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Una Estrella Moribunda - Capítulo 18

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Capítulo 18: La unión con la aceptación

La cabeza de la serpiente fue colocada como un trofeo en medio de la plaza, sobre una gran mesa adornada con flores y telas. La música de tambores y flautas llenaba el aire, la gente bailaba, reía y bebía como si aquella noche fuera eterna.

Entre todos ellos, solo dos estarían sentados: Calyndra y yo. Frente a nosotros había una mesa de madera con comida y jarras de licor espumoso.

-Calyndra, ¿qué opinas? -pregunté mientras observaba los rostros felices que celebraban nuestra victoria.

-Es una buena fiesta, todos se ven alegres y sin preocupaciones… pero Auren -dijo mientras tomaba mi mano con firmeza-. Tienes que entender que no puedes salvar a todo el mundo.

Me quedé en silencio unos segundos, bajando la mirada. Ella tenía razón. Sin embargo, alcé de nuevo la cabeza y la miré con una sonrisa tranquila.

-Lo sé. Pero salvaré a los que pueda salvar… y ayudaré cuando deba hacerlo.

Apoyé mi mano derecha en su mejilla.

-Eso es algo que me gusta de ti… -susurró ella, dejando su mano sobre la mía.

Sus ojos brillaron cuando comenzó a cerrar los párpados. Era una invitación que acepté sin dudar. Nuestros labios se unieron en un beso lento y sereno, hasta que nos separamos apenas, con las miradas aún unidas.

El murmullo de la multitud se convirtió en un coro de risas y gritos.

-¿Y para cuándo es la boda? -bromeó una anciana.

El estallido fue inmediato.

-¡Vivan los novios!

El grito colectivo nos hizo apartar la mirada, rojos de vergüenza, lo que solo encendió más la algarabía del público. La gente comenzó a brindar con más fuerza, la fiesta alcanzó un nuevo ritmo.

-¡Auren! -gritó Michael, tambaleante con un tarro de cerveza en la mano-. ¿Acaso no bebes, chico? ¡Vamos, sin miedo! Oye, Calyndra, ¿nos prestas a este muchacho?

Ella no respondió con palabras; solo levantó la mano con un gesto seco de aprobación. Luego fue rodeada por algunas recepcionistas y Mariana, que la arrastraron a un grupo de baile.

Yo, en cambio, terminé arrastrado por los compañeros de Evangelina a otra mesa. Entre risas y jarras de licor, noté la ausencia de dos personas: Evangelina y el señor de la ciudad.

Punto de vista de Evangelina

Mientras la fiesta continuaba en la ciudad, yo fui llevada en ese momento por el señor de la ciudad y la maestra del gremio: Darek y Olviann.

Nos encontrábamos en una de las amplias habitaciones de su mansión, la cual tenía una gran ventana desde la que se podía observar el lugar donde habían colocado la cabeza de la serpiente marina, y también a Auren y Calyndra.

Mis ojos se quedaron fijos en ellos: hablaban de forma tan casual, tan natural… y luego se besaron. No pude evitar sentir celos y llevar una mano a mis labios. En el fondo yo también deseaba ser tratada así,por Aure. Pero algo dentro de mí se negaba a aceptarlo: quizá mi orgullo como noble, o tal vez el miedo a convertirme en la tercera en discordia. O peor aún, que Auren no me aceptara… solo imaginarlo me provocaba un nudo en la garganta.

-Señorita Evangelina -habló Darek con un tono tranquilo, sentado en un sillón.

-Lo siento… -suspiré en ese momento, apartándome de la ventana y tomando asiento, después de haber visto cómo ellos se divertían en la fiesta.

-Lamento que tenga que perderse la celebración -intervino Olviann, sentada frente a mí, con la voz serena pero firme-, pero primero debemos hablar de lo sucedido.

Respiré hondo, intentando ordenar mis pensamientos.

-Antes que nada… -hice una pausa profunda- debemos reconocer que Auren y Calyndra son fuerzas que podrían rivalizar, sin duda alguna, con los Héroes del Reino. Incluso… podría decir que, si ellos dos están juntos, serían capaces de derrotar a todo el reino, e incluso destruirlo, si se les da la oportunidad.

Mis palabras, firmes y serias, hicieron que ambos se inclinaran ligeramente hacia atrás. La maestra del gremio ya conocía parte de lo ocurrido.

-Me cuesta creerlo… -dijo Olviann, bajando un poco la voz-. Que la señorita elfa congelara el mar, y que el señor Auren sacara a la serpiente marina con pura fuerza. A simple vista parece imposible, pero si el señor Darek lo confirma y ahora está con usted diciendo estas palabras… entonces no es exageración que tenga el poder para hacerlo. Si el rey se entera, sin duda querrá verlos y, por supuesto, convertirlos en Héroes.

-Y eso es lo que más me preocupa -respondí con un tono serio, apoyando mi rostro entre mis manos en un gesto de frustración-. Ni Auren ni Calyndra desean ese título. Para ellos sería como ponerse una correa atada al reino… y eso, en sí mismo, sería casi una declaración de guerra.

Tomé aire, intentando calmarme, antes de continuar.

-Y lo peor es que, si otros nobles se enteran, harán cualquier cosa por arrastrarlos a su bando, usándolos con fines militares. Sobre todo porque… -respiré mas profundo antes de soltarlo como si me pesara lo que iba a rebelar- Calyndra… es una Alta elfa.

La palabra cayó como un rayo. Ambos reaccionaron con asombro inmediato.

-¿¡Una Alta elfa!? -exclamó Darek, levantándose del sillón con el ceño fruncido-. Si eso se supiera, no solo el reino la querría. Sería blanco de matrimonios políticos con príncipes y linajes élficos de otros reinos. ¡Eso podría encender tensiones a nivel mundial!

-Y no solo Calyndra… -añadió Olviann con voz angustiada, cubriéndose parcialmente el rostro mientras mordía su pulgar-. Si Auren rivaliza con los Héroes y rechaza el título… podría ser considerado un enemigo de la Iglesia.

Cerré los ojos con cansancio, apretando las manos.

-Lo sé, lo sé… -admití con un tono bajo pero firme-. Pero si trato de obligarlos, engañarlos, o arrastrarlos bajo mis alas, solo lograré enfurecer a Calyndra. Y entonces ella… me mataría sin dudarlo.

Guardé silencio unos segundos, antes de soltar la metáfora que tantas veces había rondado mi cabeza.

-Auren parece un cordero disfrazado de lobo, pero Calyndra… Calyndra es un lobo disfrazado de oveja.

Esas palabras hicieron que el ambiente se hiciera pesado, nos quedamos en silenció por lo que pareció ser horas buscando ideas, de vez en cuando alguien hablaba para intentar proponer algo pero solo volvía a callarse cuando supo que su idea no tendría resultado, hasta que se escuchó lo que era la puerta ser tocada por una de las sirvientas que se le permitió la entrada, misma que cuando nos vio, tosió un poco rompiendo el ambiente.

-El señor Auren y la Señorita Calyndra ya llegaron, fueron traídos por los miembros de la party de la señorita Evangelina.- Hablo en un tonoso profesiónal y sin meterse en nuestro asuntos.

-Gracias Mónica, siempre tan confiable como siempre.- Hablo el señor de la ciudad dando un suspiro.-Evangelina está es mi jefa de llaves Mónica, es confiable, creo que vamos a enfriar nuestra cabeza por esta noche, ¿te parece bien si dejamos que esto fluya?, siento que cualquier cosa que hagamos no ara ningún diferencia, lo mejor sería ver a donde nos lleva esto, ya sea a qué nos destruya o simplemente lo dejen en paz

Suspiro en ese momento Darek quien bajo la mirada en ese momento, y coloco una mano sobre Mónica al darle una instrucción, ella bajo la mirada y se retiró en ese momento.

-Tienes razón, ya no abra algo más que se puede hacer, quizás se lo mejor dejar que todo fluya como debe ser.-Suspiro resignada- de todas maneras podrías decirle a Auren y Calyndra que vayan al gremio, tengo que darles una promoción y registrar en su tarjeta de gremio como completaron la expedición.-Hablo Olviann antes de salir por la puerta en ese momento con el señor de la ciudad.

-Señorita Evangelina, nuestro señor escoltara a la maestra del Gremio, por favor siganos para guirla a su habitación.-Hablo Mónica con un tono profesional.

Cansada por pensar que hacer con todo lo que había pasado, pase a mi habitación que estaba a lado de Auren y Calyndra, ellos dos dormirían juntos, no pude evitar sentirme nuevamente celosa pero el cansancio me venció y caí dormida.

ADVERTENCIA EL SIGUIENTE CONTENIDO ES UN POCO SUGERENTE POR FAVOR TOMAR UN POCO DE PREOCUPACIÓN

Me había levantado de madrugada a causa de unos ruidos que, al principio, no pude entender.

El silencio de la mansión estaba roto por sonidos entrecortados, sofocados, pero inconfundibles. A medida que mi mente se despejaba, lo comprendí…

Eran gemidos.

Provenían de la habitación contigua: la de Auren y Calyndra.

Mi corazón se agitó. Caminé descalza hasta la puerta y, al abrirla, descubrí que no era la única que había despertado. Varias mucamas estaban allí, con los ojos muy abiertos, sonrojadas y tensas. Incluso la jefa de llaves estaba entre ellas, intentando mantener una compostura que se desmoronaba por momentos. El señor de la ciudad no volvería esa noche; ellas no tenían que dar explicaciones si eran descubiertas.

La puerta de aquella habitación no estaba abierta, pero a través de la cerradura se filtraba parte de la escena. Las criadas, atrapadas por la tentación, no podían apartarse. Cuando me vieron, se sobresaltaron, pero no pudieron detenerse. Lo comprendí: aquello tenía algo hipnótico, prohibido, magnético.

Yo tampoco pude resistirlo.

Me retiré a mi habitación, cerrando la puerta tras de mí, pero la tentación era más fuerte que mi voluntad. Coloqué mi oído derecho contra la pared que compartía con la suya. Y entonces los escuché con claridad.

Un calor recorrió mi cuerpo.

Ellos estaban consumando su amor con una pasión cruda, sin reservas. Calyndra no reprimía sus gemidos, y Auren… él no se detenía, era constante, implacable, impaciente. Cada sonido que se producía por como se movía la cama me atravesaba, me robaba el aire.

Yo… yo no soy una mujer pura. Sé lo que es tocarme, he cedido a ese impulso en otras ocasiones. Pero esta vez… esta vez era distinto. y ni si quiera pude pelear simplemente me rendí. Mis manos buscaron mi intimidad mientras escuchaba a Calyndra romperse en jadeos y a Auren rugir en su esfuerzo.

Mis propios gemidos escapaban de mis labios, más suaves, más contenidos que los de ella, pero cargados de mi sentimiento.

Y entonces ocurrió.

Cuando sus voces alcanzaron el clímax, cuando Calyndra gimió con intensidad desgarradora y Auren lanzó su última embestida… yo también exploté. Mi cuerpo se arqueó, y el placer me atravesó en un eco perfecto de los suyos.

Abrí los ojos, jadeante, con la piel húmeda de sudor. Miré mi mano temblorosa, testigo de mi derrota ante la tentación. La limpié con rapidez, con vergüenza y con un extraño alivio.

Al salir de mi cuarto, las encontré a ellas: las criadas, la jefa de llaves… todas con la misma expresión culpable que la mía. Nadie habló, nadie necesitaba hacerlo. En esa noche nos habíamos convertido en cómplices silenciosas. Sabíamos que lo visto y oído moriría con nosotras, guardado como un secreto prohibido.

Nos limpiamos en silencio, borrando cualquier rastro, como si se tratara de una escena del crimen. La jefa de llaves fue la encargada de preparar todo: ventilar, ordenar, devolver la normalidad a la habitación vecina y la mía cuando llegara el alba.

Ninguna pronunció palabra. Pero todas lo entendimos.

Cuando el eco de sus gemidos se apagó, la mansión volvió a hundirse en el silencio.

Un silencio pesado, cargado de recuerdos que jamás olvidaríamos.

Termina punto de vista de Evangelina

A la mañana siguiente, luego de aquella fiesta, desperté por unos golpes en la puerta. No recordaba mucho, salvo que esa noche había sido el momento en que Calyndra y yo consumamos nuestro amor, llevando lo nuestro a un nivel más alto.

Volteé y vi a Calyndra dormida, con su cabeza sobre mi pecho, abrazada a mí con suavidad.

-Calyndra, creo que es hora de levantarnos -dije con voz aún adormilada mientras me incorporaba un poco.

Ella, que en realidad ya estaba despierta, sonrió traviesa y deslizó su cabeza hasta mis muslos. Acaricié su cabello con ternura.

-Ya vamos, solo unos minutos más, por favor. -Levanté un poco la voz hacia la puerta-. ¡Un momento!

-Vamos, Calyndra, es un nuevo día y probablemente tengamos cosas que hacer. -Le di un beso en la cabeza.

Ella soltó una risita, tomó la cobija para cubrir su pecho y se sentó en la cama. Al verla así, sentí cierto alivio, aunque mi mirada seguía fija en su belleza.

-Déjame sacar algo de ropa. -Chasqueó los dedos y su cuerpo se cubrió con un atuendo nuevo: un short largo de tela color café claro y una blusa blanca sin mangas, ajustada al cuello, que dejaba ver un poco de su escote.

Me puse un poco celoso de cómo se veía, pero ella lo notó enseguida y, con una sonrisa, se inclinó para besarme la mejilla. Ese gesto disipó mis pensamientos y decidí vestirme también, aunque solo cambié a una camisa de tono verde.

-Me gustaría darme un baño, si soy sincera -comentó de repente.

Yo no notaba olor alguno -al fin y al cabo, ella no desprende aromas por ser un hada que evolucionó a espíritu de grado medio-, pero quizás era algo psicológico. Solo me encogí de hombros y me levanté a abrir la puerta.

-Buenos días, señor Auren. -Quien me esperaba era Mónica, el ama de llaves, una mujer de aspecto maduro, refinado y con grandes atributos-. El desayuno ya está listo, los esperan en la cocina. -Su voz sonaba elegante y profesional.

-¡Vamos, Auren! -Calyndra se lanzó detrás de mí en ese momento para abrazarme-. Disculpe, ¿hay un lugar donde pueda bañarme? Me gustaría darme un baño antes de desayunar. Por cierto, tú también vienes, Auren. Primero te bañas y luego comemos.

-Sí, permítame un momento.

El ama de llaves llamó entonces a una mucama, quien nos dio indicaciones y nos guio hacia el baño.

Durante el trayecto, la mayoría de las criadas bajaron la mirada, apenadas al vernos. Supuse que sería porque yo no era noble ni amigo cercano de Evangelina, así que no le di importancia. Solo usamos el baño para asearnos, aunque Calyndra fue bastante estricta al tirarme agua de golpe para que me limpiara bien.

-¡Ya tengo hambre! -.

reclamé, mientras íbamos de camino al comedor por su pasillo, Calyndra solo se ría en ese momento mientras tomaba de mi brazo muy pegada a mi, cuando llegamos al comedor nos esperaba en ese momento Evangelina que no tenia ningún plato en la mesa, nos acercamos a ella para tomar asiento a su lado.

-Buenos días, Evangelina -dije con entusiasmo mientras tomaba asiento a su lado, con Calyndra a mi izquierda.

-Bue… buenos días… -respondió ella, evitando mirarnos, sonrojada y nerviosa.

-Uhmm… oye, Calyndra, ¿sabes por qué todos evitan mirarnos?

Antes de que pudiera responder, llegó el cocinero con varios platos. El mío, más grande que los demás.

-Toma, campeón, vas a necesitar mucha energía de ahora en adelante. Es pulpo a la parrilla, barnizado con una deliciosa salsa -dijo inflando el pecho con orgullo.

-¡Wow, se ve increíble!.

-Coman, muchachos, que el mundo de los jóvenes será muy intenso, y necesitarán todas las fuerzas posibles.

Ni siquiera le respondí; ya estaba devorando el plato. Calyndra y Evangelina también disfrutaban del desayuno, aunque yo fui el primero en terminar.

-Oye, viejo, ¿podrías darme la receta? -pregunté con la boca llena.

-Claro que sí, chico. Te la escribiré cuando haya tiempo, pero ahora céntrate en comer.

-Auren, Calyndra… la maestra del gremio quiere que vayamos hoy a ver lo de la serpiente marina. Quiere inspeccionarla y, si es posible, comprarla -dijo Evangelina entre bocado y bocado.

Asentimos a su petición y seguimos disfrutando de la comiendo. Pedí tres platos más y el cocinero simplemente soltó una carcajada que resonó en todo el comedor.

Al salir de la mansión, nos dirigimos hacia el gremio de aventureros. Durante el recorrido, mucha gente nos saludaba; nos sentíamos como celebridades… quizá lo éramos.

-Por aquí, por favor -nos indicó una recepcionista al vernos entrar al gremio.

Ella nos condujo a una amplia habitación sin muebles, algo fría y vacía.

-Hola, muchachos -saludó la maestra del gremio al entrar-. ¿Serían tan amables de sacar la serpiente marina?

Calyndra alzó el dedo índice de su mano izquierda y, con su magia, invocó el cuerpo congelado de la bestia. La criatura ocupó casi todo el salón. Calyndra no tuvo problemas en cancelar su magia dejando a la serpiente descongelada, sin embargo ella se encontraba un poco desconcertada a lo que se acerco a la serpiente.

-Qué raro… -murmuró Calyndra con intriga-. Ayer vi unas letras rojas sobre su cuerpo, justo bajo la cabeza, pero ahora no hay nada.

colocó su mano sobre el lugar señalado.

-Todavía siento vestigios de magia, pero son muy débiles. No logro descifrar el patrón ni su propósito. Tal vez era un tipo de magia de control… -se quedó pensativa.

-Calyndra -intervino la maestra, entregándole papel y pluma-. ¿Podrías intentar recrear las letras que viste, aunque no sean exactas?

Calyndra comenzó a dibujar, pero lo que quedó en la hoja fueron simples garabatos, como rayones sin sentido más que símbolos mágicos.

-Sabía que algo así podía ocurrir -murmuró la maestra del gremio.

Antes de que pudiera explicar más, la puerta se abrió. Entraron el señor de la ciudad, Darek, junto al capitán de la guardia, Brennar.

-¿Sucede algo, señor Darek? ¿Capitán Brennar? -preguntó Evangelina con curiosidad.

-Sí -respondió Brennar, con el ceño fruncido y la mirada en el suelo-. La maestra del gremio y el señor de la ciudad me pidieron que revisara a mis hombres. Y descubrimos algo extraño: cuando regresamos de la expedición… había un soldado de más.

-¿¡Un soldado de más!? ¿Por qué nadie se dio cuenta? -preguntó Evangelina con el ceño fruncido-. Además… estábamos en medio del mar, ¿de dónde salió?

-No lo sabemos -respondió Brennar, molesto consigo mismo-. Puede que fuera un polizón, o que aprovechara algún momento de distracción para mezclarse con nosotros.

-Sin embargo, lo que sí sabemos es que esa persona manejaba magia oscura -añadió la maestra del gremio con voz grave.

Calyndra me miró, sorprendida. -¿Esperen, cómo saben que usaba magia oscura? -su curiosidad creció al instante, aunque su frase quedó inconclusa-. Incluso si era magia oscura yo… -se detuvo en seco, guardando silencio.

-Porque no era un simple mago común -contestó la maestra del gremio, sin apartarle los ojos, -. En este mundo existe una organización en las sombras: magos y guerreros de todas las razas. No sirven a ningún reino ni a ningún político… solo al dinero, además hay registro por que la reina demonio manipula criaturas con su magia la cual se especula que es usaría de la magia oscura.

-Calyndra, ¿ibas a decir algo? -le pregunté, acercándome a ella.

Ella parecía perdida en sus pensamientos, analizando, hasta que reaccionó a mi voz. Me sonrió suavemente.

-No, no es nada, Auren. -Se puso de pie, con determinación-. Solo sé que, a partir de ahora, debemos crecer aún más. El mundo es demasiado grande.

La maestra del gremio se acercó con interés. -Me sorprende escuchar eso de alguien que maneja la magia con tanta libertad. Por cierto, señorita… ¿a qué familia de elfos pertenece?

Calyndra se quedó pensativa unos segundos. -No lo recuerdo. Hace mucho que me separé de ellos.

La mujer no pareció demasiado sorprendida, pero tampoco insistió.

-Ejem, ejem -tosió Evangelina para romper la tensión-. Como sea… ahora tenemos más misterios. Si ese mago actuaba por dinero, entonces alguien muy rico debió contratarlo. Y nosotros tenemos demasiados enemigos. Estar tan cerca de la corona… hace que todos codicien nuestro lugar. -Su mirada cayó, cargada de preocupación.

Me separé de Calyndra y me acerqué a Evangelina, apoyando mi mano en su hombro. -Si alguna vez estás en peligro, iré a salvarte. Te lo prometo.

Ella se sonrojó, pero en sus ojos volvió a brillar la esperanza. No respondió con palabras, solo asintió.

-Bien -retomó la maestra del gremio-, si ya está todo claro, hablemos de la serpiente marina y su precio. Dime, chico, en…

-¡No tan rápido! -la interrumpí-. Primero quiero procesarla y decidir qué partes me quedo.

La mujer me miró con malicia. -Vaya, pequeño tramposo. Pero dime, ¿puedes procesar esta bestia tú solo? ¿Tienes las herramientas? ¿Un taller? ¿Un cuarto frío para conservar la carne?

Me había acorralado. Podía hacerlo, pero no tenía los medios para tratar a una criatura tan grande. Debía andarme con cuidado; negociar con esa mujer era como pelear con una bestia astuta.

-Hagamos un trato -propuso ella con una sonrisa afilada-. Yo te presto este cuarto y las herramientas. A cambio, me ofreces un 35% de descuento en los materiales. Y… la gema de la bestia, bueno eso lo veremos mas adelante.

El brillo en sus ojos era el de una comerciante que acababa de dar un golpe maestro.

-Ríndete, chico -suspiró Darek con resignación-. Esa mujer es conocida como la comerciante del diablo. Siempre consigue sacar beneficio. Es nuestra principal negociadora. Si intentas negarte… no te dejará en paz.

-¡Darek! -replicó la maestra con tono malhumorado-. Te dije que no me llames así. ¿Quieres que te recuerde cómo te trataba en los viejos tiempos?

Me quedé confundido. Evangelina intervino con una sonrisa traviesa. -El señor de la ciudad y la maestra del gremio fueron parte del mismo grupo de aventureros cuando eran jóvenes. De hecho… son esposos.

-¡Señorita Evangelina! -la voz de la mujer casi explotó, mientras parecía a punto de lanzarse contra Darek-. ¡No debería hablar de la vida de los demás!

No pude evitar reír. Calyndra también tomó mi mano con fuerza; la atmósfera se volvió más ligera.

-Por cierto, chico -añadió el señor de la ciudad con una sonrisa cansada-, ten cuidado con las mujeres.

En ese momento, Brennar, Michael y los demás integrantes de la party de Evangelina que habían entraron por la puerta y alcanzaron escuchar eso asintieron juntos cordinados.

-¡Ustedes! -reprochó Evangelina con fastidio-. ¿Por qué llegaron tan tarde?

-Pensamos que esto era pura política… y esas cosas de nobles. Nosotros somos aventureros de clase baja. Tú eres la noble -contestó Michael, sereno.

-¿No será porque se quedaron dormidos después de emborracharse en la fiesta? -lo fulminó Evangelina con la mirada.

-No… claro que no… -Michael y los demás desviaron la vista, incapaces de ocultar la verdad.

-Bueno, mi trabajo aquí ya terminó -dijo Brennar, girando sobre sus talones-. Me retiro.

Brennar se retiro en ese momento luego de ser despedido por todos.

-Yo tardaré en despellejar esta criatura. ¿Podrían darme las herramientas en este momento? -pregunté.

La maestra del gremio dio instrucciones rápidas a sus asistentes, y pronto trajeron todo lo necesario. Sin embargo, lo inesperado fue otra cosa: la sala se llenó de ojos curiosos.

-Eh… -me incomodé un poco al verlos a todos acomodarse-.

-Tú solo sigue, muchacho, no te molestaremos -comentó Michael.

-Además, queremos ver cómo lo haces. Tal vez aprendamos algo -añadió Lissandro.

Suspiré resignado y me preparé. Mentalmente me apagué, ya no escuchaba a nadie en esa sala; dejé que mis instintos tomaran el control y comencé a trabajar en el desmantelamiento de aquella bestia.

Punto de vista de Evangelina

Auren… Su nombre me daba esperanza y felicidad. Mi corazón latió con fuerza cuando me prometió que vendría a salvarme si algo me ocurría, y yo le creo. Sé que irá en mi rescate si se lo pido.

Calyndra tomó mi mano y me indicó con un gesto que debía observarlo trabajar. Ella quería que lo viera en acción, y en verdad era espectacular. Auren parecía bailar con aquella criatura: sus manos se movían como las de un dios. Cortaba la piel sin desperdiciar carne, separaba los dientes con pura fuerza bruta, extraía los ojos sin dañarlos, clasificaba órganos y huesos… todo con un cuidado y precisión que me dejaron sin aliento.

Me sentí extasiada. Sus músculos, bañados en sudor, brillaban bajo la luz de la habitación; sus piernas se movían en perfecta armonía con sus brazos. Y lo más importante de todo: la gema mágica de aquella criatura.

De un azul marino profundo, tan vasto como el abismo del océano, la piedra irradiaba una atracción hipnótica. Además, era sorprendentemente grande.

-Es hermosa -susurré en voz baja, solo para que Calyndra me escuchara.

-Lo sé, sería un accesorio magnífico -respondió con dulzura.

Nos quedamos contemplando aquella escena sin darnos cuenta del paso del tiempo. Cuando el atardecer llegó, Auren por fin terminó. Había logrado separar cada parte con tal maestría que trabajar con ellas sería sencillo. Sin duda, un verdadero maestro.

Termina el punto de vista

Cuando retomé la conciencia, tras haber terminado de procesar aquella criatura, mis ojos se enfocaron en mis espectadores. Estaban… ¿perdidos?

-Ehmmm… ¿hola? -saludé con cierta incomodidad, sacándolos de su trance.

De inmediato, un fuerte aplauso estalló en la sala, resonando en todo el gremio.

-¿No te gustaría trabajar en mi gremio? -preguntó la maestra, acercándose con una sonrisa intrigada.

Negué con la cabeza mientras me limpiaba las manos y el sudor del cuerpo con la toalla que venía junto con las herramientas.

-Comprendo… -dijo con calma-. Los jóvenes no quieren quedarse atrapados demasiado pronto. Pero escucha, chico: cuando seas mayor y ya no quieras ser aventurero, ven aquí. Yo misma te daré trabajo.

Sus ojos brillaron al acercarse a los restos de la serpiente.

-Oh, dioses… estos materiales son magníficos. Vamos, dime: ¿con qué te vas a quedar?

Me quedé pensativo unos segundos.

-Me quedaré con la gema, algo de carne, algunas escamas, unos dientes y también algunos huesos.

Le pedí a Calyndra que abriera su almacén mientras separaba lo necesario.

-La gema me interesa mucho -replicó la maestra del gremio, inclinándose hacia mí-. Te pagaré bien por ella.

-No -respondí con firmeza, tomando la gema con mi mano y alzándola. Sonreí al sentir ese extraño llamado-. Esta gema me pide que la convierta en un accesorio… o en parte de un arma.

La mujer me observó con incredulidad.

-¿También eres artesano y herrero?

-No lo sé -dije encogiéndome de hombros-. Pero así como dejé fluir mis manos para procesar la bestia, también puedo hacerlo con una artesanía o una armadura.

Antes de que ella pudiera responder, Calyndra habló, con esa sonrisa suya tan traviesa:

-No le busques lógica a Auren, es inútil. Si cree que puede hacerlo, lo hará.

Hubo murmullos y la maestra me estudió con atención.

-Pero dime, chico… ¿quién demonios eres? ¿De dónde saliste? ¿Acaso eres hijo ilegítimo de algún sabio?

Los demás asintieron como si fuera una verdad evidente. Yo, por mi parte, solo reí con un poco de pena. Ni siquiera sabía quién era mi padre, así que no habría sabido qué contestar.

-En fin… es una lástima no conseguir esa gema -suspiró la maestra-, pero ven a verme cuando quieras vender tus materiales. Con gusto te los compraré. Por todo lo que has traído son 25 monedas de oro, y por la misión 30 más, así que será repartido de manera equitativa por lo que les tocara…

-No vamos a aceptar nada por la misión. Fue Auren quien derrotó a la criatura, junto con Calyndra -intervino Mariana, rompiendo el silencio que había mantenido hasta entonces.

Todos asintieron de inmediato. Así, la maestra me entregó un total de 55 monedas de oro.

-¡Ya tengo suficiente para comprar todo lo que necesito! -exclamé con entusiasmo.

-Si buscas mercancías, ve al distrito comercial. Allí encontrarás de todo. Eso sí, tendrás que ir mañana: a estas horas ya han cerrado.

Bajé la mirada, decepcionado, y mis ojos se entristecieron un poco. Todos soltaron una carcajada.

-Tranquilo, Auren -intervino Michael, acercándose-. ¿Qué tal si aprovechas y nos invitas a cenar y a beber a todos?

No era mala idea. Ahora que tenía dinero suficiente, una noche de fiesta no sonaba mal, y además mi estómago rugía.

-¿Calyndra, qué opinas?

-No me parece mala idea. Creo que después de todo esto nos merecemos disfrutar un poco -respondió ella, cerrando su almacén con decisión.

Con todo arreglado y los deberes cumplidos, nos despedimos de la maestra del gremio y del señor de la ciudad, listos para una noche que prometía ser inolvidable.

-Ahh… ¿qué demonios pasó anoche? -desperté en un lugar distinto. Era la habitación de una posada. Aunque me dolía un poco la cabeza, el malestar no duró demasiado. Me reincorporé, sentándome en la cama-. Calyndra, ¿qué pasó anoche?

Con mi mano derecha destapé a Calyndra, que dormía plácidamente sobre mi regazo. La acaricié con ternura e incluso deposité un beso en su frente. Ella sonrió en sueños.

Pero entonces sentí otro peso… alguien más estaba apoyado sobre mí.

-¿Evangelina? -murmuré, levantando un poco la cobija. Y ahí estaba, dormida con la misma tranquilidad, abrazada a mi.

Tal vez no habría sido incómodo de no ser porque, justo cuando iba a preguntar algo, la puerta se abrió de golpe.

-¡Chico, ya estás despierto! Ya es buena hora para ir a… -Michael entró hablando en voz alta, seguido de Lissandro, Saúl y Mariana. Todos se quedaron en seco al ver la escena frente a ellos.

-Ya es hora de salir, Auren… -murmuró Calyndra con voz adormilada. Se acomodó la cobija para cubrir su pecho mientras se incorporaba lentamente, aún medio dormida.

-Chicos, vamos… habíamos quedado en ir con Auren a comprar lo que necesitaba -dijo Evangelina, todavía somnolienta, sujetando la sábana para taparse.

-Ehh… Calyndra… Evangelina… -balbuceé, sintiéndome cada vez más nervioso.

Entonces Evangelina abrió los ojos del todo, se talló con las manos y dejó caer la cobija por un descuido. Sus senos, cubiertos apenas por un sujetador negro, quedaron a la vista.

-¡Auren, Calyndra! ¿Qué hacen en mi cuarto? -exclamó, sobresaltada.

-¿Tu cuarto? -Calyndra ladeó la cabeza y sonrió con picardía-. Vaya, tramposa… ¿por qué dormiste con nosotros y abrazada a Auren? Hoy te lo dejo pasar, pero si quieres dormir con nosotros en…

-¿Dormir con ustedes? -repitió Evangelina, ahora sí completamente despierta, con los ojos muy abiertos y la cara enrojecida. Rápidamente se envolvió de nuevo con la cobija, mirando alrededor con evidente confusión-. Eh…

Michael estalló en carcajadas.

-¡Por eso te dijimos que tuvieras cuidado, chico! Las mujeres son verdaderas fieras.

Tras aquella escena vergonzosa para Evangelina y para mí, seguimos con nuestro día. Para Calyndra, en cambio, todo había sido de lo más normal.

-Oye, Michael… -murmuró Mariana en tono bajo-. No seas tan ruidoso.

Delante de nosotros, Evangelina caminaba con paso apresurado. Su rostro enrojecido y el ceño fruncido delataban tanto su vergüenza como la molestia que le causaban las risas de Michael.

-Aunque debo admitir algo… -Lissandro bajó la voz, acercándose junto a los demás-. Te tenemos un poco de envidia, Auren.

-Así es. No cualquiera duerme con dos mujeres tan hermosas en la misma cama -añadió Saúl, con una seriedad que no dejaba claro si lo decía en broma o no.

-Ahora que lo dicen… -Michael se acarició la barbilla con gesto pensativo.

-¡Ya basta! -los cortó Mariana con un tono molesto-. ¿Podemos continuar con nuestro día? Les recuerdo que mañana partimos a la capital real. Y Auren todavía quiere comprar cosas que solo puede conseguir aquí.

El grupo se calmó un poco ante sus palabras.

-Es por aquí -dijo finalmente Evangelina, señalando hacia la entrada de un amplio mercado-. Aquí podemos comprar pescado, verduras, carne… lo que necesiten.

Se giró un instante para mirarnos; aún estaba nerviosa, sonrojada, pero intentaba mantener la compostura.

Nos adentramos entre los puestos. Mis ojos brillaron al contemplar tanta variedad: frutas, carnes, especias… algunas que jamás había visto. Como éramos ya conocidos en la ciudad, varios vendedores insistieron en regalarnos productos como muestra de agradecimiento. Dudé en aceptarlos, pero su insistencia fue tal que al final lo hicimos. Calyndra los guardó todos en su almacén dimensional, causando sorpresa y murmullos entre la gente; fue todo un espectáculo.

-Esto es agotador… -suspiró Mariana al sentarse en una zona de descanso en medio del mercado.

-Sí, es cierto -apoyó Saúl-. Pero, Auren, ¿ya tienes todo lo que necesitas?

-Sí, ya estoy listo por un tiempo. Por fin podré preparar más recetas; algunos cocineros me compartieron sus secretos y mi repertorio creció bastante. Aunque… me gustaría conseguir también artesanías y herramientas de trabajo.

-Auren -intervino Evangelina con voz más suave-, si quieres, sé dónde puedes encontrarlas. Podría llevarte.

Se acercó un poco a mí, hablando con naturalidad, aunque la pena seguía reflejada en su rostro.

-No tengo problema. Me harías un gran favor si me guí…

-Oh, vaya… -Calyndra se colocó entre ambos, cruzándose de brazos-. Bueno, supongo que es necesario. Ejem… lo permito -dijo con tono orgulloso.

Me quedé algo confundido por su actitud, pero Evangelina parecía feliz con esa aprobación.

-Puedes ir con Auren a buscar lo que necesite. Considéralo una pequeña cita -añadió Calyndra. Luego apartó la mirada, distante, como si algo le preocupara-. Mientras tanto, yo me quedaré aquí a pensar un poco.

-¿Calyndra? -pregunté, notando su extraña seriedad.

-No te preocupes. Es algo que hablamos ayer… El hecho de que ese tipo se me colara me hace pensar que estaba usando trucos que aún desconozco. Necesito meditarlo. Ahora ve, compra lo que necesites y regresa pronto.

No le di más vueltas; sabía que cuando Calyndra se ponía seria era mejor no insistir. Partí con Evangelina hacia la zona de las herrerías, donde encontré cuchillos de gran calidad: algunos especiales para cortar carne, otros para separar piel y hueso, además de varias herramientas útiles.

-Oye… ¿podemos entrar a esa tienda? -señalé hacia un local de joyería que llamó mi atención.

Evangelina asintió con una leve sonrisa, y juntos entramos en la tienda. Por dentro, me llevé una grata sorpresa: vitrinas repletas de anillos, collares y pulseras brillaban bajo la tenue luz de las lámparas de aceite. El aire olía a metal trabajado y a un leve rastro de incienso.

-Bienvenidos -nos saludó un anciano desde el mostrador, su voz grave pero amable-. ¿Vienes por algo para regalarle a tu novia, jovencito? -rió suavemente.

Evangelina se ruborizó al instante, desviando la mirada hacia otro lado.

-Bueno, supongo que no es mala idea… -respondí con serenidad-. ¿Podría mostrarme algunas piezas?

-Por supuesto, pasa por aquí. Tengo anillos y collares de todo tipo -dijo el anciano, sacando varias bandejas repletas de joyería.

Mientras Evangelina se mantenía un poco apartada, observaba de reojo mi conversación con él. Yo revisaba distintos anillos, cada uno con piedras preciosas de variados colores, pero sentía que faltaba algo.

-Disculpe… ¿no tiene nada hecho con gemas mágicas? -pregunté con cierta duda.

El anciano arqueó una ceja.

-Son muy caras y peligrosamente codiciadas. Las guardo lejos de la vista para evitar clientes problemáticos. ¿Quieres que te muestre algunas?

Sacó un pequeño cofre de madera y lo abrió. Sin embargo, apenas tomé una de las piezas, una sensación recorrió mi cuerpo: algo no estaba bien. Eran bonitas, sí… pero huecas en esencia.

-Son de baja calidad -dije con voz firme.

-¿Eh? ¿De qué hablas, Auren? -preguntó Evangelina, confundida, mientras tomaba un anillo con una gema azul, maravillada por su apariencia.

El anciano me observó con atención.

-Vaya… ¿lo notaste, verdad?

-Lo siento -respondí con sinceridad-. Pero algo dentro de mí grita que son errores, hechas con restos de otras gemas. Bonitas a la vista… pero sin verdadero valor.

El anciano cerró el cofre con una leve sonrisa.

-Tienes razón. Son defectuosas. Para muchos son un fracaso, aunque siempre hay quien compra solo por la apariencia. No esperaba que alguien tan joven lo notara… Hace mucho que no veía a alguien como tú.

Entonces movió un cuadro en la pared y sacó un estante oculto dentro de una caja fuerte. Al ponerlo sobre la mesa, un resplandor llenó la tienda.

-Son hermosas… -susurró Evangelina, con los ojos abiertos de par en par, brillando de emoción.

-Sí, lo son -admití. Pero en vez de fijarme en las gemas, mis dedos recorrieron el metal que las sostenía, analizando su forma, la pureza de la estructura.

-Oh, esto es curioso -murmuró el anciano-. Lo normal sería que te deslumbraras por las gemas… pero tú fuiste directo a la montura.

Me miró con renovado interés.

-¿Acaso quieres trabajar con estos materiales, muchacho?

-¿Tiene herramientas y metales como estos? -pregunté con seriedad.

-Los tengo todos. ¿Quieres comprarlos?

-Sí.

-Diez monedas por las herramientas. Los metales se venden aparte.

-¡Auren, espera! Son muy caras… -intervino Evangelina, preocupada.

Pero no dudé. Le entregué el dinero. El anciano sonrió satisfecho y me pasó varias cajas con juegos de herramientas finamente elaborados. Apenas las toqué, sentí el peso del esfuerzo y la dedicación que había detrás de cada una.

-Son preciosas… -murmuré intrigado.

-Las hice yo mismo. Si sabes usar algún tipo de flama, ni siquiera necesitarás un horno. En cuanto a los metales… tengo oro, plata, platino.

-Me llevo de todo, especialmente platino.

-En ese caso, otras diez monedas. Total: veinte.

En lugar de eso, dejé veintidós monedas sobre el mostrador, como muestra de cortesía.

El anciano arqueó las cejas y sonrió de nuevo.

-Sabes cómo ganarte a un comerciante… Acércate un momento.

Me incliné hacia él. El anciano bajó la voz y me susurró al oído:

-Esa señorita parece muy interesada en ti. Incluso si no es tu novia, deberías regalarle algo… o al menos pasar más tiempo con ella. No seas tonto, chico. Se nota que es una buena muchacha.

Me enderecé de inmediato, sorprendido por sus palabras, mientras notaba a Evangelina mirándome, todavía con las mejillas encendidas por el ambiente íntimo que había creado la tienda.

-Evangelina, aún tenemos algo de tiempo… ¿qué te parece si recorremos un poco más el mercado antes de volver con los demás? -extendí mi mano hacia ella. No quería comprarle algo hecho por otros; en el fondo, mi deseo era darle algún día algo creado por mis propias manos.

Ella dudó apenas un instante, pero luego entrelazó sus dedos con los míos. Sentí cómo apretaba mi mano con fuerza, como si buscara asegurarse de que no pensaba soltarla. Al mismo tiempo, su cuerpo se acercó un poco más al mío, cálido y tembloroso.

Ese gesto, tan pequeño y silencioso, dijo más que mil palabras.

Punto de vista de Evangelina

Mi corazón latió con fuerza en el instante en que tomé la mano de Auren, como solía hacerlo Calyndra. Por primera vez comprendí por qué a ella le gustaba tanto: me hacía sentir segura, protegida. Instintivamente apreté su mano con firmeza, como si temiera soltarla.

Nuestra pequeña escapada nos llevó hasta un local donde vendían dulces fríos. Me intrigó de inmediato; rara vez tenía la oportunidad de probar algo así debido a mi labor como aventurera. Era un lujo inesperado.

—¿Podría darme un postre frío de fresa? —pregunté con cierta timidez.

La mujer que atendía nos miró de arriba abajo, deteniéndose en nuestras manos entrelazadas. Sonrió con complicidad y, en lugar de uno, nos entregó un postre especial para dos.

—Que lo disfruten, jóvenes. Que tengan un buen día.

Nos despidió con un gesto de la mano, sin cobrarnos nada, como si quisiera ser cómplice de aquel momento.

Nos sentamos en un pequeño banco cercano. Compartir el postre resultó más íntimo de lo que esperaba; cada vez que me inclinaba para tomar un bocado, inevitablemente terminaba rozando a Auren, quedando peligrosamente cerca de él.

—Auren… ¿puedo preguntarte algo? —murmuré, bajando un poco la voz.

—¿Qué pasa? —respondió distraído, saboreando el dulce.

—¿En verdad cumplirás tu promesa?.

Él se detuvo apenas un segundo y me miró con seriedad.

—¿La de salvarte?, claro yo te lo prometí. No es algo que deba ponerse en duda.

—No lo dudo, solo que… —llevé una mano a mi pecho, buscando calma—. Siempre fui yo quien protegía a los demás, quien lideraba y guiaba. Me resulta extraño querer depender de alguien más.

—No tiene nada de malo —contestó con firmeza—. Todos necesitamos a alguien en quien confiar. Y yo confío en ti.

Tragué saliva, nerviosa.

—¿Por qué?

—Porque es la decisión que tomé. Desde el inicio supe que este camino me traería problemas, pero también que no quería arrepentirme de haber negado lo que sentía.

Sonrió entonces, con una calidez tan sincera que me desarmó.

—Yo voy a protegerte, Evangelina. Voy a salvarte incluso si eso pone mi vida en riesgo. Esa es mi decisión, y si tuviera que repetirla una y otra vez… lo haría, incluso si fueran infinitas.

Leves lágrimas me brotaron sin permiso. Yo, que había crecido rodeada de nobles y sus mentiras, era capaz de detectar cualquier falsedad… pero en él no había ninguna. Solo verdad.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi razón: me lancé hacia adelante y lo besé. Fue un beso lento, dulce, con los ojos cerrados, queriendo atesorar cada segundo. Cuando me separé, temblando, intenté hablar.

—Yo…

Pero Auren me interrumpió suavemente, colocando un dedo sobre mis labios. No hacían falta explicaciones. Supe entonces que lo único que debía hacer era aceptar mis propios sentimientos. Asentí, sonriendo entre lágrimas, feliz de que él también los hubiera aceptado.

Termina punto de vista de Evangelina

Finalmente, después de aquella pequeña cita, regresamos con Calyndra y el resto de la party de Evangelina, quienes nos esperaban.

—Ouh~ —Michael fue el primero en notarnos, y también el primero en abrir la boca.

Solo entonces me percaté de que seguía tomado de la mano con Evangelina, de una manera demasiado evidente. Ella no dijo nada; simplemente se escondió detrás de mí, con el rostro ardiendo de vergüenza.

—Esto sí que es nuevo… —murmuró Saúl, sorprendido.

Mariana, en cambio, parecía feliz por lo que veía, y Calyndra se limitó a dedicar una sonrisa dulce. Lissandro, por su parte, abrió los ojos como platos, incapaz de procesar lo que ocurría.

—¡Alto! —exclamó señalando a Evangelina con el dedo índice—. ¿Quién eres tú y qué hiciste con nuestra jefa?

No duró mucho su arrebato, pues Mariana le propinó un coscorrón que lo obligó a callar de inmediato.

—Señorita Evangelina, la estábamos esperando —dijo Mariana con una reverencia, obligando a Lissandro a imitarla a regañadientes.

—Bueno… esto era de esperarse. Además, siendo sinceros, prefiero a Auren antes que a cualquier otro —añadió Saúl con tranquilidad.

Las palabras quedaron flotando en el aire, hasta que todos guardaron silencio al ver levantarse a Calyndra. Ella caminó hacia nosotros con pasos firmes, tomó mi otra mano y, mirándome primero a mí y luego a Evangelina, declaró:

—Auren, esta noche tendremos una conversación de chicas. Solo nosotras dos.

Vi a Evangelina, por primera vez, plantarse firme frente a Calyndra. Aquello me sorprendió tanto que no dije palabra.

Con todo listo, nuestro siguiente destino era la capital real. Esa noche nos hospedamos en la casa del señor de la ciudad. Él abrió la puerta y, al ver cómo me encontraba tomado de la mano tanto de Calyndra como de Evangelina, se mostró perplejo. Yo solo sonreí, y en ese gesto supo que no debía hacer preguntas.

El cansancio del día pesaba sobre mí, pero antes de dormir aproveché un instante de soledad para trabajar con mis nuevos materiales. Quería forjar bases para anillos, aretes y collares. Le pedí a Calyndra que me sacara los metales mientras hablaba con Evangelina; ella aceptó y me los entregó junto con mis herramientas. Sin perder tiempo, me sumergí en mi labor en otro cuarto, decidido a crear algo que naciera de mis propias manos.

Punto de vista de Calyndra

—Cuéntamelo todo.—hablé en ese momento con un tono serio, mientras nos adentrábamos en un cuarto privado. Habíamos tomado asiento con una mesa entre nosotras, y las velas eran la única luz que nos rodeaba.

—Calyndra… al principio no quería meterme entre ustedes pero… cuando tomé la mano de Auren.—Evangelina apretó la mano con la que lo había sostenido.— No pude negarme a estos sentimientos. Sostener su mano me hizo sentir la mujer más segura del mundo.

Me miró con los ojos vidriosos, como si quisiera llorar.

—Lo entiendo.—respondí con cierto orgullo.— La mano de Auren se siente así cuando lo amas… te hace creer que nada puede lastimarte y que puedes con todo.—dije bajando la mirada, aunque una sonrisa fugaz se escapó de mis labios.

—Sin embargo…—troné mis dedos y conjuré mi magia. Una corriente de agua se alzó como una soga, enroscándose en el cuello de Evangelina.

—Estar con Auren significa que, aunque él pueda protegerte, eso no te pondrá a salvo siempre. Su fuerza atraerá enemigos poderosos, y con ellos vendrán peleas constantes, heridas, muertes… e incluso el odio de quienes no soporten verte a su lado. Habrá envidias. Habrá celos.—

Me levanté, mirándola a los ojos con una frialdad afilada, mientras la soga de agua se apretaba cada vez más.

—¿Puedes soportar este destino?

No mostré piedad. Mis ojos estaban fijos en ella, como si en verdad quisiera matarla.

—Sí quiero…—jadeó con esfuerzo.— Incluso si debo renunciar a mi vida, incluso si dejo de ser una noble, incluso si me convierto en enemiga pública… si todo eso me permite estar con Auren, lo acepto. Y si lo deseas, te entrego mi vida ahora mismo… pero déjame morir sabiendo que él aceptó mis sentimientos.

Sus ojos, aunque llenos de miedo, brillaban con una firmeza que antes no tenían. Eso me bastó.

—Muy bien.—disolví la magia y ella cayó de rodillas, tosiendo mientras recuperaba el aire.— Entonces te acepto como la futura segunda esposa de Auren… porque la primera seré yo.—extendí mi mano hacia ella.— Si estás de acuerdo, tómala.

Evangelina, jadeante, alzó su mano temblorosa y la tomó con fuerza.

—Yo, Evangelina De Saint-Clair…—tosió de nuevo— acepto todo lo que conlleve estar al lado de Auren, incluso si me cuesta la vida. Y acepto ser su segunda esposa en un futuro.

—Bien.—sonreí con un toque juguetón, mordiéndome el labio inferior mientras la ayudaba a ponerse en pie.— Entonces sígueme.

Ella, sonrojada, me siguió en silencio. Sabía perfectamente a dónde la estaba guiando: hacia donde estaba Auren.

Fin del punto de vista.

Limpié el sudor de mi frente después de haber estado trabajando en la base de algunos accesorios. Había empezado con el material más económico, la plata, y sin duda fue lo correcto: por primera vez había fallado. Intenté crear una base de un anillo para montar un diamante, pero la pieza terminó rota o deformada.

—No pensé que la joyería fuera tan complicada… —murmuré con frustración—. Si aplico demasiada fuerza, se rompen o se doblan; si uso poca, quedan mal hechas y poco cómodas.

Suspiré agotado. El sueño me vencía y opté por descansar. Dejé las herramientas y materiales sobre la mesita, y me tendí en la cama.

—Ya ha pasado un buen rato desde que esas dos están hablando… supongo que se están conociendo mejor —fue mi último pensamiento antes de cerrar los ojos.

—Auren, despierta.

La voz de Calyndra me arrancó de mis sueños. A su lado, Evangelina se veía nerviosa y sonrojada.

—¿Qué sucede, Calyndra? ¿Ya es de día? —pregunté aún adormilado.

Mi sorpresa fue inmediata: Calyndra disolvió su tela mágica y, sin una pizca de pudor, se deslizó en mi cama. Se aferró a mí, rodeándome con un abrazo cálido.

—¿Qué esperas, Evangelina? ¿Planeas dormir de pie? —provocó con picardía mientras se frotaba suavemente sobre mi pecho.

Evangelina tragó saliva, esquivó mi mirada y, tras un instante de duda, se quitó la prenda exterior, quedando en ropa interior. Con los brazos se cubrió un poco, pero al final cedió, acostándose a mi otro lado.

—Ehm… chicas… quizá no sea el mejor momento, pero…

No pude terminar la frase: Calyndra me silenció con un gesto, y entendí que no tenía elección. Ambas se acomodaron contra mi pecho, y yo, resignado, intenté conciliar el sueño. Lo que no les dije es que la cama era demasiado pequeña para tres, pero parecía no importarles: me usaron como almohada, y tuve que dormir como pude.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano para tomar el carruaje rumbo a la capital real. Nos despedimos sin problemas del señor de la ciudad y de algunos ciudadanos curiosos. En la puerta nos esperaba Brennar, comandante de los soldados.

—Disfruten su viaje y que tengan buena fortuna… —dijo, aunque al verme tan agotado y con ambas chicas pegadas a mí, soltó una carcajada mientras me daba una palmada en la espalda—. Vas a necesitar más fuerzas de ahora en adelante, chico.

Tras despedirnos, nos acercamos al carruaje donde el grupo de Evangelina aguardaba. Ella tosió con un aire solemne antes de hablar.

—Ejem… desde este momento —declaró con voz firme— me uniré a Auren y Calyndra como su segunda futura esposa.

El rostro de sus compañeros se iluminó con sorpresa y alegría al ver a su líder dar ese paso decisivo. Ellos sabían que tarde o temprano ocurriría; era inevitable.

Con todo listo, abordamos el carruaje y partimos hacia nuestro nuevo destino: la capital real.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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