuvo con fuerza, mientras con la izquierda expandí mi aura hasta formar un escudo que desvió el torrente hacia los lados.
—No tenías por qué preocuparte…
pero gracias por venir a mí.
—Le sonreí con calma, mientras ella, sonrojada, apartaba la mirada con torpeza—.
Estoy seguro de que mi estupidez hubiera dejado que me golpeara, solo para medir su fuerza.
Su silencio fue respuesta suficiente.
—Bien.
—Me puse de pie con firmeza, el escudo de aura aún brillando en mi brazo—.
Ya fue suficiente.
Si ese es su golpe más fuerte, entonces no tengo nada más que temer.
La serpiente, convencida de haber ganado, se quedó inmóvil.
Pero al vernos de pie, intactos, su semblante cambió.
Pude notar la confusión en sus ojos…
y luego el miedo.
Desesperada, giró hacia el mar para intentar escapar.
—¡Oh, no!
—gruñí mientras extendía mi aura, formando una gigantesca mano etérea que atrapó su cola.
La criatura se agitó con violencia, arrastrándome varios metros sobre el hielo, pero no pensaba soltarla.
—Calyndra…
—la llamé con una sonrisa.
Ella me respondió con otra…
una sonrisa dulce, pero con un filo tan helado que me puso nervioso.
Al instante, columnas de hielo comenzaron a formarse, envolviendo a la serpiente marina hasta inmovilizarla, dejando solo su cabeza libre.
Por más que luchaba, no podía liberarse.
Lo que no esperaba era lo siguiente.
—¡Calyndra, espera!
¿Por qué yo también?
El hielo subió hasta atraparme, dejándome inmóvil hasta el cuello.
Solo mi cabeza quedó libre, mi rostro expresando una mezcla de tristeza y comedia.
—Por idiota.
—dijo ella con una dulzura peligrosa—.
¿A quién demonios se le ocurre dejarse golpear por algo que mataría a cualquiera?
—Era muy débil…
—reí con descaro, aun atrapado—.
Dudo que esa serpiente pudiera hacerme algo.
Eso solo encendió más la chispa en sus ojos.
Con un movimiento elegante, controló el agua del mar y la transformó en una hoja afilada como una guillotina.
De un corte limpio, la cabeza de la serpiente cayó, rodando sobre el hielo.
Demasiado fácil.
Ella lo había resuelto sin esfuerzo.
Y yo seguía atrapado.
Resoplé, liberándome con un estallido de aura que hizo crujir el hielo a mi alrededor.
Todos nos miraron sorprendidos, sin saber si reír o temblar.
—Siempre debo recordar…
—murmuré con una sonrisa nerviosa, sacudiéndome el hielo de los hombros—.
Que nunca debo molestar a Calyndra.
—Te escuché, tonto.
Ahora atrápame.
—respondió Calyndra.
Sin esperar más, se lanzó desde el barco.
No dudé en extender mi aura para atraparla en el aire y traerla hacia mí, sosteniéndola en mis brazos.
Ella seguía molesta, y yo solo aparté la mirada, fingiendo indiferencia.
—Auren…
—habló Evangelina con un tono suave—.
Gracias.
—No te preocupes.
Aunque deberías agradecerle a Calyndra, ella fue quien acabó con la serpiente.
—contesté.
—Gracias, Calyndra.
—Tú también eres una tonta.
—replicó ella con el ceño fruncido, apuntando a Evangelina con un dedo acusador—.
¿Cómo se te ocurre intentar mover a Auren?
Este idiota se enciende con las peleas y quiere recibir cualquier golpe.
Ya te lo había dicho tu maestra Auren: así mueren los insensato.
No pude evitar reírme, y pronto todos terminamos riendo con fuerza, incluso Evangelina, aunque intentara ocultarlo.
Fue entonces cuando el comandante del ejército se acercó.
—Disculpen la interrupción, pero creo que deberíamos ocuparnos de la serpiente.
—dijo, señalando el cadáver inmenso—.
—Oh, ¿tú eres Brennar?
—comentó Evangelina.
—Me honra que me recuerde, aun sin haber participado mucho.
—respondió con una leve reverencia.
Aprovechando que ambos comenzaban a hablar, me acerqué al cadáver junto con Calyndra.
—¿Podrás almacenarlo?
—le pregunté, aún cargándola.
—Sí, es posible.
—respondió con calma, bajando de mis brazos.
Enseguida congeló por completo al cadáver y a su cabeza con el hechizo Permafrost.
—Ese hechizo siempre me da miedo…
incluso yo dudo poder librarme de él.
—murmuré mientras empujaba la serpiente helada, observando cómo ella abría la puerta dimensional hacia su almacén.
—Ejeje…
—Calyndra desvió la mirada con nerviosismo.
Yo ya intuía algo, pero por mi salud mental preferí no preguntar más.
Algunos soldados que estaban sobre el hielo nos miraban boquiabiertos mientras arrastrábamos a la serpiente, como si aquello fuera imposible.
Pero el grupo de Evangelina lo tomó con naturalidad: para ellos, ya era rutina ver cosas así a nuestro lado.
De regreso en los barcos, Calyndra deshizo el hielo, y pronto navegamos de vuelta.
La noche había caído cuando llegamos a la ciudad.
En el muelle principal nos esperaba una multitud, iluminada por antorchas, expectante y temerosa.
Creían que lo peor había ocurrido…
hasta que nos vieron llegar con los barcos casi intactos.
—¡Ciudadanos, hemos derrotado a la serpiente Mariana!
—anunció el señor de la ciudad con voz firme.
Antes de desembarcar había liberado del hielo la gigantesca cabeza de la serpiente, y ahora los soldados la cargaban sobre andamios improvisados.
La multitud estalló en llanto y júbilo al verla.
Gritos, risas, abrazos.
Algunos se arrodillaban, otros lloraban sin contenerse.
La celebración por la victoria acababa de comenzar y con ellos una enorme fiesta que ilumino la ciudad esparciendo el rumor rápidamente entre ciudades vecinas y barcos.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com