Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Una Estrella Moribunda - Capítulo 3

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Una Estrella Moribunda
  4. Capítulo 3 - 3 Mi nombre
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

3: Mi nombre.

3: Mi nombre.

Habían pasado varios días desde aquella primera pelea a muerte contra la criatura.

Ahora que mi mente estaba más clara…

puedo admitirlo: ese oso podría haberme matado con una facilidad aterradora.

Pero no lo hizo.

En vez de eso, parecía estar probando me.

Quería saber si era capaz de darle una buena pelea.

Me estaba midiendo en ese momento, pero si no le ofrecía más, habría acabado conmigo como un depredador lo hace con su presa: rápido, limpio, sin culpa.

Me aterra pensar que, para él, todo aquello no fue más que un simple juego.

Y yo…

fui su entretenimiento.

Por otro lado, después de ponerme a salvo dentro de lo más profundo de una cueva fue cuando la adrenalina dejó de fluir por mi torrente sanguíneo, el dolor llegó.

Era insoportable, como si cada fibra de mi cuerpo estuviera siendo desgarrada desde dentro.

Me retorcía en el suelo, incapaz de controlar los espasmos.

Sentía mis venas marcadas bajo la piel, tensas, a punto de estallar.

Mis ojos, abiertos de par en par, estaban rojos, con las pupilas completamente dilatadas, luchando por no perder la conciencia.

No podía gritar.

No porque no quisiera, sino porque no podía.

Nada respondía: ni los músculos, ni los pulmones, ni siquiera mi propia voz.

Incluso mi cerebro parecía sacudirse con pequeñas vibraciones, como si fuera a apagarse por completo.

No aguanté más.

Perdí el conocimiento ahí mismo, en el suelo.

Y así, después de recordar todo lo que viví, volvemos al ahora.

No recuerdo cuántos días estuve inconsciente sobre el suelo de esta cueva, pero estoy sinceramente agradecido.

Si hay alguna entidad divina que me esté cuidando…

gracias.

No porque crea en ellas, sino porque no supe a quién más agradecer por mi suerte.

Bueno, no importa.

No pude evitar quedarme allí, tendido en el suelo, estirándome como si mis huesos llevaran siglos dormidos, Fue entonces cuando empecé a reírme con fuerza.

Gracias a lo profundo de la cueva, los ecos se perdían antes de que alguien pudiera escucharlo.

Y cuando paré de reír, comencé a llorar.

¿Cuándo fue la última vez que fui feliz?

¿Cuándo fue la última vez que realmente sentí alegría por estar vivo?

Todo este tiempo estuve en situaciones desesperadas, muriéndome de hambre, sin esperanza, odiando cada día mi existencia y maldiciendo al destino por la vida injusta que me tocó vivir…

Y ahora…

ahora me siento feliz de estar vivo.

Después de una situación en la que casi muero…

—Maldita sea…

—grité por última vez, antes de levantar la mano y notar algo extraño.

Había algo diferente en mi cuerpo.

Me senté en el suelo y comencé a observarme lentamente: mis brazos, mis manos, mis abdominales, mis pectorales…

todo era distinto.

Como si hubiese pasado años entrenando sin descanso.

Incluso sentía que había crecido unos centímetros.

—¿Cuánto tiempo estuve dormido realmente…?

—Una semana.

Una voz que no era mía me respondió de forma inesperada.

Me sobresalté.

No sabía de dónde venía y giré la cabeza en todas direcciones, buscando sin éxito.

—¿Estaré alucinando?

—Estoy aquí, idiota.

La misma voz me respondió, más clara esta vez.

Y justo entre mis piernas apareció un pequeño círculo de luz blanca que, poco a poco, tomó la forma de un hada.

Por supuesto, grité y retrocedí de golpe, buscando algo con lo que defenderme.

—¡Hey, idiota!

No grites así, ¿no ves que tengo los oídos sensibles?

¿Podrías ser un poco más considerado con tu salvadora?

Me quedé en shock.

—¿Salvadora?

—Sí, idiota.

¿De verdad crees que habrías sobrevivido en la parte más profunda del bosque sin protección, alimento o agua?

Agradece que te cuidé.

Yo soy tu salvadora.

Varias de mis dudas se resolvieron en ese instante, pero una nueva surgió con más fuerza: ¿por qué me salvaría un hada?

—¿Puedo preguntar…

por qué me salvaste?

No es muy común ver un hada.

Mucho menos una tan…

hermosa como tú.

Intenté ocultar mis nervios con una risa forzada, buscando parecer más tranquilo de lo que realmente estaba.

—Porque cuando abrí los ojos por primera vez, estaba encima de ti.

No recuerdo mucho, pero…

algo me dice que mi destino está ligado al tuyo.

No te confundas, no somos amigos ni nada por el estilo, ¿eh?

Dijo eso apartando la mirada, visiblemente avergonzada.

—¿Mi destino…?

Esa palabra me dejó pensando.

La verdad es que nunca supe a dónde iba en esta vida…

ni siquiera si seguiría vivo al día siguiente.

Y ahora…

ahora puede que todo esto sea…

más divertido.

—¿De qué te ríes, idiota?

¡Esto es un caso serio!

Mis pensamientos se vieron interrumpidos por la voz del hada.

La miré con una sonrisa que no pude evitar, una sonrisa que parecía molestarla más de lo que quería admitir.

Avergonzada, apartó la mirada.

—Estoy contando contigo entonces…

¿Cómo debería llamarte?

—Calyndra.

Mi nombre es Calyndra.

…

¿Y el tuyo?

—¿Mi nombre…?

Nunca he tenido uno.

Incluso en el orfanato solían llamarme cosas como “¡Hey, tú!”, “Niño”, “Mocoso” …

Nunca tuve un nombre.

Y la verdad…

ni siquiera sé cómo debería llamarme.

—No me digas que no tienes nombre —soltó una risa breve y burlona, pero con ternura.

—Entonces tu nombre será…

—Calyndra sonrió con una dulzura inesperada— Auren.

Tu nombre será Auren.

Auren…

Ese nombre resonó dentro de mí como si siempre hubiera estado ahí, dormido, esperando a ser despertado.

Por primera vez en mucho tiempo, sonreí…

Pero esta vez, fue distinto.

Era una felicidad que no sabía que anhelaba con tanta fuerza, una sonrisa tan amplia y sincera que me hizo llorar sin poder evitarlo.

—¡Hey, hey!

No llores…

¡No quería ponerte un nombre tan feo!

—dijo Calyndra, nerviosa, empujándome suavemente a los lados como si creyera que me había insultado hasta hacerme llorar.

Intenté responderle como pude, entre sollozos.

—No estoy llorando porque sea feo…

—logré decir al fin, calmando me poco a poco—.

Estoy llorando…

porque nunca había tenido un nombre.

Estoy feliz.

Mis manos, temblorosas pero firmes, se deslizaron por debajo de Calyndra.

La levanté con cuidado hasta colocarla a la altura de mi pecho, con una sonrisa aún bañada en lágrimas.

—Gracias, Calyndra.

Estoy muy feliz.

Desde ahora y para siempre…

cuento contigo para cualquier batalla.

—Confía en la confiable Calyndra.

¡Con mi poder, jamás podrán derrotarme!

—dijo Calyndra, inflando el pecho con orgullo aparentando ser más grande.

No pude evitar reírme por lo adorable de su actitud, y para mi sorpresa, ella comenzó a reír también, como si compartiera la broma.

En ese momento, algo cambió dentro de mí.

Esta vez…

pude hacer una amiga.

Mi primera amiga.

La risa de Calyndra se desvaneció lentamente, pero la sensación cálida que dejó en el aire permaneció.

Ya no estaba solo.

Alguien estaba de mi lado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo