Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Una Estrella Moribunda - Capítulo 7

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Una Estrella Moribunda
  4. Capítulo 7 - 7 Soy todo lo que soy
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

7: Soy todo lo que soy 7: Soy todo lo que soy Cada día era una nueva lucha, pero también un nuevo paso en mi crecimiento.

Ahora nos enfrentábamos a más Treants, ya no eran duelos uno a uno.

Tenía que enfrentarme a varios a la vez.

Calyndra, como siempre, solo intervenía si realmente era necesario.

La mayoría del tiempo me dejaba combatir solo.

Y, por supuesto…

eso fue lo mejor para mí.

Un día, después de enfrentarme a cuatro Treants al mismo tiempo, logré una victoria…

aunque no fue fácil.

¿Por qué?

Bueno, imagina que te atacan desde todas las direcciones con magia salvaje.

Obviamente salí herido.

Aún estoy aprendiendo.

—¡Auren!

Calyndra tomó una de las ramas principales de los Treants y la acercó mientras yo aún estaba ocupado procesando a los demás.

—Esta fibra del árbol está perfecta para hacer un arma con los cuernos del lobo…

una lanza.

Tomé la rama que me ofrecía.

En verdad era ideal: lisa, resistente y fácil de trabajar.

Busqué uno de los cuchillos de hueso y comencé a procesarla.

Lo primero fue quitarle las ramificaciones cubiertas de hojas.

Las hojas, realmente, no tenían mucho valor; estaban húmedas por dentro y ni siquiera servían como combustible.

En cambio, las ramas pequeñas sí eran útiles para fogatas, así que las puse aparte.

Cuando terminé de limpiarla, el siguiente paso fue quitarle la corteza.

Este proceso fue el más agotador: la capa externa estaba dura, como si se aferrara a su vieja vida con cada hebra.

Pero tras un buen rato de esfuerzo, la madera al fin respiró libre.

—Ahora, por favor ayúdame.

Esta rama aún guarda demasiada agua en su interior.

¿Puedes extraerla con tu magia?

Calyndra asintió sin decir palabra.

En ese momento, alzó una mano y canalizó su magia con suavidad.

La madera comenzó a gemir levemente, mientras pequeñas gotas emergían de su superficie, como si el árbol todavía llorara.

Pudimos ver cómo el vástago se oscurecía lentamente, secándose ante nuestros ojos, enriqueciéndose con cada segundo que pasaba.

—Bien, ya esta seca…probablemente vamos a tardar mas pero si quiero una arma bueno entonces vamos a hacerla mejor.

Calyndra se quedó observándome, con esa típica expresión de leve desconcierto que mostraba cuando no entendía del todo lo que intentaba hacer.

—Confía en mí —le dije con una sonrisa tranquila.

Acomodé cuidadosamente varios troncos secos para formar una hoguera, y con un leve gesto de su mano, Calyndra encendió las llamas con su magia.

El fuego cobró vida con un suave rugido, extendiendo su calor en la fría atmósfera del bosque.

Tomé la rama gruesa del Treant y la coloqué sobre dos piedras, de forma que pudiera hacerla girar lentamente mientras el fuego lamía su superficie de manera uniforme.

El calor debía penetrar por igual en toda la madera, endureciéndola desde dentro sin llegar a quemarla.

—Este proceso le dará firmeza —le expliqué, mientras giraba la rama—.

La hará más resistente, más letal.

Calyndra asintió en silencio, sus ojos brillando con un destello de interés genuino.

Por fin empezaba a entender que no todo se resolvía con magia…

a veces, el fuego lento también forjaba armas poderosas.

Luego de un tiempo la rama quedo lista para el siguiente paso; estaba dura pero era lo suficientemente flexible..

El siguiente paso fue aprovechar el fuego y la magia de Calyndra.

No pude evitar sonreír cuando puso cara de disgusto y frunció los labios en un puchero apenas le pedí que creara una burbuja de aire lo suficientemente resistente.

—¡No soy un instrumento ni una herramienta, Auren!

—refunfuñó con ese tono de leve berrinche que ya le conocía bien, aunque igual terminó haciendo lo que le pedí.

La burbuja se calentó rápidamente, y pude ver cómo la grasa comenzaba a derretirse poco a poco hasta convertirse en un líquido espeso de tono amarillento.

Al estar contenida dentro de la burbuja, no desprendía ningún olor.

—Calyndra, viene la parte difícil…

Por favor, asegúrate de que no se rompa cuando meta la rama.

Necesito que la grasa penetre bien en la madera.

—¡Hazlo tú entonces!

Ah, espera…

no puedes —se mofó, entre risas.

Le respondí con una mueca, sabiendo que había ganado esa ronda.

Con cuidado, introduje la rama por un extremo de la burbuja.

Poco a poco, fue atravesándola hasta salir completamente por el lado opuesto, brillante y bien impregnada por la grasa.

No podía dejar que el palo tocara el suelo.

Así que, con lo que tenía a la mano, improvisé una especie de arnés con cuerdas de fibra de madera, lo suficientemente resistente para mantenerlo suspendido en el aire.

—Auren —dijo Calyndra, entregándome los cuernos del lobo.

—Uhmm…

una lanza doble…

—murmuré, pensativo.

Mis manos recorrieron la superficie de los cuernos, que, tras ser encantados, habían adoptado una forma alargada, ovalada, aunque más estrecha y aerodinámica.

Tenían una punta capaz de pinchar, sí, pero no de perforar profundamente.

Eran hermosos.

Cada uno desprendía un aura intensa, el primero de un amarillo vibrante, el segundo de un azul profundo.

Emitían una energía poderosa, casi viva, como si guardaran la esencia misma de los lobos caídos.

No había duda: Calyndra había puesto todo su empeño y talento en estos encantamientos.

Eran un regalo hecho con dedicación y magia refinada.

Y sin embargo, lo noté…

Había un problema.

No era su hechizo.

Era la forma.

Solté un suspiro, casi sin querer.

Calyndra, por supuesto, lo notó de inmediato.

—Ni se te ocurra despreciar mis encantamientos —gruñó, jalándome la mejilla derecha con una expresión visiblemente ofendida.

—No, Calyndra, no es eso…

—intenté hablar, aunque apenas era entendible con la cara estirada.

—¿Entonces qué es, pedazo de tonto?

—dijo, levantando la mano como si fuera a darme un coscorrón.

—Es un trabajo hermoso, Calyndra…

pero no tiene filo.

Sirve para pinchar, sí, pero no mucho más.

Podría atacar con magia, como cuando luchamos contra el Treant, pero…

—suspiré, bajando la mirada— no sé controlar bien la energía mágica.

Sería un tonto intentándolo así.

—¡Pues entonces, pedazo de estúpido, aprende a manejar bien la magia!

—bramó Calyndra, inflando las mejillas como una niña enojada.

A pesar de mi explicación, no se calmó.

Terminó golpeándome la cabeza sin piedad.

Por supuesto, sus golpes siempre están reforzados con magia, así que el dolor fue real.

Incluso me dejó un buen chichón.

—¡Ay!

¡Eso sí que no era necesario!

—¡Más necesario que tu excusa barata!

—espetó, con los brazos cruzados y una mirada tan intensa que parecía que iba a abalanzarse sobre mí para golpearme.

Pero justo cuando dio el primer paso, se detuvo en seco al fijarse bien en mí.

—Ahora que me doy cuenta…

—murmuró, entrecerrando los ojos.

Su mirada se centró en lo único que llevaba encima: unos pantalones rasgados por la batalla y el evidente olor que debía estar despidiendo.

—¡Maldita sea, Auren!

—exclamó dando un paso atrás, tapándose la nariz—.

¡Necesitas ropa nueva y un maldito baño!

¿Cuándo fue la última vez que te lavaste, mugroso?.

No respondí, solo me hice el tonto y comencé a reírme para cambiar del tema.

—¡¡Báñate de una maldita vez, estúpido!!

—gritó Calyndra, su voz tronando por todo el bosque.

Al alzar los brazos, su magia se activó con furia, y en un instante el agua comenzó a reunirse desde todos los rincones: de las hojas, del aire, de la tierra húmeda.

Una ola gigantesca se formó tras ella, rugiendo como una bestia desatada.

—¡No, espera, Calyndra!

¡No es buena id…—!

La ola me alcanzó antes de terminar la frase.

Me arrastró con una violencia insultante, como si fuera un saco de ropa sucia, y me estrelló de lleno contra un árbol.

El bosque entero pareció sacudirse con el impacto.

Los pocos pájaros que habían estado observando la escena salieron volando en pánico, graznando como si hubieran visto un demonio.

A la mañana siguiente, en lugar de seguir adentrándonos, optamos por buscar en los alrededores del bosque.

Por supuesto, Calyndra seguía molesta, y me respondía con monosílabos cargados de refunfuños, como si cada palabra le costara un mundo.

