Una Estrella Moribunda - Capítulo 6
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6: Mi Instinto 6: Mi Instinto El día había comenzado con fuerza en el bosque, y la luz del sol nos daba la bienvenida a un nuevo día.
Nos habíamos quedado profundamente dormidos tras las intensas emociones de la noche anterior.
Fue un golpe de suerte no haber sido atacados por ninguna criatura durante ese tiempo.
—Buenos días, Auren.
Calyndra fue la primera en levantarse.
Flotaba frente a mí, de espaldas, mientras usaba su magia para extraer agua del ambiente y lavarse el rostro.
—Buenos días, Calyndra.
Tengo bastante hambre…
¿desayunamos?
Ella asintió, y con un gesto rápido creó una barrera de viento para evitar que el olor de la comida se esparciera por el bosque.
Gracias a las especias que habíamos recolectado, y a algunos hongos comestibles, preparamos una especie de caldo con carne.
No es que supiera cocinar, pero simplemente seguía mis instintos…
del mismo modo en que había creado mis herramientas.
Después del desayuno, dediqué la mayor parte de la mañana a fabricar nuevas armas.
Tallé múltiples cuchillos de hueso, con mangos de piel bien tensada.
Me estaba volviendo bastante hábil en ese tipo de trabajo.
—Es hora de movernos —dije mientras revisaba mi equipo—.
Nuestro objetivo es adentrarnos más en el bosque.
Es momento de ver…
qué tan fuerte puedo volverme.
Calyndra asintió en ese momento y partimos rumbo a lo profundo del bosque con un ánimo renovado.
A medida que nos adentrábamos, el entorno comenzaba a cambiar.
El aire se volvía más denso, algo pesado, y por momentos me costaba respirar.
Las plantas también eran distintas.
Las hojas, antes verdes y vibrantes, ahora se tornaban más oscuras, o adquirían tonos que jamás había visto.
Incluso la tonalidad de los árboles era más sombría.
—Se nota que es muy diferente.
Me cuesta un poco, pero siento que me estoy adaptando.
—Sí, aquí hay energía mágica.
A medida que nos adentramos, la carga de magia salvaje cambia mucho —comentó Calyndra, que a diferencia de mí, no mostraba la menor señal de incomodidad.
—Auren, préstame tu arma un momento.
Le entregué mi cuchillo de hueso a Calyndra, quien de inmediato comenzó a absorber la magia del entorno para canalizarla en el arma, encantándola poco a poco.
—Esto es algo complicado…
como las bestias que cazaste no eran mágicas, la transfusión…
Mis instintos se activaron de inmediato.
Sin pensarlo, usé mi mano derecha, desnuda, para interceptar el ataque sorpresa de un lobo que se abalanzaba sobre Calyndra.
Ella, concentrada en su encantamiento, no lo había notado.
Al verme moverme con tanta brusquedad, pensó por un segundo que iba a golpearla, pero en cuanto escuchó el gruñido ahogado del lobo, seguido por el sonido seco de su cuerpo estrellándose contra un árbol, comprendió lo que había pasado.
—¡EHHH!…
¡Qué miedo!
Calyndra se colocó detrás de mí, pero como era de esperarse, este bosque ya no era el mismo que habíamos recorrido antes.
Justo cuando se ponía a mi espalda, otro lobo saltó desde los arbustos, directo hacia ella.
Al parecer, su objetivo era Calyndra…
pero ¿por qué?
A diferencia del primero, esta vez ella estaba preparada.
Reaccionó al instante, invocando una cuchilla de viento que lanzó con precisión.
El filo mágico no logró atravesar al lobo, pero sí fue suficiente para herirlo y hacerlo retroceder con un aullido.
—Tsk…
—chasqueó con frustración—.
Estos lobos son muy diferentes.
Y tenía razón.
Estos no se parecían en nada a los anteriores.
Su pelaje era de un color oscuro, como vino tinto, y en su abdomen brillaba un tono más claro, tenue, que relucía bajo la luz filtrada del bosque.
Desde su cabeza brotaba un único cuerno largo y afilado, como una lanza, ubicado entre sus ojos.
Una fuerte tonalidad azul lo recorría.
—Auren, el cuchillo de hueso está levemente encantado, pero sé que de ellos podremos obtener mejores materiales.
Podré encantarlo con más fuerza cuando fabriques uno nuevo.
Incluso podríamos usar mejor sus cuernos…
Antes de que pudiera asentir, noté cómo algo comenzaba a fluir en sus cuernos.
Eso me alarmó.
—No puede ser…
¿acaso son bestias mágicas?
Auren, las bestias mágicas pueden ser el doble, el triple…
o muchísimo más poderosas que las bestias normales.
No te contengas.
Acaba con ellas —Calyndra habló con un tono de preocupación.
—Lo sé.
Mi instinto grita peligro.
Calyndra, confío en ti como mi compañera.
Encárgate del otro, cuento contigo.
Calyndra asintió en ese momento, con un tono feliz y confiado.
Esta era nuestra primera pelea juntos, aunque los oponentes nos obligaran a separarnos, eso no impediría que nuestra confianza creciera.
Gracias al encantamiento de Calyndra, mi agarre se sentía más firme, más poderoso.
Eso me dio la confianza de enfrentarme al lobo sin miedo a que el arma se rompiera como aquella vez con el oso.
Corrí directo hacia él.
Seguía cargando energía en su cuerno, pero cuando intenté asestar el primer golpe, saltó hacia un lado, esquivándolo con facilidad.
Sin duda, su inteligencia era mayor.
Eso solo encendió algo dentro de mí: furia, emoción…
el deseo de enfrentarme a alguien poderoso.
El lobo terminó de cargar su energía.
Un rayo eléctrico salió disparado hacia mí, cargado con fuerza brutal.
No lo pensé.
Dejé que mi cuerpo actuara por instinto.
Sentí algo fluir desde mí hacia el cuchillo.
¿Magia?
Tal vez…
no me importó.
Cuando el rayo estuvo a punto de alcanzarme, levanté el cuchillo, intentando replicar la magia de Calyndra.
Pero no fue una ráfaga de viento.
El filo del cuchillo simplemente cortó la magia.
La repelió en seco, como si atravesara el aire mismo.
La energía explotó al instante, levantando una nube de polvo.
Aproveché el humo y me lancé hacia el lobo el cual estaba aturdido por haber cortado su magia, asestando una estocada directa en su cuello.
Apenas soltó un par de chillidos débiles antes de desplomarse, muerto.
Apenas liberé mi cuchillo y me giré para buscar a Calyndra, la vi observando sus manos.
Entonces me llevé una enorme sorpresa: ella ya había terminado su pelea, empalando al lobo con lanzas de hielo clavadas en un árbol.
Al parecer, no eran rival para ella.
—¿Qué tanta diferencia hay entre ella y yo?
—pensé detenidamente.
—¡Auren!
¡Rápido, procésalos!
—exclamó Calyndra, llena de emoción, y no pude sacarla de ese ánimo.
Pronto tomé a los dos lobos y comencé por extraer sus cuernos, luego sus huesos, pieles y demás.
Lo que más me sorprendió fue encontrar una piedra mágica grande en cada uno; Una Azul puro y una Amarilla.
—¡Auren!
¡Esto es perfecto!
—Calyndra frotaba los cuernos contra sí misma con entusiasmo.
—¿Qué sucede?
—la observé con cara de confusión.
—¡Estos cuernos son mejor de lo que esperaba!
—dijo, dejando de frotarlos para comenzar a encantarlos con la magia salvaje.
No pude comprenderla del todo, así que simplemente la dejé hacer lo que quisiera mientras yo me concentraba en esas piedras mágicas que había obtenido.
Me di cuenta de que podían ser procesadas, lo cual me llenó de emoción…
pero esa emoción se desvaneció rápido al darme cuenta de que, obviamente, necesitaba equipo para hacerlo.
—¡Auren!
Calyndra me sacó de mis pensamientos al entregarme los cuernos.
Apenas tocaron mis manos, una sensación intensa me sacudió.
—¿Te sorprendió, verdad?
—se acercó flotando, con una risa forzada y esa expresión tramposa en sus ojos.
Los ojos de Calyndra se abrieron de par en par al ver las piedras mágicas que había cosechado.
—¡GEMAS!
—¿Gemas?
—pregunté, confundido.
—Sí.
Cuando una piedra mágica alcanza cierto tamaño, se convierte en una gema.
Y, por supuesto, además de que adoro la joyería, también te ofrecen los poderes de la bestia que derrotaste.
Me miró con una expresión tan tierna, como la de un cachorrito pidiendo algo.
—Oye, Auren…
¿me haces un collar con esto?
—Está bien, está bien.
Te haré joyería con las piedras…
pero no ahora.
No tenemos herramientas, ni metales.
Calyndra comprendió y guardamos todo en su almacén dimensional, no estábamos heridos asi que seguimos metiéndonos dentro del bosque.
A medida que estábamos adentrándonos más en el bosque las cosas volvieron a cambiar lentamente, Calyndra no tiene instintos de peligro como los mios asi que ella decidió sentarse en mi hombro para evitar ataques sorpresa.
—Auren, este ambiente se vuelve cada vez mas horrible.
—Lo sé, a pesar de que hay bestias mágicas alrededor por algún extraño motivo nos están ignorando.
Sentí que había dado otro paso adelante.
Mis instintos, más afilados que nunca, me permitían distinguir con claridad las intenciones de cada bestia a nuestro alrededor.
Pero no eran como los lobos anteriores.
Había un silencio extraño…
como si nos evitaran ocomo si algo nos estuviera acechando.
—¡Auren, abajo!
No dudé.
En ese instante, solo sentí cómo el aire parecía desgarrarse al pasar.
Una ráfaga había sido tan precisa que logró cortar parte de mi cabello.
Esto…
esto era distinto a los lobos.
—¡Eso es un Treant!
—gritó Calyndra, señalando con urgencia el tronco que acababa de moverse.
Era la primera vez que veía un árbol caminar.
No sabía cómo debía sentirme.
Fascinado.
Asustado.
Tal vez ambas cosas a la vez.
—Auren —continuó ella, sin apartar la vista de la criatura—, un Treant es un árbol que despertó conciencia.
Nace como un monstruo cuando absorbe magia de alguna piedra Mágica…
una que puede formarse de manera natural o artificial, enterrada entre sus raíces.
—¿Calyndra y como podemos derrotar a esa cosa?.
Calyndra se quedó en silencio, tal vez conteniendo el aliento, mientras aquella criatura blandía sus raíces como látigos vivos.
Nos movíamos apenas a tiempo, esquivando los embates, pero el sonido al pasar por el aire era un silbido seco, filoso, como una hoja gigante que rebanara el viento.
Cada impacto contra un árbol cercano hacía temblar el suelo; los troncos se astillaban, y hasta las rocas crujían bajo la fuerza de esos golpes.
No era solo una criatura viva…
era una fuerza de la naturaleza desatada.
—¡Auren, préstame tus armas!
Sin pensarlo, lancé mis cuchillos hacia Calyndra.
Fue solo un segundo de distracción…
pero bastó.
Una de las raíces me golpeó de lleno.
El impacto me lanzó contra los árboles, estrellándome con fuerza.
Fue la primera vez que sentí un verdadero dolor.
No fue suficiente para matarme, pero sí me arrancó el aliento de los pulmones.
Calyndra, imperturbable, se concentró.
Pude ver cómo sus manos comenzaban a brillar mientras canalizaba su magia sobre mis armas.
Un halo de escarcha envolvió las hojas.
Eso me sorprendió.
—Calyndra…
¿no se suponía que ya habías encantado mis armas?
No hubo tiempo para respuestas.
El Treant se volvió hacia mí apenas logré incorporarme.
Ya no se contenía.
Pude ver cómo separaba completamente sus raíces del suelo…
y luego las fusionaba a su tronco.
Su silueta adoptó una forma humanoide, imponente.
Sus ojos brillaban con un verde intenso, rodeados por la negrura absoluta de sus escleróticas.
—¡Auren, atrapa!
—gritó Calyndra.
Me lanzó los cuchillos.
Los tomé al vuelo.
Sentí el frío recorrerme los dedos.
No era paralizante, pero sí punzante.
Buena decisión.
Si hubiera usado fuego, probablemente me habría quemado las manos…
o provocado un incendio.
El Treant corrió hacia mí, elevando su mano izquierda para formar un puño.
Era distinto a los latigazos anteriores.
Este ataque no era rápido…
pero sí peligrosamente contundente.
Me agaché justo a tiempo para esquivarlo, y entonces lo oí: el estruendo de un árbol siendo partido a la mitad, arrastrado hacia adelante por la fuerza del impacto.
Ese breve instante fue suficiente.
Aproveché la apertura y lancé un golpe certero con el filo puntiagudo de mi arma, directo al cuerpo del Treant.
La hoja penetró la corteza, y al hacerlo, liberó una descarga de magia helada.
La escarcha se expandió violentamente por la zona de impacto, congelando su interior.
El Treant lo sintió.
Soltó un gruñido grave y se arrodilló, sus raíces temblando bajo su propio peso.
—Ara…
Calyndra se sorprendió en ese momento.
Yo, en cambio, me confié.
Pensé que el golpe había sido contundente, que el Treant estaba por caer.
Pero no.
Como toda criatura mágica, no iba a rendirse tan fácilmente.
Con su otra mano —la que aún tenía libre— me atrapó sin dudarlo.
En un solo movimiento, me alzó por el aire y comenzó a estrellarme contra el suelo una y otra vez.
Resistí los primeros impactos, apretando los dientes, conteniendo los gritos.
Pero no podía seguir así.
No quería sufrir más daño.
Con un último esfuerzo, lancé el cuchillo con todas mis fuerzas, directo a sus ojos.
El filo voló y, con un sonido seco, se incrustó en uno de ellos.
El Treant chillo y con ello pude conseguir la libertad lo que provoco que rodara por el suelo, ya no tenia armas por que se quedaron incrustadas en el Treant.
—¡Auren!
—Calyndra alzó la voz, molesta—.
Si sigues confiando de esa manera…
En su mano derecha comenzó a concentrar magia.
Fragmentos de hielo se materializaron, formando lanzas afiladas que lanzó sin piedad contra el Treant.
Las puntas se incrustaron en su cuerpo, impactando zonas críticas y desgarrando su corteza con precisión.
—…terminarás muerto —continuó, sin dejar de mirarme—.
Entiendo que somos compañeros, pero quiero que te hagas más fuerte.
No puedes depender tanto de mí.
Incluso si soy poderosa…
sé que tú puedes serlo aún más.
Sus palabras me dolieron…
pero sabía que tenía razón.
Esta vez, fui más fuerte.
Esta vez, aguanté los golpes solo por que lo herí previamente.
Pero…
¿y si el siguiente monstruo golpea aún más fuerte?
Miré mi mano y la apreté con fuerza.
El dolor en mi cuerpo pareció desvanecerse al darme cuenta de algo: la confianza que estaba construyendo…
podía volverse un punto ciego.
Una debilidad oculta detrás del orgullo.
Calyndra lo notó.
Se acercó en silencio y, sin decir palabra, se sentó sobre mi hombro, con las piernas cruzadas, apuntando al Treant que aún se alzaba frente a nosotros.
—Auren —dijo Calyndra, aún sentada sobre mi hombro—.
Puede que ahora nos enfrentemos a monstruos más fuertes…
y este Treant, aunque no lo parezca, será de ayuda.
Su tono era firme, sin espacio para dudas.
——Tu cuerpo reacciona a los ataques físicos…
pero sigues ciego ante la magia—.
Continuó, apuntando con la mano al Treant, que comenzaba a brillar con un resplandor extraño—.
Y estando en una zona cargada de magia, eso equivale a una sentencia de muerte.
Hizo una pausa.
Yo no dije nada.
Solo escuchaba, respirando hondo, tratando de mantenerme en pie.
—Esto será tu entrenamiento.
Esa criatura está concentrando toda su magia…
y está a punto de usarla para matarte.
Después de eso, morirá.
Me miró con seriedad.
—Tu tarea es simple: evadirlo.
Esquiva cada ataque.
No lo enfrentes…
sobrevive.
Hasta que muera por su propio gasto mágico, Buena suerte Auren, si sobrevives entoces te dare un obsequio.
Calyndra me guiñó un ojo…
y, justo después, me lanzó un beso.
No pude evitar sonrojarme.
Pero, al mismo tiempo, eso me dio el ánimo que necesitaba para hacerlo.
He tenido contacto con niñas…
y con algunas mujeres también.
Pero nunca de este tipo.
Nunca algo que no viniera con una intención oculta.
Muchas veces usaban sus encantos solo para robarme comida.
—¡Auren!
Me distraje por un segundo…
y casi me parte un corte de aire.
De no ser por el reflejo que me hizo lanzarme al suelo, habría terminado malherido.
Sentí el filo de la magia rozar el espacio donde había estado un instante antes.
Cuando me reincorporé, Calyndra ya estaba furiosa.
Lo sé…
soy débil emocionalmente.
Pero no quiero perder mi humanidad.
No quiero convertirme en algo que deteste.
No quiero dejar de ser humano.
…Aunque tal vez no tenga que perder mis emociones.
¿Y si, en lugar de perderlas…
solo las apago?
Cerré los ojos en ese instante y me concentré en el entorno.
Una a una, fui silenciando mis emociones, como si apagara velas en la oscuridad.
El Treant volvió a atacar.
Cuchillas de viento cortante volaron hacia mí.
La primera no pude evitarla: una cuchilla más débil me alcanzó el hombro, abriéndome una herida.
La sangre comenzó a correr.
Y entonces, algo hizo clic.
A través de esa sensación…
lo entendí.
Comprendí lo que era la energía mágica.
A partir de ahí, cada golpe de viento, aunque todavía lograba rozar me, perdía fuerza.
La intensidad disminuía.
Y luego, dejaron de alcanzar me del todo.
El Treant…
ya casi no tenía magia.
Fue entonces cuando abrí los ojos.
Yo no lo noté en ese momento…
pero Calyndra sí.
La oscuridad de mi pupila había cambiado.
Ya no era negra: ahora era blanca, sin brillo, sin reflejo.
No como los ojos del Treant…
pero sí el primer indicio de algo nuevo.
El primer paso hacia la comprensión de la energía mágica.
Y cuando miré a mi alrededor, todo era distinto.
El mundo no se sentía igual.
Podía ver pequeñas concentraciones flotando en el aire…
luces diminutas, casi imperceptibles, danzando como si tuvieran voluntad propia.
—¿Esto…
es magia?
—susurré, sin esperar respuesta.
No pude mantener los ojos abiertos.
Un dolor punzante me atravesó la cabeza, obligándome a cerrarlos con fuerza.
El Treant, consciente de que su fin era inminente, reunió lo que le quedaba de magia.
Toda.
La concentró en un único punto…
un rayo de pura energía.
No lo pensé.
Solo actué.
Mi cuerpo se movió por instinto, como si algo dentro de mí hubiese despertado.
Levanté el puño…
y lo lancé contra aquel rayo de luz.
El impacto fue inmediato.
En lugar de explotar como aquella vez con el lobo, la energía se dispersó.
El rayo se deshizo en fragmentos, desviado, redirigido…
sin arrasar nada a su paso.
Calyndra se sorprendió en ese momento ante mi progreso y al momento de volver a abrir mis ojos todo volvio a la normalidad pero la sensacion de magia se quedo en mi cuerpo.
—Bien hecho, Auren.
Calyndra se acercó…
y, sin previo aviso, sentí sus labios posarse suavemente sobre mi mejilla.
Me quedé paralizado.
El corazón se me disparó.
El calor se me subió al rostro de golpe, y terminé rojo como un tomate.
Esta vez me había derrotado…
pero no de una forma en la que pudiera siquiera aspirar a ganar.
—Del Treant podemos aprovechar la madera —dijo ella, como si nada hubiera pasado—.
Es mucho más resistente que la normal.
¿Qué te parece si la guardas y luego intentas procesarla?
No respondí.
Seguía en estado de shock, completamente congelado por dentro.
Calyndra, al notarlo, suspiró con una pequeña sonrisa.
Levantó la mano, usó su magia para condensar agua en el aire…
y me la lanzó directo al rostro.
—¡Ya basta, Auren!
—murmuró, intentando sonar seria mientras usaba su magia para condensar agua y lanzármela al rostro—.
No te pongas raro solo por un beso, ¿quieres?
El agua me devolvió al mundo real de golpe…
junto con una ligera vergüenza que ya no podía ocultar.
—¡L-Lo siento!
¡Pero tampoco hagas eso de repente!
—reclamé, volviendo a la realidad, aún algo rojo.
Me acerqué al Treant para levantarlo, esperando que fuera pesado…
pero me sorprendió.
Se sentía mucho más ligero de lo que había imaginado.
No me costó nada cargarlo y meterlo dentro del almacén dimensional de Calyndra.
Al parecer…
había vuelto a crecer.
—Ouh…
vaya…
Calyndra se acercó en ese momento y colocó suavemente sus manos sobre mis brazos, tocando directamente mi piel.
Esta vez no reaccioné con nerviosismo ni vergüenza.
—Aunque no lo creas…
—dijo ella, sin apartarse—, parece que, de forma inconsciente, tu cuerpo ya está usando la magia para fortalecerse, dime, ¿Pudiste notar el maná en el ambiente?.
—¿Mana?—Mencione algo confundido.
—El maná es la energía mágica.
Todas las personas lo tienen, en mayor o menor cantidad.
Pero no basta con tener mucho maná…
también importa qué tan bien lo puedes canalizar.
Cada persona tiene lo que llamamos conductividad de maná.
Por ejemplo: alguien puede tener una gran reserva de maná, pero si su cuerpo tiene poca conductividad…Entonces…
bueno, imagínalo como el cuello de una botella.
La energía está ahí, pero no puede salir con fluidez.
En el caso contrario, si tienes una alta conductividad pero muy poco maná…
es incluso más peligroso.
¿Por qué?
Porque agotar tu maná es como drenar toda tu energía vital.
Te quedarás casi moribundo, con un cansancio extremo, y apenas podrás moverte y seguir usándolo ya puede atentar contra tu vida.
—¿Puedo mejorar mi cantidad de Mana o mi conductividad?—Pregunté con curiosidad.
—Es una pregunta curiosa…
y sí, es posible.
Sin embargo, como todo en este mundo…
depende.
Puedes comer piedras mágicas, claro.
Pero…
¿sabes qué son los monstruos?
Exacto: criaturas que desarrollaron una piedra mágica dentro de su cuerpo.
Entonces dime…
¿qué te hace pensar que tú no te convertirías en uno?
Esa pregunta me hizo pensar mucho.
—Auren, las personas nacen con capacidades diferentes.
Algunos bebés son más bendecidos por los dioses que otros…
Unos nacen en la nobleza, rodeados de lujos, y otros en la pobreza, sin nada.
Ahora bien…
no sé si realmente puedas aumentar tu maná o tu conductividad.
Supongo que es posible…
pero, siendo honesta, no tengo la respuesta.
Suspiré en ese momento, mientras la oscuridad de la noche nos envolvía con su manto, y el viento helado comenzaba a calarnos los huesos.
Mi cuerpo empezó a temblar suavemente.
Hacía mucho que no sentía esto…
el verdadero frío.
Calyndra lo notó.
Sin decir una palabra, sacó del almacenamiento las pieles de lobo que teníamos guardadas.
Nos cubrimos con ellas, y entonces, con un leve gesto de sus manos, comenzó a usar su magia para levantar una pequeña casa de piedra a nuestro alrededor.
—Auren…
este lugar hace bastante frío…
¿podemos dormir juntos?
Calyndra se veía algo nerviosa al decirlo, pero yo lo tomé como algo natural.
Asentí en silencio y levanté la cobija para que pudiera meterse.
Sin dudarlo, se acomodó a mi lado, trayendo consigo su “cama” hecha de piel de conejo.
Se acostó cerca, mientras yo ya me preparaba para dormir.
—Auren…
lo siento por haberte dejado pelear solo contra el Treant, y por si te…
No la dejé terminar.
Llevé un dedo a sus labios con suavidad, haciendo que guardara silencio.
—No.
Tenías razón en lo que dijiste.
Si sigo confiándome así, tarde o temprano voy a morir.
Pero esta vez…
fue diferente.
Por primera vez, pude sentir la magia.
O quizá…
recordar algo.
Mientras hablaba, concentré parte de mi poder en la palma de la mano.
A diferencia de Calyndra, que domina la magia elemental y su sub magias, mi magia es de luz.
No podía imitar sus hechizos, pero logré formar una pequeña esfera luminosa.
Su brillo cálido iluminó el interior de la pequeña casa de piedra, y por un momento, todo parecía en calma.
Calyndra pareció comprenderlo.
Sin decir nada más, se acomodó contra mi pecho, dejando que el silencio hablara por ambos.
Poco a poco, su respiración se volvió más lenta…
y empezó a quedarse dormida.
Con cuidado, la arropé, cubriéndonos a los dos con las pieles.
El día, finalmente, había terminado.
A mi lado, Calyndra dormía en paz.
Y por primera vez, yo también me permití hacerlo…
sabiendo que el camino, desde ahora, solo se volvería más difícil.
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