Una Nueva Vida En El Mundo Bestia - Capítulo 109
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
109: Colmena 109: Colmena —Parece que eso de la apicultura va a ser útil —murmuró Liz en voz baja—.
Ese libro sigue en oferta, ¿sabes?… Solo setenta monedas por tiempo limitado…
Serena ignoró al sistema, con la mente acelerada por esas palabras.
Era una gran oportunidad para recolectar miel y cera de abeja.
Así podría probar esa idea de la mermelada y quizá incluso presentarle algo al Consejo.
Sin embargo, también tenían que mover la colmena antes de que causara problemas a los hombres bestia de la zona.
Que te picaran las abejas no era bueno; incluso podía ser mortal si recibías suficientes picaduras.
Pero no estaba segura de cómo mover la colmena o siquiera dónde reubicarla.
No tenía esa información a mano.
Su libro de agricultura podría tenerla, pero…
—¿Ocurre algo, Serena?
—preguntó Emelia con curiosidad, al notar su repentino silencio.
—No es nada —Serena les dedicó una leve sonrisa—.
Solo estoy pensando en algo…
Las orejas del Anciano Samuel se crisparon al oír sus palabras.
—¿Sabes cómo lidiar con las abejas?
—Bueno, sé que la mayoría de las abejas ya se habrán ido para estas horas y que el humo podría hacer que se escondan en lo profundo de la colmena y coman miel, lo que las adormecería —explicó Serena—.
El problema es que, incluso con ropa gruesa, probablemente siga siendo arriesgado mover esa colmena.
—Es más de lo que sabemos nosotros —reflexionó Emelia, y se quedó en silencio un momento.
Luego preguntó—: ¿Cómo sabes tanto sobre abejas?
—Ehm… me gusta la miel.
Supongo que es buena para conservar fruta —mintió Serena—.
Y ese fue un método que aprendí para recolectar miel… Bueno, es el que usaba mi padre, en cualquier caso.
Era un poco arriesgado decir una mentira así, pero era mucho más creíble que decir que un sistema metamórfico creado por alguna persona sospechosa le había dado esa información a través de unos libros que se vio obligada a conseguir.
Bueno, la guía de agricultura fue un regalo, pero aun así… nunca le creerían.
—¿Ah, sí?
—se animó Emelia al oírla—.
No sabía que se podía usar miel para conservar fruta.
—Sí, con ella se hace una cosa llamada mermelada que puede durar meses —dijo Serena—.
Se prepara cociendo la fruta con miel y metiéndola después en un recipiente sellado… Estaba pensando en tener una forma de criar abejas, para que podamos obtener miel de forma regular y usarla para conservar frutas para la temporada fría.
Serena pensó que era una gran oportunidad para vender la idea de criar abejas por su miel y su cera.
Los hombres bestia les tenían un miedo natural a las abejas, pero quizá esto podría ayudar a vender la idea.
Sobre todo si era capaz de retirar la colmena sin causar daño ni a las abejas ni a los hombres bestia.
Eso, sin duda, vendería la idea.
—Es una idea interesante, pero no estoy seguro de que sea segura… —reflexionó el Anciano Samuel—.
¿Y si a uno de los cachorros o a una de las mujeres bestia le pican las abejas?
Nosotros, los hombres bestia, podemos aguantar mucho, pero unas pocas picaduras matarían a un cachorro.
—Tiene razón —asintió Serena—.
Entonces, tendríamos que mantener las colmenas a cierta distancia de la aldea.
Y desarrollar una forma de cuidar de las abejas como hago yo con mis pájaros salvajes…
—¿Es siquiera posible domesticar a las abejas?
—cuestionó Emelia.
—No estoy segura —respondió Serena con sinceridad—.
Pero por experimentar no se pierde nada.
La miel sería un recurso increíblemente valioso si encontramos la forma de domesticarlas.
—Mmm… Es verdad —el Anciano Samuel frunció los labios—.
Pero sigue siendo arriesgado.
¿Y si te haces daño?
—La ropa gruesa debería ayudar —dijo Serena—.
Además, siempre podría pedirle a algunos hombres bestia que me ayuden con las tareas más arriesgadas.
De esa forma no me pondré en peligro.
Además, dudaba que Theo la dejara acercarse a una colmena.
Ya le había prometido no ir a buscar ninguna y esta situación estaba en el límite.
Técnicamente no la había encontrado a propósito, sino que se había topado con ella.
Pero, al proponer esto, estaba bordeando el peligro.
—¿Qué les parece esto…?
Denme un día para pensar en una solución para retirar a las abejas y colocarlas en otro lugar para domesticarlas —propuso Serena, al ver que ambos seguían indecisos—.
Iré ante el Consejo y podrán votar mi plan.
Si no funciona, entonces haremos lo que ustedes quieran.
—Hagamos eso —asintió Emelia de inmediato—.
No es que tengamos una idea mejor para resolver este problema.
—¿Pero qué pasa con los que viven por aquí?
—replicó el Anciano Samuel—.
No podemos retrasar esto mucho tiempo.
—Trasládalos a las cabañas del lado este, junto a esos arbustos de bayas —le dijo Emelia—.
Solo son tres mujeres bestia y un par de cachorros.
Pueden quedarse en esas cabañas unos días hasta que esto se resuelva.
—Está bien, entonces… Supongo que podemos hacer eso —suspiró el Anciano Samuel.
Luego miró a Serena y le preguntó—: Por cierto, ¿para qué has venido?
¿Quizá nos buscabas a alguno de nosotros?
—Así es —asintió Serena.
Luego, en un tono más bajo, dijo—: Estaba diseñando un poco la ciudad y pensando en plantas que podríamos cultivar a gran escala para alimentar a la aldea y para vender, y necesito ayuda para elegir entre ellas.
A continuación, les hizo a ambos un breve resumen de sus planes para las tierras de cultivo, junto con algunas de las plantas que quería usar.
Les habló de usar grano y de cómo estaba construyendo un molino.
Cuando dio un poco más de detalle sobre el molino, Emelia exclamó de repente: —Quizá debería enviar a Finn para que ayude con el molino.
Es uno de los mejores artesanos de la aldea.
—Ah, sí —convino el Anciano Samuel—.
Él hace todas nuestras herramientas de piedra, ¿sabes?
De repente, Serena se sintió un poco estúpida por no haberlo pensado antes.
Por supuesto, tenía sentido pedirle ayuda a un experto en fabricar herramientas de piedra.
Las cosas irían mucho más rápido.
—Ya veo… —dijo finalmente Serena—.
Quizá podamos reunirnos mañana después de la reunión del Consejo.
También traeré las plantas que encontré.
—Por supuesto —asintió el Anciano Samuel—.
Es mejor que tengamos la opinión de todos sobre esto.
Charlaron un poco más antes de separarse y Serena se marchó a cosechar algo de comida.
Durante todo el tiempo, su mente no dejaba de pensar en el día de mañana.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com