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Una Estrella Moribunda - Capítulo 27

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  4. Capítulo 27 - 27 Una nueva aventura
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27: Una nueva aventura 27: Una nueva aventura —Auren, Calyndra —habló Evangelina, rompiendo el silencio y los nervios que sentíamos tras llegar en el carruaje a la Audiencia Real.

Estábamos frente a las puertas de la muralla que daban al castillo, a punto de entrar—.

—Auren, confía en mí.

Guarda tus armas.

Calyndra, por favor, modera tus palabras; hay mucha diferencia entre el rey y la reina —dijo Evangelina, algo nerviosa.

—Confío en ti —contesté, luego de quitarme los guantes y pedirle a Calyndra que los guardara en su almacén dimensional.

Pude ver a Calyndra también algo nerviosa.

Evangelina abrió la ventana para hablar con el guardia y le explicó que teníamos una audiencia con el rey y la reina ese día.

El guardia dio la orden de abrir las puertas hacia los lados y, finalmente, pasamos las murallas del castillo.

Nuestro carruaje se detuvo frente a la entrada.

Varios guardias estaban alineados en filas paralelas, dejando un amplio pasillo para que avanzáramos entre ellos.

Vimos a una persona acercarse: era aquel aventurero con el que luché.

No portaba su espada.

Creo que su nombre era…

—Fenrael —dijo Evangelina, justo cuando el hombre abrió la puerta.

La primera en bajar fue ella, apoyada por él.

Luego bajó Calyndra, aunque no sintió agrado y rechazó su ayuda.

Por último, bajé yo.

Al hacerlo, sentí varias miradas; no eran cercanas, era como si me observaran desde lejos.

—Señorita Evangelina, señorita Calyndra, Auren —habló Fenrael con tono caballeroso—.

Por favor, síganme; los llevaré a la sala de la Audiencia Real.

Nos guió por los pasillos del castillo, con Evangelina delante.

El camino hacia el salón era solitario, sin interrupciones.

Al llegar a la gran puerta donde nos esperaban el rey y la reina, nos detuvimos.

—Por favor, esperen un momento; voy a dar la indicación para que los presenten.

Cuando se abran las puertas, pasen, por favor —dijo Fenrael antes de retirarse.

Esos breves minutos de espera se sintieron eternos; no sabía qué iba a suceder.

Las puertas se abrieron, y Evangelina nos dio la señal.

Avanzamos hacia adelante.

El salón real era amplio.

A los lados había escaleras que llevaban a un segundo piso donde varios nobles nos observaban.

Frente a nosotros estaban el rey y la reina; al lado del rey, Fenrael, y junto a la reina, otro hombre, fuerte y de presencia intimidante.

Mi mirada sobre él no pasó desapercibida; lo estaba midiendo.

Él simplemente colocó una mano sobre la empuñadura de su espada.

—Su Majestad, el aventurero Auren, la aventurera Calyndra y la señorita Evangelina se han reunido ante usted para su Audiencia Real —anunció una voz.

No nos dimos cuenta de cuándo Evangelina se había arrodillado.

Ella nos hizo una seña rápida para que hiciéramos lo mismo.

Aunque al principio dudamos y permanecimos unos segundos de pie, finalmente nos arrodillamos.

Por supuesto, eso no agradó al rey ni al hombre que estaba junto a él; los nobles del segundo piso murmuraban entre ellos.

Detrás de nosotros, unos pasos se acercaban, firmes y calculados.

La figura pasó a nuestro lado y se dirigió hacia la reina, tomando asiento en un banco especial entre el rey y ella.

La reconocí al instante: la princesa.

Su mirada recorría la sala con calma, observándonos.

—Pueden hablar —dijo el rey, su voz grave llenando el salón, resonando con autoridad.

—Hemos acudido a su llamada de la mejor manera posible.

Le pido disculpas por mis compañeros; no conocen los modales reales, pero no sienten ninguna falta de respeto —habló Evangelina, firme, aunque un leve temblor la delataba.

—Tú…

elfa, ¿cuál es tu nombre?

—preguntó el rey, con curiosidad y una amenaza apenas velada.

—Calyndra.

Mi nombre es Calyndra —respondió en seco, sin expresión.

—Por decreto real, serás una de mis concubinas.

—Me niego.

No vine a esto —dijo Calyndra, su voz cortante, como cristal rompiéndose.

—Insolente.

Tu deber es obedecer y servir, plebeya —replicó el rey, lleno de arrogancia.

Calyndra contuvo la furia con un esfuerzo visible; sus manos se cerraron en puños.

Yo sentí la sangre subir al rostro, a punto de intervenir, pero algo me detuvo.

—Silencio —intervino la reina, su voz fría y precisa, cortando el aire como un bisturí—.

Harold, esta audiencia no es para eso.

—Pero…

—Silencio —repitió, más firme aún, su abanico cubriendo parcialmente su rostro—.

Ante todo, quiero agradecerles por venir.

Estoy interesada en ustedes.

Levanten la mirada.

Calyndra y yo obedecimos, aunque cada músculo del cuerpo temblaba de contención.

—No recibirán castigo por sus acciones.

De hecho, estamos agradecidos de que hayan derrotado a los demonios que invadieron el castillo.

Pasaremos por alto que hayan entrado sin permiso y causados destrozos —dijo la reina, solemne.

—Pero, mi reina, estos plebeyos invadieron el castillo, interrumpieron una ceremonia y obligaron a la maga de la corte y al príncipe a volverse demonios para derrotarlos —replicó el rey, aún desafiante.

—Por eso mismo —respondió la reina con calma implacable—.

Fue una ceremonia motivada por tu capricho, que obligó a los nobles a quedarse.

Además, la señorita Evangelina estaba bajo un sello que la dejaba a merced del príncipe.

Que el príncipe y la maga usaran esa transformación deplorable solo mancha más la corona.

Así que, por favor, cállate.

El rey quedó sin palabras.

La reina, con el abanico aun cubriendo su boca, sostenía la sala con su sola presencia.

—Además, me he enterado de que aceptaste una de las misiones de categoría alta —continuó—.

Quiero preguntarte si puedes completarla.

—No sé —respondí con sinceridad.

Eso puso nervioso a los demás; estallaron en murmullos.

—¿Cómo llegaste a esa conclusión?

—preguntó la reina.

—La maestra del gremio me comentó que probablemente peleé contra un dragón mayor —expliqué.

—¿Y acaso no tienes miedo?, los dragones mayores son bastante peligrosos considerados una calamidad andante capaz de destruir un país o una ciudad —preguntó ella, con curiosidad.

Suspiré antes de responder.

—No, no tengo miedo.

—¿Por qué no lo tienes?

—insistió la reina.

Por un momento me quedé callado, buscando las palabras adecuadas.

—Porque no voy a luchar solo…

En circunstancias diferentes quizá lo pensaría, pero…

—miré a Calyndra y Evangelina; no podía ver bien sus rostros, pero sentí que sonreían—.

Si ellas van conmigo, sé que siempre podré dar lo mejor de mí.

—Ya veo.

Entonces eso es todo.

Pueden retirarse —dijo la reina, dando por terminada la audiencia.

—¡No tan rápido!

—exclamó la princesa—.

Yo todavía tengo que hablar —apuntó hacia mí con el dedo índice—.

Yo, la princesa de este reino y futura reina, no apruebo que alguien como tú esté con Evangelina.

Todos guardamos silencio.

Solo vi a la reina suspirar con cansancio.

—Princesa…

creo que debemos hablar de ese tema en otro momento —dijo Evangelina, nerviosa.

—No —contestó la princesa de golpe—.

Escúchame, tú, chico de nombre Auren —se levantó y caminó hasta quedar frente a mí—.

Evangelina no se va a casar con alguien como tú sin mi permiso.

Pude ver cómo sacaba de su bolsa una esfera de color café.

—Princesa, por favor, eso no puede decidirlo usted por su cuenta —dijo Evangelina.

—La audiencia ha terminado —intervino la reina, cortando la escena—.

Por favor, modera tus palabras y compórtate como princesa y futura monarca.

—Pero madre…

—dijo la princesa, con tristeza.

—Pueden retirarse —fue la última palabra de la reina, y todos comenzaron a salir.

Vi a la princesa guardar la esfera, aún molesta.

Con eso, la audiencia terminó.

Y Finalmente, pudimos retirarnos del castillo.

Punto de vista de la Reina Amalia —Gracias por venir, maestra del gremio Seraphyne —hablé con un tono amable, pero firme.

—No es nada —respondió ella con su voz relajada—.

Después de todo, es algo que hago por una excompañera de aventuras.

—Ha pasado bastante tiempo desde aquellas misiones, ¿no es así, Sacerdotisa de los Espíritus?

—dije con una leve sonrisa.

—Oye, hace mucho que no escuchaba ese nombre…

y menos viniendo de ti, Valquiria Dorada.

—Señoritas —intervino una voz masculina, grave y cansada—.

Sé que estamos en una reunión importante, pero si desean conversar sobre los viejos tiempos, háganlo en una fiesta de té, como corresponde.

—Vamos, vamos, Richard —rió Seraphyne con suavidad—.

Nos hemos visto en tantas situaciones que no tienes por qué seguir tan serio, Maestro de la Espada.

El hombre resopló, cruzando los brazos.

Yo, sin evitar una sonrisa, los observé.

Aquellos rostros, marcados por los años y la experiencia, eran un recordatorio de una época donde el destino del reino no dependía de coronas, sino de nuestras decisiones.

—Nuestro antiguo grupo de aventureros de rango S —dijo Seraphyne, mirando alrededor de la mesa—.

No todos estamos aquí, pero los suficientes.

—Bien —dije, dejando que el tono cálido se deslizara hacia uno más regio—.

Vayamos al grano.

—Creo saber por qué nos has convocado —continuó Seraphyne—.

Es por ese muchacho, Auren, y la semielfa, Calyndra.

—Ciertamente —intervino Richard—.

Durante la audiencia, ese chico fue increíblemente insolente.

Por un momento creí que el rey iniciaría una guerra solo por orgullo.

¿Cómo puede alguien provocar tanto con tan pocas palabras?

—A tus ojos, Richard…

¿qué te pareció ese muchacho?

—pregunté, manteniendo la compostura de una reina, pero con la curiosidad de una antigua camarada.

El hombre pensó unos segundos, rascándose la barba.

—Era como una bestia —dijo al fin—.

Como si un fenril estuviera frente a nosotros, dispuesto a matarnos solo por molestarlo un poco.

Ciertamente, es un chico poderoso.

—Entonces dime —hablé con tono serio—.

Si nosotros tres lo enfrentáramos a él y su grupo, ¿cuál sería el resultado?

—Perderíamos —respondió sin dudar.

—¿Por qué esa conclusión?

—pregunté.

—Porque esa elfa ya pudo contra dos espíritus y contra Seraphyne —contestó Richard, bajando la voz—.

Si lucháramos dos contra uno, o incluso tres contra dos, no tendríamos oportunidad.

Su sincronía es demasiado fuerte.

Se cubren las espaldas, se entienden sin hablar…

y eso es más peligroso que cualquier hechizo.

Seraphyne asintió.

—¿Y si nos enfrentáramos todos los antiguos miembros?

Richard meditó unos segundos antes de responder.

—Podríamos darles pelea.

Incluso dañarlos seriamente…

pero aun así…

—¿Sí?

—pregunté, inclinándome apenas hacia adelante.

—Siento que sería como pelear contra un abismo —dijo, su voz casi un susurro—.

Cuando creemos que lo vemos por completo, descubrimos que solo mirábamos la superficie.

Guardé silencio.

En mis manos, el abanico descansaba inmóvil.

Entonces…

—hablé al fin, mirando a ambos con la serenidad de la reina, pero el fuego de la guerrera aún vivo en mis ojos—.

¿Estás diciendo que aún no han mostrado su verdadero poder?

—Es posible…

y no creo que solo él —murmuro Richard.

—¡Ya, por favor!

—exclamó Seraphyne, dejando caer el rostro sobre la mesa y golpeándola suavemente con los puños—.

Ya tengo suficiente con los chismes sobre mi derrota; cada vez que los escucho me da dolor de cabeza.

—Seraphyne —hablé con tono firme—, tú sabes algo más, ¿verdad?

Ella suspiró profundamente antes de levantar la mirada hacia nosotros.

—Lo sé…

pero no será agradable lo que voy a decir —respondió, su voz más seria de lo habitual, pero con un tono cansado—.

Calyndra…

hay una posibilidad de que sea una Alta Elfa.

—¡Espera, espera!

—intentó interrumpir Richard, pero lo silencié con un gesto.

—¿Quién más sabe sobre esto?

—pregunté.

—La princesa…

y el hijo de Richard, Fenrael —contestó Seraphyne sin rodeos—.

La princesa ya dio un decreto para que nadie hable del tema, y sinceramente pienso que es lo mejor.

—Entonces que siga siendo así —dije con solemnidad—.

Nadie debe saber de esto.

Es una orden real.

Ambos asintieron en silencio.

La tensión en la sala se podía cortar con una hoja de acero.

—Por cierto, Reina —dijo Richard, con cierta duda en la voz—, ¿fue correcto dejar que ellos tomaran la misión?

—Ahora que lo mencionas —añadió Seraphyne, frunciendo el ceño—, tú fuiste quien dijo que debían hacerlo.

Pudimos haber tomado nosotros esa misión si era tan importante.

¿Por qué a ellos?

—En parte…

—respondí tras una breve pausa— fue un capricho mío.

Pero también he decidido enviar a mi hija para que participe en la misión junto a ellos.

—¿Estás segura de eso?

—preguntó Richard, incrédulo.

—Sí.

Necesita más experiencia de batalla y conocer el mundo real.

Aunque habrá dificultades…

deberá superarlas.

—Ahora siento un poco de pena por ese muchacho —murmuró Richard con media sonrisa.

—Con esto, la conversación ha terminado —anuncié, poniéndome de pie—.

Gracias por responder a mi llamado…

mis viejos amigos.

—No tiene por qué preocuparse, mi reina —respondió Richard, levantándose y haciendo una reverencia—.

Siempre responderé si me necesita.

—Y no te olvides de mí —añadió Seraphyne con una sonrisa traviesa—.

Mi trabajo se ha vuelto más pesado estos días, así que…

¿qué tal si, por los viejos tiempos, compartimos una cerveza?

Dicho eso, sacó de su bolsa mágica un par de barriles de cerveza.

—Tramposa…

—refunfuñó Richard, aunque ya se estaba sentando de nuevo.

Esa noche, me permití bajar la guardia.

Dejé que la reina descansara y que la Valquiria Dorada volviera a reír entre sus viejos compañeros, aunque fuera por unas horas.

Fin del Punto de vista de la Reina Amalia Habían pasado unos pocos días desde aquella audiencia, y nuestros días transcurrieron con cierta calma.

Calyndra y Evangelina se aseguraron de tener suficientes provisiones —más de las necesarias, por si acaso— y yo me enfoqué en la herrería, fabricando herramientas y una espada especial para Evangelina.

—Auren, ¿estás ahí?

—la voz de Calyndra me sacó de mis pensamientos mientras trabajaba.

—¿Qué sucede, Calyndra?

—pregunté, limpiándome el sudor de la frente.

—La maestra del gremio ya envió los papeles para la misión que aceptamos —respondió Evangelina.

—¿Cuánto tiempo tenemos para salir?

—Tres días —contestó ella, con un tono entre serio.

—Calyndra, ¿podrías sacar el cuerno del lobo?

El que tenía el elemento de agua.

Ella asintió y, con un leve gesto, usó su magia para sacar del almacén dimensional el cuerno de aquel lobo.

Lo atrapé con la mano y lo observé.

Aún conservaba el encantamiento original de Calyndra.

—Calyndra, una pregunta…

ahora que eres más fuerte, ¿podrías mejorar el encantamiento de este material?

Calyndra pensó un momento antes de responder.

—Sí, aunque no será mucho.

Le lancé el cuerno mientras retiraba la espada que se enfriaba en agua.

Era una espada de doble filo, corta, liviana y de hoja limpia, forjada en acero mágico.

La empuñadura también era de acero encantado, y el mango, de cuero macizo para un fuerte y firme agarre.

—Valió la pena —murmuré, observando el brillo metálico—.

Para ser algo tan caro, lo siento justo.

—Debo admitir que nunca imaginé que también fueras un excelente herrero —dijo Evangelina, acercándose con una sonrisa.

Tomé su mano y le entregué la espada.

—Pruébala.

Dime cómo se siente.

Evangelina se apartó un poco y comenzó a probar el arma: cortes, estocadas, movimientos circulares.

Luego, concentró su energía y lanzó un pequeño hechizo.

Al parecer, los entrenamientos con Calyndra estaban dando resultado; su magia fluía cada vez con mayor naturalidad, aunque aún carecía de la potencia que deseaba.

—Auren.

—Calyndra me lanzó el cuerno; esta vez su brillo era más intenso, y sentí que estaba al límite del encantamiento, justo en ese punto donde, si se fortalecía más, podría romperse.

—Evangelina, sé que te encanta la espada, pero cuando termine con esto, te va a gustar aún más.

Evangelina asintió, entregándome la hoja.

Calyndra se acercó por detrás y la abrazó con suavidad.

—Evangelina, todavía necesitamos entrenar más, así que vamos a dejar a Auren y dedicarnos a eso —dijo con su tono sereno, aunque firme.

Pude ver el rostro de Evangelina entre el pánico y la resignación, sabiendo que no tenía escapatoria.

Antes de irse del taller, ambas se acercaron y me dieron un beso en los labios.

Me quedé quieto unos segundos, observándolas mientras salían.

Cuando las puertas se cerraron, volví al trabajo con más determinación que antes.

Quiero darle lo mejor a ella.

Punto de vista de Evangelina Nunca pensé que Calyndra pudiera ser una maestra tan exigente.

Durante estos pocos días de paz me ha tenido entrenando magia hasta el punto de agotarme.

Pero, para ser sincera, no tengo ninguna queja; al contrario, me siento agradecida, porque ahora sé que puedo seguir superándome cada día más.

Sin embargo, había estado posponiendo algo importante, y Calyndra lo sabía.

Por eso, hoy —un día antes de partir— no hubo entrenamiento.

En cambio, me dio una sola instrucción: que me encargara de “ese asunto pendiente”.

Lo sé…

mi mente lo sabe, y mi corazón grita, pero…

—Oh, líder, ya estamos aquí —la voz de Michel me sacó de mis pensamientos.

Estaba sentada en una vieja silla de madera dentro de la taberna donde los había citado para una pequeña celebración.

—Hola, chicos, por favor, tomen asiento.

Mis compañeros se sentaron, y cuando los miré a los ojos, no pude evitar recordar la primera vez que nos conocimos: Michel, Saúl, Alessandro, Mariana…

todos éramos novatos entonces, dispuestos a abrirnos camino en la vida.

Qué nostalgia.

—Chicos…

yo…

—Lo sabemos —me interrumpió Michel con una leve sonrisa.

Me quedé helada, mirándolo con los ojos abiertos.

—Sabemos que esta será la última noche de nuestro grupo, y que después partirás con Auren y Calyndra —dijo Mariana con voz serena.

—Ya habíamos tenido una reunión previa para hablar de esto —añadió Saúl—, y todos estuvimos de acuerdo en algo.

—Queremos que nuestra líder siga creciendo —continuó Alessandro—.

Por eso aceptamos la disolución del grupo.

Michel se inclinó hacia adelante y habló con una firmeza cálida: —Evangelina, no te detengas por nosotros.

Ahora tienes un camino abierto, lleno de aventuras y desafíos que van más allá de lo que nosotros podríamos alcanzar.

—Líder —dijeron todos al unísono, sonriendo con genuina felicidad—: ¡Le deseamos mucha suerte en sus aventuras!

¡Por favor, siga esforzándose!

Llevé una mano a mis labios intentando mantener la compostura, pero las lágrimas me traicionaron.

Brotaban sin control, abrasadoras y dulces a la vez.

—Claro…

claro que me seguiré esforzando.

Y ustedes también, por favor…

no dejen de hacerlo —¡Entonces, esto es una fiesta, así que vamos a celebrar!

¡Hoy Evangelina paga!

—exclamó Saúl con su habitual energía.

Las risas llenaron la taberna y por un instante olvidé que mañana tomaría un camino distinto.

Bajo la tenue luz de las velas, sus rostros se grabaron en mi memoria como una última imagen de mis antiguos compañeros de grupo.

—Gracias, chicos —murmuré—, por haber sido mi primera familia en este viaje.

Fin del punto de vista de Evangelina Los tres días pasaron rápido, y el momento de partir finalmente llegó.

Fuimos llevados en carruaje hasta las puertas de salida de la ciudad, y algo me sorprendió al llegar: alguien nos estaba esperando.

—Maestra del gremio, ¿sucedió algo?

—preguntó Evangelina, la primera en acercarse.

Nosotros la seguimos.

—No, no sucede nada —respondió Seraphyne con su tono tranquilo habitual—.

De hecho, recibí la noticia de que ya iban a partir, así que vine a despedirme de ustedes, a desearles suerte y las bendiciones de los espíritus y…

Se detuvo un instante.

Detrás de ella, una figura encapuchada se hizo presente.

—La corona ha pedido que en su grupo haya un integrante más —dijo la maestra con un ligero carraspeo, dándole paso para presentarse.

La figura avanzó un paso al frente y se retiró la capucha.

Su voz, firme y clara, resonó ante nosotros: —”Primera princesa del Reino de Quincy, rango S.

Mi nombre es Anastasia…

la Paladina Dorada.

Y desde hoy, me uniré a ustedes en esta misión.”— El silencio cayó de golpe.

Incluso Evangelina se dio la vuelta lentamente para mirarnos.

Nadie supo qué decir ante semejante presentación.

Nos quedamos atónitos ante la nueva compañera que íbamos a tener en nuestra nueva aventura Notas de Escritor: Bien ya iniciamos con el tercer capítulo, y una nueva chica se une al grupo para una nueva aventura.

Espero contar con ustedes para este nuevo Arco.

Recuerda que puedes seguir en mi Patreon donde subiré imágenes de mi personaje, el enlace está en los comentarios.

Sin mas que decir, espero y me acompañes en mi nuevo capitulo y en los siguientes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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