Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Una Estrella Moribunda - Capítulo 8

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Una Estrella Moribunda
  4. Capítulo 8 - 8 Quiero volverme mas fuerte
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

8: Quiero volverme mas fuerte 8: Quiero volverme mas fuerte —¿Dónde…

estoy?

La primera luz que alcanzó mis ojos me golpeó con fuerza.

La visión borrosa apenas me dejó distinguir formas antes de que un dolor punzante atravesara mi cabeza.

Gemí entre dientes, apretando los párpados y cubriéndome los ojos con la mano derecha, como si así pudiera aliviar el martilleo en mi cráneo.

—Esta sensación…

Mi mano izquierda descansaba sobre algo suave, desconocido al principio.

Palpé con cuidado: —Una almohada…

una cobija…

una cama…

limpias.

Bajé lentamente la mano que cubría mis ojos y, al abrirlos, lo primero que vi fue mi brazo marcado por cicatrices.

Lo sabía, pero aun así me sorprendió poder abrir y cerrar la mano; recordaba bien cómo casi me destrocé ese brazo tras aquel ataque.

Mis ojos comenzaron a enfocar el entorno.

Estaba solo, en un cuarto modesto.

A mi derecha, una mesita de noche sostenía un plato vacío, con apenas unas migajas.

Mi estómago gruñó, rompiendo el silencio.

—¿Cuánto tiempo ha pasado?

De repente, la puerta se abrió y apareció la figura a la que había desafiado.

No mostraba heridas, pero había algo en su aura que había cambiado.

Detrás de ella flotaba Calyndra, que al verme incorporarme se lanzó hacia mí y me abrazó con fuerza, dejándome sin aliento y obligándome a recostar de nuevo.

—Parece que eres más duro de lo que pensé.

Aquella mujer se sentó a un lado de la cama, acomodando una silla de madera que había estado oculta tras la mesita de noche.

Cruzó las piernas con elegancia y entrelazó los brazos con calma, provocando que sus senos rebotaran suavemente con el movimiento, mientras me dedicaba una sonrisa segura y desafiante.

—¿Quién eres?

—pregunté, intentando ponerme en guardia desde la cama, aunque mis fuerzas eran pocas.

Calyndra seguía abrazándome con firmeza, impidiéndome moverme.

—Qué descortés —dijo con una sonrisa ladeada—.

Vienes a mi casa, me buscas pelea, me enfrentas, pierdes…

y encima rompes mi barrera.

Muy mal educado.

Sus palabras me dejaron atónito; en el fondo sabía que tenía razón.

Sin acercarse demasiado, se inclinó hacia adelante, presionando sus pechos contra sus piernas cruzadas.

Por un instante, sus piernas se desenredaron, y sentí cómo su aliento rozaba mi rostro mientras decía: —Ahora, por tu mala conducta…

Mis ojos se abrieron al máximo y se clavaron en la zona donde sus pechos apretaban contra sus piernas.

Noté cómo los botones de su blusa parecían a punto de ceder, liberando esa área, y sentí un temblor recorrer mi cuerpo.

Era la primera vez que experimentaba algo así.

Mi garganta se secó, y un calor intenso subió por mi rostro.

—Me vas a dar tu…

A-T-E-N-C-I-Ó-N.

No me había dado cuenta, pero la luz que iluminaba el cuarto jugaba en mi contra: sus ojos brillaban y al abrir la boca para deletrear cada letra, la saliva y la lengua reflejaban un brillo húmedo y deslumbrante.

—¡¡¡BRUJA!!!

De repente, Calyndra salió de su trance y se interpuso entre nosotros, furiosa, ordenándonos separarnos.

Pero ya era demasiado tarde; la sábana se levantó un poco, y un olor particular se hizo presente.

—¿Uh?

—exclamaron al unísono al notar la escena.

—¡EHHHH!

Calyndra gritó, avergonzada y nerviosa, tratando de cubrirse los ojos, aunque sus dedos entreabiertos le permitían ver.

