Una Estrella Moribunda - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 Segundo Preludio del capitulo 3 - Una Carta
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24: Segundo Preludio del capitulo 3 – Una Carta 24: Segundo Preludio del capitulo 3 – Una Carta El viento soplaba hacia el este, moviendo el alto césped que había crecido sin control.
La humedad del suelo impregnaba el aire, dándole un olor a tierra viva.
En medio de aquel paraje solitario se alzaba una casa de madera.
Vieja, abandonada, cubierta de polvo y tiempo.
La figura que había llegado se detuvo frente a ella.
Por un instante, pensó que su antigua amiga se había mudado, quizá dejando alguna nota o recuerdo para ella.
Avanzó con paso lento; el césped húmedo se pegaba a sus piernas mientras cruzaba el sendero.
Al tomar la perilla, la giró con suavidad: la puerta cedió sin resistencia.
Dentro, sólo quedaban el polvo, las telarañas y la luz del sol filtrándose por una ventana, iluminando una mesa solitaria.
Sobre ella, una carta sellada.
Se acercó, sintiendo cómo algo en su pecho se encogía.
Cuando la tomó, un leve dolor le recorrió el cuerpo —como si el papel guardara una despedida que ella ya conocía sin leerla.
“Hola, mi querida amiga.
No sé por qué, pero siento que te he conocido desde hace mucho tiempo.
Creo que desde cuando estaba viva, ya sabes antes de que convirtiera en una no muerto.
En fin.
Como ves, te dejo esta carta para despedirme.
No sé cuándo regresarás, quizá pase tanto tiempo que ni siquiera llegues a leerla.
Aun así, quiero contarte lo que ha ocurrido desde que te fuiste.
Verás, los días después de tu partida fueron tranquilos.
Nada fuera de lo común: algunos monstruos buscando pelea, unas cuantas muertes de bandidos…
lo de siempre.
Hasta que el destino me mostró a un pequeño chico.
Al principio pensé que era solo un niño perdido, quizá uno que escapó de los bandidos y se adentró demasiado en el bosque.
Pero había algo en él…
algo que me hacía imposible apartar la mirada.
Era como si una voz dentro de mí me pidiera que lo cuidara.
No me fié de ese impulso, claro.
Así que lo seguí en silencio entre los árboles.
Y no, antes de que lo pienses, ¡no era por curiosidad de acosadora!
Te advierto que si te estás riendo, me daré cuenta.
Lo observé pelear.
A pesar de su corta edad, derrotó a varios Treants con una destreza sorprendente.
Pero lo más curioso era su compañera: una pequeña hada.
Algo en ella me llamó poderosamente la atención.
Usé mi habilidad especial para ver qué tipo de ser era y solo logré leer: “Pequeño espíritu del final”.
Era la primera vez que veía algo así.
Pero bueno, retomando al chico…
tuvimos una especie de enfrentamiento la primera vez que nos cruzamos cara a cara.
Y, para mi vergüenza, me dio un golpe en el estómago tan fuerte que me estrelló contra mi propia barrera…
y la destruyó.
Sí, me dolió más de lo que quiero admitir.
Incluso mi cuerpo tardó en regenerarse del impacto y no fue por completo.
Y entonces comprendí el potencial de aquel niño.
La misma sensación que me llamó la atención la primera vez volvió a mí, pero ahora la acepté: lo cuidaría y lo entrenaría.
De todas las maneras posibles, hasta hacerlo más fuerte…
y hasta enseñarle a resistir los encantos de las mujeres.
Porque te juro que ese muchacho podría tener muchos problemas con las mujeres en el futuro.
Los años pasaron y el chico se volvió más poderoso; yo me sentía orgullosa.
Cuando ya no tuve nada más que enseñarle, celebramos una pequeña fiesta de pregraduación: la lección final fue dura y directa —no tener miedo de matar.
En este mundo, a veces debes quitarle la vida a alguien para defenderte o para proteger a los que amas; hay momentos en que la única opción es eliminar a quien te hace daño.
Ahora lo más importante: te preguntarás por qué no regresé a casa, o por qué no te digo dónde estoy.
Debo pedirle a ese chico que me dé la muerte.
Lo sé, probablemente no te guste la idea de que me maten, pero esta vez es necesario.
Estoy a punto de evolucionar a la clase de “Rey no-muerto” y siento cómo me voy perdiendo a mí misma.
No quiero convertirme en una asesina despiadada ni llevar la muerte sobre inocentes.
No soy una homicida por naturaleza; por eso, después de la última lección, le pediré que me mate.
Si quieres ver el último lugar en el que estaré, búscalo en el bosque: crearé allí una arena para pelear con él.
Auren, mi pupilo —el mismo instinto que me impulsó a cuidarlo y entrenarlo— será quien me quite la vida.
Lo siento.
Tu amiga, Tayana” El sonido de las gotas de lluvia, cada vez más intensas, golpeaba la vieja casa de madera y rompía el silencio.
El papel de la carta comenzó a humedecerse, no por una gotera, sino por las lágrimas de aquella figura que se había sentado a leerla.
Sus manos temblaban mientras apretaban la carta, y su llanto se extendió por toda la casa, convirtiéndose en un lamento que pareció recorrer toda la montaña.
Y entre el sonido de la lluvia, solo quedó el eco de un nombre perdido que seria repetido una ultima vez antes por aquella entidad que lloraba su perdida…
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