Una Estrella Moribunda - Capítulo 4
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4: Reflejos 4: Reflejos No recuerdo cuánto tiempo ha pasado desde que salí de la ciudad y me adentré en el bosque.
Al principio fueron unos días; los días se convirtieron en meses, y los meses serán…
¿años?
No dudo que realmente lleve un año aquí.
Pero por lo menos ya no estoy solo.
Ahora estoy con Calyndra, mi compañera.
El día estaba en su mejor punto, el sol daba su mejor luz.
Nos habíamos movido al río.
Llevaba tiempo sin bañarme, y Calyndra ni siquiera se acercaba a mí por lo mismo.
Eso me dolía un poco, pero entendía por qué ella no se acercaba; incluso yo mismo no podría aguantarme.
Cuando llegamos al río y apenas me acerqué al mismo para poder notar mi reflejo, Calyndra se animó y me empujó con fuerza al río, tirándo me al agua para mojarme todo el cuerpo.
—¡Báñate, cochino!
¡Apestas bien horrible!
Calyndra estaba haciendo una cara de puchero, sacudiendo sus manos en ese momento, intentando quitarse la suciedad de la mano.
—¡Mouuuu!
Esto no se quita…
No pude evitar reírme por eso, al punto que también le tiré agua a Calyndra con el fin de no ser el único mojado.
—¡Para que se te quite también!
Calyndra me observó en ese momento y, por primera vez, vi cómo usó su magia para controlar el agua del río.
Con ella, creó una ola que terminó por tallarme con fuerza.
Cuando el agua ya había pasado por mi cuerpo, terminé con el cabello revuelto y completamente mareado.
Por supuesto, Calyndra se rió con fuerza en ese momento con una lágrima saliendo de su ojo izquierdo.
Cuando me recuperé en ese momento y me senté en el río, por primera vez pude notar mi reflejo.
Ya no era aquel pequeño de 12 años que apenas había salido de la ciudad, aterrorizado por todo el mundo exterior.
Aún parecía tener la misma edad, pero por primera vez pude ver quién era físicamente.
Durante todo este tiempo me había visto solo como una especie de neblina, donde no podía identificar realmente quién soy…
pero ahora, por fin, puedo verme bien.
El agua reflejaba la figura de un joven de cabello largo y grisáceo, con una tonalidad levemente blanca en las raíces que se oscurecía a medida que descendía hasta las puntas.
Mis ojos mostraban una pupila negro azabache, rodeada por un iris blanco apenas visible.
Tenía una mirada filosa y unas cejas negras, levemente pobladas.
Como mencioné antes, mi cuerpo era fornido, como si hubiera entrenado toda la vida, pero sin llegar a ser exagerado.
No tenía ninguna cicatriz en mi cuerpo, lo cual es raro, porque recuerdo haberme herido muchas veces cuando buscaba qué comer.
Y, por supuesto, solo portaba un pantalón bastante roto, que incluso ya me estaba quedando grande.
Pronto necesitaría ropa nueva, pero por el momento, estaba bien.
—¡Auren, hola!
¿Estás ahí?
¡Hola!
—Calyndra se acercó a mí para gritarme en la oreja, sacándome de mi trance—.
¡AUUUUREEEN!
El grito de Calyndra me sacó de mi trance, pero solo porque me aturdió un poco.
Cuando volví en sí, mis ojos se enfocaron en ella.
Ya sabía que era un hada, pero esta vez me fijé en su apariencia física.
Calyndra, al igual que yo, tiene las pupilas negras azabache con apenas un iris blanco visible, pero debajo de sus ojos tiene unos círculos negros que parecen una especie de antifaz.
Su cabello, tan largo que le llega hasta la cintura, tiene una tonalidad gris levemente clara, pero a diferencia de mí, posee pequeños anillos de color oscuro que bajan desde un poco más allá de la mitad de su melena hasta las puntas.
Calyndra tiene un cuerpo muy hermoso, piel clara y buenos atributos femeninos sin exagerar.
A diferencia de mí, Calyndra lleva un vestido corto, sin mangas, ligero al tacto y de corte sencillo, que llega justo por encima de la rodilla.
No es revelador, pero tiene un aire sutilmente sexy que encanta sin necesidad de extravagancias, de un tenue color blanco.
—Ouuuh…
¿Qué pasa?
¿Acaso te parezco maravillosa, toda una belleza?
No te culpo, cualquiera puede caer rendida ante mi encanto.
Calyndra, al darse cuenta de que me quedé observándola detenidamente, volvió a mostrarse orgullosa como era.
Eso solo me provocó una pequeña risa que fue acompañada por la de ella.
—Oye, Calyndra —me quedé en silencio un momento.
—¿Qué sucede?
—se quedó Calyndra observando me detenidamente, flotando cerca de mí.
—¿Tú fuiste quien me habló cuando tuve la pelea contra ese oso?
Calyndra se quedó confundida en ese momento; era obvio que no sabía de qué hablaba.
—No recuerdo haberte hablado.
Como te dije, desperté encima de tu pecho ese día.
Entonces me quedé con esa duda, por alguna extraña razón no pude volver a hablar con aquella extraña entidad que estaba dentro de mi cuerpo y me brindo su poder en ese momento, esto provocó que suspirara y por supuesto Calyndra se quedó algo curiosa por eso.
—Bueno no importa, si un día me hablo se que otro día volverá a hablarme, así que ya no importa preocuparse más en este momento Opté en ese momento por salir del río, de pie y completamente mojado.
Calyndra, atenta como siempre, usó su magia para controlar el viento y secarme.
Por supuesto, no opuse resistencia y me dejé llevar, aprovechando para secar me.
—Oye, Calyndra, ¿yo también puedo usar magia?
—No, tú no tienes atributo para la magia elemental.
Eso me puso un poco triste, pero…
¿magia elemental?
¿A qué se refiere eso?
Por supuesto, Calyndra notó mi duda.
—La magia elemental se refiere a los elementos básicos: agua, viento, tierra, fuego y sus subelementos; metal, electricidad, control del hielo o vapor, y sonido, tu elemento mágico es la luz—.
Eso me sorprendió.
¿Luz?, —Para tu mala suerte, yo no puedo enseñarte nada sobre tu elemento.
Incluso si quisiera mostrarte cómo controlar tu poder, la magia no funciona igual contigo que conmigo, pues tu elemento actúa de una manera diferente—.
—Además de ser muy poco común —es decir, de cada 100 millones de personas, sólo una tendría ese elemento— —Pero por desgracia las personas que nacen con ese elemento son consideradas solo bufones, algo que solo alegra a la gente debido a que como el elemento no se entrena como normalmente se entrenaría con el agua no puede desarrollar técnicas defensivas u ofensivas.
—Además de la luz está la oscuridad.
—Aunque con la oscuridad cambia completamente.
Aparte de ser aún más rara —es decir, de cada 125 millones de personas, solo una nacerá con este elemento—, esa persona siempre lleva una maldición: mueren jóvenes.
No hay nadie que haya llegado a la vejez con ese poder y yo no sé nada de esa maldición.
—Escucha, la oscuridad y la luz son dos elementos unidos.
No hay luz sin oscuridad, ni oscuridad sin luz.
Y entre las hadas existe una leyenda…
Se dice que la oscuridad más fuerte y la luz más intensa están unidas por el destino.
—¿Espera…
eso quiere decir que tú eres un hada de oscuridad?
La pregunta salió de mi mente y de mis labios sin pensar, pero solo recibí un coscorrón por parte de ella.
—¡No seas idiota!
¡Yo no tengo afinidad con esa magia!
¡Idiota, idiota!
—Calyndra decía con un tono enojado mientras parecía regañarme con fuerza.
—Un destino puede estar unido a múltiples criaturas…
no solo a una.
—Escucha, Auren.
A partir de ahora deberás tener más cuidado.
Evita mencionar tu afinidad.
Aunque te consideren un bufón ahora, si aprendes a controlar tu poder, podrías volverte un objetivo.
No solo para asesinarte, sino para usarte como herramienta política.
Además…
si llegamos a cruzarnos con alguien que controla la oscuridad, eso no significa que no quiera matarte.
Asentí en ese momento consciente de que este poder conlleva una responsabilidad.
Luego de aquel baño, regresamos a lo que ahora considerábamos nuestro hogar temporal: la cueva.
En sus profundidades estaban nuestras cosas.
Gracias a un instinto natural, había aprendido a manipular ciertos materiales, lo que me permitió crear algunas comodidades.
Con pieles de lobos y conejos confeccioné algo parecido a una cama: múltiples pieles de lobo superpuestas para formar un lecho algo mullido, y con las pieles más suaves de conejo hice una más pequeña para Calyndra.
Además, gracias a su habilidad mágica, Calyndra podía crear bloques de hielo que utilizábamos para conservar la carne.
Los guardamos dentro de su subespacio, junto con garras, colmillos y algunas piedras mágicas.
Me sorprendió descubrir que algunos lobos y conejos poseían estas piedras, aunque no todos las tenían.
Calyndra me explicó que, dentro de su almacenamiento mágico, los elementos generados o tratados con magia no se descomponen ni se derriten.
Eso ncluía tanto la carne encerrada en los bloques de hielo como los objetos materiales que recolectamos.
—¿Auren?,¿Qué sucede?,¿No está deliciosa la comida?.
Calyndra me observó en ese momento mientras había liberado un suspiro en ese momento.
—No es nada, no es que no me guste la comida, de hecho jamás he comido este tipo de comida o comido tanto, pero estaría encantado de poder ponerle algo mas realmente, cuando pasaba por alguno restaurantes de gama super alta que servían a los ricos donde vivía olía la carne realmente delicioso.
—Ah…
te refieres a las especias.
Me respondió Calyndra con una sonrisa mientras estaba recostada sobre su cama.
—¿Las conoces?
—Sí.
De hecho, vi algunas durante el camino, pero no las recogí porque pensé que te gustaba la comida al natural…
incluso con poca sal.
Calyndra se preocupó al ver mi expresión de tristeza en ese momento.
—¡¿Ehhh?!
¡Auren!
¡Mou, está bien!
Mañana podemos ir a buscarlas, ¿sí?
Con una suave risa compartida despedimos ese día y nos fuimos a dormir, con la idea de que al día siguiente iríamos en busca de nuestras especias.
Esa noche, mientras el calor de las pieles me envolvía, pensé en lo mucho que había cambiado todo desde que salí de la ciudad.
Quizá aún no entendía qué era la luz dentro de mí…
pero por primera vez, sentía que no estaba perdido.”
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