La otra mujer, sin embargo, soltó una carcajada y se retiró unos pasos.

La vi patalear, con los ojos cerrados y pequeñas lágrimas asomando, mientras golpeaba sus muslos con las manos y su cuerpo se sacudía con cada movimiento.

Me sentí profundamente apenado, nervioso y lleno de vergüenza.

Era la primera vez que me ocurría algo así.

Sin poder evitarlo, giré la cabeza hacia otro lado, intentando esconderme.

—Estás muy sano, chico —dijo entre risitas—.

Se nota que vas a ser un semental, pero tienes que aprender a controlarte.

Aquella mujer dejó de reír en ese momento y sentí cómo la cama se hundía ligeramente al acostarse de lado, colocándose frente a mí mientras yo seguía de espaldas.

Por supuesto, Calyndra intentó apartarla, pero sin éxito alguno.

Tiraba de su ropa con determinación, mostrando su empeño, pero al final desistió y decidió interponerse entre nosotras.

Eso sí, aún manteníamos la distancia.

—¿Tu nombre es Auren, verdad?

—Su tono de voz cambió a uno suave, casi maternal—.

Auren, eres un diamante en bruto, tienes mucho potencial, pero solo eso.

Podrás volverte fuerte con el paso del tiempo, pero nunca llegarás al máximo porque no comprendes quién eres.

Tanto Calyndra como yo nos quedamos confundidos ante esas palabras.

—Espera un momento —dijo Calyndra—.

Auren ha mejorado mucho combatiendo contra todo tipo de criaturas.

Yo misma he sentido su crecimiento…

¿Me estás diciendo que, a pesar de ser un talento innato, con unos instintos excepcionales, no llegará a su máximo potencial?

—Piensa en la siguiente metáfora: ¿Quién empuña la espada merece ser llamado espadachín o caballero?

Lo mismo ocurre con tu cuerpo.

Tienes una espada que es tu talento innato, la empuñas, pero solo la balanceas contra las criaturas usando fuerza bruta.

Matarás al oponente, pero terminarás desgastándola o rompiéndola.

Lo mismo pasa con tu cuerpo.

Ni siquiera tuve oportunidad de oponerme cuando me colocó boca arriba en la cama, tirándome de un costado.

Calyndra, para evitar quedar aplastada, se movió y quedó sentada sobre mi pecho mientras tomaba mi mano derecha para mostrarme un ejemplo de lo que decía.

—Es correcto, te has curado, pero eso no significa que tu cuerpo no sufra por los daños.

Calyndra flotó en ese momento para observar mejor mi brazo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas contenidas, y llevó sus manos a la boca para evitar un grito al ver el estado en que había quedado.

Aunque ya lo había visto detenidamente antes, no me había dado cuenta de que realmente estaba comprometido.

Lo examiné con más cuidado: solo quedaban cicatrices, la piel desgarrada alrededor de mis brazos y dedos, y la palma, algo áspera, mostraba líneas casi borradas por el daño.

Calyndra se acercó aún más y abrazó mi palma con una mirada triste.

Verla en ese momento me recordó a cuando estaba desesperada por verme hiperventilar tras el avistamiento de los bandidos, intentando sacarme de ese trance.

Solo con recordar su expresión y esos ojos llorosos, comprendí lo que ya me había dicho: lo confiado que siempre he sido al pensar que puedo recuperarme de cualquier daño.

No pude reaccionar cuando fui atrapado en aquellos brazos que provenían de ella.

Mi rostro quedó apoyado sobre sus senos, que desprendían un aroma agradable, aunque no lograba reconocerlo.

El ambiente ya no era el mismo que hace un momento, pero hizo que mi corazón latiera con fuerza.

Mi cuerpo reaccionó entonces y correspondí a su abrazo; ella no pareció molestarse y se pegó más a mí, mostrándome un cariño profundo.

—Yo también estoy aquí, Auren.

Aunque algo molesta, Calyndra, que se había apartado cuando fui atrapado, se acercó flotando como siempre y se pegó a mí en un abrazo por la espalda.

Escondió su rostro contra mí, y pude sentir sus lágrimas en ese momento.

Sentir sus lágrimas me hizo recordar la promesa que le hice: no volvería a verla llorar por ese tipo de cosas.

Eso llevó a mi mente una frase que retumbaba con fuerza: “Necesito controlar el manejo de la espada”; un recordatorio de mi talento y mi deber.

—Mi nombre es Tayana…

y seré la maestra que pulirá el diamante en bruto que llevas dentro.

No necesité responder a sus palabras; ella ya intuía que no me iba a negar.

Después de ese momento, pude comer algo.

Esta vez, la comida me supo diferente.

Antes, comer con Calyndra ya era agradable, pero ahora su sabor era aún más profundo, algo que no quería olvidar jamás.

Punto de vista de Tayana.

Los días en este bosque eran monótonos y aburridos.

Desde que llegué, he vivido sola, sin más compañía que el susurro de los árboles.

De vez en cuando, alguien venía a visitarme, pero me comentó que, por culpa de cierto individuo, iba a pasar una temporada sin verme.

Para una especie como la mía, el tiempo es irrelevante; al final, soy inmortal.

Soy una clase especial de no muerto de alto rango, una evolución única de una Death Knight.

Mi cuerpo aún parece humano, pero no siento deseo ni libido, no puedo tener hijos y apenas conservo recuerdos de mi vida anterior.

No sé quién fui realmente; solo recuerdo haber abierto los ojos y encontrarme rodeada de cadáveres.

Al parecer, las criaturas también pueden evolucionar.

Desde que me mudé al bosque, solo he visto humanos pasar, arrastrando a otros encadenados.

Al parecer, son esclavos.

No siento nada por ellos, y mientras no me molesten, no intervendré.

Suena triste, lo sé, yo también fui humana alguna vez y ahora, ver el rostro de aquellos esclavos suplicando por ser salvados no despierta en mí más que indiferencia.

Suelo llevar mi mano al pecho, donde está el corazón, pero ni siquiera puedo sentirlo latir.

¿Acaso soy alguien malvado?.

Cuando paseo por el bosque, las criaturas ni siquiera buscan pelea conmigo.

Los lobos huyen apenas me ven, los Treants se quedan quietos como árboles normales cuando paso, y los osos mágicos solo me miran y bajan la cabeza.

Solo una vez me enfrenté a uno y murió muy fácilmente.

Por otro lado, los wyverns que suelen pasar me atacan al verme; debo haber enfrentado menos de veinte, pero aun así no representan peligro alguno…

Pero los dragones son otra historia muy diferente.

Solo una vez me enfrenté a un dragón.

Mi cuerpo tembló involuntariamente y me puse en guardia, pero él solo me observó.

Bastó que expulsara una oleada de energía mágica para que yo me derrumbara, paralizada por el miedo.

Al verme tan aterrada, el dragón se desanimó y se alejó volando.

Solo sobreviví porque no estaba a su altura.

El mundo es muy grande y ahí afuera hay criaturas mucho más poderosas.

Han pasado diez años desde aquel encuentro con el dragón, que sin duda era uno de fuego: escamas rojas, una envergadura enorme, como la de un edificio gigantesco, garras afiladas, dientes filosos y esos ojos de un ámbar brillante que no se olvidan.

Y es obvio que esa criatura puede usar magia y lanzar sus llamas de su boca.

Un día, como cualquiera otro, noté la presencia de una criatura diferente: un humano.

No era un bandido, pues esos cobardes siempre toman rutas seguras.

Este no dudaba en luchar, pero no estaba solo; junto a él había una energía mágica distinta: un hada.

Ya las había visto antes en el bosque, pero es muy raro ver una fuera de su pueblo.

Decidí investigar un poco más, y un día los encontré peleando contra un Treant, uno bastante viejo, realmente imponente.

Sin duda, ellos dos formaban un equipo.

El humano no parecía capaz de usar magia, así que el hada encantaba sus armas.

No estaba mal, pero su estilo de pelea era muy descuidado: dejaba muchas aberturas y se exponía a ser lastimado.

Me sorprendi al momento en el que Treant lo habia tomado y lo estrello contra el suelo, bueno, supuse que ese era su fin, pero, no espere a que resistiera ser azotado contra el suelo varias veces y que pudiera ponerse de pie.

Sonreí en ese momento.

Ese tipo tenía potencial para hacerse más fuerte, pero adentrarse más en el bosque no era lo mejor.

Entre más profundo entres, más poderosas son las criaturas, y ahora estábamos en el nivel tres…

pero el nivel cuatro es otra historia.

Para mí no sería difícil, pero para él, sí.

Algo en mí quería seguir viéndolo.

Decidí, en ese momento, dejar de volver a mi hogar por unos días para seguirlo por el bosque.

Observarlo pelear contra las distintas criaturas lo hacía mejorar con cada combate, pero aun así no era suficiente.

Se lastimaba demasiado y, aunque se curaba, si continuaba con ese estilo, tarde o temprano iba a morir.

La sorpresa fue grande cuando, en lugar de seguir adentrándose, optó por explorar el bosque.

La dirección que había tomado lo llevaba directamente hacia mi hogar.

Tal vez fue el destino…

y si es así, quiero descubrir cuál es el límite de ese joven, así que seré yo misma quien lo ponga a prueba.

—Hey, señorita.

Por andar perdida en mis pensamientos, me descuidé.

Una voz me llamó desde detrás de mí.

Al girarme, vi a un grupo de unos cuatro bandidos que merodeaban por la zona.

Ni siquiera me importaban…

hasta que sentí la punta de un cuchillo clavarse en mi espalda.

—Si no quieres morir, entonces síguenos —dijo uno de ellos.

Me volví para encararlo, molesta.

Retrocedieron un instante, pero siguieron apuntándome con sus armas.

—Hey, estás bien buenota…

sin duda eres una belleza —añadió otro, con una sonrisa repulsiva.

Su estupidez solo era superada por su asquerosa lujuria.

Me dieron asco.

Sus ojos, fijos en mis atributos con hambre y ferocidad, solo avivaron mis ganas de matarlos.

Cuando uno de ellos intentó tocarme, le destrocé la cabeza con un solo golpe de puño limpio.

Los bandidos, al ver a su compañero morir de forma tan brutal, dejaron que el terror les invadiera por completo.

Retrocedieron instintivamente; uno de ellos incluso intentó huir.

Inútil.

Activé mi magia para reforzar mi atributo físico y generé una onda de viento tan afilada que lo partió en dos antes de que pudiera dar un segundo paso.

Los otros dos apenas tuvieron tiempo de reaccionar.

Me lancé sobre ellos y, con un movimiento certero, arranqué sus corazones con mis propias manos.

La sangre caliente escurriendo por mis dedos me provocó un profundo asco.

Sin duda, estos humanos eran tan repulsivos en la muerte como lo habían sido en vida.

La oportunidad llegó cuando los vi frente a mi casa.

Me sorprendió que hubieran notado la presencia de la barrera.

—Bueno…

ya es hora entonces.

Vamos a ver qué tanto potencial tienes.

Reforcé mi velocidad al máximo y, en apenas un segundo, aparecí a su lado.

Activé una de mis habilidades de no muerta de alto rango para evaluar sus atributos con mayor detalle…

y lo que vi me sorprendió.

Ambos me detectaron al instante.

Buenos reflejos para alguien en crecimiento, pero aún insuficientes.

Lo reté a un combate, uno a muerte, provocándose para encender su instinto.

Al atacar, no dudé en apuntar a hacerle daño real.

Mi primer golpe lo lanzó por los aires.

Por un momento creí que lo había matado.

Quizá me excedí…

pero era más resistente de lo que esperaba.

Sobrevivió.

Bien…

pasó la primera prueba.

Olvidé que estaba peleando contra dos, y esta vez el hada me atrapó con una fuerza que me inmovilizó por completo.

Antes de que pudiera liberarme, un golpe cargado con una energía abrumadora se estrelló contra mi estómago.

El aire se me escapó de los pulmones y sentí cómo mi cuerpo era lanzado hacia atrás como si fuera una muñeca de trapo.

Impacté contra mi barrera con tal violencia que esta vibró y, en un estallido de luz y fragmentos mágicos, se hizo añicos.

La onda expansiva levantó hojas y polvo a nuestro alrededor, el suelo mismo retumbó bajo mi cuerpo al caer.

Permanecí tendida unos segundos, escuchando el zumbido agudo en mis oídos, notando la punzada aguda en mi abdomen.

No pensé que pudiera llegar a herirme así…

y no pude evitar que una breve risa escapara de mis labios.

Este chico había aprobado.

Me levanté lentamente, y él trató de seguir peleando, aunque apenas podía mantenerse en pie.

Me acerqué para decirle unas palabras, pero en ese instante se desplomó, inconsciente.

Observé el daño en su cuerpo; aunque comenzaba a sanar, sabía que cada herida, por pequeña que parezca, siempre deja su consecuencia.

—Bien hecho pequeño, sin duda serás un gran aventurero.

No recuerdo cuándo fue la última vez que sentí mi corazón latir…

pero en ese instante, ese chico lo había conseguido.

Fue un pulso breve, intenso, como si algo dentro de mí volviera a la vida por un momento.

Incluso podría decir que…

me enamoré.

No, no…

eso no puede ser.

Pero, aun así, algo resonó en lo más hondo de mi memoria, como un eco lejano que golpea las paredes de una caverna olvidada.

Una sensación extraña, cálida, que no debería existir en mí…

y, sin embargo, estaba ahí, despertando un fragmento de mi pasado que no logro recordar.

Algo de cuando aún era humana.

Suspiré, dejando escapar el aire como si con él se fuera parte de mi fuerza, y lo tomé entre mis brazos, acomodando lo sobre mi hombro junto a aquella pequeña hada.

Mi intención era llevarlos a mi casa, pero apenas me incliné para recogerlo, un dolor agudo atravesó mi abdomen como una hoja candente.

Tambaleé, y por un segundo mi visión se nubló.

La herida…

era mucho peor de lo que había imaginado.

Sentí un calor espeso filtrarse bajo mi ropa, y supe que no podría curarme del todo.

No…

no esta vez.

Un golpe así no solo dejaba cicatrices: que se quedara asi el resto de mi vida inmortal.

Los días habían pasado, y la primera en despertar fue el hada.

Lo supe apenas crucé el umbral de la habitación donde los había dejado dormir.

Sus alas vibraban con un temblor ansioso, y sus manos diminutas empujaban el cuerpo del joven una y otra vez, como si su insistencia pudiera arrancarlo del sueño.

Su voz, quebrada por la angustia, repetía su nombre una y otra vez.

Pude sentir su miedo, tan vivo y agudo pero era en vano, lo mejor que podíamos hacer es que durmiera.

—Calma…

solo está durmiendo.

Mi voz cortó el hilo de su desesperación como un cuchillo.

La pequeña hada se detuvo, y sus ojos, aún húmedos, se clavaron en mí con una mezcla de temor y desafío.

Adoptó una postura defensiva, lista para atacarme si daba un paso en falso.

—No estoy aquí para pelear con ustedes —añadí con tono pausado, sin apartar la mirada—.

Solo estaba…

probando a ese chico.

Además —esbocé una sonrisa ligera—, si quisiera matarlos, no estarían respirando en este momento.

Así que baja la guardia.

La desconfianza seguía en sus ojos, pero no podía culparla; era lo normal.

Me limité a acercarle un plato de comida, dejando que el aroma tibio llenara el silencio, y me senté en una silla de madera frente al joven inconsciente.

—¿Quiénes son ustedes…

y qué hacen en este bosque?

—pregunté, apoyando el codo en la mesa, con la paciencia de quien sabe que la respuesta no será sencilla.

—No sé por qué…

él está en el bosque.

No le pregunté, yo solo lo acompaño.

—¿No vienen juntos desde el inicio?

—pregunté, frunciendo el ceño.

La confusión se reflejó en mi rostro sin que pudiera evitarlo.

—No…

—respondió en un hilo de voz, girando el rostro para evitar mi mirada.

—Uhmmm…

está bien.

Entonces, ¿por qué siguen en este bosque?

—me incliné ligeramente hacia adelante, acortando la distancia entre nosotras.

—No sé por qué seguimos aquí, pero…

al parecer Auren quiere hacerse más fuerte.

—¿Auren…?

—repetí el nombre, dejándolo rodar en mi boca como si pesara—.

Así que ese es el nombre del chico…

Qué nombre tan peculiar.

—¿Quién eres tú?

—preguntó el hada, con un tono que mezclaba cautela y desafío.

—Soy quien ha decidido adoptar al pequeño…

—respondí con calma, sin apartar la mirada—.

Pienso hacerlo mi discípulo.

Tiene mucho potencial, pero…

creo que ya te habrás dado cuenta de que no sabe cómo usarlo.

Y tú tampoco sabes cómo entrenarlo.

Vi cómo sus ojos se abrían ligeramente; mis palabras habían dado en el blanco.

Lo sabía, y ella también.

—Escucha —continué, apoyando un codo sobre la mesa y acercándome apenas—, no es que Auren no se esté haciendo fuerte…

lo está.

Pero si sigue por ese camino, solo encontrará problemas en el futuro.

Podrá curar sus heridas, sí, pero algunas dejarán marcas permanentes…

y nunca alcanzará su verdadero máximo.

—Está bien, no quiero que Auren se lastime —dijo con un suspiro, mostrando una mezcla de resignación y preocupación en su voz, como si cargar ese peso fuera una carga que aceptaba con dificultad.

—Ara, pensé que ibas a declinar o al menos intentar negarte —respondí mientras aplaudía suavemente, su rostro se iluminó con una sonrisa traviesa y orgullosa, como si acabara de ganar una pequeña batalla.

—No, Auren es muy importante para mí, y sé que tú puedes ayudarlo a mejorar mucho —su voz se volvió más firme, cargada de determinación y confianza—.

Además, creo que pronto entraré en crecimiento; al parecer voy a evolucionar —añadió con un dejo de esperanza y algo de emoción contenida.

—No sabía que las Hadas podrían evolucionar— Use mi habilidad de No muerto para poder ver los atributos de ella.

—Pequeño espíritu del final.

Mis palabras fueron como una daga invisible que la atravesó.

Sus alas temblaron, y la expresión de su rostro pasó de la sorpresa al puro desconcierto.

—¿Cómo sabes eso…?

—preguntó, casi sin voz, como si temiera que la respuesta fuera peor que la pregunta.

—Porque mis ojos pueden ver más allá de lo que el mundo quiere mostrar —respondí con calma, inclinándome hacia ella—.

Las estadísticas, las clases…

la verdad de cada ser vivo y de cada muerto.

Un silencio afilado se interpuso entre nosotras.

—Entonces…

¿sabes qué es Auren?

—su tono era una mezcla de temor y esperanza.

Sonreí levemente, aunque mis ojos no mostraron alegría.

—Sí…

él es…

No terminé la frase.

No podía…

o quizá no quería.

La verdad, por ahora, debía seguir enterrada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo