Una Estrella Moribunda - Capítulo 5
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
5: Un temor 5: Un temor Había comenzado un nuevo día, y decidimos salir de la cueva en busca de nuestras especias.
Las más cercanas crecían en los alrededores del río.
Aunque no eran muchas, sí estaban algunas de las más importantes: pimienta silvestre, tomillo y orégano salvaje.
Por desgracia, la sal no era algo que abundara en esta región.
Lo más parecido que logramos encontrar fueron piedras salinas, aunque en realidad eran más roca que sal, difíciles de procesar y poco útiles para cocinar, pero peor es nada.
Sabíamos que no podríamos regresar a la cueva ese mismo día, así que optamos por movernos más adentro del bosque.
Sin embargo, a medida que avanzábamos, todo parecía cambiar.
La atmósfera se volvía más densa, y la fauna, más agresiva.
Los lobos, que antes solían esconderse apenas me veían, ahora me plantaban cara con más determinación.
No todos lo hacían, pero sí los más grandes.
Aun así, no representaron una gran dificultad.
Pude vencerlos uno a uno con los cuchillos que había fabricado: tallados con huesos, con mangos envueltos en piel de animal.
Rudimentarios, pero efectivos No puede procesarlos en el momento por lo que lo mejor que hicimos fue congelarlos y meterlos en almacén de Calyndra, fueron alrededor de 6 lobos lo que derrote, por suerte no fueron por jauría si no solitarios —Calyndra —dije mientras tomaba asiento bajo un árbol.
El día comenzaba a terminar, dando paso a la noche.
—¿Qué sucede?
Hoy no intervine en la pelea porque no lo vi necesario.
Esos lobos no representaban ningún problema para ti, pero…
—señaló el arma que aún tenía en mano—.
Está a punto de romperse.
—Lo sé…
ya no puedo seguir usando esta cosa.
Voy a tener que fabricar una nueva arma.
Esto será com…
Mi frase se cortó de golpe.
Un sonido me puso en alerta.
Calyndra también lo notó.
No eran pasos de criaturas del bosque, como lobos u osos…
eran pasos humanos.
Y eso era peor.
No pensé que los bandidos se adentraron tanto en esta parte del bosque.
—Esto es malo…
—murmuré, bajando la voz por instinto.
No estábamos cerca, pero tampoco quería arriesgarme a que nos detectaran.
—Auren, mira —susurró Calyndra.
Mis ojos se enfocaron en la escena entre los árboles: cuatro figuras avanzaban, encadenadas.
Tres mujeres y un hombre.
Llevaban ropas andrajosas, propias de esclavos.
Estaban esposados, descalzos, y uno de ellos apenas podía mantenerse en pie.
—Auren, ¿qué deberíamos hacer?
Sé que, si me dejas ayudarte, podríamos acabar con esos bandidos.
Negué con la cabeza.
Sabía que eso solo empeoraría las cosas.
Incluso si los liberábamos ahora…
¿y después qué?
No podía hacerme cargo de ellos, ni garantizar su seguridad.
Además, podríamos llamar demasiado la atención y toparnos con alguien mucho más fuerte que yo.
—Calyndra, no podemos hacer nada.
Lo mejor es dejarlos pasar e irnos más lejos de aquí.
No quiero cruzarme con ellos.
Calyndra bajó la mirada, decepcionada, pero comprendió mis palabras.
Sin decir nada más, optamos por movernos lentamente en dirección contraria, cuidando cada paso para no hacer ruido.
Solo cuando los perdimos de vista entre lo denso del bosque, cuando mis ojos ya no podían distinguir sus siluetas…
me permití recargar me en un árbol y suspirar, aliviado.
Lo sabía…
necesitaba volverme más fuerte.
Ahora mismo no soy lo suficientemente fuerte como para luchar contra ellos si llegamos a enfrentarnos.
Y entonces volvió esa sensación.
El miedo.
El terror.
Comencé a hiperventilar con fuerza, como si el aire no fuera suficiente.
Calyndra, al notar mi estado, intentó calmarme, pero no tuvo mucho éxito.
Su voz apenas llegaba hasta mí, ahogada entre los latidos desbocados de mi corazón.
El recuerdo vino como una cuchilla a mi mente.
Aquellos hombres…
cómo, a sangre fría, asesinaron a quienes salieron antes que yo…
y cómo se llevaron a las mujeres.
¿Y si la próxima vez el siguiente fuera yo?
¿Y si…
se llevaran a Calyndra?
Entonces volví a escuchar aquella voz.
No era la de Calyndra.
Era la misma que, aquella vez, me impulsó a pelear.
—No temas.
Yo estoy aquí contigo.
Confía en mí.
Volví a inflar mis pulmones con fuerza.
El dolor en mi pecho me sacó del shock en el que estaba atrapado.
Poco a poco, comencé a calmarme.
Calyndra estaba a mi lado…
molesta, pero también llorando.
—¡Maldito idiota!
¿¡Por qué demonios me preocupas así!?
Me soltó una cachetada.
Que no los engañe el hecho de que es un hada: su golpe fue lo bastante fuerte como para dejar una pequeña marca visible en mi mejilla.
Por fin pude verla bien.
Estaba llorando.
Estaba en pánico.
Sin decir más, se escondió debajo de mi cabeza y se recargó en mi pecho, como si me abrazara con todo su cuerpo.
—No tienes por qué enfrentar eso solo.
Ya no estás solo.
Me tienes a mí…
tu compañera.
No quiero que vuelvas a comportarte así.
Su voz me llegó hasta lo más profundo.
Fue entonces cuando lo entendí: ese terror ya no me afectaba solo a mí.
Ahora…
había alguien más que sufriría si algo me pasaba.
—Lo siento —dije en voz baja.
—Está bien…
no tienes por qué disculparte.
Calyndra flotó hasta quedar a la altura de mi rostro, con lágrimas aún en sus ojos.
Pero entonces…
sonrió.
Esa sonrisa me dolió.
Pero al mismo tiempo, me hizo prometerme algo a mí mismo: Nunca más dejaría que ese miedo me hiciera perder la cabeza.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com