—¿Calyndra…?

—¿Qué quieres, Auren?

—respondió con ese tono que congelaría un volcán.

Tal vez solo fuera mi imaginación, pero juraría que algunos de sus mechones se movieron como si también estuvieran enojados.

Ella no se dignó a voltearme a ver, simplemente siguió flotando delante de mí, con los brazos cruzados y el orgullo por delante.

—Em…creo que…

Me quede en silencioso rendido antes cualquier interacción pudiéramos tener por el momento, pero a medida que íbamos avanzados notamos que el ambiente del bosque comenzó a cambiar, no hacia frio y los arboles comenzaron a ser cada vez menos como si hubiera sido podado poco a poco los arboles y el silencioso se volvió incomodo pues era diferente el de hace poco, Calyndra se dio cuenta, estábamos llegando a una zona abierta y puede ser peligroso.

—Auren…

—Lo se.

Mis instintos estaban al máximo, listos ante cualquier situación que pudiera presentarse.

Y finalmente, tras avanzar unos metros más, salimos del denso follaje y lo vimos: —Una casa…

Nos quedamos inmóviles.

Sorprendidos.

Confundidos.

¿Qué demonios hacía una casa en medio de un bosque como este?

—Auren…

—Calyndra, ¿puedes crear una roca con tu magia?

Ella me miró fijamente.

Notó que hablaba en serio…

más que en cualquier otra pelea contra Treants o bestias salvajes.

Esta vez no era simple precaución.

Era desconfianza pura.

Sin dudar, Calyndra formó una piedra del tamaño de un puño y la colocó en mi mano derecha.

Sentí su peso.

La apreté con fuerza…

y la lancé hacia el pasto, justo delante de la casa.

La roca nunca tocó el suelo.

Apenas cruzó el umbral de la zona libre, se estrelló contra algo invisible, como si hubiera chocado con una pared de cristal.

Calyndra suspiró con preocupación.

—Auren…

eso es una barrera mágica.

Hizo una pausa.

Su rostro ya no era solo alerta, sino claramente inquieto.

—¿Por qué hay una barrera aquí…?

¿Y quién la está alimentando?

—¿Un humano…?

Calyndra y yo nos sobresaltamos.

No habíamos sentido ninguna presencia, y sin embargo…

ya estaba ahí.

A un lado nuestro.

Observándonos con detenimiento.

—Buenos reflejos, chico.

Sin duda tienes potencial —dijo aquella figura, con una voz firme, serena…

demasiado segura.

Su mirada se clavó en mí.

No solo examinaba mi cuerpo: sentía que veía más allá.

Y esa era la verdadera inquietud: ¿Qué podía ver en mí que ni yo mismo, ni siquiera Calyndra, éramos capaces de percibir?

—Ya veo por qué pudiste sobrevivir en este bosque…

y por qué tienes a un hada como compañera.

Entonces la vi claramente por primera vez.

Una mujer humana.

Cabello largo, blanco como la nieve, que caía en suaves ondas por su espalda.

Ojos dorados, intensos, como si ardieran desde dentro.

Piel clara, rostro marcado por la experiencia y la disciplina, y un cuerpo entrenado, fuerte…

pero sin perder ese magnetismo innato.

Vestía como una Aventurera: pantalones cortos negros, blusa blanca abotonada y un manto verde oscuro que le caía sobre los hombros.

—¿Quién eres tu?

Calyndra y yo nos pusimos en guardia de inmediato.

No tenía armas, así que solo contaba con mis puños.

A mi lado, Calyndra comenzaba a canalizar magia: la tierra tembló suavemente mientras creaba látigos de piedra con rapidez.

—Muy bien, inténtenlo si pueden —dijo ella con tono arrogante, extendiendo la palma derecha hacia nosotros.

La movía lentamente, de lado a lado, como si nos estuviera provocando…

subestimándonos.

No lo dudé.

Me lancé directo hacia ella, serio, enfocado, usando toda mi velocidad.

Pero no funcionó.

Cada golpe que intenté lanzar fue evadido con precisión inhumana, como si leyera mis movimientos antes de hacerlos.

Eso me molestó más de lo que esperaba.

Di un salto hacia atrás, frustrado.

—¡Auren!

—gritó Calyndra.

Sus látigos de tierra atraparon al fin a aquella mujer.

La inmovilizaron por un segundo.

El momento perfecto.

Me lancé con fuerza, decidido a rematar.

Pero entonces…

¡Crack!

Destruyó la atadura con un movimiento seco y veloz.

Y antes de que pudiera reaccionar, sentí un golpe directo en el estómago.

Fue la misma mano con la que nos había provocado.

No solo me quitó el aire: me lanzó por los aires como si no pesara nada.

La única razón por la que no terminé estrellado contra los árboles fue porque Calyndra, rápida, creó una barrera de aire que me atrapó y amortiguó el impacto.

—¿Auren?

¿Estás bien?

Me incorporé como pude.

Las piernas me temblaban.

Jadeaba.

—Ouh…

vaya.

La mujer cruzó los brazos con una sonrisa.

—Felicidades.

Ese golpe hace explotar a la mayoría de los monstruos que se atreven a tocarme.

Pero tú…

tú lograste sobrevivir.

Me tienes impresionada.

Es justo como aquella vez…

Cuando peleé contra el oso.

Cuando enfrenté al Treant por primera vez.

Cuando vi a esos bandidos.

Sentía el peligro.

Era real, como una daga contra la garganta.

Pero esta vez…

esta vez no la escuché.

Me maldije.

Sabía que no podía depender de ese poder tan impredecible.

La mujer —la entidad— lo notó.

Mis expresiones, mis ojos, mi frustración.

Lo leyó todo en mi rostro.

—Ara…

¿qué pasa, pequeño?

¿Eso es todo?

¿Tan rápido te rindes?

¿Ya no vas a luchar…?

Pero en ese instante, cuando se distrajo, Calyndra volvió a atraparla.

Esta vez el látigo era más grueso, más sólido, más vivo.

Hecho con furia.

—No…

Levanté la mirada.

Y entonces volvió.

La visión del maná.

Solo que ahora…

más intensa.

Demasiado.

Un dolor punzante me atravesó el cráneo, pero no aparté la vista.

—Yo voy a luchar…

Voy a luchar aunque se me rompan los huesos.

Aunque mi cuerpo ya no responda.

Aunque no me quede una gota de sangre.

Incluso si sé que voy a perder…

No dejaré de pelear.

Mi mano derecha comenzó a brillar.

Blanco puro.

Mi voz temblaba, no por miedo, sino por determinación.

—Porque ahora…

más que nunca…

Salté.

Ella no pudo liberarse.

Mi puño se hundió en su estómago.

El crujido fue inmediato.

Sentí mis huesos romperse.

No solo los de la mano…

también los del brazo.

Pero no me detuve.

—¡Auren!

—gritó Calyndra.

Estaba justo detrás de mí.

Puse una rodilla en el suelo…

y entonces la sentí.

Su energía.

Su magia recorriendo mi cuerpo, fortaleciéndome, reparándome desde adentro.

Estaba prestándome lo único que tenía: su alma.

—¡Acabemos con ella…

juntos!

Y lo hicimos.

Gritamos con todo lo que teníamos, aunque nuestras gargantas se desgarraran.

Nuestro golpe final la lanzó por los aires como una flecha de furia y esperanza.

Voló directo contra el borde del campo abierto.

Y entonces…

¡Crash!

La barrera mágica estalló como un espejo, rompiéndose en mil fragmentos de luz.

Cayó al suelo.

Pude verlo.

Mientras luchaba por mantenerme en pie, lo vi.

Calyndra…

Tirada en el suelo.

Agotada.

Había dado todo su maná para sostenerme.

Para darme una oportunidad.

Luego miré mi brazo.

Morado.

Hinchado.

Inmóvil.

Sangraba.

Mi respiración era un incendio en mis pulmones.

Cada bocanada dolía más que la anterior.

—Bien hecho…

La voz me heló.

Ella…

se había levantado.

Aquel ser, esa entidad de mirada incandescente, se incorporaba frente a mí.

Su estómago…

estaba destrozado.

Pero aún así se alzaba, firme, serena.

—Hace mucho que no recibía un buen golpe, chico —dijo, con una mueca que no era burla…

sino satisfacción.

Intenté levantar los puños.

Quise reaccionar.

Quise pelear.

Pero nada se movió.

Mi cuerpo ya no respondía.

Había llegado al límite.

Ella se acercó sin temor, y se detuvo frente a mí.

Sus ojos eran intensos, como si quisieran grabarse en mi alma.

—Estoy orgullosa de ti.

No quería cerrar los ojos.

No aún.

No mientras Calyndra estaba tirada.

No mientras esa mujer seguía en pie.

Pero el mundo se volvió borroso.

El suelo tembló bajo mis pies.

Y entonces…

Todo se volvió oscuridad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo