Una Estrella Moribunda - Capítulo 22
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22: Una victoria 22: Una victoria Después de aquella batalla nos ofrecieron descansar en las habitaciones del castillo; las sacerdotisas se encargarían de curarnos sin costo.
A pesar de que los aventureros, la maestra del gremio y su compañera aceptaron la ayuda, nosotros declinamos amablemente: no queríamos.
—Auren —dijo Evangelina en ese momento.
—¿Qué sucede?
—respondí, mientras miraba por la ventana del carruaje.
Al alejarnos del castillo pude ver montones de ciudadanos tendidos en las calles, noqueados.
—Gracias.— —No tienes por qué darme las gracias.— —Estoy de acuerdo con ello —añadió Calyndra—.
—Pero…
ustedes dos hicieron tanto por mí, pelear…— Continuo Evangelina.
Sin embargo no pude continuar.
No Había usado gran parte de mi poder para mantenerme en pie, pero mi límite llegaba; no era físico era psicológico.
Pelear en serio, con todo en juego, es muy distinto a entrenar con la maestra.
A Calyndra le pasó lo mismo.
Cuando volví a abrir los ojos vi a Calyndra y a Evangelina acostadas junto a mí, una sobre mi pecho de lado a lado.
Levanté la mano derecha; apreté y solté suavemente los dedos.
—¿Auren…?
—fue Evangelina la primera en incorporarse; se acercó y me dio un beso en los labios.
—Yo también…
—dijo Calyndra, levantándose y besándome a su vez.
—¿Cuánto tiempo dormí?
—pregunté, todavía somnoliento.
—Tú y Calyndra han dormido cinco días —respondió Evangelina.
—Oh.
Evangelina se levantó de la cama, quedando en ropa interior, abrió la puerta y llamó a una criada.
Ésta subió con unas tazas que contenían un líquido oscuro.
—Esto es café; les ayudará a despertarse —explicó Evangelina.
—Calyndra, vamos, seguro tendremos mucho que hacer —dije.
Calyndra se sentó al borde de la cama, todavía sin ropa; tomó la taza y emitió un pequeño sonido.
—Está amargo y caliente —comentó, sacando la lengua.
—Bueno, no es lo mejor, pero sí me siento algo más despierto.
Calyndra, por favor, ponte ropa.
—Sí, sí.
—Calyndra usó su magia para vestirse en un instante.
—Bien, supongo que no quedó todo del todo bien, ¿verdad?
—pregunté a Evangelina.
—No —respondió ella—.
Ustedes causaron un desastre entre los nobles; ahora los están buscando por todo el reino.
La reina y la princesa dijeron que nadie puede retenerlos a la fuerza y que, si así fuera, ¿realmente querrían tenerlos obligados?, despues de esas palabras muchos prefirieron no involucrarse.
—Bueno —dijo Calyndra, sorbiendo el café a pequeños sorbos y haciendo un gesto con la lengua— si nos intentan retener por la fuerza, los destruiré.
—Aun así —continuó Evangelina—, los están solicitando en el castillo real.
Quieren hablar con ustedes: la princesa y la reina desean conocerlos.
—¿Podemos negarnos?
—Pregunte.
—No.
—Ella negó con la cabeza—.
Calyndra y yo intercambiamos una mirada de pocos amigos; era evidente nuestro rechazo a la idea de presentarnos.
—Por favor, a diferencia del rey, la reina y la princesa tienen mucho más poder que él y el príncipe.
De hecho, el rey mintió a la reina diciendo que solo eran formalidades, pero jamás le explicó lo que realmente ocurría.
Que el príncipe y la dama de la corte se convirtieran en demonios manchó gravemente la corona y la corte real.— Evangelina suspiró en ese momento.
—Espera, Evangelina.— Habló Calyndra.— ¿Para qué nos quieren exactamente?
¿Acaso nos quieren volver a atacar?
—No.
La princesa y la reina me dieron su palabra de que no volverán a hacerlo.
Después de ver su pelea les quedó claro que necesitarían a todo el reino y a todos sus recursos para detenerlos…
y aun así, las pérdidas serían muy grandes.— Continuó Evangelina.
—Entonces, ¿cuándo nos quieren?— Pregunté en ese momento.
—Lo más pronto posible.
Si les doy la noticia de que ya despertaron, entonces en tres días.
Pero también la maestra del gremio quiere verlos.— —Buagh, esa maldita zorra me dio muy fuerte con esa flecha.
Si la vuelvo a ver, juro que la calcinaré.— Calyndra habló en un tono molesto que combinaba con su expresión.
—Calyndra…
sé que estás molesta, y yo también lo estoy, pero por desgracia ella también tiene sus fuerzas políticas.
Y como maestra del gremio, puede solicitarlo.— Evangelina lo dijo con molestia y un suspiro resignado.
—¿Y ella?
¿Nos quiere cuándo?— Continué.
—Ella quiere verlos ya mismo.
Como tiene que preparar menos cosas, le es más fácil.— Calyndra y yo nos miramos al mismo tiempo.
Me había quitado mis guantes anteriormente, así que ella me los entregó.
—Chicos…
entiendo su punto, pero ahora la maestra del gremio también fue regañada.
Y, por supuesto, la noticia de su derrota se esparció; su reputación está en juego.
No hará nada idiota para atacarlos, menos ahora que la realeza quiere conocerlos.— —Está bien, iremos.
Pero si sospecho que es una trampa, destruiré todo el gremio.— Habló Calyndra con su tono dulce, aunque cargado de un aire de peligro inminente.
Evangelina la miró en ese momento y no supo qué decir, así que simplemente aceptó.
Por un instante, parecía temer que el gremio de la capital realmente fuera destruido.
Luego de desayunar y prepararnos física y mentalmente, partimos en carruaje hacia el gremio de la capital real.
No pasó mucho antes de llegar.
Cuando el carruaje se detuvo y la gente nos vio descender, el ambiente cambió de inmediato.
Las recepcionistas que estaban afuera corrieron a dar la noticia.
Calyndra y yo nos detuvimos frente a la puerta abierta del gremio, y dentro de este pudimos sentir todas las miradas sobre nosotros.
Dimos un paso al interior y lo primero que llamó nuestra atención fue la recepcionista Sofía, así que nos acercamos a ella.
—Señor Auren, señorita Calyndra, señorita Evangelina, la maestra del gremio los está esperando.
Por favor, síganme.— Pude notar sus nervios disfrazados tras aquella voz robótica.
Los tres la seguimos sin problema alguno hasta subir las escaleras y entrar en la oficina de la maestra del gremio.
—Bienvenidos, por favor, tomen asiento.— La maestra trató de ser lo más amable posible, invitándonos a sentarnos en un sofá frente a ella.
Nosotros aceptamos.
—Antes que nada, quiero ofrecer una disculpa en nombre del gremio de aventureros.
Sin embargo, quiero aclarar que, al final, somos una asociación que no trabaja gratis y tampoco puede ignorar la petición de la corona.— Vi una chispa de molestia en los ojos de Calyndra.
—Ahora, el gremio de aventureros desea solicitar al aventurero Auren y a la aventurera Calyndra para una misión.— —Espera, maestra.— Habló Evangelina.— No puede solicitarlos en estos días.
Existe una orden de la corona que requiere verlos primero.
—Lo sé, por eso la solicitud será tomada por ellos, y luego quedará en espera durante una semana o 3 dias despues de que se haya concluido su audencia .— Respondió la maestra.
—Vaya, vaya, al parecer cierta elfa quiere ser chamuscada nuevamente.— Calyndra parecía molesta, levantó su mano apuntando hacia la maestra.
Vi cómo esta temblaba en ese momento, mientras su recepcionista se ponía en guardia.
—Espera, Calyndra.— Sujeté su mano.— ¿Cuál es tu objetivo al asignarnos esta misión?
—Ahh…
bueno, resulta ser que es una misión de mucha importancia y…— balbuceó la maestra.
—Al grano.— La miré con un leve destello de ira en mis ojos.
Eso la asustó aún más.
La maestra suspiró, resignada.— Esta misión está clasificada como extremadamente peligrosa.
Los aventureros de rango S y héroes la rechazaron.
En el mundo solo existen cinco rango SS, y ellos son libres de todo reino y de cualquier regla.— Acomodó sus anteojos.
—¡Espere, maestra del gremio!
—interrumpió Evangelina, su voz firme cortó el aire—.
Ellos no pueden aceptar esa misión, ¡es para rango S o superior!
—Lo sé —respondió la maestra, cruzando las manos con aparente calma—, pero puedo hacer una excepción.
No cualquiera enfrenta a un grupo rango S y a dos espíritus superiores…
y aun así casi obtener la victoria.
—Ara~ si mal no recuerdo, la victoria fue nuestra —replicó Calyndra con una sonrisa dulce, casi maternal, pero con filo en su voz—.
Los habríamos destruido si Evangelina no hubiera interrumpido junto con su princesa.
El silencio se volvió pesado.
La maestra del gremio bajó la mirada, intentando ocultarse tras sus papeles, su orgullo temblando ante esas palabras.
—Aun así, hay reglas…
—murmuró Evangelina, conteniendo su molestia.
La maestra aplaudió una sola vez.
El sonido seco resonó en la habitación.
—Las reglas se ajustan cuando la situación lo exige.
—Eso suena a abuso de poder —replicó Evangelina con el ceño fruncido.
—Tal vez —sonrió la maestra, con esa calma cínica que solo tienen los que se saben en ventaja—, pero funciona.
—Bien —intervine, entrelazando los dedos y observándola con frialdad—.
¿Qué tiene de especial esta misión?
La maestra vaciló, tragando saliva.
—Debes viajar a las Tierras Altas de los Dragonoids y derrotar a uno de sus líderes.
Si no lo haces…
atacarán el reino.
El silencio cayó como un peso invisible.
—¿Y eso es todo?
—replicó Calyndra, con tono molesto y mirada peligrosa—.
¿Un dragonoid arrogante amenaza al reino y ustedes obedecen?
—No es tan simple —respondió la maestra, girando ligeramente la cabeza como si temiera la reacción—.
Su ciudad está bajo la protección de un dragón mayor…
uno dispuesto a cumplir sus caprichos.
—Entonces —dije, con calma tensa—, ¿por qué no enviar un ejército?
—Porque sería una declaración de guerra lo que complicaría las cosas.
Así que solo puede ir un grupo.
—Y si no lo hacemos, atacarán igual —murmuró Calyndra, cruzando los brazos.
—Exacto.
Tenemos dos o tres años antes de que cumplan su palabra —dijo la maestra, visiblemente incómoda.
—Calyndra…
—la miré con seriedad—, ¿qué tan fuerte es un dragón mayor?
Ella levantó la vista y respondió sin dudar: —Depende.
Puede ser igual de fuerte que tú…
o que tu maestra.
Entre más viejo, más sabio y peligroso.
Si este se volvió mayor hace poco, entonces su arrogancia lo delata.
La maestra del gremio abrió los ojos con sorpresa.
—¿Ma…
maestra?
¿Estás diciendo que hubo alguien al nivel de Auren?
¿Dónde está esa persona?
—balbuceó, incrédula.
—No importa, ya falleció —respondió Calyndra con voz seria.
El suspiro de alivio de la maestra fue casi audible.
—Auren —continuó Calyndra, sin mirarla—, esto podría ser una trampa.
Tal vez somos los primeros en saberlo.
Enviarnos a esa misión podría ser su forma de deshacerse de nosotros.
Guardé silencio un instante.
Luego, con voz baja, pregunté: —Si peleamos los tres…
¿podemos ganar?
—Sí, pero…
—Calyndra desvió la mirada hacia Evangelina—.
Ella podría salir muy herida.
Quizás nosotros también.
—Lo siento si no soy un monstruo como ustedes —protestó Evangelina, apretando los puños—.
¡Hago lo que puedo!
—Y eso bastará —replicó Calyndra con una sonrisa tranquila, pero firme—.
Irás, quieras o no, si Auren acepta la misión.
El ambiente se tensó.
Evangelina tragó saliva, intentando mantener la compostura.
Mientras ellas discutían, mis pensamientos estaban en otra parte.
—Calyndra —dije en voz baja—, ¿qué opinas de los materiales que podríamos obtener del dragón?
Ella parpadeó, y una chispa de emoción brilló en sus ojos.
—Dependerá del tipo de dragón.
Pero si hace poco se volvió mayor, sus materiales valdrán mucho, claro no como los de un anciano o algunos otros mounstros como una reina Araña o algunos otros Mounstros —sus labios se curvaron en una sonrisa—.
Sus huesos, sus escamas, su sangre.
Todo puede usarse para potenciar armas o algunos farmacos.
Tus guantes, por ejemplo, son especiales para canalizar Aura…
pero…por lo general los dragones son tipo Mágicos, no san efectivos para el manejo de Aura Sus dedos se movieron sutilmente, delineando en el aire formas de hechizos y posibilidades.
El brillo en sus ojos era puro deseo.
—Los dragones son seres antiguos —continuó—.
Nacen fuertes, pero mueren jóvenes si no aprenden.
Los que sobreviven se vuelven adultos…
y los que llegan a ancianos, se convierten en sabios.
Enfrentar a uno así es como desafiar la historia misma.
—Entonces, ¿qué haremos?
—pregunté, mirándola.
Calyndra chasqueó los dedos.
El aire vibró y una barrera translúcida nos envolvió, separándonos de la maestra.
Evangelina dio un respingo, sorprendida.
—Si cazamos a ese dragón —susurró Calyndra—, hay posibilidad de que yo evolucione.
No es seguro, pero puede pasar.
—¿Evolucionar?
—exclamó Evangelina—.
¡Eso es imposible!
Se supone que solo las criaturas pueden hacerlo.
—Como ya eres parte de la familia, puedo decirlo —respondí con calma—.
Cuando conocí a Calyndra, era un hada.
Durante mis años de entrenamiento con mi maestra, ella aprovechó el tiempo para evolucionar.
Evangelina abrió los ojos, impresionada.
—Un hada…
eso significa que eres un espíritu.
Entonces tu poder…
encaja.
Pero…
con ese nivel…
¿no serías un espíritu rey?
Calyndra sonrió con serenidad.
—Buena deducción.
Pero no, soy un espíritu especial, único.
Si me midiera en un rango…
diría que todavía estoy en la categoría clase media.
Evangelina se llevó una mano al rostro, resignada.
Yo, en cambio, solo sonreí.
Calyndra siempre será Calyndra, sin importar cuánto evolucione.
—Bien —dije finalmente—.
Aceptaremos la misión.
Necesito volverme más fuerte, y si eso te ayuda, aún mejor.
—Auren, Calyndra…
—Evangelina apretó su espada—.
Por favor, ayúdame a ser más fuerte también.
—Claro que sí —respondió Calyndra, disolviendo la barrera—.
Te lo prometí, ¿no?
El aire volvió a fluir libremente.
Pude ver a la maestra intentando ocultar su frustración mientras los pequeños espíritus del viento que había invocado regresaban sin haber escuchado nada.
—Entonces, aceptamos la misión —dije, poniéndome de pie—.
Partiremos cuando estemos listos y la audiencia con la corona haya terminado.
—Q-qué felicidad —balbuceó la maestra, fingiendo una sonrisa nerviosa mientras unía las palmas frente a su rostro—.
Prepararé los documentos de inmediato.
—Si eso es todo —intervino Evangelina—, nos retiramos.
—En cuanto esté listo el papeleo, les enviaré un mensaje —confirmó la maestra con voz temblorosa.
Nos dimos la vuelta y salimos del gremio.
Detrás de nosotros, el silencio volvió a apoderarse del lugar.
Solo quedó el murmullo de los aventureros que, al vernos pasar, bajaban la mirada…
como si supieran que el peso del mundo acababa de moverse otra vez.
Cuando salimos del gremio el atardecer ya estaba llegando a la ciudad, ni si quiera sabia que habiamos durado tanto en la conversacion con la maestra del gremio, sentia que este dia se habia desperdiciado.
—Auren, Calyndra, si no les molesta.— Hablo Evangelina antes de subirnos al carruaje.— Quizas podriamos aprovechar para recorrer la ciudad, esta noche abra una pequeña fiesta en el centro de la ciudad donde hay un monton de fiestas y ese tipo de cosas.— Hablo Evangelina con una sonrisa amplia mientras me tomaba del brazo.
—Una fiesta…—Suspire en ese momento.— Si, me hace falta divertirme, ya fue mucha pelea y mucha conversaciones seria ya estoy en mi limite.— Deje salir una exhalacion profunda hacia abajo.
Calyndra se aferro a mi otro brazo en ese momento.— Eso es una muy buena idea, vayamos a disfrutar esta noche.— Ambas chicas me jalaron en ese momento hacia adelante luego de que Evangelina le dijiera al conductor del carruaje que se fuera sin ellos, el entendio y se retiro.
Luego de eso salimos adelante hacia nuestro destino de esa noche.
Punto de vista de Seraphyne (Maestra del gremio) Cuando aquella personas se fueron del gremio pude suspirar en ese momento, si no fuera por que en mi despacho habian mas personas observando la conversacion hubiera hecho lo de aquella vez.
—¿Por que siento que cuando hablo con ellos pierdo 10 años de vida?.— Hable en un tono cansado.— Ya puden salir, ya se fueron del lugar.
Un objeto magico de alto nivel ubicado en un lugar estratégico en mi despacho, habia creado una barrera altamente ofensiva con la capacidad de hacerse invisible y hacer invisible a las personas adentro.
—¿Cual es la opinion que tiene sobre ellos?; princesa y el Líder del Grupo Libertio, Señor Fenrael.— Aquellas personas que estaba detras de mi pronto caminaron y se sentaron sobre una silla enfrente mi mientras me observaban.
—Peligrosos.— Contesto Fenrael.— Siento que ahora incluso si lo atacaramos por sopresa a ese Auren no pasaria lo mismo, de hecho creo que ni si quiera podriamos moverlo.— —Ciertamente, son personas muy fuertes, a un que me desconcerto un poco…siento que esa Elfa sabia que estabamos ahi.— Contesto la princesa.
—Por favor princesa no diga cosas sin sentido, el objeto que usamos es de clase alta, es un tesoro nacional.— Respondi a la princesa algo nerviosa por su especulaciones.
—No…ella sabia que estabamos ahi pero simplemente no nos tomo importancia.— Contesto Fenrael.— Baje la mirada mas cansada en ese momento y use mis manos para intentar apoyarme.— Ella no es una elfa cualquiera, ni si quiera es una semi elfa, ella debe ser una Alta elfa.— —Espera…esas especulaciones son muy fuertes, una Alta elfa es casi una leyenda, pero.— Continuo Fenrael.— —¿Que te dijieron los espirutus en tu pelea?.—Pregunto la princesa.
—No pudieron decirme quien era ella o que era ella, esto nunca habia pasado.— —Entonces es una Alta elfa, solo alguien asi puede evitar que los espirutus hablen.— Continuo la princesa.
—Si esto se sabe entonces vamos a tener mucho problema con mis compatriotas elfos, y sin duda serán buscados, y demandarán que la Alta elfa sea entregada a la nación como un tesoro para los elfos, pero si alguien intenta tocarla entonces destruiría a todos.— Pegue mi cabeza a mi escritorio de madera golpeando con mis puños.
—¿Por que aparecen monstruos asi?,¿por que, por que, por que?.— —Una alta elfa no puede ser derrotada por una Elfa común y corriente como yo, ¡es imposible, imposible!
—Maestra del gremio, por favor comportese, estamos frente a personas y usted esta haciendo una rebieta.— Hablo mi mano derecha “Sofia”.
—Vamos a mantener esto en secreto, solo nosotros 3 podemos saber de esto, si esto sale a la luz entonces todo se volvera un caos a nivel internacional.— Hablo la princesa con tono serio.— Maestra del gremio, Fenrael, por decreto real nadie puede mencionar que ella es una Alta elfo.— confirme en es momento con un simple quejido mientras Fenreal llevo su mano a su pecho dando su palabra para confirmar el decreto.
—Entonces la conversacion a terminado, retiremonos por ahora, en poco dias sera la cuando ellos vayan al palacio, ahi veremos como actura mi madre.— Con esas palabras la reuinion termino.
Fin del punto de vista de Seraphyne (Maestra del gremio) Estábamos en el centro de la ciudad, donde un festival se estaba llevando a cabo.
Había muchos puestos de comida, pequeños grupos musicales tocando canciones con bastante ritmo, juegos, y el ambiente estaba en su máximo punto.
Habíamos aprovechado que la ciudad había puesto mesas y sillas para que las personas pudieran disfrutar.
Se podía sentir la abundante y fresca brisa de la noche moviendo nuestros cuerpos, mezclada con el aroma de la carne asada, flores dulces y el pan recién horneado que vendían los comerciantes.
—Por cierto, Auren —habló Calyndra con sus manos ocupadas por una bebida fría y algo de comida; una especie de ensalada con pedazos de carne.
—¿Qué sucede?
—pregunté en ese momento mientras sostenía la mano de Evangelina.
—La maestra no estaba sola en el despacho —habló Evangelina mientras daba pequeños sorbos a su bebida.
—Tenía el presentimiento de que, aparte de ella y su recepcionista, había alguien más viendo y escuchando —observé a Calyndra, que disfrutaba de su comida con calma.
—¿Calyndra?, ¿pudiste saber quiénes eran?
—preguntó Evangelina—.
Aunque, si mi intuición no me falla, deberían ser dos personas.
—Se quedó pensando, con la mirada fija en Calyndra.
—Era un hombre y una mujer —contestó Calyndra—.
No pude ver quiénes eran por una molesta barrera mágica.
—Entonces debió ser la princesa y el hijo del comandante de las tropas del reino —habló Evangelina frotando su mentón—.
Con el que luchaste, Auren.
—Ah, ese tipo de personalidad caballerosa —lo recordé en ese momento, pero no le di importancia.
—Auren…
—me miró Evangelina algo molesta.
—¿Qué sucede?
— Antes de que pudiera responder, escuché una voz bastante familiar llamándonos la atención.
—¡Hola, chico!
—Michael, el compañero de Evangelina, junto a sus demás compañeros, se acercaron a nosotros tomando asiento en nuestra mesa, aunque tuvieron que traer otra mesa y sillas para poder unirse.
—Escuché el desastre que hicieron en el castillo —habló Saúl.
—Es correcto, todos los aventureros de la capital no paran de hablar de cómo dos aventureros locos invadieron el castillo, derrotaron a un grupo de rango S y a la maestra del gremio —dijo Alessandro con una sonrisa traviesa.
—Por dios, ustedes deberían dejar de hacer tonterías —habló Mariana con tono molesto, aunque apenas contenía la risa.
—Bueno, solo tuve que hacer lo que tenía prometido —Evangelina fue arrastrada un poco más hacia mí, siendo abrazada.
Ella no pudo evitar ponerse roja.
—Vaya —Michael se frotó la barbilla, disfrutando la escena—.
Si ese fue el caso, te agradezco que hayas salvado a nuestra líder.
Pude ver cómo en ese momento se levantaron de las sillas para darme una reverencia en señal de agradecimiento.
—Auren…
— Evangelina también se levantó para acompañarlos.
—Muchas gracias por haberme salvado —habló en un tono dulce y sincero.
Por un momento me quedé en silencio, disfrutando de cómo mis decisiones nos llevaron a este punto que considero feliz.
El sonido de las risas, la música y el chisporroteo de los fuegos artificiales en el cielo parecían fundirse con la calidez del momento.
—¡Ya basta de tanto momento serio!
—Calindrya se abalanzó sobre mí, pegando sus senos sobre mi cabeza—.
¡Hoy es día de fiesta, así que vamos a celebrarlo!
Todos en ese momento levantaron la mirada y comenzaron a reírse.
Calyndra parecía más emocionada que nunca, incitando a todos a unirse a la celebración.
Por supuesto, todos la seguimos con bastante ánimo.
—Bien, chico, yo invito la primera ronda de cervezas —habló Michael.
Como si hubieran leído el futuro, una camarera nos trajo a todos unos tarros grandes de alcohol, dándome un pequeño guiño antes de irse.
—Auren…
—hablaron Evangelina y Calyndra al unísono, acercándose algo molestas—.
Espero no estés de mujeriego teniendo a dos mujeres como nosotras —habló Evangelina.
—Yo me entero de todo, así que no me llegues a mentir —continuó Calyndra.
Todos comenzaron a reírse con fuerza en ese momento por la escena de celos que se había presenciado.
Incluso si estaba en medio de un huracán, no pude evitar reírme también.
Tomé mi tarro de cerveza y lo levanté en alto.
—Por la victoria, el futuro y nuestras futuras aventuras.
Todos me siguieron levantando su tarro, golpeándolo con el mío.
—¡SALUD!
— Las luces del festival brillaban sobre nuestras cabezas, reflejándose en los rostros felices de todos.
Por primera vez en mucho tiempo, sentí que podía respirar sin el peso del peligro sobre mis hombros.
Miré el cielo iluminado y, mientras las risas se mezclaban con la música, no pude evitar pensar: —“Ojalá este momento durara un poco más… antes de que el destino vuelva a llamar.”.— Estiré mi mano hacia la luna en ese momento, con los ojos brillantes, esperando qué momento me traería el futuro y mi decisión de haber tomado aquella misión.
—Si el destino te llama, en ese momento…
—Calindrya habló en un tono dulce, sosteniendo mi mano con la suya.
—Puedes confiar en nosotras para que seamos tus soportes para cualquier decisión que tomes —Evangelina también tomó mi mano.
—Nosotras te ayudaremos a cargar con el peso de tus decisiones.
Nunca volverás a estar solo —hablaron al unísono.
No pude evitar que mi ojo derecho liberara una pequeña lágrima.
La limpié con una sonrisa, asintiendo a sus palabras, dejando que ese calor en mi pecho se quedara un poco más.
Y entre ambas fui jalado hacia lo que era un pequeño grupo musical que estaba dando un concierto bastante movido, donde unas bellezas bailaban junto conmigo.
Todo pareció tan rápido… un momento fugaz, un sonido musical que no paraba, una felicidad que desbordaba.
Una noche perfecta para los tres.
Fin del Capítulo 2
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